D010 P017 | Contaminación de aguas en el país

Documentos Nuevo Liberalismo | Luis Carlos Galán

D010 P017 | Contaminación de aguas en el país

Trabajo elaborado por el coordinador del Grupo Ecológico del Nuevo Liberalismo, Ger­mán García Durán, y publicado en la revista Nueva Frontera.

Noviembre 30 de 1977.

 

Colombia es un país privilegiado en materia de aguas, no solamente por la abundancia de éstas, sino también por el potencial energético que ellas representan, el cual adquiere mayor importancia al presentirse el rápido agotamien­to de los combustibles fósiles y buscarse fuentes sustitutivas de generación, económicas y no contaminantes.

Colombia es uno de los pocos países del mundo que constituyen verdaderas cabeceras hidrológicas continentales, originándose en su territorio infinidad de vertientes que luego de ser medianamente aprovechadas exportan sus aguas a los países vecinos o directamente a los océanos. Pocas fuentes nacidas en otro país penetran a territorio colombiano y otras máxime lo tocan en sus fronteras, no dependiendo por consiguiente el país para la utilización de los recursos de agua dulce del manejo que de ellos se haga en otras naciones.

Además cuenta Colombia con 2.900 kiló­metros de costas sobre los Océanos Pacífico y Atlántico, longitud equivalente al 31% de su perímetro. Este aspecto ha adquirido trascendental importancia en los últimos años al pro­ponerse internacionalmente la distancia de 200 millas para demarcar el mar patrimonial de los países, lo cual permite a Colombia aprovechar inmensas riquezas pesqueras y mi­nerales actualmente inexplotadas. El avance vertiginoso de la tecnología facilitará esa ex­plotación, incluyendo la de las aguas marinas, recurso que llegará a tener múltiples usos si se le protege adecuadamente.

Los tratados para delimitación de las áreas marinas y submarinas, firmados por Colombia con Nicaragua, Ecuador, Panamá, Costa Rica, Haití y República Dominicana, otorgan a cada uno de estos países soberanía sobre extensas zonas. Acuerdos futuros con otros países per­mitirán delimitar otras áreas patrimoniales de Colombia y de estos países en el mar Caribe. En la parte correspondiente a Colombia, el archipiélago de San Andrés y Providencia ocu­pa ubicación preponderante, convirtiéndose en el centro para el manejo y aprovechamien­to de las grandes áreas marinas y submarinas circundantes.

Las anteriores consideraciones indican que el recurso más importante para el desarrollo de Colombia es el agua. Sus múltiples usos, que incluyen consumo doméstico e industrial, generación de energía eléctrica, riego, pesca, recreación y transporte, le dan una versatili­dad que no posee ningún otro recurso. Sin embargo, como se verá más adelante, su mane­jo en el país se ha dirigido únicamente a su explotación y no a su conservación y protec­ción, por lo cual presenta actualmente consi­derable deterioro.

La preocupación por la contaminación de las aguas colombianas ha crecido en los últi­mos años en todos los niveles gubernamenta­les y entre la población. Varias de las princi­pales masas de agua nacionales, incluyendo a los ríos Bogotá, Medellín, Cauca y Magdalena y a las bahías de Cartagena y Santa Marta, re­ciben altas cargas contaminantes que han des­truido porciones de ellas y amenazan con in­habilitarlas totalmente para la mayoría de los usos, causando un impacto económico negati­vo sobre un país ya abrumado por inmensos problemas.

 

Objetivos y Fuentes de Este Análisis

En el presente análisis se hace una evalua­ción de la contaminación de aguas en las re­giones de Bogotá, Medellín, Cali, archipiélago de San Andrés y Providencia, Costa Atlántica, Costa Pacífica, Bucaramanga, Cúcuta, Boyacá, Tolima, Huila, Caldas, Risaralda, Quindío, Po­payán, Pasto, Villavicencio y Puerto Asís. El análisis correspondiente a las tres primeras re­giones citadas se fundamenta principalmente en el estudio realizado por el autor para el Ins­tituto de Estudios Colombianos como parte del trabajo “Recursos y Crecimiento: Colom­bia 1950-2000”, que coordinó y dirigió el profesor Lauchlin Currie con destino a “Re­cursos para el Futuro Inc.”. En cuanto a las demás regiones, su análisis se basa en otros es­tudios del autor o realizados bajo su dirección, y en una revisión de la bibliografía. En el sitio apropiado se indica la fuente bibliográfica correspondiente. Se hace también aquí un es­timativo de las condiciones futuras de conta­minación y de, las medidas necesarias para contrarrestarlas, incluyendo planteamientos sobre los beneficios y costos de éstas para jus­tificar su pronta adopción.


Metodología


Las condiciones actuales de contaminación hídrica en Bogotá, Cali, Medellín y Barranqui­lla, se apoyan en análisis de muestras realiza­dos por la Empresa de Acueducto y Alcanta­rillado de Bogotá, la Corporación del Valle del Cauca, las Empresas Públicas de Medellín y las Empresas Públicas Municipales de Barranqui­lla. Para las demás ciudades, el autor estimó las cargas orgánicas con base en la población y la carga por habitante normalmente encontra­da en el país.

Las proyecciones quinquenales de contami­nación de los ríos Bogotá, Medellín, Cauca y Magdalena hasta el año 2000 se hacen en el presente trabajo con base en los aumentos de población, industrialización y suministro de agua reportados por las entidades oficiales, el estimativo razonable del incremento de las cargas domésticas e industriales y el caudal de estiaje de los ríos citados teniendo en cuenta los efectos de regulación y de aguas importa­das a las cuencas.

 

Condiciones Actuales

Área de Bogotá

Para los fines de este trabajo esta región comprende la Sabana de Bogotá, la subregión de Tequendama y el río Magdalena desde Gi­rardot hasta Honda. La población de la ciudad de Bogotá se estima en 3.500.000 habitantes, que produce una carga orgánica contaminan­te de aproximadamente 250.000 kilogramos por día de DB05. Además, la carga orgánica de origen industrial añade otros 50.000 ki­logramos por día de DBO5 a los ríos. Comparativamente, el aporte contaminante de las demás poblaciones de la región no resulta sig­nificativo.

Bogotá descarga sus desechos líquidos a los pequeños ríos urbanos Salitre, Fucha y Tun­juelo, los cuales a su vez los conducen al río Bogotá, ubicado al occidente de la ciudad. El río Bogotá tiene una longitud de unos 370 kilómetros, 180 de los cuales, por encontrarse en la zona alta del río, están relativamente li­bres de contaminación, 70 corren frente a la ciudad de Bogotá, recibiendo contaminación masiva y 120 atraviesan la bella región de Te­quendama, transportando gran parte de la contaminación desde una altura cercana a 2.600 metros sobre el nivel del mar en la Saba­na, a una altura de aproximadamente 300 me­tros sobre el nivel del mar en Girardot, punto de confluencia de los ríos Bogotá y Magdalena. En el extremo sur de la Sabana, agua contami­nada del río Bogotá es bombeada al embalse del Muña para generación posterior de energía.

El cuadro No. 3.1, basado en datos de los estudios del río Bogotá realizados por el con­sorcio CDM-CEI-Planhidro para la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá, en los cuales el autor fue jefe del Grupo Ambiental, muestra valores representativos de contamina­ción de aguas en la región de Bogotá en época de verano. Los ríos Salitre, Fucha y Tunjuelo no se incluyen, ya que sobre ellos basta decir que sus características no difieren de las de las aguas negras concentradas. Muchos vecinda­rios están directamente expuestos a estos ríos altamente contaminados.

 

La primera estación del río Bogotá indicada en el cuadro, Puente Vargas, se encuentra in­mediatamente después del complejo industrial Cajicá-Zipaquirá donde varias industrias químicas están ubicadas. La más importante, “Planta de Soda”, tiene un efltiente altamente alcalino que eleva el pH del río a valores supe­riores a 9, altamente perjudiciales para la vida acuática. Los cloruros también se elevan allí a cerca de 500 mg/1, lo cual inutiliza las aguas para el suministro, ya que el valor máximo permisible es de 250 mg/l. Esta infortunada circunstancia obligó a la Empresa de Acueduc­to y Alcantarillado de Bogotá a ubicar la bo­catoma y planta de potabilización en Tibitó, 40 kilómetros aguas arriba de Bogotá, incu­rriendo en esta forma en grandes costos adi­cionales.

La estación Puerta Joaquín está ubicada después de las desembocaduras de los ríos Salitre (Juan Amarillo) y Fucha en el río Bo­gotá, al cual le añaden 2/3 partes de las cargas orgánicas domésticas e industriales de la ciu­dad. La DBO5, que en condiciones normales no debía exceder 1 mg/1, se sube a más de 100. Según Daniel Okun de 5 a 15 mg/1 de DBO5 son suficientes para producir total desoxigena­ción de un río, condición que lógicamente acompaña al río Bogotá en este punto y en gran parte de su recorrido. Su aspecto es desagradable y su olor fétido y repugnante. Las bacterias coliformes, de origen intestinal, cons­tituyen el 25% del total de bacterias presentes. En opinión de Okun, el río Bogotá es, para su tamaño, uno de los más contaminados del mundo.

En Alicachín el río ya ha recibido el siguien­te tributario altamente contaminado, el Tun­juelo, pero el moderadamente contaminado embalse del Muña le proporciona por lo gene­ral alguna dilución. La DBO5 alcanza 61 mg/1 y las condiciones con respecto al oxígeno continúan siendo anaerobias. Las bacterias coli­formes son todavía muy numerosas, llegando al 8% del total.

En cuanto al embalse del Muña, la entrada de aguas negras del río Bogotá lo está destruyendo. Su DBO5 llega a 6 mg/1 y su oxígeno ha desaparecido en varios puntos. En otros sitios, cercanos a la superficie, presenta sobre­saturación de oxígeno debido al trabajo de gran cantidad de algas por el exceso de nu­trientes. El color de las aguas es desde luego verde profundo. El embalse ha perdido gran parte de su valor recreacional, consistente en ofrecer esparcimiento a todos los sectores de la población, desde aquellos de más bajos in­gresos hasta los capaces de practicar los depor­tes náuticos, quienes han trasladado sus actividades a otros sitios más distantes.

Aguas abajo de Alicachín el río Bogotá ad­quiere gran turbulencia debido a la alta pen­diente del terreno. Espumas provenientes de los detergentes no biodegradables le cubren su superficie. El paisaje espectacular del Sal­to de Tequendama, que constituía gran atrac­ción turística, se ha tornado lastimero; usual­mente el agua es totalmente desviada para generación de energía, y cuando esto no ocurre, su olor es tan desagradable que muy poca gente se atreve a acercársele.

Aunque parezca sorprendente, la enorme aereación natural disponible desde Alicachín hasta Tocaima no mejora significativamente las condiciones del río Bogotá. La contamina­ción es tan masiva que el oxígeno añadido no guarda proporción con la demanda. Después de Tocaima la pendiente se reduce nuevamen­te y la descomposición vuelve a ser anaerobia. Al entrar al río Magdalena, la DBOs del río Bogotá excede 30 mg/1 y el contenido de oxí­geno continúa siendo cero.

Los acueductos de Tocaima, Anapoima, Apulo y Agua de Dios toman aguas del río Bogotá de tan lamentables características y las usan como fuente para el consumo de sus ha­bitantes, los cuales están permanentemente expuestos a contraer las siguientes enfermeda­des de origen hídrico, mortales para la pobla­ción infantil: fiebre tifoidea, fiebre parati­foidea, hepatitis infecciosa, gastroenteritis y disentería.

El impacto del río Bogotá en el Magdalena, a pesar del presente factor de dilución de por lo menos 1:10, se nota de inmediato. Las aguas del Bogotá, ennegrecidas, se mantienen por algunos kilómetros recostadas en la margen derecha del cauce del río Magdalena, cuyas aguas son amarillentas. Más adelante de Girar­dot, donde la mezcla de las aguas parece haber tomado lugar, la DBOs llega a 5.5 mg/l. El oxígeno no muestra un descenso marcado, pe­ro llega a 5.9 mg/1 en el punto crítico, debien­do ser su valor, si las condiciones fueran nor­males, no inferior a 7.5 mg/1. Las bacterias proliferan, constituyendo las coliformes el 9% del total.

 

Área de Medellín

La región de Medellín está constituida por la cuenca del río Medellín, en la cual se encuentran el Valle del Aburrá y las ciudades de Medellín, Bello, Itagüí y Envigado. La población de Medellín se estima en 1.400.000 ha­bitantes, los cuales producen una carga orgá­nica doméstica de aproximadamente 100.000 kg por día de DBOs en adición a 60.000 kg por día de carga orgánica industrial.

La ciudad de Medellín, las poblaciones cer­canas y la importante industria del Valle de Aburrá descargan sus desechos líquidos al río Medellín o a una serie de pequeñas quebradas que luego dé corto recorrido desembocan en el río Medellín.

El río Medellín es tributario del Cauca, al cual llega con el nombre de Porce luego de atravesar 277 km. La presente área metropoli­tana de Medellín se extiende desde Ancón hasta Machado y está distribuida en forma ba­lanceada a ambos lados del río Medellín por una longitud de 25 kilómetros.

El cuadro No. 3.2 muestra valores repre­sentativos de contaminación en tres estaciones a lo largo del río en tiempo de verano.

La estación Aguacatala está ubicada aguas arriba de la ciudad de Medellín, más adelante de los enormes desarrollos industriales de Ita­güí y Envigado. El oxígeno disuelto en ese sitio usualmente permanece por debajo de 4 mg/l, valor mínimo requerido por la vida acuá­tica normal, y frecuentemente se reduce a cero. La DBOs excede 120 mg/1, valor cerca­no al observado en aguas negras concentradas.

La estación Agronomía se encuentra frente a las instalaciones de la Universidad Nacional. El río ha recibido en ese punto la mayor parte de los residuos domésticos e industriales de la ciudad de Medellín, incluyendo las altamente contaminadas quebradas Santa Elena e Iguaná. La DBOs no difiere de la característica en aguas negras concentradas. La descomposición es anaerobia, acompañada de muy malos olo­res que se detectan en gran parte de la ciudad.

Las condiciones en Machado, donde el río ha recibido todos los desperdicios de Medellín, son similares a las observadas en Agronomía. El río continúa en esas condiciones nauseabundas por unos 30 km más, empezando después a mostrar señales de recuperación. Se reporta, que por lo menos 40 km del río, incluyendo su recorrido en Medellín, no contienen oxíge­no. La contaminación masiva se extiende por una longitud de Más de 60 km.

Los anteriores resultados permiten concluir que Medellín es la ciudad colombiana más directamente expuesta a las molestias y peligros para la salud asociados con las aguas contaminadas.

 

Área de Cali

Para los fines de este análisis, la región de Cali incluye la parte del departamento del Va­lle comprendida entre las cordilleras occiden­tal y central. Esta zona es inmensamente po­blada y de alta vocación agrícola debido a la gran fertilidad de las tierras del valle del río Cauca. Las ciudades más importantes son Cali, Yumbo, Palmira, Buga, Tuluá, Sevilla, Zarzal y Cartago. La ciudad de Cali cuenta con una población aproximada de L150.000 habitan­tes que producen una carga orgánica domésti­ca del orden de 80.000 kg por día de BD05. Adicionalmente, la carga industrial, producida principalmente en la zona de Yumbo, sobre­pasa los 55.000 kg/día de DBO5.

El alcantarillado de Cali descarga sus aguas negras al río Cauca y a sus tributarios Lili, Meléndez, Cali y al canal de la CVC. Los ríos Lili y Meléndez son interceptados por el canal de la CVC, el cual transporta gran parte de las aguas negras de Cali —1.400 litros por segun­do de ellas— al río Cauca aguas arriba de la bocatoma de la planta de potabilización de Juanchito, lo cual constituye gran riesgo para la salud pública. Afortunadamente, las Empresas Públicas Municipales de Cali tienen planes específicos para desviar esas aguas negras has­ta un punto aguas abajo de la bocatoma. Des­pués de la planta, el interceptor oriental y el río Cali descargan el resto de las aguas negras de la ciudad al Cauca. Unos 20 kilómetros más adelante, en Yumbo, un gran desarrollo indus­trial que incluye dos fábricas de papel y una de grasas descargan sus residuos al Cauca. De ese sitio en adelante, el río continúa recibiendo tributarios contaminados que transportan las aguas negras de ciudades medianas como Ce­rrito, Palmira, Buga, Tuluá, Zarzal y Cartago.

De acuerdo con los registros hidrológicos, el caudal de verano del río Cauca en Juanchito, bordé oriental de la ciudad de Cali, que es excedido o igualado 90% del tiempo, es de 70 m3 /seg. Sin embargo, en los recientes vera­nos el caudal se ha bajado en ese punto a 50 m3 /seg, maximizando las condiciones de con­taminación.

El río Cali cruza la ciudad de oriente a occi­dente a lo largo de hermosos parques y vías peatonales antes de llegar al río Cauca. El Cali recibe aproximadamente 1 M3 /seg de aguas negras, que desvirtúan su carácter recreacional.

El cuadro No. 3.3 condensa los valores re­presentativos de contaminación en la región en época de verano, según datos suministrados por la CVC al autor durante su visita de obser­vación y recolección de información.

Las condiciones del río Cali cerca de su con­fluencia con el Cauca son cercanas a las de aguas negras concentradas. La DBO5 alcanza 72 mg/1 y el oxígeno disuelto desaparece. Los malos olores del río pueden detectarse desde el centro de Cali hasta el río Cauca.

El río Cauca en Puerto Isaacs ha recibido todas las aguas negras de la ciudad de Cali y una porción apreciable de los residuos indus­triales de la zona de Yumbo. La DBO5 es del orden de 8 mg/1, suficiente para causar desoxi­genación total aguas abajo. El oxígeno disuelto es de apenas 1.3 mg/l, cifra que está muy aba­jo de la requerida por la vida acuática.

En Vijes, 40 km al norte de Cali, el Cauca ha recibido el resto de los desperdicios indus­triales de Yumbo y las aguas negras domésti­cas de esa población y de Palmira. La DBO5 llega a 13.5 mg/1 y la descomposición pasa a ser anaerobia, quedando destruidos en esta forma muchos kilómetros de uno de los líos más importantes de Colombia. Los pescadores, tan numerosos en el pasado, han sido for­zosamente desplazados a áreas de la economía que les son extrañas o han sido añadidos a las filas de desempleados.

En Mediacanoa, 77 km aguas abajo de Cali, el Cauca no muestra aún recuperación; la DBO5 es de 12 mg/1 y el oxígeno disuelto se mantiene en cero. Se estima que en estas condiciones el río Cauca tiene una longitud ana­erobia superior a 50 km y que la longitud total con alta contaminación excede 100 kilóme­tros.

Archipiélago de San Andrés y Providencia


En la nueva Colombia, Fig. No. 3.1, el ar­chipiélago de San Andrés y Providencia ocupa sitio importantísimo del interior, habiendo desaparecido la concepción antigua de que el archipiélago se encontraba, paradójicamente, más allá de las fronteras. Hoy se puede viajar desde Bogotá hasta San Andrés sin apartarse en ningún momento de territorio o mar patrimonial colombianos.

La región está comprendida por las islas de San Andrés y Providencia, por los cayos de Serrana, Serranilla, Albuquerque y Roncador, por los bancos de Rosalinda y Quita Sueño y por las extensas áreas del mar Caribe que los rodean. El archipiélago ocupa una franja que se extiende de sur a norte por una longitud de 550 kilómetros, equivalente a la distancia de Bogotá a Pasto.

La, isla de San Andrés tiene una población de aproximadamente 25.000 habitantes, capa­ces de producir 1.700 kg/día de carga orgáni­ca contaminante expresada como DBO5. La población turística aumenta aún más esta car­ga.

El sistema actual de disposición de aguas negras está constituido por un sinnúmero de pozos sépticos, que contaminan disimulada­mente la bahía de San Andrés. Existe un pro­yecto de alcantarillado con vertimiento sub­marino que se implementa con lentitud. Las basuras contribuyen a la contaminación de las aguas, ya que los vehículos recolectores las arrojan directamente al mar.

La isla de Providencia está prácticamente libre de contaminación acuática por cuanto su servicio de acueducto es primitivo. Al mejo­rarse éste debe también darse al servicio un sistema adecuado de recolección y disposición de las aguas negras. De lo contrario, es preferible mantener las condiciones naturales exis­tentes.

El mar que rodea al archipiélago está poten­cialmente amenazado por contaminación pro­veniente de otros países, circunstancia que ha conducido a introducir en los tratados limí­trofes cláusulas relativas a la protección de los recursos naturales renovables. Estas cláusulas deben ser estrictamente observadas por Colom­bia y los países vecinos, o de lo contrario las ponderadas riquezas marinas de la región desa­parecerán.

 

Costa Atlántica

Esta populosa e industrializada región inclu­ye a las ciudades de Barranquilla, Cartagena, Santa Marta, Riohacha, Sincelejo y Valledu­par. Todas estas ciudades afrontan problemas de contaminación de aguas, pero los existen­tes en Barranquilla, Cartagena y Santa Marta son de mayor gravedad, por lo cual nos referi­remos únicamente a ellos.

Barranquilla cuenta con una población de aproximadamente 800.000 habitantes que producen 60.000 kg/día de DBO5 en adición a una carga orgánica industrial que se estima en 10.000 kg/día. Las aguas negras que se origi­nan en la ciudad se bombean a los caños Tram­posos y Ahuyama, tributarios del río Magda­lena, y a éste último. La población de Soledad, ubicada al sur de la ciudad, arroja sus residuos líquidos a la quebrada Don Juan, la cual de­semboca en el río Magdalena 800 metros aguas arriba de la bocatoma de la planta de potabili­zación de aguas de Barranquilla. Esta circunstancia constituye un riego para la salud de los habitantes, aunque el buen tratamiento que se hace en la planta lo minimiza.

Debido a la gran dilución que actualmente proporciona el río Magdalena, se resta impor­tancia en Barranquilla al control de la conta­minación del agua. Efectivamente, el Magda­lena tiene allí un caudal medio anual de 6.871 m3 /seg. y un caudal de tiempo seco de 1.770 m3 /seg. Aun usando este último valor, la dilu­ción resultante para las aguas negras de Ba­rranquilla es de 1. 550, reduciendo su poder contaminante a menos de 1 mg/1 de DBO5. Sin embargo, la mezcla no es adecuada, resul­tando una concentración de desperdicios ma­lolientes en los caños Tramposos y Ahuyama y en la margen izquierda del río Magdalena Estas zonas están habitadas principalmente por familias de escasos recursos, quienes se ven obligadas a soportar estas condiciones de contaminación.

Aguas arriba de la bocatoma de la planta de potabilización se encuentran una industria de productos químicos y una planta generadora de energía que usa fuel-oil como combustible y contamina el río al manejarlo. Recientemen­te, la planta de potabilización debió ser puesta fuera de servicio por varias horas a causa de este problema. Al norte de la ciudad existen fábricas de textiles, de productos petroquími­cos y de grasas que añaden otros desperdicios al río Magdalena. En cuanto a la contamina­ción bacteriológica de éste, se reporta que el NMP (coliformes por 100 ML) alcanza en Ba­rranquilla valores hasta de 24.000, los cuales son muy superiores al máximo aceptable para fuentes para el consumo, que es de 2.500.

Cartagena cuenta con aproximadamente 350.000 habitantes en adición a una alta población turística. La carga orgánica doméstica se estima en 25.000 kg/día de DBO5, que se vierten a la bahía y a mar abierto. Además, existe un significativo desarrollo industrial al sur de la ciudad, en la zona de Mamonal, jun­to a la bahía.

La contaminación de la bahía es avanzada, tanto la de carácter orgánico como la de ori­gen industrial. En la zona del mercado, donde recibe también residuos de éste, las condiciones son anaerobias y por consiguiente acom­pañadas de aspecto muy desagradable y olores nauseabundos.

El proceso electrolítico para la producción de cloro en la planta de soda de Mamonal pro­dujo durante varios años residuos de mercurio que fueron vertidos al caño Casimiro y de allí fueron arrastrados a la bahía. La experiencia de la bahía de Minamata, en el Japón, donde las concentraciones de mercurio alcanzaron niveles superiores a 60 mg/1 que ocasionaron deformaciones físicas, nacimientos anormales y enfermedades mentales a la población consumidora de pescado, motivaron la investiga­ción de ese elemento en la bahía de Cartagena. El Ministerio de Salud encontró que las con­diciones no son tan críticas como en Minama­ta, pues la concentración máxima observada no fue superior a 10 mg/1, pero sí son motivo de preocupación, pues rebasan considerable­mente la norma de otros países de 0.5 mg/1. En consecuencia, el Gobierno Nacional a tra­vés del Inderena hizo la declaratoria de emer­gencia ecológica que contempla el Código Na­cional de Recursos Naturales Renovables y Medio Ambiente.

Santa Marta tiene actualmente del orden de 140.000 habitantes, cifra que se incrementa notablemente al considerar la población turís­tica del casco urbano y la de la zona sur que se extiende hasta Ciénaga. La carga orgánica doméstica se estima en 10.000 kg/día de DBO5 que se vierten principalmente a la bahía de Taganga, pueblito de pescadores que derivan su sustento exclusivamente del mar. Por mu­cho tiempo fueron también descargadas allí las basuras de Santa Marta, práctica que afor­tunadamente fue suspendida. Sin embargo, se está cometiendo todavía una enorme injusti­cia social con los habitantes de Taganga, al atentar contra sus recursos alimenticios bási­cos y exponerlos a condiciones críticas de sa­lubridad.

El parque nacional de Salamanca y la Cié­naga Grande, riquezas ecológicas incalculables ubicadas al suroeste de Ciénaga, han sufrido enorme traumatismo ecológico al construirse la troncal de la costa de Barranquilla a Santa Marta y otras obras de desarrollo. La mayoría de las bocas naturales de la ciénaga fueron blo­queadas, lo cual ha reducido la salinidad y consecuentemente la pesca de ostras, actividad que practican muchas personas de escasos re­cursos.

 

Costa Pacífica

Esta región está constituida por el territo­rio colombiano comprendido entre la cordille­ra occidental y la línea de costa con el Océano Pacífico. Sus principales ciudades son Quibdó, Buenaventura y Tumaco, con poblaciones es­timadas en 1977 de 35.000, 140.000 y 50.000 habitantes, respectivamente.

El problema ambiental de la Costa Pacífica no es precisamente la contaminación del agua, como ocurre en la Costa Atlántica, sino la de­forestación masiva. Sin embargo, Buenaventu­ra, que produce aproximadamente 10.000 kg/ día de materia orgánica doméstica expresada como DB05 y acusa gran movimiento portua­rio, puede llegar a tener en el futuro cercano, problemas significativos de contaminación.

En cuanto a Tumaco, las características de su rada son ecológicamente privilegiadas, cultivándose allí mariscos de excelente calidad. Es puerto de embarque del petróleo produci­do en el Putumayo, actividad sujeta a descui­dos inmensamente contaminantes, que pueden llegar a destruir la riqueza descrita.

 

Santander

En esta región, las ciudades con mayor po­tencial para contaminación de aguas son Bucaramanga y Barrancabermeja.

Bucaramanga se extiende sobre dos enor­mes mesetas erosionadas, cruzadas por infini­dad de quebradas que desembocan en los ríos Frío, Oro y Suratá. La población de la ciudad se estima en 350.000 habitantes, que produ­cen una carga orgánica de 25.000 kg/día de DB05. La carga orgánica industrial es también apreciable, estimándose en un 5% de la cifra anterior.

El alcantarillado y las estructuras de verti­miento de Bucaramanga fueron diseñados sin ningún criterio de protección de las aguas, sino según parámetros exclusivamente hidráulicos y de defensa contra la erosión. Existen más de 30 puntos de vertimiento a numerosas quebradas, las cuales acusan avanzado grado de contaminación. Las más afectadas son la Zapamanga en la Meseta de Malpaso, la Iglesia, que corre paralela a la importante autopista que comunica a Bucaramanga con Girón, la Chimitá, que recoge el conjunto de la Rosita, El Loro, La Joya y La Seca, y las de las Navas y Chapinero.

Según un estudio de la Universidad Indus­trial de Santander, “el río de Oro se halla en pésimas condiciones sanitarias, pues su nivel de oxígeno disuelto no alcanza siquiera el va­lor de 2 mg/1, que es el mínimo exigible para la presencia de condiciones aerobias. Por lo tanto, está muy lejos de poder alcanzar el va­lor de 4 mg/1 que es el indispensable para que comience a aparecer la vida acuática”.

El río Frío se encuentra también muy con­taminado, pues se le descargan cerca de 200 1/s de aguas negras. En cuanto al Suratá, reci­be directamente muy pocos residuos líquidos, pero al unirse con el Oro, al norte de Bucara­manga, el resultado es de alta contaminación.

En cuanto a Barrancabermeja, el desarrollo industrial y urbano ocurrido allí alrededor de la explotación petrolera puede constituirse en otro peligro para el río Magdalena. Actualmente no se observa contaminación del río en ese sector a causa de su alto caudal y de las medidas de protección ecológica que ha toma­do Ecopetrol.


Cúcuta

La región de Cúcuta puede considerarse comprendida por la ciudad del mismo nombre, por Villa del Rosario y por el corregimiento de los Patios y se extiende a los valles que for­man los ríos Pamplonita y Táchira cerca de su confluencia. El Táchira es el límite con Vene­zuela, en cuyo territorio se encuentran las importantes poblaciones de San Antonio, Ureña y Aguas Calientes, muy cercanas al casco urbano de Cúcuta.

Cuenta Cúcuta con aproximadamente 300.000 habitantes que producen una carga orgánica doméstica que se estima en 20.000 kg/día de DB05. Su vertimiento se hace al río Pamplo­nita, cuyo factor de dilución en época de ve­rano es apenas de 2, lo cual quiere decir que la DBO5 puede llegar en esa época a 60 mg/1, produciendo total desoxigenación. La unión con el Táchira no causa al Pamplonita mucho alivio, ya que es ese también un río muy pe­queño, que además ha recibido la contamina­ción proveniente de San Antonio, Ureña y Aguas Calientes. Por varios kilómetros el Pam­plonita, ya engrosado por el Táchira, sirve de límite a los dos países, los cuales se perjudican por igual a causa de la alta contaminación.

 

Boyacá

La industrialización de este departamento, sin controles ambientales adecuados, le ha ocasionado visible deterioro ecológico. Sus ciudades más importantes son Tunja, Duitama y Sogamoso, cuyas poblaciones se estiman en 65.000, 45.000 y 60.000 habitantes, respectivamente.

El problema más grave de contaminación de aguas en Boyacá lo constituye la Laguna de Tota, formación natural de extraordinaria be­lleza y de gran potencial turístico y pesquero. La laguna tiene 55 km2 de superficie y una profundidad máxima de 60 metros. Actualmente es utilizada como fuente de agua para el consumo y también para el riego, pesca y recreación.

Las actividades agrícolas alrededor de la la­guna van encaminadas principalmente al culti­vo de la cebolla, utilizándose grandes cantida­des de plaguicidas y fertilizantes. Residuos de éstos, al ser arrastrados a la laguna, la conta­minan. Además, el afán de incrementar las tierras de cultivo ha dado como resultado obras que han hecho descender apreciablemen­te el nivel de la laguna. En adición a esto, la población de Aquitania o Pueblo Viejo, que alcanza a unos 4.000 habitantes, vierte sus aguas negras a la laguna.

Las actividades y circunstancias descritas han acelerado el proceso de eutroficación de la laguna, el cual se manifiesta por crecimien­tos masivos de algas estimuladas por la alta fertilización. De continuar las presentes ten­dencias, en muy corto tiempo la laguna que­dará inservible. La CAR, entidad a la cual se ha encomendado su manejo, ha contratado los estudios para su recuperación.

Otros problemas de contaminación de aguas en Boyacá están siendo ocasionados por los vertimientos industriales de las acerías y por las aguas negras domésticas de Tunja, Duitama y Sogamoso. Los ríos más afectados son el Grande, el Chulo y la cabecera del Chicamocha.

 

Tolima y Huila

Estos dos departamentos de gran vocación agrícola, no están libres de contaminación de aguas. Las capitales, Ibagué y Neiva, cuentan con 220.000 y 130.000 habitantes, respecti­vamente. El río Magdalena, principal arteria fluvial del país, cruza los dos departamentos de sur a norte.

Ibagué produce una carga orgánica domés­tica de aproximadamente 15.000 kg/día de DBO5, que son vertidos al río Combeima, el cual acusa altos niveles de contaminación. Nei­va produce unos 9.000 kg/día de DBO5, que son arrojados por el alcantarillado principal­mente al río Loro, afluente del Magdalena, y a este último. El río Loro se desoxigena por complete en época de verano, sintiéndose su repugnante olor en gran parte de la ciudad de Neiva. La entrada del Loro al Magdalena tiene un aspecto muy desagradable, pero se desco­noce su efecto sobre este último por falta de investigación. El río Magdalena y otros ríos de la región se encuentran también afectados por el indiscriminado uso de plaguicidas y fertili­zantes.

 

Caldas, Risaralda y Quindío

Esta región está comprendida por el territo­rio del antiguo departamento de Caldas. La densidad poblacional es bastante alta y las ac­tividades agrícolas e industriales proliferan. Las ciudades principales son Manizales, Perei­ra y Armenia.

Manizales está ubicada en una zona muy montañosa, cruzada por numerosas quebradas. La ciudad cuenta con aproximadamente 240.000 habitantes que producen una carga orgánica estimada en 17.000 kg/día de DBO5 , la cual se aplica a diversas quebradas. El desarrollo industrial es notable en la cuenca de la quebrada Manizales, siendo las principales las de hilados y tejidos, licores y materiales de construcción. La contaminación de la quebrada es intensa, ya que los desperdicios que reci­be no están sujetos a ningún tratamiento. Tam­bién se encuentran muy contaminados el río Chinchiná y muchas otras quebradas. Todas estas aguas tributan eventualmente al río Cau­ca, receptor final de todos los desperdicios del industrializado occidente colombiano.

Pereira tiene unos 220.000 habitantes que producen una carga orgánica contaminante de aproximadamente 15.000 kg/día de DBO5. Cuenta también con significativo desarrollo industrial. Los desperdicios líquidos son des­cargados principalmente en el río Otún, el cual corre altamente contaminado hasta su desembocadura en el Cauca.

Armenia cuenta con aproximadamente 170.000 habitantes, cuya carga orgánica, expresada como DBO5, se estima en 12.000 kg/ día, los cuales son descargados al río Quindío, contaminándolo profusamente.

 

Popayán

Las aguas negras de Popayán constituyen la primera carga contaminante importante que recibe el río Cauca en su recorrido a lo largo del país. Esta es aplicada a través de la que­brada El Ejido y del río Molino y tiene una magnitud aproximada de 7.000 kg/día prove­nientes de una población que se estima en 100.000 habitantes.

 

Pasto

La ciudad de Pasto se encuentra en la cabe­cera del sistema hidrográfico del río Patía, tri­butario del Océano Pacífico. Sin embargo, muy cerca de la ciudad se halla la laguna La Cocha, ubicada en el sistema hidrográfico del río Putumayo, muy cerca a la divisoria de aguas.

Pasto cuenta con aproximadamente 150.000 habitantes capaces de producir una carga orgá­nica mayor de 10.000 kg/día de DBO5. Esta es aplicada al río Pasto, muy pequeño en ese sector cercano a su nacimiento, para poderla asimilar. En consecuencia, su contaminación es significativa.

La laguna La Cocha es de extraordinaria be­lleza, lo cual ha motivado desarrollos turísti­cos a su alrededor. Estos no le han ocasionado todavía daño perceptible, pero a la larga po­drían presentarse condiciones similares a las de la Laguna de Tota, lo cual debe evitarse aplicando las necesarias medidas de protec­ción ecológica.

 

Villavicencio

Villavicencio es la ciudad más importante de los Llanos Orientales y cabecera para su colonización y explotación. Su desarrollo ha sido vertiginoso eh los últimos años, sin que la dotación de servicios públicos haya equipara­do ese ritmo.

La ciudad se encuentra en la margen dere­cha del río Guatiquía y la surcan tres caños afluentes de éste, el Maizaro, el Gramalote y el Parrado. Cuenta con aproximadamente 110.000 habitantes productores de una carga orgánica contaminante del orden de 8.000 kg/ día de DBO5. Los caños citados se encuentran altamente contaminados, principalmente el Gramalote y el Parrado, cuyos olores llegan a varios sitios de la ciudad. El río Guatiquía es­tá formado en el sector por multitud de bra­zos, algunos de ellos de muy bajo caudal, en los cuales se aprecia alta contaminación. Tam­bién recibe el Guatiquía las basuras de la co­munidad.

 

Puerto Asís

Puede parecer extraño que una localidad de 8.000 habitantes, ubicada en medio de la selva a orillas del caudaloso río Putumayo, figure al lado de centros urbanos e industriales de gran tamaño como sitio crítico en materia de con­taminación de aguas.

Circunstancias especiales, motivadas por una combinación de fuerzas de la naturaleza y manejo inadecuado del medio por parte del hombre, han dado como resultado condicio­nes de avanzada contaminación frente a esa población.

El río Putumayo forma allí numerosos meandros, junto a uno de los cuales está ubi­cado Puerto Asís. Al cumplirse el ciclo natu­ral del meandro, el río lo cortó, dejando al lado de Puerto Asís el cauce antiguo del río, convertido en madre-vieja. Como el puerto tiene gran movimiento, las embarcaciones han continuado entrando a Puerto Asís por la úni­ca boca no colmatada del río, descargando en la madre-vieja multitud de desperdicios, como basuras, grasas, aceites y otros residuos orgá­nicos que se unen a los desechos líquidos aportados por el alcantarillado de Puerto Asís para crear condiciones críticas de contamina­ción de aguas. El aspecto de la madre-vieja es muy desagradable, de su fondo se desprenden las burbujas malolientes propias de la descom­posición anaerobia y las condiciones de salu­bridad son pésimas. El Ministerio de Obras Públicas está buscando solución al problema.

 

Condiciones futuras

El Departamento Nacional de Planeación y las empresas públicas locales, han adelan­tado estudios de crecimiento de la población hasta el año 2000 para numerosas ciudades. El cuadro No. 3.4 muestra los resultados para las cuatro más populosas ciudades del país, Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla.

 El cuadro invita a meditar, pues muestra que en los próximos 20 años la población de esas cuatro ciudades podrá aumentar de unos 7 millones actuales a aproximadamente 17 mi­llones. Para las demás ciudades contempladas en este trabajo, puede esperarse también un notable incremento poblacional en el mismo período, equivalente por lo menos a una du­plicación de las condiciones actuales.

Para las cuatro ciudades inicialmente nom­bradas, se calculó el cuadro No. 3.5, que sumariza las proyecciones hasta el año 2000 en relación con consumo de agua, cargas orgáni­cas domésticas e industriales, caudales de es­tiaje de las fuentes receptoras de los desechos y su contaminación.

Los caudales de verano de los ríos Bogotá y Medellín incluyen el agua importada de otras cuencas para los respectivos acueductos, de la cual el 80% se asume que llega a los alcantarillados. El efecto del agua importada por Bogo­tá también se observa levemente en el río Magdalena en Girardot, pero no en Barranqui­lla, donde es insignificante.

Las DBO5 máximas esperadas resultan de combinar las cargas orgánicas y los caudales de estiaje en caso de que no se haga tratamien­to de aguas negras antes del año 2000. Se observa que los ríos Bogotá y Medellín con­tinuarían siendos caños de aguas negras con­centradas, pero transportando cargas contami­nantes mucho más grandes que las de hoy.

Para el Magdalena en Girardot, se asumió que recibiría el 50% de la carga de Bogotá, debido a la auto-purificación parcial del río del mismo nombre. Aún así, la DBO5 aumentaría enormemente, de cerca de 6 mg/1 hoy a 21 en el año 2000, cantidad suficiente para producir desoxigenación total y destrucción de la vida acuática del río Magdalena de Girardot a la Dorada a partir del año 1995. En Ba­rranquilla, el río Magdalena permanece en buen estado hasta el año 2000. Sin embargo, se plantea un serio interrogante: considerando que el río recibe los residuos remanentes de más de las 2/3 partes de la población colom­biana y de las ciudades industriales, y tenien­do en cuenta caudales de verano que tienden a reducirse por la deforestación, ¿no se en­cuentra también en grave peligro no únicamen­te el sector Girardot-La Dorada sino el resto del río? Los estudios necesarios para respon­der a esta delicada cuestión no han sido reali­zados todavía.

La DBO5 del río Cauca también se incre­mentaría notablemente, llegando el río a tal grado de contaminación en el Valle del Cauca que no se diferenciaría del río Bogotá que co­nocemos actualmente.

Con respecto al oxígeno disuelto, seguiría siendo cero en los ríos Medellín y Bogotá no solamente durante la estación seca sino tam­bién para condiciones de caudales medios. En cuanto al Magdalena, en 1990 la vida íctica del sector Girardot-La Dorada sería parcialmente destruida. En 1995 se iniciaría la des­composición anaerobia, que ocasionaría la muerte de más de 50 km del río. En el año 2000 las condiciones habrían empeorado has­ta el punto de hacer inútiles las aguas del río Magdalena en ese sector para cualquier uso. El río Cauca continuaría presentando períodos de desoxigenación todos los años, afectando cada vez una longitud mayor del río.

Con respecto a los demás ríos y masas de aguas nacionales, cuya descripción de sus condiciones actuales de contaminación se hizo anteriormente en este trabajo, puede esperarse que empeoren substancialmente si no se apli­can las necesarias medidas de control.

 

Planteamiento de Soluciones, Beneficios y Costos

Las soluciones técnicas para el problema de contaminación de aguas existen en el mundo desde comienzos del presente siglo y se han perfeccionado considerablemente, reducién­dose sus costos.

Las ciudades de Bogotá, Medellín y Cali re­quieren con urgencia plantas de tratamiento para las aguas negras de origen doméstico e industrial para recuperar a los ríos Bogotá y Medellín y salvar al Magdalena y al Cauca. San Andrés necesita que se le construya con pron­titud su alcantarillado y el vertimiento subma­rino y se dé solución al problema de basuras para que pueda mantener su importancia tu­rística y conservar sus recursos naturales. Por razones similares el tratamiento de aguas ne­gras de Cartagena y Santa Marta es esencial. Las demás ciudades citadas en este trabajo de­ben iniciar cuanto antes estudios para planifi­car la conservación de sus recursos naturales, principalmente el agua. En muchos casos, el tratamiento de las aguas negras resultará ser la única solución factible.

Curiosamente, las medidas que hasta ahora han sido aplicadas o se proyecta aplicar se salen totalmente de las directrices anteriores. Tal es el caso del dragado del río Bogotá y de la declaración de emergencia ecológica en la bahía de Cartagena.

En cuanto al dragado del río Bogotá, ésta no es una medida de control ambiental, como lo interpretaron los medios de información, sino que tiene un fin puramente hidráulico, cual es el de facilitar el drenaje de las aguas lluvias de Bogotá.

Con respecto a la declaración de emergen­cia ecológica en Cartagena por parte del Go­bierno Nacional, vale decir que la cláusula per­tinente se incluyó en el Código de Recursos Naturales con el ánimo de manejar una situa­ción sorpresiva, como el rompimiento del cas­co de un barco petrolero o la caída a un em­balse de un camión cargado de plaguicidas. El problema de Cartagena había sido expuesto al país con suficiente anticipación, en la misma forma en que lo han sido los de los ríos Bogo­tá, Medellín, Cauca, Magdalena, etc., sin (Ate­ner aplicación de medida correctiva o preven­tiva alguna.

Cuando la situación en Cartagena adquirió el carácter de insostenible, verdaderamente no existía otro recurso que declarar la emergen­cia, cuya rigidez en el fondo la sufren la ciu­dad de Cartagena, su turismo y los inocentes pescadores, principalmente estos últimos, a quienes la prohibición de desarrollar la única actividad que conocen los priva de su sustento y medio de obtener algunos ingresos. Cierta­mente, la situación de Cartagena no se debería denominar emergencia ecológica sino negli­gencia ecológica. Naturalmente, entre mayor sea la negligencia, más grande es la emergencia que necesariamente le sigue.

Los beneficios del control de la contamina­ción de las aguas serían incalculables para el país. Es difícil expresar en términos económi­cos lo que vale un río, una bahía o un lago, ya que las cifras resultan astronómicas y existen muchos aspectos intangibles. Es insensato me­dir el valor de un río con base exclusivamente en su productividad pesquera; existen también valores para otros usos potenciales y valores sociales y ecológicos.

Se estima que el costo promedio de capital del tratamiento de las aguas negras en el país, expresado como valor presente, no excede cien millones de pesos por metro cúbico por segundo de capacidad instalada. Esto significa, por ejemplo, que el tratamiento de las aguas negras actuales de Bogotá costaría del orden de 1.000 millones de pesos y un plan hasta el año 2000 podría costar unos 4.000 millones. Expresado en términos per cápita, el costo sería de 300 a 600 pesos por habitante por ca­da período de vida útil de las instalaciones.

A causa de que ninguna de las ciudades cu­biertas por este análisis tiene actualmente instalaciones para el tratamiento de aguas negras, las inversiones requeridas hasta el año 2000 son del orden del 20% del costo total del sis­tema de recolección, potabilización y distribu­ción de agua para el consumo, recolección de aguas lluvias y negras y disposición de éstas últimas. Si los programas se hubieran iniciado a tiempo, esa cifra se reduciría a cerca del 10%, que es el porcentaje comúnmente encon­trado en otras partes del mundo.

La experiencia indica que en Colombia no se ha otorgado ninguna prioridad a la disposi­ción o tratamiento de las aguas negras. Esa po­lítica ha conducido a la destrucción de los ríos Bogotá y Medellín, al daño inmenso del Cauca y a la alta contaminación de otros ríos, bahías y lagos. Siguiente en línea para ser des­truido en el futuro cercano está el río Magda­lena en el largo trayecto de Girardot a La Do­rada, a menos que se produzca un cambio profundo en la política ecológica del Gobierno.

Los ambientalistas y muchas otras personas piensan que el costo de evitar la contamina­ción de las aguas es una inversión que vale la pena hacer. Sin embargo, la mentalidad que prevalece en Colombia para su desarrollo im­pide que se busquen beneficios no inmediatos. Mucha gente todavía cree incorrectamente que las consecuencias de la contaminación de las aguas son de carácter exclusivamente esté­tico. A menos que exista una mejor compren­sión de las graves consecuencias socio-econó­micas y ambientales de la contaminación y que se produzca un cambio de actitud del Go­bierno y del público, podría evitarse la crisis ecológica que se avecina sobre los más impor­tantes recursos hídricos colombianos.

 

Conclusiones y Recomendaciones

 

 Del presente trabajo se derivan las siguien­tes conclusiones:

  1. Los ríos Bogotá y Medellín se encuen­tran prácticamente destruidos por los dese­chos industriales y domésticos que reciben.
  2. El río Cauca en la región del Valle se de­soxigena en época de verano, desapareciendo la vida íctica a causa de los desechos domésti­cos e industriales de Cali y poblaciones ve­
  3. El tramo del río Magdalena entre Girar­dot y La Dorada está seriamente amenazado por la contaminación, que lo podrá desoxige­nar, destruyendo su importante vida íctica, antes del año 1995.
  4. La contaminación de aguas prolifera en Colombia, siendo ejemplos críticos, en adición a los ya citados, la bahía de Cartagena, la Laguna de Tota, el embalse del Muña y los ríos Oro, Pamplonita, Chicamocha, Combeima, Loro, Chinchiná, Otún, Quindío y Pasto.
  5. No existen en Colombia medidas prácti­cas para el control de la contaminación de las
  6. De continuar las presentes tendencias, la situación podría conducir a una crisis socioeconómica y ecológica del país antes del año
  7. Los beneficios socio-económicos de la protección de los recursos hídricos, exceden substancialmente los costos de las obras re­

En vista de la gravedad del problema, se ha­cen las siguientes recomendaciones:

  1. Debe acometerse de inmediato el trata­miento de las aguas negras de Bogotá, Medellín, Cali, Cartagena y Santa Marta.
  2. Las demás ciudades cubiertas por este trabajo, deben acometer los estudios que per­mitan evaluar con exactitud los problemas de contaminación de aguas y planificar las solu­
  3. El Gobierno Nacional debe definir qué entidades o instituciones deben conseguir los recursos y construir las obras requeridas para la protección ambiental de las aguas.
  4. Los colombianos, conocedores de la gra­vedad del problema deben iniciar una gran cru­zada nacional tendiente a crear conciencia en los medios gubernamentales y ciudadanos so­bre la urgencia con que se requieren las solu­ciones a la contaminación de las aguas.