D010 P009 | Políticas ecológicas para la Nueva Colombia

Documentos Nuevo Liberalismo | Luis Carlos Galán

D010 P009 | Políticas ecológicas para la Nueva Colombia

Conferencia presentada ante la Sociedad Colombiana de Ecología por el doctor Luis Carlos Galán, candidato a la Presidencia de la República.

Bogotá, diciembre 9 de 1981.

El adecuado manejo de los recursos natura­les renovables y no renovables por parte del Estado y los particulares ha sido una preocu­pación permanente del movimiento por el Nuevo Liberalismo desde sus comienzos. Así, entre los primeros grupos de trabajo confor­mados inmediatamente después de las eleccio­nes de “mitaca” de 1980, estuvo el de Recur­sos Naturales y Ecología, que participó en los diálogos sobre Bogotá, organizados por el Nue­vo Liberalismo, con un documento sobre los problemas ecológicos de la capital de la Repú­blica y sus correspondientes soluciones. Este grupo también intervino en la investigación de los aspectos técnicos del proyecto Chinga­za, adelantada por el Concejo de Bogotá, par­ticipó en el programa de conferencias organi­zado por el Nuevo Liberalismo en homenaje a los Comuneros y colaboró en la preparación del Documento Ideológico “Nuevo liberalis­mo para una Colombia Nueva” en los aspectos pertinentes.

Simultáneamente, otros grupos de trabajo del Nuevo Liberalismo cooperaron en la investigación de las políticas oficiales relacionadas con los recursos naturales no renovables, prin­cipalmente el carbón y los hidrocarburos, políticas que han sido ampliamente debatidas por nuestro movimiento en el Congreso de la República y en diversos foros de opinión.

El intenso interés del Nuevo Liberalismo por estas materias está sólidamente ligado a dos de las metas fundamentales que nos he­mos propuesto para desarrollar una política capaz de diseñar y realizar una nueva sociedad para superar la encrucijada en que se halla Co­lombia: la independencia nacional y la estrate­gia para el crecimiento económico y la igual­dad social.

La independencia nacional es un problema todavía no resuelto por Colombia y que tien­de a empeorar debido a los nuevos factores de poder mundial de orden financiero y tecnoló­gico. La administración de nuestros grandes recursos naturales no renovables se está ha­ciendo sin tener en cuenta las duras lecciones del petróleo y por eso se negocian los grandes intereses nacionales en forma precipitada e injusta para las actuales y las futuras genera­ciones como ha sucedido con el carbón. El so­lo examen de nuestras importaciones revela el grado de dependencia en que nos hallamos por la compra de energía, productos agrícolas y materias primas siderúrgicas, en todo lo cual Colombia puede ser autosuficiente si el país es adecuadamente dirigido y se saben aprovechar sus recursos naturales.

El Nuevo Liberalismo ha visto con beneplá­cito que la Sociedad Colombiana de Ecología ha introducido un nuevo programa dentro de sus actividades, el relativo a la Soberanía Eco­lógica Nacional. Este programa encaja acerta­damente en nuestra concepción de lo que debe abarcar la independencia nacional, ya que según hemos sido informados se refiere a la defensa de la soberanía de nuestros recur­sos, sujetos a una exportación violatoria de los controles teóricos, como en el caso de la fauna silvestre, las pieles y las maderas, o víc­timas del efecto de productos nocivos importados, cuyo uso no es permitido en los países de origen pero que destruyen nuestros ecosis­temas terrestres y acuáticos y atentan contra las vidas humanas.

La estrategia para el crecimiento económi­co y la igualdad social, propuesta por el Nue­vo Liberalismo, involucra la variable ecológica como una de sus más importantes componen­tes, ya que el movimiento tiene plena concien­cia de que el desarrollo del país no puede hacerse sin aplicar simultáneamente medidas de control ecológico que garanticen la protec­ción de los recursos naturales renovables y en consecuencia contribuyan al bienestar de la comunidad. Estas medidas deben ser parte de una política ecológica coherente que abarque la recuperación y protección de las aguas y cuencas, la reforestación y manejo racional de bosques, la explotación adecuada de los suelos, la protección del aire, el control de la actividad pesquera, la preservación de la fauna silvestre, el aprovechamiento de los residuos, la explotación racional de los recur­sos no renovables, la generación de energía, la ecología humana, la legislación ambiental, los aspectos económicos y financieros, la edu­cación ambiental y los aspectos instituciona­les. A continuación hacemos un análisis de las anteriores materias y proponemos políticas para la protección del medio ambiente colombiano.

 

Recuperación y Protección de las Aguas y Cuencas

Es un lugar común hablar sobre las riquezas naturales de Colombia. Un país ubérrimo que todo lo tenía, y ello era cierto. Veamos cuál es la situación actual. Recientemente los dia­rios mencionaban una estadística escalofrian­te: el 70% de los 946 municipios de Colombia se está quedando sin agua, pues las quebradas y riachuelos que surten sus acueductos están desapareciendo. Colombia que s era un país privilegiado por su inmenso potencial hídri­co, se está secando. Como si ello no fuera suficiente, sus principales ríos se han degradado y contaminado.

El mal manejo de los recursos hídricos co­lombianos ha conducido a la disminución y contaminación de las aguas en amplios secto­res del país, inhabilitándolas para usos de primordial importancia para el desarrollo nacional, como son el consumo humano, el consumo industrial, el riego y la pesca, ade­más de impedir su uso para recreación. Se han deteriorado con mayor rapidez los sistemas hidromecánicos de generación de energía. Es preocupante la destrucción de los ecosis­temas acuáticos, convirtiendo este medio en transmisor de innumerables enfermedades que ocasionan altas tasas de mortalidad, prin­cipalmente en la población infantil. Entre las fuentes de agua afectadas figuran el río Bogotá, la bahía de Cartagena, el río Mede­llín, el río Cauca, el río Magdalena, la Lagu­na de Tota y multitud de ríos y quebradas ubicadas a lo largo y ancho del país.

Deseo hacer ante tan autorizado auditorio, mención especial del río Magdalena. El río grande de la Magdalena está —prácticamente—desaparecido debido a la deforestación de su cuenca y de las cuencas tributarias. Lo han convertido en la alcantarilla de Neiva, Girar­dot, Honda, La Dorada, Puerto Wilches, Magangué, Mompós, El Banco, Plato, Cala­mar, Barranquilla y Bogotá.

El río constituía un sistema de transporte barato, que bien mantenido no requería —obviamente— de infraestructura y no pro­ducía deterioro ni contaminación de los re­cursos naturales. Pero paralelamente le ins­talaron la competencia con el ferrocarril, que a su vez se vio desplazado por la carretera. La sensatez indica, que todo esfuerzo que se haga en pro de la rehabilitación del río madre de Colombia contará con nuestro apoyo y entusiasmo.

Es imperativo desarrollar una política de recuperación y protección de las aguas y cuen­cas, cuyos pilares deben ser la reforestación masiva, el tratamiento de las aguas negras y residuos industriales de las ciudades principa­les, el control de las actividades con potencial contaminante y el estímulo a la investigación y medición de parámetros indicadores.

 

Reforestación y Manejo Racional de Bosques

Por necesidad o por costumbre el colombia­no ha deforestado casi totalmente las laderas y valles andinos e intenta llevar a cabo el mis­mo proceso en la Orinoquia, la Amazonia, el Medio y Bajo Magdalena y la Costa Pací­fica.

El panorama es el siguiente: en 1959 el país tenía 55.0 millones de hectáreas de bosque; en 1974, 46,3 millones y hoy tiene 31,2 mi­llones de hectáreas. El promedio anual de tala se estima en 1.0 millón de hectáreas, lo cual permite concluir —si este ritmo no cambia—que en el año 2012 no tendremos bosques. La reforestación es insignificante por cuanto frente a este drama —únicamente— se han sembrado 72.000 hectáreas de bosque. La de­forestación altera el régimen hídrico de las co­rrientes, produce erosión, reduce la evapo­transpiración y producción de oxígeno y priva al país de recursos maderables para su desarro­llo. Es por consiguiente esencial poner en práctica políticas de protección de bosques nativos, reforestación con especies adecuadas, explotación racional de bosques y control de incendios y actividades extractivas.

 

Explotación Adecuada de los Suelos

Los suelos colombianos pertenecen a una amplia gama según su productividad, yendo desde suelos altamente productivos, como los de la Sabana de Bogotá y Valle del Cauca, hasta suelos muy pobres como los de la Orinoquía, el Chicamocha Medio y norte de la Gua­jira.

De conformidad con los últimos y únicos estudios sobre “La erosión de tierras en Co­lombia”, el 75.2% del territorio nacional pa­dece algún grado de erosión. De este porcen­taje el 1.9% o sea 21.000 km2 que equivalen a una extensión de tierras mayor que los departamentos de Atlántico, Quindío, Risaralda, Caldas y la Intendencia de San Andrés, sufre erosión máxima. En otras palabras, son suelos irremediablemente perdidos para la economía del país. Son las 3/4 partes de la península guajira y una serie de pequeñas áreas dispersas en las cordilleras, coincidentes en forma general con climas locales muy agre­sivos. Son los alrededores de Cúcuta, casi todo el Cañón del Chicamocha, Villa de Leiva (Bo­yacá), el Valle del Magdalena entre Neiva y Villavieja donde se encuentra el desierto de la Tatacoa, gran parte de la cuencia del río Ca­brera (Huila) y los alrededores de Mosquera (Cundinamarca) punto éste donde hace sola­mente 30 años existía una hermosa laguna llamada La Herrera.

Otros 14.000 km2 que corresponden al 1.2% del territorio nacional —lo que equivale a la extensión de los departamentos de Sucre y Atlántico— se está erosionando con una in­tensidad de mediana a fuerte. Finalmente, otros 379.300 km2 se están erosionando con una intensidad entre leve y mediana, esto equivale al 33.3% de la extensión del país.

La mayoría de los suelos nacionales está su­jeto a malas prácticas agrícolas, erosión, sobre-pastoreo, contaminación y uso inadecuado. Se propone, en consecuencia, desarrollar una polí­tica de suelos que comprenda su clasificación, asignación del uso acorde con sus caracterís­ticas, protección de laderas y tecnificación agrícola.

 

El Aire y su Contaminación

El aire de nuestras grandes ciudades y cen­tros industriales ha sufrido creciente deterioro en los últimos años, por causa de la prolifera­ción de vehículos automotores e industrias y quema de basura y combustibles. Al respec­to, únicamente se han elaborado algunos es­tudios sobre Bogotá, Cali y Medellín. La ciudad más analizada en este aspecto es Cali, debido —posiblemente— a su cercanía con Yumbo.

En Bogotá, el principal factor de contami­nación lo constituyen los vehículos. Es una ciudad con una densidad de población aproxi­mada a los 180 habitantes por hectárea y algu­nas áreas con una densidad hasta de 1.500 habitantes/hectárea. No abunda en avenidas que soporten un gran flujo automotor y, en zonas del centro, hay momentos en que un gran porcentaje de los vehículos se concentra en una extensión de menos de 2 km. Bogotá es una ciudad cuyo parque automotor se cal­cula en 160.000 vehículos de todo tipo. Ade­más, su altura sobre el nivel del mar agrava el problema, por cuanto la oxidación de los hidrocarburos presentes en la gasolina es más lenta.

Se estima que anualmente se emiten unas 700 toneladas de vapores sulforosos en las vías céntricas de Bogotá. Y totalizando, se calcula que 350.000 toneladas de contami­nantes son lanzadas cada año por los vehícu­los que circulan en la capital.

En cuanto a Cali, la contaminación se siente, se huele y se sufre. La ciudad atraviesa una etapa de enorme e incontrolado creci­miento urbano con una construcción muy in­tensa, hacinamiento de población y gran en­sanchamiento industrial. Estas razones hicie­ron que la ciudad se extendiera hasta llegar a los sectores industriales y rodearlos. En esta forma, hacia el norte llegó hasta el municipio de Yumbo donde tienen asiento 106 fábricas con aproximadamente 320 chimeneas.

El problema se agrava con las fuertes co­rrientes de aire que soplan sobre la ciudad des­de el noroeste en las primeras horas de la tarde, extendiendo sobre la ciudad espesas nu­bes de humo y malos olores, complicándose —todavía más con el polvo proveniente de cerros cercanos erosionados—. Según estos es­tudios no se encontró diferencia estadística­mente significativa en mortalidad general promedio año, mortalidad general hombres, mor­talidad general mujeres, mortalidad general de hombres y mujeres menores de 45 años. Se encontró significancia estadística en la mortalidad de los hombres mayores de 45 años. Es­to tiende a mostrar que hay mayor posibilidad de morir (para hombres de 45 años) en la zo­na industrial que en la zona central.

En cuanto al Valle del Aburrá no se han rea­lizado estudios profundos al respecto, pero sus fábricas de textiles, productos químicos y un parque automotor de 70.000 vehículos constituyen factores de preocupación y estu­dio. Esta contaminación produce enfermeda­des broncopulmonares, irritación de mucosas, eczemas y otros problemas para la salud, ade­más de que afecta la agricultura, mancha edi­ficios y ropas y entorpece el transporte al re­ducir la visibilidad. Como respuesta a estos problemas debe ponerse en marcha un progra­ma efectivo de control de la contaminación del aire en las grandes ciudades y centros in­dustriales, incentivándose la producción de vehículos con motores de mejor combustión, exigiéndose la remoción de gases nocivos y partículas de los efluentes gaseosos industria­les, controlándose la quema de basuras y es­timulándose la investigación y medición de parámetros contaminantes.

 

La Pesca y su Explotación

Es ya lugar común afirmar que la pesca es recurso alimenticio de primera importancia en el país por cuanto éste posee innumera­bles ríos, lagos y estuarios, costas sobre los Océanos Pacífico y Atlántico y grandes áreas marinas delimitadas recientemente con la ma­yor parte de los países vecinos.

La cuenca Magdalena-Cauca aporta 80.000 Ton/año de pescado con un costo de 25 mi­llones de dólares. La población dedicada a este oficio fluctúa entre 8.000 y 33.500 personas.

De la cuenca amazónica se extraen 3.355 Ton/año; la cuenca de la orinoquia aporta 2.751 Ton/año; la del río Atrato 219 Ton/año y la del Catatumbo 2.235 Ton/año.

La pesca marítima tiene un potencial de 150.000 Ton/año, pero actualmente, se están capturando —únicamente— 30.000, discrimi­nándose así:

30% artesanal

20% camarón

50% pesca blanca

Como puede verse, estas cifras son de una pobreza desoladora. Sin embargo, a pesar de ello el daño ecológico que se produce sí es grande, pues esta pesca entraña los problemas relativos al uso de la dinamita, la contamina­ción, el aprovechamiento desmesurado de ejemplares jóvenes y ornamentales tanto en ríos como en mares y la actividad incontrola­da de embarcaciones de bandera extranjera en nuestras ricas extensiones marinas. En conse­cuencia, deben formularse políticas pesqueras consistentes en la explotación de estanques piscícolas a nivel municipal, educación de nuestros pescadores para un mejor aprovecha­miento de la pesca artesanal, control de la contaminación de ríos, lagos y bahías, pro­tección de estuarios, racionalización de la pesca marina y afirmación de la Independen­cia de Colombia para la explotación de sus re­cursos pesqueros marítimos.

 

La Fauna Silvestre

Nuestra fauna silvestre es de las más varia­das del mundo y merece conservarse para mantener el equilibrio de los ecosistemas na­turales, aspecto que está relacionado con la productividad del medio. Los procesos de co­lonización, urbanización e industrialización, la caza deportiva y de subsistencia, la apertu­ra de vías, la exportación de animales como mascotas o con fines clínicos y la exportación de pieles, han contribuido a crear un inmensa presión sobre la fauna silvestre, algunas de cu­yas especies más representantivas se encuen­tran al borde de la extinción.

Esta fauna tan rica ofrece hoy unas pers­pectivas preocupantes, pues hay 65 especies amenazadas o en peligro de extinción. Entre ellas están el venado de páramo, el zorro, el tigre, el armadillo, el mico tití, el manatí, el cóndor, la perdiz, el caimán, la babilla y seis especies de tortuga.

Es, entonces, importante para el país formu­lar políticas efectivas de protección de la fauna silvestre, estimulando la implantación de zoocriaderos para la producción de ejem­plares vivos y pieles para exportación, contro­lando la caza y mejorando la red nacional de Parques Naturales, verdaderos santuarios de flora y fauna que merecen mayor atención oficial.

 

Recursos Naturales no Renovables

Tradicionalmente, los recursos minerales e hidrocarburos del país han sido explotados irracionalmente, llegándose en algunos casos a la negligencia y a la irresponsabilidad. La explotación de las piedras y metales preciosos, por ejemplo, ha sido puesta en manos foráneas en su mayor parte y otra fracción impor­tante sigue sujeta al creciente mercado subterráneo. El petróleo fue explotado y exportado por más de 50 años por empresas extranjeras, convirtiéndose después el país en importador precisamente cuando los precios le son más desfavorables para este propósito. El carbón, el recurso con el mayor futuro en Colombia, se apresta a iniciar el ciclo ya recorrido por el oro, la plata, el platino y el petróleo; nuevamente se colocó en manos extranjeras la ex­plotación de un recurso natural no renovable, en condiciones desfavorables para Colombia. Además del agotamiento de algunos de estos recursos y la tendencia al agotamiento de otros, su explotación sin controles ambienta­les produce contaminación de las aguas, el aire o el suelo y devastación de la flora y la fauna. Por consiguiente, es necesario modificar las políticas de explotación de recursos naturales no renovables e incorporales la variable eco­lógica, esencial para su conservación y buen manejo.

 

Energía

El país se encuentra en una encrucijada energética. Actualmente cuenta con 4 millo­nes 135 mil kilovatios, pero si desea mante­ner un ritmo equilibrado entre la oferta y una creciente demanda, en 1988 deberá tener ins­talados 12 millones de kW. Colombia duplica sus necesidades energéticas cada 7 años. De estos 4 millones 135 mil kW, únicamente el 25% es de origen térmico. Lo anterior de­muestra verdades contundentes:

  1. El desarrollo energético del país ha esta­do mal planificado y la magnitud del racionamiento implantado desde agosto de 1980 im­pide tapar el sol con las manos.
  2. Se ha impuesto un sistema de generación energética, cuyo desarrollo ha superado la capacidad del país para implementarlo.,
  3. Se han ignorado otras fuentes de genera­ción de energía, para las cuales el país cuenta con reservas muy aceptables.

Las reservas de carbón son del orden de 1.300 millones de toneladas, de las cuales el 80% está ubicado en El Cerrejón.

Las reservas de gas natural se estiman en 4.716 mil millones de metros cúbicos.

Tenemos magníficas posibilidades en ura­nio y la situación geográfica nos permite apli­car con éxito la energía solar. En consecuen­cia, el liberalismo debe proponer políticas que conduzcan a la autosuficiencia energética del país por medio del juicioso estudio de las demandas y su oportuna satisfacción con desa­rrollos energéticos mixtos que eviten una situación como la que actualmente se vive. Se estudiará cuidadosamente la viabilidad téc­nica y económica de la producción de gasohol. Estas políticas deben incluir la planificación cautelosa de la exportación de recursos ener­géticos, para impedir la repetición de lo ocu­rrido con el petróleo, sobreexportado en el pasado y hoy importado en crecientes canti­dades.

 

Ecología Humana

El hombre es el organismo más sobresalien­te en los ecosistemas del planeta, pero tam­bién suele ser el más destructor. En el país los ecosistemas urbanos y rurales se encuentran altamente deteriorados, haciendo difíciles las condiciones de vida de sus habitantes. El ciu­dadano es expuesto a la contaminación del agua y el aire, a las basuras, al ruido, la con­gestión, el hacinamiento en tugurios e inqui­linatos, a las prácticas de la sociedad de con-• sumo, a la inseguridad, al hambre, la desnutrición y la miseria, aspectos que determinan una pobre calidad de vida en las ciudades.

En el campo, nuestros compatriotas tam­bién están expuestos a la mayor parte de es­tos problemas, algunos de ellos agravados por la carencia o insuficiencia de los más elemen­tales servicios para sobrevivir.

Estos angustiosos problemas relacionados con la calidad de vida y que nos afectan a to­dos los colombianos, comprometen al movi­miento que dirijo a plantearle al país solucio­nes concretas, para lo cual ya estamos traba­jando.

 

Legislación Ambiental

El país posee dos instrumentos para el ma­nejo y control del medio ambiente: el Código Nacional de Recursos Naturales y el Código Sanitario Nacional. El primero ha sido reglamentado en un 60% aproximadamente y el segundo está en proceso de reglamentación. Esta deficiencia constituye un primer limi­tante para un adecuado control y protección de los recursos naturales y el ambiente. Un segundo obstáculo lo constituye la falta de coordinación interinstitucional para una eficaz gestión ambiental. Finalmente se puede anotar como otra falla en legislación ambien­tal, la relacionada con el hecho de que muchas entidades de orden nacional, departamental y municipal expiden normas sobre funciones que orgánicamente no les han sido asignadas. Ello, como es lógico, crea una gran confusión para el usuario que no sabe a cuál de esas normas debe acogerse. Ante estos hechos, el liberalis­mo debe impulsar dentro de una política eco­lógica la reglamentación de dichas normas y su estricta aplicación, para que los citados có­digos realmente contribuyan al mejoramiento ecológico del país.

 

Ecología y Desarrollo

De manera ignorante o malintencionada se ha pretendido inculcar al país el falso con­cepto de que ecología y desarrollo son incom­patibles, afirmándose que aquella constituye un freno a este último.

Nada más alejado de la verdad. Precisamente los países denominados desarrollados han comprendido que el verda­dero desarrollo debe mantener la armonía entre lo económico, lo social y lo ecológico y se han convertido en abanderados de la defen­sa del ambiente. Es’ evidente que la destruc­ción de recursos tales como las aguas, los bos­ques y los suelos, ocasionada por el desarrollo incontrolado, constituye un freno al mismo desarrollo, que necesita de recursos como éstos para sostenerse. En consecuencia, noso­tros apoyamos el concepto de la compatibili­dad entre ecología y desarrollo que incorpo­re a toda propuesta de desarrollo físico el correspondiente control ecológico, lo cual la hará más completa y más productiva a largo plazo.

 

Aspectos Económicos y Financieros

Generalmente, las soluciones a los pro­blemas ecológicos colombianos no se aplican en la práctica, por cuanto se argumenta que su alto costo no las hace económicamente fac­tibles. Sin embargo, la validez de este argumento es muy relativa, ya que si se toman en cuenta los costos del deterioro ambiental, atribuibles, por ejemplo, a la restricción de los usos del agua, al arrastre de los suelos, a la pérdida de la pesca y a los daños a la salud, es evidente que resulta justificable invertir en la protección ecológica. El análisis beneficio—costo es en este caso complejo, ya que gran parte de los costos del deterioro ecológico son intangibles; sin embargo, simples estimativos permiten concluir que el país saldrá ganando al destinar recursos económicos a la protec­ción de su medio ambiente.

En el caso de la descontaminación de las aguas, según la experiencia mundial su costo es apenas el 10% de la inversión total en el desarrollo del recurso hidráulico, incluyendo acueductos, conducciones, redes, tanques, al­cantarillado y disposición final. El país ya se está acostumbrando a invertir el 90% en la mayoría de las componentes básicas citadas, pero no invierte el 10% restante en el trata­miento de las aguas negras, por considerar erróneamente que dicho tratamiento no es prioritario.

Con respecto a la financiación requerida por las obras encaminadas a mejorar o prote­ger el medio ambiente del país, ésta es aten­dida desde hace varios años por diversos organismos internacionales, entre ellas el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desa­rrollo. Estas entidades no solamente otorgan crédito, sino que exigen la inclusión de los programas correspondientes al control ecoló­gico en todos los planes de desarrollo cuya financiación atienden. Los plazos para la amor­tización son amplios y los intereses son blandos.

Entonces la verdadera razón para que no se apliquen todavía soluciones ecológicas como la necesaria para descontaminar las aguas no es su alto costo o su financiación sino el hecho de que el país no otorga a estas solucio­nes la prioridad que merecen. Esta afirmación abarca a los indispensables pero dilatados programas de reforestación y a tantas otras soluciones requeridas por los problemas ecológi­cos de Colombia.

La poca prioridad que se otorga a estos pro­blemas estriba en la falta de conciencia ecoló­gica del Gobierno y el pueblo colombianos, motivada por una deficiente o inexistente educación ambiental. La ecología aún no ha calado en la conciencia popular y por consi­guiente no produce los votos que inspiran a la clase política tradicional. A diferencia de ésta, el Nuevo Liberalismo considera que es imperativo conceder a la ecología la prioridad que merece, antes de que la citada conciencia se alcance, ya que para ese entonces, podría ser demasiado tarde. Por ello, como lo afirma­mos anteriormente, hemos incluido el aspecto ecológico dentro de la estrategia que hemos propuesto para el crecimiento económico y la igualdad social.

 

Educación Ambiental

Son muy pocas las entidades que propician la educación ambiental en el país. Puede afir­marse que todo el peso de esta misión tan delicada recae sobre Inderena. La Corpo­ración Autónoma del Valle del Cauca (CVC) realiza campañas esporádicas sobre la materia. Ello ha sido positivo, por cuanto ha puesto al país a pensar en términos ambientales. Hace solamente diez años, el desconocimiento y la despreocupación por los problemas ambienta­les del país era total. Hoy, se ha hecho mucho, pero queda mucho por hacer. Hoy, por ejem­plo, el sector privado propicia campañas de protección y recuperación de recursos natura­les, cuando ayer se despilfarraban. El hecho de que aparezcan en los periódicos carteles con semillas propiciando campañas de reforestación resulta muy reconfortante. Todas estas acciones indican que el país está entendiendo lo que significa quedarse sin agua, sin suelos, sin pesca.

Esto está bien, pero debemos continuar impulsando las campañas de educación am­biental a todos los niveles, desde la escuela rural hasta los recintos universitarios, inclu­yendo programas para quienes no han tenido acceso a esas instituciones o las han abando­nado. Impulsaremos el cumplimiento del De­creto 1337 de 1978 donde se incluyen en la programación curricular para los niveles pre­escolar, básico secundario, media vocacional, intermedia profesional, educación no formal y educación de adultos, los componentes sobre ecología, preservación ambiental y re­cursos naturales renovables. Creemos que un pueblo con una adecuada educación ambien­tal, no permitirá que la destrucción de los re­cursos naturales continúe.

 

Aspectos Institucionales

Para el manejo del medio ambiente, el país cuenta con numerosas instituciones cuyas fun­ciones son generalmente coincidentes, lo cual lejos de coadyuvar a la solución de los proble­mas, produce interferencias interinstituciona­les que la entorpecen. La entidad rectora en la administración de recursos naturales se en­cuentra debilitada y es desmembrada día a día en sus funciones y en su acción. Actualmente existen en el país 83 entidades del orden na­cional, departamental y municipal que mane­jan en una u otra forma el recurso agua. Y ello no puede continuar. Una experiencia dramáti­ca sobre esta anarquía administrativa la tene­mos con la descontaminación del río Bogotá, pues es necesario poner de acuerdo a varias entidades nacionales y distritales, lo cual se logra al cabo de veinte años de discusión sobre los términos del eventual convenio. Si este es el procedimiento para solucionar todos los problemas del país, estamos perdidos. Por consiguiente, trabajaremos en una gran re­forma institucional que le entregue al país un esquema ágil y eficaz para la administra­ción de los recursos naturales renovables y el ambiente. Para ello contamos con un equi­po de técnicos que desde hace año y medio viene trabajando en estos asuntos. El logro de este objetivo institucional que contribui­rá de manera decisiva a la solución de los problemas ambientales del país, es una de nuestras banderas. Alguien decía que un país que no protege sus recursos naturales ni su ni­ñez es un país sin porvenir. Amigos, los invito a que nos acompañen en el propósito de de­rrotar el desierto y reforestar el porvenir.

Muchas gracias.