D004 P041 | Las reservas internacionales

Documentos Nuevo Liberalismo | Luis Carlos Galán

D004 P041 | Las reservas internacionales

En la Junta de Parlamentarios del Nuevo Liberalismo celebrada el 3 de abril de 1984 el senador Luis Carlos Galán hizo un análisis del origen de la crisis económica, habló de los factores internos y externos de la misma así como de la necesidad de una defensa de las reservas internacionales. Estos son algunos apartes de su intervención:

 

La crisis económica

El fondo de muchas dificultades políticas y sociales del país se halla naturalmente en la crisis económica que hasta el momento no ha sido objeto de un análisis serio, realista y completo como lo merece la situación y se requiere para solucionarla. No respondió el gobierno al debate que promovió el Nuevo Liberalismo en el Senado sobre la política económica ni a las observaciones que formularon voceros de nuestra fuerza política en la Cámara al presupuesto nacional de 1984. Los recientes comentarios de los exministros liberales tienen aspectos significativos, señalan algunos errores pero no reconocen los aciertos y sus planteamientos no están enmarcados dentro del margen real de posibilidades existentes para usar los instrumentos de política económica. El gobierno y los diversos sectores políticos debemos hablarle claro al país como el Nuevo Liberalismo quiso hacerlo en los debates de la emergencia económica y las sesiones extraordinarias del año pasado. El Presidente Betancur por razones respetables prefirió no informarle claramente a la nación sobre la situación que recibió al iniciar su gobierno. En su último discurso ha mencionado importantes antecedentes pero estos datos ya llegan retrasados. Así como es una mala costumbre reducirlo todo a los debates retrospectivos también es nocivo enmascarar con juicios optimistas una situación que se agrava, pues ningún gobierno puede pedirle sacrificios a los contribuyentes, a los asalariados y a los usuarios de las empresas de servicios públicos si no les explica con claridad cuales son las cifras reales actuales y futuras que condicionan la economía. En los relatos del debate sobre la emergencia económica en febrero de 1983 deben figurar las advertencias que formulamos en nombre del Nuevo Liberalismo sobre la acumulación de cargas tributarias y tarifas que el gobierno había ordenado o estaban a la vista en el proceso económico. No hubo respuesta gubernamental ni eco alguno entre los más respetables comentaristas que solo hablaron del tema a fines de 1983 frente a hechos cumplidos e irreversibles.

 

Condicionantes internos y externos de la crisis

Indudablemente el deterioro del sector externo y la consecuente pérdida de reservas internacionales (aproximadamente US1.700 millones en 1983) fue uno de los más fuertes condicionantes de la política económica en 1983 y seguirá siéndolo en 1984. Este deterioro no se origina únicamente en acontecimientos recientes de la política mundial y la recesión generalizada de los países desarrollados sino que también tiene explicación en manejos internos anteriores. Dos han sido las causas externas más importantes: la caída de los precios mundiales de nuestros productos en el exterior y el endurecimiento de los mercados financieros internacionales, originado por la recesión mundial y agravado para Latinoamérica por la situación de deuda externa de varios países. Entre las causas internas del deterioro de las reservas las más significativas son: el manejo de la política cambiarla que en el reciente pasado quitó competitividad a nuestras exportaciones y la liberalización exagerada de las importaciones —el neoliberalismo económico— en virtud de lo cual en 1982 había un déficit cambiario en la cuenta corriente superior a los 1.000 millones de dólares.

Desde los primeros días de 1983 era previsible que la situación económica de ese año fuera muy difícil por su condicionante externo, pero la realidad fue mucho más dura de lo esperado esencialmente por dos razones, la crisis del Ecuador y Venezuela (a los cuales exportábamos más de 400 millones de dólares) y el virtual cierre del crédito externo a Latinoamérica incluida Colombia.

Ante este panorama externo y la situación de crisis económica interna, los principales condicionantes y dilemas de la política económica fueron y probablemente seguirán siendo los siguientes:

  1. a) El crónico y creciente déficit fiscal, es decir, el aumento exagerado de gastos de funcionamiento como fruto del sistema político que ha operado (clientelismo, burocratización, etc…), lo cual disminuye las posibilidades de inversión pública y por lo mismo frustra o limita los cambios estructurales importantes que se requieren tanto en equipamiento físico como social. Sin embargo, toda intención de reducir el deficit fiscal entra en conflicto con las expectativas de crear empleo en plena recesión.
  2. b) Las altas tasas de interés. El gobierno olvidó sus promesas de reducir las tasas de interés para estimular la inversión debido al dilema creado por la situación fiscal y la cambiaria; por una parte, o devaluaba y reducía así la pérdida en reservas y además conseguía dinero para enjugar el déficit fiscal (a través de los títulos de Ahorro Nacional) o bajaba las tasas de interés.
  3. c) La reactivación lenta. A pesar de las esperanzas del Señor Presidente en algunas cifras positivas de varios sectores industriales, la reactivación ha sido muy lenta y solo empezó a perfilarse a fines del año pasado por la crisis del sector financiero, las expectativas de devaluación masiva y los problemas de la reforma tributaria. Además la demanda agregada no ha crecido, el sector industrial presenta obsolescencia técnica en algunos sectores y las altas tasas de interés actúan en contra de los propósitos de reactivación.
  4. d) El desempleo. Como lo explicó el Presidente Betancur la transición demográfica ha complicado el problema del desempleo abierto en las principales ciudades, así como el retorno de los colombianos que habían emigrado a países vecinos. Frente a este problema se justifican ciertas estrategias como el plan masivo de vivienda, el fomento de la microempresa y en forma muy especial la política de estímulo a las compras oficiales nacionales tanto más significativas si se tiene en cuenta que representan cerca del 30 por ciento de las importaciones totales del país.
  5. e) Las emisiones y el déficit fiscal. Desde hace varios años los ingresos tributarios han sido constantemente inferiores a lo previsto y a lo necesario, lo cual indica que el volumen del gasto público no se podía sostener con la estructura tributaria anterior, porque el gasto creció demasiado y el sistema económico está en proceso de debilitamiento. Desde el gobierno anterior se incrementó la tendencia de las instituciones estatales y de la Administración Central a buscar en el mercado financiero interno y externo los recursos que pudieran compensarles el déficit. Como la mayor parte de los gastos del sector público es inaplazable, siempre será menor la parte del gasto que se dedicará a verdaderas inversiones. La presencia creciente del gobierno en el mercado financiero, así como el uso peligroso de los empréstitos externos para financiar gastos de funcionamiento —como sucedió entre 1980 y 1982— además de representar la degeneración del sistema más correcto de financiación de cierto gasto público, es decir el sistema tributario, aguda el receso económico y perjudica la productividad de la economía nacional. Las críticas por el déficit fiscal son válidas y en el debate de la emergencia económica el Nuevo Liberalismo fue el primero en hacerlas y en advertir la importancia de una buena preparación del presupuesto de 1984. Hoy eliminar el déficit en forma inmediata es imposible. Lo razonable es reorientar el gasto del Estado y allí deben concentrarse los esfuerzos del gobierno sin exagerar las expectativas sobre el efecto de los decretos de reducción del 10 por ciento del gasto.

 

Antecedentes, aciertos y errores

Si bien son lógicas y por lo mismo oportunas las advertencias que se están formulando sobre el peligro de las excesivas operaciones de crédito para el Gobierno en el Banco de la República, un análisis completo e imparcial de los problemas fiscales y por lo mismo de la situación económica actual debe tener en cuenta el represamiento del déficit en los últimos cuatro años y el endeudamiento del país en el exterior para disimular problemas graves y concretos que no fueron atendidos en forma oportuna.

No se puede decir en honor a la verdad que se haya hecho un uso laxo o desordenado de la política monetaria que va a dar rienda suelta a la inflación. Se ha mantenido el tradicional control del país en el manejo del margen monetario, lo cual se refleja en el crecimiento de los medios de pago y en general en el manejo de la oferta monetaria de 1983. Sin duda hasta hoy se ha dado un control riguroso en cuanto al monto. Lo que sí se puede criticar es que el uso de dicho margen monetario no ha correspondido siempre al ordenamiento propuesto en el plan de desarrollo y se dió manejo privilegiado a sectores que no eran prioritarios según el plan mientras se descuidaban otros que si lo eran.

Es necesario reconocer el éxito de la política de quiebra de las expectativas inflacionarias, lo cual no hubiera sido posible sin un manejo riguroso del margen monetario. También es justo señalar que el manejo de la política cambiarla ha permitido recuperar una parte considerable del rezago cambiarlo. Una y otra razón le están devolviendo la competividad a los productos colombianos. Es verdad que el plan no ha sido cuantificado, pero la misma observación se puede hacer de casi todos los planes anteriores lo cual no fue, en su momento, un argumento suficiente para descalificarlos.

 

El inmediato futuro

Los problemas y dilemas que enfrentará la política económica en los próximos años no son muy diferentes de los ya señalados. Es necesario llamar la atención sobre los que resultan apremiantes:

Crédito externo. La protección de las reservas debe ser el principal objetivo de la política económica. Esto es imperioso y la estrategia seguida hasta el momento para conseguir crédito externo no sólo no fue eficaz sino que tampoco fue suficientemente agresiva

Manejo selectivo del margen monetario y del gasto público. Por las razones ya indicadas el uno y el otro deben ser menores en comparación con el año anterior, luego las asignaciones de recursos deberán corresponder a impulso de los sectores prioritarios de conformidad con lo que el gobierno señaló en el propio plan de desarrollo.

El problema fundamental que afronta el gobierno es el de renunciar a uno de los objetivos iniciales de la política económica en consideración de problemas sociales. Estamos otra vez ante el dilema tradicional de la teoría económica: ¿se debe seguir buscando un control rígido de la tasa de inflación o se debe revisar parcialmente este criterio para conseguir alguna reactivación que mejore el empleo y alivie problemas de distribución de ingresos? En el contexto democrático de nuestra sociedad lo razonable es buscar un equilibrio entre los dos propósitos y esto debe significar una pausa en la meta de reducir todavía más el ritmo de la inflación.

 

¿Quién hace los sacrificios?

La crisis económica sólo se supera con sacrificios y venciendo los egoísmos. Lo justo en un sistema democrático es asegurar que los sacrificios sean proporcionales a la capacidad de cada uno y no se recarguen sobre los sectores más débiles. En épocas de crisis las clases populares pueden aceptar una pausa relativa en el proceso de establecer algunas reformas; pueden aplazar su deseo de lograr mayor participación en sus lugares de trabajo; pueden admitir alguna pérdida en su poder de compra pero no cabe esperar en una democracia que toleren todo esto y además pierdan su empleo. Están equivocados quienes a todas horas confunden la inconformidad social con huelgas y paros promovidos por fuerzas subversivas. Ese no puede ser el diagnóstico del liberalismo excepto que se alindere con los intereses más reaccionarios.

Cuando se firma un acuerdo de paz que supone reformas sociales y esto se hace en plena crisis económica no hay otro camino que el de discutir la estrategia de fondo para el desarrollo económico y la realización de las reformas. Si no hay dinero para cancelar puntualmente las nóminas del Estado es un reto inmenso a la imaginación del gobierno y de los partidos hallar fórmulas que permitan sacar adelante los programas de rehabilitación prometidos hace 18 meses e iniciados en forma muy limitada hasta el momento. Resulta simplista creer que para lograr la justicia social y equilibrar las oportunidades de los colombianos sea suficiente aumentar la tributación de las rentas de capital y los ingresos de los profesionales más calificados. Claro que esto se debe hacer y se supone que ese fue el sentido de la reforma tributaria de 1983 pero es preciso comprender los límites de rendimiento de esa estrategia. Es indispensable poner en práctica una política de reformas que surja de un plan de desarrollo completo —el actual subestima o ignora los problemas de reforma agraria, para no ir más lejos— y de un conjunto de factores tecnológicos, administrativos y laborales para asegurar la mayor productividad posible en el sistema económico. Si falta el plan y si no hay cuidado alguno en la productividad, las reformas terminarán por fracasar y los desequilibrios se acentuarán de modo que así haya sinceridad en los acuerdos de paz no lograremos las condiciones reales para conseguirla y consolidarla.