D008 P066 | Las prioridades sociales

Documentos Nuevo Liberalismo | Luis Carlos Galán

D008 P066 | Las prioridades sociales

Segunda intervención de Luis Carlos Galán como candidato a la Presidencia de la República por los canales de Inravisión el 21 de abril de 1982 

 

Tal como lo anuncié hace nueve días —cuando por primera vez tuve oportunidad de dirigirme a la nacion para presentar mis ideas como candidato a la Presidencia de la República— hoy y en las dos próximas intervenciones, me propongo explicar a los colombianos el contenido del programa de gobierno que pretendo adelantar si la nacion me respalda en las elecciones del 30 de mayo para convertir-me en el próximo Presidente de la República. 

En esencia, lo que nosotros proponemos, es la construccion de una Colombia Nueva, o sea una Colombia en la cual los nuevos protagonistas de la vida nacional, las distintas generaciones que hoy actúan en la vida del país, podamos resolver los problemas fundamentales del país, los que constituyen los obstáculos mis grandes para que la nacion se desarrolle, se transforme y todos sus habitantes tengan la garantía real de la satisfacción de sus derechos fundamentales. 

Proponer una Colombia Nueva no significa desconocer los esfuerzos de las generaciones anteriores. Yo comprendo que toda generación inicia su actividad —su desempeño en el manejo del Estado y las realidades colectivas—, a partir de los hechos creados por las generaciones anteriores: sus aciertos y equivocaciones. Se hereda un patrimonio material y espiritual, es decir, recursos, instituciones y factores. Pero toda nueva generación está obligada, dentro de sus circunstancias, en su tiempo y con sus elementos, a dar respuestas nuevas a los problemas del país. A veces porque esos problemas cambian; a veces también, porque los viejos problemas no han sido resueltos y exigen estrategias diferentes, manejos innovadores de los recursos al alcance del país para resolver los obstáculos y superar las dificultades que tenga la sociedad. 

Dentro de ese criterio, para nosotros hay cuatro grandes escenarios de renovación en los cuales se debe construir la Nueva Colombia. En primer término, la renovación política, a la que me referí hace 9 días; es decir, la importancia que tiene para el país contar con instituciones eficaces, honestas y reales, en donde el pueblo colombiano se sienta expresado tanto en la escogencia de sus gobernantes como en la definicion de las líneas políticas que van a aplicarse en las respectivas administraciones. Unas instituciones en donde la oposición que respete la Constitución y las leyes tengan garantías reales para presentar sus puntos de vista y fiscalizar al gobierno; una organización política en donde haya libertad de información; elecciones libres y honestas; en fin, la expresión auténtica de las aspiraciones del pueblo dentro de los distintos mecanismos institucionales. Pero a la renovacion política hay que agregar la renovacion social, la renovacion económica y un cuarto punto que pudieramos llamar la renovacion del papel internacional de Colombia. Yo creo que la combinación de esas 4 renovaciones nos permitirá construir lo que llamamos la Nueva Colombia. 

 

La renovacion social 

En esta oportunidad voy a detenerme en los elementos y los factores de la renovacion social. En las dos próximas intervenciones analizaré, naturalmente, los otros dos aspectos de la renovación que planteamos al país. 

Para hablar de la renovacion social hay que ocuparse de varios temas, temas que tienen diversas prioridades. Es importante en la transformación social del país, tener en cuenta la satisfacción de las necesidades fundamentales que condicionan la supervivencia de nuestro pueblo, de cada ser humano y de cada familia. Es necesario impulsar la educación. Es necesario hablar de los derechos de la mujer y de su promoción. Es preciso hablar, también, de la tercera edad, la recreación y el derecho a participar en las decisiones de la comunidad. Sin embargo, no todos esos temas tienen la misma urgencia. Siendo todos ellos importantes, necesariamente hay que escoger los prioritarios y atribuirles los mayores esfuerzos del gobierno en el manejo de los recursos disponibles. 

¿Cuales son los puntos prioritarios? El derecho al alimento, el derecho a la salud, el derecho a la vivienda y el derecho a la educación. Mientras estos cuatro primeros derechos no le sean asegurados a todo habitante del país, tendremos una organización social injusta o atrasada. En un gobierno como el que yo propongo al pueblo colombiano en el cual la primera preocupación sea el respeto al ser humano es necesario reconocer la importancia de estos cuatro temas que subrayo, por encima de cualquier otro tipo de acción estatal. No se trata de ignorar la importancia de otros asuntos en la acción estatal, si no de escoger lo que ester primero. Hablo pues de las necesidades fundamentales de supervivencia. 

 

El derecho al alimento 

Del derecho al alimento, en primer término. ¿Por qué? Porque en este momento hay un grave problema en Colombia que afecta altísimos porcentajes de la población nacional. Según las cifras del propio gobierno actual, el 62%de lo niños menores de 5 años tienen problemas de desnutrición. Eso significa que en este momento dos millones y medio de niños menores de 5 años sufren el impacto de la desnutrición. Y, dentro de esos dos millones y medio, 500 mil padecen desnutrición grave. 0 sea, que sus condiciones de subalimentación o de hambre son de tal magnitud, que su crecimiento físico ester perturbado seriamente por ese factor y su desarrollo intelectual y cerebral corre peligro de no ser normal como consecuencia de tal deficiencia. El problema de la nutrición nos presenta a Colombia como un país bastante atrasado en América Latina. Los promedios de nutrición por habitante, en el resto de América Latina, son superiores a los nuestros. No ocupamos el puesto que corresponderia a nuestras dimensiones y a nuestros recursos, sino que estamos mas atras. Hay fallas en la oferta de alimentos en el país. Hay fallas en la educación nutricional y la cuestión no ha merecido la atención que requiere por parte de los últimos gobiernos. Aunque no voy a desconocer —ni mucho menos— el esfuerzo realizado en el programa PAN, pienso que este tipo de esfuerzos no es suficiente ni permitirá resolver verdaderamente el problema. Se hace necesario reconocerle a este asunto la prioridad que merece en las acciones estatales, para satisfacer la necesidad primaria que esto representa para la población. Yo creo que el país requiere un gran plan nacional de nutrición. No con el propósito de hacer soluciones aisladas o parciales, o programas experimentales, sino de afrontar resueltamente este asunto. Para ello, se necesitan distintas estrategias. En primer lugar se requiere una reorganización institucional de los instrumentos que tiene el Estado para manejar el problema de la nutrición y de la alimentación de los colombianos. Es preciso crear un organismo directamente dependiente del Presidente de la República a cuyo cargo esté dirigir un gran programa para resolver este problema. Un organismo con atribuciones reales de coordinacion entre las distintas instituciones estatales que por una u otra razón influyen en la provisión, en la distribucion de alimentos o en los demás temas relacionados con una política de modernización de la nutrición de los colombianos. Pienso que se necesita un plan nacional de suministro lácteo: un programa resuelto, valiente, de incremento de la producción de leche en el país. Que no se maneje más este tema con criterios políticos de pequeña cuantía —a veces demagógicos, otras veces superficiales e improvisados—, sino que se dé el respaldo necesario a quienes se desempeñan en ese sector, para abastecer realmente al país de sus necesidades de leche e inclusive, llegar a tener excedentes de exportación, aprovechando las ventajas de que dispone un desarrollo ganadero colombiano que tenga en cuenta las posibilidades de transformación de la producción general de leche. 

Por otra parte, pienso que se deben crear en forma general, masiva, los restaurantes escolares de tal manera que no haya niño que se encuentre en primaria que no tenga la seguridad de un subsidio especial, con el abastecimiento o la ración diaria de leche. No estoy descubriendo nada nuevo. 

Estoy simplemente señalando una prioridad y subrayando un procedimiento para afrontar el problema nutricional del país, pero, sobre todo la decisión política de actuar en ese tema y de indicarles a todos los instrumentos del Estado la trascendencia de este asunto. 

 

El derecho a la salud 

En segundo lugar, tenemos los colombianos el problema de la salud. Una cuestión con muchos aspectos que varían según las edades, los factores regionales,.el tipo de enfermedades y los presupuestos. Todo esto es muy importante, pero dentro del propio panorama de la salud del país hay ciertas prioridades para subrayar. Yo pienso que mientras no resolvamos el problema del agua potable, cualquier esfuerzo que haga Colombia en aplicar más recursos a su sistema nacional de salud —recursos económicos, humanos y materiales— será un esfuerzo perdido o en buena parte perdido; porque la falta de agua potable influye en las enfermedades más frecuentes en el país y es una de las causas de mortalidad más significativas en el conjunto de la población nacional. En este momento, en Colombia tenemos el problema de un gran atraso en el desarrollo de los acueductos y de los procesos de purificación de las aguas. Ciudades como Sincelejo, como Montería, Santa Marta, Barranquilla, Cartagena, Riohacha, Valledupar, Tunja, Villavicencio, Barrancabermeja, Leticia y San Andrés —y cito apenas unos ejemplos— carecen de servicios adecuados de agua potable. Advierto que me he referido a ciudades que son, en su mayoría, capitales de departamento. Pero si uno mira el resto de municipios en Colombia, poblaciones intermedias que oscilan entre 20 mil y 50 mil personas, encuentra que el atraso es crítico y que allí este: uno de los grandes problemas de la salud de los colombianos, que reclama también prioridades en is inversión pública. Se han hecho esfuerzos. Sí. Pero siempre sin reconocer la verdadera urgencia del problema y sin darle al gasto público la prelación necesaria para satisfacer las dificultades que tienen estos asuntos. Hay poblaciones en donde la urgencia inclusive es más dramática, como ocurre en la mayor parte de la provincia del Tequendama, aquí en las proximidades de Bogotá. Es decir, en Tocaima y los municipios que se abastecen de un modo u otro del río Bogotá o similares, en donde ya el asunto es de tal gravedad que la carencia de agua potable y el use de aguas contaminadas ha originado el nacimiento de criaturas deformes y cosas por el estilo. Todo esto lo serial para indicar la indiferencia que ha existido en el reconocimiento de este problema y el significado que tiene en la estrategia de una verdadera política de salud para los colombianos. 

Tenemos, además, que con los esfuerzos en agua potable, los que se hagan en nutrición y los que tengan lugar en vacunación, con todo eso, se produciría un replanteamiento total del problema de salud del pueblo colombiano. Claro que a estos programas hay que agregar un mayor respaldo presupuestal para el sistema nacional de salud; un mayor apoyo a los hospitales del país, un mayor respaldo, no solo en lo económico, sino en el desarrollo científico de esas instituciones y en las condiciones de trabajo de las personas que allí se ocu-pan. Pero insisto en que el pueblo colombiano debe reconocer ciertas prioridades; señalarlas e imponerle a sus gobernantes que se ocupen ante todo de asuntos como los que estoy subrayando. 

 

La vivienda popular 

Por otra parte, fuera de los problemas de nutrición y salud, tenemos el de la vivienda popular. Evidentemente es uno de los más serios problemas que tiene el país. Tan grave, que cuando comenzó la administracion del doctor López Michelsen por ejemplo, en 1974, se requerían alrededor de 30 salarios en promedio para adquirir una vivienda. Hoy se requieren cerca de 60 salarios. ¿Que ocurrió en las políticas de vivienda en estos ocho años y en los demás factores económicos y sociales para que se hubiera encarecido en esa forma la esperanza o la posibilidad de resolver este problema fundamental? Yo pienso que este problema tampoco ha sido reconocido en su importancia real por los últimos gobiernos. El drama de la vivienda popular adquirió dimensiones inmensas, gigantescas, por la gran migración a las ciudades, el crecimiento demográfico y por la necesidad del pueblo colombiano de mejorar, naturalmente, su vivienda. Pero no hubo respuestas oportunas en el Estado. Los últimos gobiernos cayeron en el error de improvisar medidas —muchas veces para guardar las apariencias, para presentar cifras estadísticas más o menos significativas, a veces comparándolas artificiosamente con periodos muy prolongados que correspondían a otra situación del país —hace 20 0 30 años— sin acometer planes verdaderos, que guardarán proporción con la nueva magnitud del atraso existente en la cantidad y la calidad de vivienda. En este momento la cuestión no es únicamente de dinero, ni de disponibilidad de materia-les de construccion. Hay una gran cantidad de factores que condicionan la solución del problema de la vivienda. Pero hay algunos de ellos, como el de la tierra urbana que es crítico porque determina el mayor encarecimiento de la vivienda y no ha tenido ninguna respuesta porque la valorización de la tierra —por desarrollo de las ciudades, o por factores inflacionarios que ciertamente se han dado en estos años— no tuvo consideración adecuada de estos gobiernos. 

 

La tierra urbana 

Pertenezco a un grupo de parlamentarios que en 1978 presentó un proyecto de reforma urbana en el Congreso. No pensábamos, ni mucho menos, ser infalibles en las soluciones allí planteadas. Pero si queríamos conseguir una respuesta gubernamental al tema y el gobierno evadió el asunto. Es que afrontar la reforma urbana implica intervenir resueltamente favor de las clases medias y populares del país. Implica correr riesgos, herir intereses creados, afectar privilegios de capitales y patrimonios formados a partir de la especulación con la tierra urbana. Nosotros hemos propuesto desde entonces y hemos enfatizado en el curso del Último año, que se trabaje sobre la idea sugerida por expertos muy respetables, sobre todo en Medellín, de crear Bancos de tierra, es decir, que el Estado intervenga en la tierra urbana para evitar la especulación con el precio de la misma. Porque mientras la tierra urbana siga subiendo de precio en la forma en que ha ocurrido, sera todavia mas dificil resolver el problema de la vivienda. 

 

Los servicios públicos 

En igual forma, es necesario vincular este asunto con las estrategias relacionadas con el desarrollo de los servicios públicos. Es decir, con la conformación de empresas de servicios públicos en nuestros municipios: dinámicas, programadas con seriedad, que no tengan burocracia, no sean objeto de tráfico clientelista ni de errores y abusos que se trasladan naturalmente a los usuarios de servicios públicos; porque quienes pagan los costos excesivos de la burocracia en tales instituciones —empresas de acueducto, de energía de teléfonos— pues son los usuarios, los ciudadanos comunes y corrientes a quienes les aumentan las tarifas en parte para compensar errores, negligencias y vicios administrativos. 

Todo esto juega en el problema de la vivienda. Influye de manera significativa y eso hay que afrontarlo y reconocerlo con responsabilidad. Lo que está viendo el pueblo colombiano en estos días es un debate entre dos candidatos presidenciales —oficialistas ambos— en donde el uno plantea soluciones fantásticas, utópicas; y el otro se declara impotente para afrontar el problema o considera que ha desbordado la capacidad de las instituciones oficiales, lo cual es apenas obvio, pero no tuvo, ni en su gobierno ni ahora, respuestas proporcionales a la magnitud del asunto. 

 

La educación básica y los campesinos 

Al lado de esto tenemos el tema de la educación, muy amplio, muy extenso y sobre el cual quiero subrayar también los puntos básicos. Nosotros proponemos que el país acometa como verdadero propósito nacional —no lo digo en el curso de un gobierno, pero sí como empeño real del país que se emprenda a partir de la próxima administración; la meta de los nueve años de educación básica gratuita y obligatoria para todos sus habitantes. Esto lo propuse desde 1971 cuando fui Ministro de Educacion y sigo convencido de la urgencia de un propósito nacional de esta naturaleza. Porque no se puede organizar una sociedad justa ni con un mínimo de igualdad y equilibrio allí donde se producen ante todo desigualdades acentuadas por un sistema educativo discriminatorio y elitista, en donde unos colombianos pueden lograr diez, quince, veinte años de estudios inclusive, y otros no pueden pasar de dos o de tres. Si hay compatriotas que pueden estudiar quince, veinte, treinta años y con mayor razón dentro de los nuevos conceptos de la educación permanente, donde ya se superan los calendarios tradicionales de escolaridad—, eso está bien. Pero lo urgente, lo prioritario, lo que debe haber un gobierno progresista que se inspire realmente en la defensa de los derechos de todos los habitantes del país, es concentrar las energías en los nueve y los de educación básica gratuita y obligatoria. Hay países del mundo que ya están trabajando sobre la meta de 14 años, de 16 años de escolaridad promedio para sus habitantes y nosotros en este momento —si nos va bien—nos estamos acercando apenas a promedios de escolaridad en zonas urbanas de 5 y 6 años. En las zonas rurales hay un inmenso atraso, una gigantesca injusticia. La denuncie también en la época en que fui Ministro de Educación y propuse soluciones como el proyecto que se llamó entonces de “Concentraciones de Desarrollo Rural”, en donde se buscaba convertir a la escuela rural en el escenario de servicios múltiples de interés para el campesino, en donde al lado de la solution educativa se diem la solución sanitaria, la organización de la comunidad y otros servicios: como los de extensión agrícola, las cooperativas, etc. Ese programa fue abandonado, o dejado a mitad de camino por lo menos. Yo creo en el. En aquella época se trataba de organizar alrededor de 60 concentraciones en todo el país para introducir el sistema y aprovechar las experiencias de los núcleos escolares rurales. Entiendo que no se llegó a mas de 35; pero allí donde hay Concentraciones de Desarrollo Rural cambió el panorama de la educación campesina y se abrió una posibilidad de verdadero equilibrio en las oportunidades de educación para los campesinos de tales corregimientos o veredas, en relación con los habitantes de zonas urbanas. 

La meta lógica es diseñar un nuevo sistema de educación rural que reconozca las realidades del agro pero que equilibre las oportunidades de educación entre el campesino y las personas de las zonas urbanas. Hay recursos para eso. Hay instituciones oficiales que tienen recursos importantes pero no es ‘tan sumando esos recursos con una coordinación adecuada. 

 

La igualdad de oportunidades 

Yo pienso que lo importante en todo esto es reconocer las prioridades. Lo fundamental es admitir que la primera meta de una verdadera política social en Colombia es asegurar la igualdad de oportunidades ante la vida para todos los colombianos. Hay una figura muchas veces utilizada para explicar esto y me parece pertinente repetirla esta noche ante ustedes. Si uno compara la vida con una carrera de mil metros, de modo que se dijera que una vida digna y una vida en la cual se satisfagan las necesidades fundamentales de toda persona equivale a recorrer mil metros, lo importante es que todos los colombianos, los 28 millones, podamos partir del mismo sitio en esa carrera. Quienes por sus méritos, su capacidad creativa, su responsabilidad y su esfuerzo, pueden recorrer tres mil, cinco mil metros, bien pueden hacerlo. Pero que todos podamos recorrer mil metros y no como sucede hoy cuando hay colombianos que solo recorren unos pocos metros, hay algunos que salen 800 metros adelante, hay otros que comienzan la carrera 200 metros atrás y hay una gran cantidad a los cuales nunca se les deja participar en la carrera. ¿En qué consiste la igualdad de oportunidades? En la participacion en esa carrera partiendo de un mismo sitio. Y ese sitio igualitario lo aseguran la nutrición, la salud, la vivienda y la educación. Nada serio se puede hablar en política en Colombia mientras no se reconozca la importancia de estos temas. Es importante, claro está, el ferrocarril de Saboya que menciona el doctor López Michelsen; es obvio que si; importante también el Palacio de Convenciones en Cartagena, pues si; no vamos a decir que sea algo superfluo. Pero la pregunta que tiene que contestar un gobierno progresista es que esta primero. Yo creo que primero está el ser humano. Primero está la supervivencia de cada uno de los habitantes de Colombia. Su derecho a tener una vida digna y justa y a un Estado que se organice con los recursos escasos —si, son escasos— pero que administrados dentro de esa noción de prioridades, deben aplicarse a la solución, primero que todo, de esos problemas vitales. 

Ya habrá oportunidad en las próximas intervenciones, de analizar otros temas. Analizar la renovación económica de Colombia, la política internacional del país y precisar los recursos disponibles para dar respuesta a estas expectativas y necesidades. Lo que quiero subrayar muy claramente esta noche al pueblo es que si yo dirijo el Estado colombiano a partir del 7 de agosto, tendré en mente esta renovación social como punto prioritario, basado en esos temas que he descrito: luchar por eliminar el hambre en Colombia, por eliminar la desnutrición, por eliminar la insalubridad y los problemas de salud que padece nuestra población, simplemente por la carencia de agua potable en buena parte del territorio de Colombia. Luchar por la vivienda popular, por la extensión de la misma y la organización de recursos y estrategias gubernamentales que den respuesta a ese problema con criterios de justicia social y de igualdad de oportunidades. Y luchar por la democratización de la educación dentro de la idea de buscar nueve arios de escolaridad mínima para todo colombiano y de buscar para los campesinos colombianos una transformación real en sus oportunidades de aprendizaje y de capacitación. Tendremos que hablar de más cosas. Claro que si. Pero esto es lo primero. Mil gracias, buenas noches. 

 

Abril 21 de 1982.