D004 P069 | Fallas y vacíos del proyecto de Ley 40

Documentos Nuevo Liberalismo | Luis Carlos Galán

D004 P069 | Fallas y vacíos del proyecto de Ley 40

Constancia presentada por los parlamentarios Jorge Valencia Jaramillo, Gabriel Rosas Vega y Germán Botero de los Ríos en la sesión conjunta de las comisiones terceras de la Cámara y el Senado el 25 de octubre de 1984.

Los suscritos en nuestra calidad de miembros de la subcomisión que estudió el proyecto No. 40 en las Comisiones Terceras del Congreso dejan la siguiente constancia:

No obstante las observaciones válidas que hicieron los miembros de la Sub-Comisión, y, en particular las de los firmantes de esta constancia, creemos conveniente reiterar que el proyecto de ley antes citado no aboca los graves problemas que hoy afronta el fisco con la profundidad indispensable para entrar firmemente en las rectificaciones que son perentorias si se desea realmente sanear la situación presente. Son fundamento de esta afirmación, entre otras, las siguientes consideraciones:

1.— Falta de precisión en las cifras. Resultan en verdad preocupantes los cambios súbitos en las cifras que fueron presentadas en la Sub-Comisión, no explicados con razones válidas y convincentes. Como en años anteriores, la presentación hecha por el Ministerio de Hacienda lleva fácilmente a la convicción de que no se hizo ni se ha hecho un análisis a fondo de los problemas, ni tampoco una cuantificación siquiera aproximada de los mismos, con lo cual se crea obviamente cierto grado de escepticismo tanto sobre el diagnóstico de la situación como sobre lo adecuado de las soluciones que se proyectan para hacerle frente.

2.— Ingresos y Gastos. Confirma en parte lo dicho la sobrevaluación de los ingresos y la subvaluación de los gastos que se advierten en el prespuesto de 1984, (también en el de 1985), las cuales han acentuado el déficit que venía proyectándose desde tiempo atrás sobre las finanzas públicas. Ejemplo de esta imprecisión es el aforo que se hizo del Fondo de Inversiones Públicas (75% del producido de la cuenta especial de cambios), cuando el deterioro cambiario indicaba a las claras que no se podrían obtener recursos tan cuantioso de esta fuente. Son dignas de recordar, así mismo, las sobreestimaciones del Impuesto sobre la Renta, del impuesto de ventas y de los derechos de aduana.

3.— El cupo extraordinario de crédito. El caso más protuberante de lo que venimos consignando es haber presentado inicialmente un cupo extraordinario de crédito de S31.000 millones, destinado a cancelar en parte el mismo cupo concedido el año anterior cuya utilización llega a $45.500 millones, con la perentoria declaración de que tendría que ser cancelado en 1985. Una primera modificación fue elevar la solicitud a $45.500 millones, monto real del cupo mencionado, con lo que se renunciaba al esfuerzo presupuestal implícito de recoger con recursos propios del fisco los $14.500 millones a que llegaba la diferencia entre ambas propuestas. Posteriormente se prescindió de señalar como obligatoria la cancelación del dicho cupo en 1985, por imposibilidad para hacerlo, y se propuso convertirlo en deuda a largo plazo, como reza el proyecto. Se patentiza así, con estos ejemplos, la falta de certeza que caracteriza las cifras presenta-das por el Gobierno.

4.— El caso de los TAN. Hemos sido completa-mente adversos y escépticos al empleo como medio para financiar el presupesto, de los Títulos de Ahorro Nacional, TAN, creados por el decreto de emergencia, 382 de 1983. Nuestro convencimiento tiene fundamentos muy claros: en primer lugar, no es prudente ni técnico, financiar gastos de funcionamiento o inversión, con recursos a corto plazo; lo impropio de tal procedimiento queda plenamente demostrado con lo ocurrido con estos títulos durante 1983 y 1984: el Banco de la República, ante la falta de capacidad del Gobierno para recogerlos, ha comprado o redimido $45.000 millones hasta la fecha, y se espera que para fin de año esta cifra llegue a $58.000. Como se dice en el proyecto esta suma será convertida en deuda a largo plazo.

Tenemos entonces que, sumadas las dos cifras anteriores, $103.500 millones de recursos a corto plazo, se convierten en deuda a largo plazo. Es difícil concebir heterodoxia mayor en materia de finanzas públicas: utilizar por cerca de dos años recursos de crédito de corto plazo en el conocimiento o a sabiendas de que no se alcanzaría a cubrirlos a su debida maduración.

Hemos observado también como los TAN se encuentran colocados en un alto porcentaje en entidades públicas, por lo cual es bien equívoco e impropio hablar de mercado de capitales; igualmente, por el alto descuento en su colocación ellos representan un elevado costo para el Estado, con el item de que su tributación por parte de los suscriptores es muy baja o casi nula. De otra parte y por esta misma razón, hacen competencia inequitativa en el estrecho mercado financiero, lo llevan a un estado caótico y presionan hacia arriba los intereses dificultando así cualquier política dirigida a reducir el nivel de los mismos.

5.— Situación del Banco de la República. Por último, el proyecto de ley que hoy se discute, autoriza convenir con el Banco de la República el servicio de las deudas contraídas por el Gobierno, en razón de la garantía de los TAN y del cupo extraordinario, a que nos referimos anteriormente. Sin embargo, quedan otras deudas cuyo servicio no está formalizado entre el Gobierno y el Banco, como es el caso del cupo de reactivación autorizado el año pasado e, igualmente, las deudas contraídas para la refinanciación del Idema y la nacionalización del Banco del Estado. De idéntica manera, se autoriza en el proyecto que tratamos un cupo de “compensación por disminución de recursos externos” sin precisarse la forma de amortización. Todos estos ejemplos nos indican que no existe en el Gobierno una concepción o un conocimiento ordenado de su endeudamiento con el Banco Central, ni de su carácter de “Agente, banquero y consejero del Gobierno”, punto que consideramos fundamental para el buen suceso de la política económica. Así como el país quiere unas finanzas públicas sanas también requiere un Banco de Emisión con todos sus activos y relaciones financieras frente al Gobierno debidamente formalizadas dentro de la tradición de la banca central.

Las anotaciones anteriores y muchas otras que podrían hacerse nos llevan a pensar que el Gobierno todavía no ha hecho el escrutinio que demandan los problemas fiscales con el detalle y minuciosidad que ellos requieren ni a madurar el conjunto de medidas severas que la situación exige. Ojalá en el estudio del proyecto No. 30 haya posibilidad de establecer y concretar, y así lo consignamos esperanzados, la decisión del Gobierno de imponerse e imponer al país los esfuerzos y sacrificios que la situación demanda.

6.— Finalmente el Nuevo Liberalismo desea recordar cómo, en diversas oportunidades: debates, foros, congresos, constancias, etc., advirtió al país y al Gobierno respecto a la precaria situación que ofrecían las finanzas públicas. Prácticamente nada de eso fue aceptado en su momento privándose así el Ejecutivo de haber introducido los correctivos necesarios para impedir o reducir los graves quebrantos que ahora aquejan a la Nación.

Ya en 1981 dijimos: “…estamos seguros que para 1982 y en particular para la entrega del poder al próximo gobierno, la situación del fisco nacional será una de las peores que haya conocido nuestra historia”. Anotábamos además en aquella época: “Es perentorio, en primer lugar, fortalecer los ingresos públicos por medio de las formas tradicionales, pero sobre todo por una mejor administración y efectividad en la recaudación de los impuestos”.

Lamentamos, por lo tanto, que solo tardíamente hayan sido aceptadas o reconocidas aquellas admoniciones.

 

Jorge Valencia Jaramillo

Gabriel Rosas Vega

Germán Botero de los Ríos