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Documentos Nuevo Liberalismo | Luis Carlos Galán

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El tema de la televisión ha sido tratado de manera preferencial por el Nuevo Liberalismo desde la fundación de este movimiento político, por la trascendencia de, dicho medio de comunicación en el desarrollo de la sociedad colombiana. Desde 1975 el entonces abogado y periodista Luis Carlos Galán había ya planteado a la opinión pública aspectos fundamentales en relación con el uso, el manejo y la proyección de la televisión en nuestro país.

A través de sus artículos en distintos medios tales como el semanario Nueva Frontera y El Tiempo, Galán estableció una serie de principios, planteamientos y propuestas sobre la televisión que cristalizaron en una declaración oficial del Nuevo Liberalismo dentro del Documento No. 1 publicado en 1981, con el título “Estado y Televisión” que es a la vez introducción a este Documento No. 7, en el cual los lectores apreciarán la evolución, desde entonces, de la política del Nuevo Liberalismo frente a la televisión colombiana.

Este Documento No. 7 recoge además el pensamiento del Nuevo Liberalismo expresado a través de cartas enviadas por su director a los Ministros de Comunicaciones, declaraciones, constancias, memorandos presentados a la Junta de Parlamentarios del movimiento por la comisión de T. V. designada para estudiar el tema por el N. L., la ponencia del representante Rafael Amador presentada al Congreso Nacional sobre el proyecto que modificó la televisión a fines del año pasado, así como inquietudes de último momento sobre la práctica y el desarrollo del mismo en el próximo futuro.

Estado y Televisión

Desde hace cinco años, personas que hoy forman parte de los cuadros directivos del NUEVO LIBERALISMO introdujeron en la política colombiana el problema de la televisión para invitar al país a examinar los factores políticos, culturales, económicos, sociales y técnicos que rodean este importante medio de comunicación. En estos cinco años ha empezado la formación de una conciencia en la opinión pública sobre el tema. Se considera que los noticieros son instrumentos de manipulación electoral y un obstáculo al derecho de información; que las licitaciones de los espacios televisivos se han convertido en otra manifestación del clientelismo; que la televisión ha sido uno de los más notorios mecanismos de la dependencia cultural; que es más bogotana y norteamericana que cualquier otra cosa, que se dirige y concibe con la mentalidad centralista; que se abusa de la propaganda comercial; que es preciso transformar la crítica televisiva etcétera… En fin, la mayor parte de las reflexiones sobre la televisión, planteadas hace cinco años, ya forma parte de las convicciones generales de numerosos e importantes sectores de la cultura y el periodismo del país. Sin embargo los partidos políticos tradicionales se niegan a reconocer el verdadero papel de la televisión porque varios de sus líderes están interesados en conservar los privilegios políticos y económicos que les han otorgado como lo demuestra la reciente prórroga de los noticieros.

La televisión colombiana no tiene objetivos claros aun cuando se comunica diariamente con once o doce millones de personas. La televisión es, entre nosotros, un instrumento de los monopolios políticos, económicos e informativos del país. Su interés primordial es el lucro económico mediante la excesiva comercialización de los espacios sin mayor consideración de las necesidades prioritarias de educación, información, cultura, y recreación. La junta directiva de Inravisión es eminentemente política, en ella no tienen cabida asesores en comunicación, sociólogos, pedagogos, ni representantes de los usuarios. El Consejo de programación que era el único control de calidad existente desapareció en 1978. La utilización de los equipos de Inravisión en la producción de programas ha disminuido notablemente hasta llegar a un 30 por ciento de la programación total y esa empresa estatal tiende a desaparecer en la medida en que la empresa privada ha montado estudios en los cuales se obtienen ventajas técnicas, económicas y de agilidad en la producción.

La televisión colombiana requiere de un régimen de incompatibilidades que prohiba la concentración de poderes económicos, políticos e informativos que conduzca a una representación verdaderamente democrática de los diferentes sectores de opinión. Siguiendo el ejemplo que dio el doctor Eduardo Santos durante más de sesenta años, estimamos que no deben existir acumulaciones en la propiedad de medios de información y que tales medios no deben estar controlados por los grandes intereses económicos.

El NUEVO LIBERALISMO considera necesario el fortalecimiento de un verdadero canal estatal que tenga cobertura nacional, organice el diálogo permanente entre las grandes regiones culturales del país y cumpla los objetivos educativos, informativos y recreativos que corresponden a la televisión. El canal once podría cumplir estas funciones si se le dieran los recursos adecuados y se solucionaran los problemas institucionales entre el Ministerio de Educación e Inravisión. No consideramos conveniente, sin embargo, el monopolio gubernamental de la televisión. Sin perder la propiedad estatal de los canales creemos indispensable la pluralidad de canales con diversas fórmulas de participación de programadores privados y otros, sectores de la sociedad. Apoyamos el establecimiento de canales regionales de propiedad estatal que permitan el desarrollo televisivo de la Costa Atlántica, Antioquia, el Sur Occidente y el Nororiente del país con emisiones locales en determinadas horas del día y emisiones integradas a escala nacional en el curso de la semana.

Creemos conveniente intensificar el estudio de los nuevos factores tecnológicos que transformarán la televisión en el mundo entero y que tarde o temprano influirán en nuestras comunicaciones como el sistema de la televisión por cable. Igualmente creemos que el proyecto de satélite colombiano no puede seguir siendo un misterio para el país que no ha sido claramente informado por el gobierno sobre su significado, su costo y su rentabilidad. ¿Cuál será la vida útil de este satélite? ¿Si acaso es cierto que se debe lanzar un nuevo satélite cada siete años, tendremos recursos para hacerlo? ¿ Cuáles son las alternativas y cuál es su costo? ¿Cuáles los estudios de factibilidad que apoyan las diversas hipótesis? ¿Cómo se financiará este proyecto? El NUEVO LIBERALISMO demandará del Gobierno respuestas claras sobre estas preguntas en los foros correspondientes.

Villa de Leiva, junio 1981