D010 P043 | Recursos naturales y ecología en el área de Bogotá

Documentos Nuevo Liberalismo | Luis Carlos Galán

D010 P043 | Recursos naturales y ecología en el área de Bogotá

Informe preparado por la comisión de re­cursos naturales y ecología del Nuevo Libera­lismo entregado en junio de 1980 y actualiza­do en 1985.

 

Introducción

El área de Bogotá está favorecida con la abundancia de recursos naturales renovables, cuya utilización desde la época de la colonia ha sido factor primordial del desarrollo físico y crecimiento económico de la región. Estos recursos están constituidos por los suelos, las aguas, los bosques, el aire y el paisaje, que en conjunto representan una riqueza inapreciable no sólo para la Sabana sino para el país.

También son explotados en la región algu­nos recursos no renovables, como las minas de sal y carbón de Zipaquirá y Nemocón, moto­res de la industria, y las arenas, arcillas, rece­bos y calizas que alimentan la industria de la construcción.

Infortunadamente, el manejo de los ante­riores recursos, tanto renovables como no renovables, ha estado orientado únicamente ha­cia el desarrollo físico del área de Bogotá, sin tomarse en cuenta el control de los desechos producidos por la explotación, procesamiento y utilización de dichos recursos. En consecuen­cia, su manejo ha sido irracional, resultando en inmensas deseconomías reflejadas en la rui­na de los mismos recursos que se consideran vitales para la región.

El notable desarrollo urbano e industrial de Bogotá, fuente de empleo y de un relativo bie­nestar económico, ha traído como contrapres­tación la contaminación masiva de las aguas y del aire, el deterioro de los suelos, la destruc­ción de los bosques y del paisaje y la prolife­ración de condiciones de vida infrahumanas para parte substancial de los habitantes de la ciudad, quienes se debaten en el hacinamiento y miseria de tugurios e inquilinatos, agobiados por el ambiente malsano, la congestión, el rui­do, la inseguridad, el hambre, la inmoralidad y una creciente deshumanización.

Algunos de los anteriores problemas ecoló­gicos y socio-ecológicos no se detienen en los límites del Distrito Especial. Varias regiones aledañas, impulsadas por la demanda de bie­nes originada en la ciudad, se dedican a la producción de tales bienes sin controles ambientales, deteriorando aguas, aire, suelos y bosques. Otras regiones, por razones geográficas o de simple conveniencia, se han con­vertido en receptoras de gran parte de los desechos de la ciudad, desarrollándose allí condiciones ambientales y de salubridad aún más precarias que las detectadas en aquella, haciéndose más notoria la enorme injusticia social a que conducen la disposición inade­cuada de los residuos y la explotación irracio­nal de los recursos.

Este Documento, además de analizar los problemas citados, estudia las soluciones que han sido propuestas e identifica algunas posi­bles nuevas soluciones, tomando en cuenta as­pectos económicos, legales e institucionales.


Recursos Naturales del Área de Bogotá

Suelos

Los suelos de la región son de los más ricos del país, propios para la agricultura intensiva. En ellos se cultiva actualmente hortalizas, ce­reales, flores, bosques artificiales y pastos, con tecnologías que están muy lejos de lograr un aprovechamiento óptimo. El área plana de la Sabana, la más adecuada para la explotación agrícola con mecanización, se aproxima a las 150.000 hectáreas, de las cuales algo más de 35.000 están ocupadas por la ciudad de Bo­gotá y otros desarrollos urbanos. Día a día se acentúa este fenómeno de urbanización que despoja a la región y al país de un valioso po­tencial agrícola. Se estima que hacia el año 2000 el área ocupada por la urbanización po­drá sobrepasar el 50% del área plana de la Sa­bana.


Bosques

Son escasos los bosques nativos en el área de Bogotá. Remanentes de ellos se observan en los cerros de Suba y al norte de los cerros orientales, pero la explotación de materiales, apertura de vías, urbanización e incendios fo­restales tienden a destruirlos. Los bosques artificiales proliferan, constituidos principalmen­te por pinos y eucaliptos, especies foráneas. Los cerros orientales de Bogotá cuentan con más de 10.000 hectáreas de bosques artificia­les, los cuales se encuentran atacados por los mismos problemas que han hecho retroceder los bosques nativos. Se considera que pinos y eucaliptos no son las especies más apropiadas para reforestar, ya que los primeros destruyen el sotobosque (vegetación arbustiva) y los segundos secan exageradamente el terreno. Es­tos dos fenómenos tienden a facilitar la ero­sión, problema que precisamente se busca co­rregir con la reforestación.


Aguas

La región está ubicada sobre parte de la cuenca media del río Bogotá y de las sub-cuen­cas de los ríos Arzobispo, Salitre, San Cristó­bal, Fucha, San Francisco, Tunjuelo, Soacha, Balsillas, Chicú y Frío. El río Bogotá es la co­lumna vertebral de la Sabana, ya que apoya, a

través de múltiples usos, todas las actividades de la región. Su caudal promedio potencial es de 28 metros cúbicos por segundo, los cuales tienen la siguiente utilización primaria:

 

De la anterior cantidad, 25 m3 /seg. retornan al cauce del río Bogotá sin ningún tratamiento, por lo cual su contaminación es masiva, y se reutilizan en tales condiciones de la siguiente manera:

Este último uso recreativo fue muy impor­tante en el pasado, pero actualmente es discutible a causa de la contaminación y escasez de las aguas.

La escorrentía de la cuenca y sub-cuencas del río Bogotá se encuentra regulada por los embalses de Sisga, Tominé y Neusa, que son además elementos paisajísticos y recreativos para la región. La regulación máxima obteni­da permite mantener 12 m3 /seg en el cauce del río Bogotá en Alicachín en época de ve­rano, que son bombeados en su totalidad en avanzado estado de contaminación al embalse del Muña, para generación de energía eléc­trica.

Puede considerarse que los recursos hídri­cos de la Sabaría se encuentran totalmente co­pados por los anteriores usos, lo cual ha hecho necesario el desarrollo de Chingaza, que impli­ca un transvase de 22 m3 /seg. entre cuencas del río Chuza al río Bogotá, o en términos más amplios de la vertiente del Orinoco a la vertiente del Magdalena.

Este desarrollo, sumado a los existentes, atenderá las demandas de acueducto y genera­ción hidroeléctrica hasta el año 2020.

En síntesis, la región ha aprovechado al má­ximo sus abundantes recursos hídricos hasta el punto de tener que recurrir a la importa­ción de aguas de otras cuencas para satisfacer sus crecientes demandas.


Aire

El aire es un recurso mundial, mas no por ello puede considerársele inagotable. Condi­ciones meteorológicas locales confinan en oca­siones el aire de una zona a un estrato limitado por una capa térmica superior. En estas con­diciones, el aire ocupa un recipiente peligrosa­mente expuesto a la concentración de conta­minantes derivados de la actividad inferior. Aún si estas condiciones meteorológicas no se presentan, la dispersión de contaminantes es lenta, lo cual tiende a concentrarlos en las zo­nas de mayor producción. En consecuencia, el recurso aire no tiene una capacidad ilimitada de asimilación de residuos, por lo cual es necesario proteger su pureza para disfrutar plenamente de su utilización. Inclusive a nivel mundial, la concentración de ciertos contami­nantes en las capas superiores de la atmósfera puede interferir con la capa de ozono y permi­tir el incremento de la temperatura del plane­ta hasta en cuatro grados centígrados, lo cual causaría catástrofes inmensas. El aire de Bogo­tá fue hasta hace unos 25 años de elevada pu­reza, acusando actualmente preocupante dete­rioro.


Paisaje

El paisaje natural de la región ha desapare­cido casi por completo como consecuencia de su desarrollo urbano, agrícola e industrial. Sin embargo, todavía puede apreciarse algo de la antigua belleza de los cerros, muy deteriora­dos por las canteras, la deforestación y la ina­decuada reforestación. La parte plana de la Sabana sigue teniendo valor paisajístico, redu­cido últimamente por los numerosos invernaderos de polietileno para el cultivo industrial de flores y por la proliferación de construccio­nes antiestéticas. Los nuevos embalses han reemplazado el paisaje nativo por otro que no deja de ser hermoso, mientras que lagunas na­turales como las de La Herrera, Gualí, Torca y Chicú han desaparecido o se han contaminado. Aun con estos cambios, el paisaje del área de Bogotá es en general agradable, digno de con­servación en sus aspectos positivos y de recu­peración en aquellos que acusan deterioro.

 

Fauna Silvestre

Se hace aquí referencia a la fauna silvestre solamente por razones históricas y nostálgicas. La mayor parte de la fauna típica de la Saba­na desapareció hace mucho tiempo, no que­dando ya nada distinto a insectos u organis­mos inferiores. El pez “capitán”, tan apetecido en otras épocas, sucumbió ante la contamina­ción del río Bogotá. La desecación y contami­nación de lagunas y ciénagas destruyó la fauna dependiente de esos ecosistemas.

La caza deportiva y de subsistencia, los cam­bios de uso de la tierra y las actividades propias del desarrollo sin control, eliminaron los vestigios de especies superiores. Si bien ya no es posible restituir la fauna silvestre en la re­gión, es por lo menos recomendable proteger la fauna que aún subsiste en regiones próxi­mas como Chingaza, Sumapaz y Magdalena.

Minerales y Materiales de Construcción

Dentro del área urbana de Bogotá se explo­tan intensivamente incontables canteras que producen piedra, arena, arcilla y recebo, ma­teriales indispensables para la industria de la construcción. Esta explotación entra en con­flicto con el disfrute del recurso paisajístico de los cerros y crea otros problemas, como se verá en otra sección de este informe. También se obtiene arena del lecho del río Tunjuelo. Todos estos materiales pueden ser explotados en otros sectores, no muy lejanos del Distrito Especial, para reducir su impacto ambiental

Se explotan también en la región algunos minerales, como caliza, carbón y sal. Estas ex­plotaciones inciden indirectamente en la cali­dad del medio, no por sí mismas sino por la ausencia de control ambiental. Estos minera­les son de gran importancia para el desarrollo de la región.


Contaminación y Deterioro Ambiental
Contaminación de Aguas

El problema

 La contaminación de aguas en el Distrito Especial de Bogotá y zonas aledañas es inmen­sa. Esta contaminación se origina en el verti­miento a los ríos de multitud de residuos de procedencia doméstica e industrial, además de los agroquímicos que arrastra la escorrentía. La sola Empresa de Acueducto y Alcantarilla­do de Bogotá (EAAB) arroja al río Bogotá 15 metros cúbicos por segundo de aguas negras sin ningún tratamiento, que constituyen el más abundante contaminante de este río. En época de verano, el caudal del río desde Bogotá hasta Alicachín está conformado por estas aguas negras y por excedentes de Chingaza que proporcionan alguna dilución, pero la contaminación sigue siendo muy alta.

El río Bogotá recibe su primera conta­minación al llegar a la ciudad de Villapinzón, situada en proximidad de su nacimiento. Ade­más de los residuos domésticos de esta población, se arrojan al río los residuos industriales de más de 100 pequeños curtiembres opera­dos por clanes familiares. La proporción de esta contaminación doméstica e industrial no es grande en relación con el caudal del río, por lo cual no se aprecia allí una calidad ina­decuada. Igualmente, la contaminación que recibe más adelante proveniente de Chocontá, Gachancipá, Tocancipá y Sesquilé no alcanza niveles preocupantes.

Al llegar a Tibitó, en donde el río Bogotá es captado en unas dátsenas para su posterior potabilización por parte del Acueducto de Bogo­tá, la calidad del agua es apta para el consumo humano luego del tratamiento convencional para aguas no contaminadas.

Adelante de Tibitó empieza el viacrucis del río Bogotá, pues recibe en sucesión las aguas negras de Zipaquirá, los residuos industriales de la Planta de Soda e industrias aledañas, y los desechos domésticos e industriales de Bo­gotá y demás poblaciones de la cuenca. El posterior cuadro sintetiza los resultados obte­nidos para varios parámetros de contamina­ción a lo largo del río, indicándose también cuáles son los patrones aceptables.

En la estación de Puente Vargas no han en­trado al río las aguas negras de Bogotá. Sin embargo, la contaminación es ya avanzada, no­tándose el efecto de la Planta de Soda de Zipaquirá en el p14 y los cloruros que están muy por encima de los patrones aceptables. Estas aguas no pueden ya albergar vida íctica y su utilización para riego es cuestionable dada su alta salinidad.

En la Isla ya han entrado al Bogotá las dos terceras partes de las aguas negras de la capital a través de los ríos Salitre y Fucha, de tal ma­nera que sus condiciones no se diferencian de una alcantarilla abierta. El oxígeno disuelto es cero, lo cual produce los pésimos olores y as­pecto desagradable de la descomposición anaerobia. La materia orgánica (DBO5) alcan­za un insólito valor superior a 100 mg/l. La contaminación bacteriológica es extrema, te­niendo estas aguas un alto potencial transmi­sor de enfermedades, principalmente fiebre tifoidea, fiebre paratifoidea, hepatitis infec­ciosa, gastroenteritis y disentería, todas ellas mortales para la población infantil.

De este punto en adelante las condiciones empeoran al entrar el río Tunjuelo al Bogo­tá, pero aguas abajo, en Alicachín, mejoran levemente por el efecto diluyente del embalse del Muña, al cual se le bombean aguas negras del río Bogotá, que lo contaminan enorme­mente, pero no en el mismo grado que acusan las aguas del río. En Tocaima el estado del río sigue siendo pésimo, inexplicable que sus aguas se utilizaran por muchos años para alimentar el acueducto local, situación que acaba de ser corregida con la incorporación del río Calandaima al sistema de acueducto.

Es inmensamente injusto que pequeñas po­blaciones campesinas se vean forzadas a consu­mir aguas que han recibido los excrementos y residuos industriales de los cinco millones de habitantes y las fábricas de la ciudad de Bogo­tá, respectivamente. Es también injusto que se le haya destruido a la región de Tequendama su famoso Salto, elemento turístico y paisajístico de gran atractivo.

Al llegar al Magdalena, aguas arriba de Gi­rardot, el río Bogotá se encuentra en condi­ciones deplorables, principalmente en época de verano, que ya producen contaminación en el más importante río de Colombia. Según es­tudios de CDNPCEI-Planhidro para la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá, si no se aplican los correctivos necesarios, el Magdalena en el sector Girardot-La Dorada acu­sará hacia 1990 una reducción de oxígeno disuelto a menos de 4 mg/1 en época de vera­no, valor límite para la subsistencia de la fau­na íctica. Para el año 2000 la misma firma indica que habrá desaparecido el oxígeno en el mismo sector, convirtiéndose éste en una al­cantarilla maloliente similar al río Bogotá de hoy y pasando a ser la famosa subienda sola­mente un recuerdo, como lo es el pez “capi­tán” en la Sabana. ¡Cuántos pescadores, cam­pesinos y ciudadanos humildes amenazados y perjudicados por el descuido secular en el ma­nejo de los recursos naturales!

 

Las Soluciones

La tecnología para la descontaminación de las aguas fue desarrollada desde comienzos del presente siglo y ha sido aplicada con éxito en muchos países. Algunas veces los efectos contaminantes de las aguas negras pueden evitarse sin tratamiento de éstas, sino simplemente conduciéndolas a una fuente con mayor poder diluyente u operando embalses para proporcionar agua para dilución. En el caso de las aguas negras e industriales de Bogotá esta al­ternativa no es técnicamente factible, pues los excedentes de Chingaza se convertirán tam­bién en aguas negras con el transcurso de los años.

La disposición y tratamiento de las aguas negras de Bogotá han sido estudiadas con profundidad desde comienzos de la década del 50. Los estudios de Buck, Seifert and Jost en esa época recomendaron una planta de trata­miento tipo “lodos activados” cerca a Fontibón, la cual nunca fue construida. Se hicieron nuevamente estudios a principios de la década del 60 por parte del consorcio CDM-CIS, reco­mendándose nuevamente el tratamiento de las aguas negras, el cual no se materializó. El ciclo decenal de estudios continuó al empezar la década del 70 con los realizados por CDM-CEI­Planhidro, consorcio que identificó varias alternativas de tratamiento, habiendo recomen­dado la intercepción de las aguas negras hasta Alicachín, su bombeo a un sector confinado del embalse del Muña y su conducción por el sistema de tuberías para generación hidroeléc­trica hasta su tratamiento en lagunas aereadas cerca a Tocaima. El efluente altamente nutri­tivo de esta planta se utilizaría para el riego de un desarrollo agrícola intensivo en el área de Pubenza. Como ha sido tradicional, este im­portante estudio no se tradujo en obras para la descontaminación. Estos planes fueron revi­sadas por Hidroestudios recientemente, optán­dose nuevamente por el tratamiento en la Sa­bana.

Es alentador observar que la CAR está exi­giendo a las industrias del área de Bogotá el tratamiento de residuos, acción que conducirá en poco tiempo al mejoramiento de las condiciones existentes. Igualmente, la Empresa de Acueducto de Bogotá, principal contaminador del río, tiene un programa para el tratamiento de las aguas negras, que se desarrollará a partir de 1988.

El Grupo Ecológico del Nuevo Liberalismo ve con optimismo los anteriores planes y espe­ra que se hagan realidad con rapidez.

 

Residuos Sólidos

El problema

Uno de los más angustiosos problemas del Distrito Especial de Bogotá es la recolección y disposición de las basuras. Según el Minis­terio de Salud, Bogotá produce 4.500 tonela­das diarias de basura, de las cuales sólo el 66% son recolectadas, quedando el resto en las calles y lotes de la ciudad.

Los principales problemas asociados con la recolección y disposición de las basuras de Bogotá, según informe de la EDIS, son los siguientes:

a. Se hace almacenamiento domiciliario sin separación de desechos;

b. La hora de presentación de los recipien­tes por parte de los usuarios no coincide con la de la recolección;

c. En los sitios que producen desechos patológicos o que representan un riesgo alto de contaminación, no se lleva a cabo un alma­cenamiento separado;

d. No existe planificación de almacena­miento de desechos en las nuevas urbanizaciones;

e. La cobertura del barrio y limpieza de vías y áreas públicas es apenas del 40%:

f. Los horarios de barrido establecidos por la EDIS no se cumplen;

g. No existen rutas definidas para el barrido manual y mecánico;

h. Aunque los rendimientos de recolección por los vehículos existentes en buen estado arrojan excelentes resultados, la Empresa vie­ne prestando un deficiente servicio de recolec­ción y transporte de basuras, por falta del parque automotor necesario para satisfacer las necesidades del aseo;

i. Se observa incumplimiento en los hora­rios y en la misma recolección a causa del mal estado en que se encuentran los vehículos, de los cuales el 20% permanece en el taller;

j. Las zonas en que actualmente la Empresa está disponiendo la basura (El Cortijo y Gibral­tar) quedarán copadas en el futuro cercano;

k. Hasta la fecha EDIS no ha adoptado un sistema técnico de disposición final, lo cual ha traído como consecuencia el rechazo por par­te de la comunidad. Los botaderos citados son del tipo abierto, no haciéndose relleno sanita­rio, que es lo indicado para esos sitios.

 

Las Soluciones

Gran parte de los problemas expuestos anteriormente se originan en una deficiente administración, que no ha encontrado meca­nismos para concientizar a la ciudadanía sobre prácticas de manejo y disposición de residuos sólidos, no ha logrado organizar apropiada­mente a su personal, no desarrolla un mante­nimiento preventivo de equipos, no ha previs­to oportunamente las necesidades futuras y ha adoptado una actitud irresponsable en rela­ción con la disposición final de las basuras.

Es, pues, imperativo reorganizar administra­tivamente a la EDIS y colocarla en manos verdaderamente expertas en el manejo de este problema.

En cuanto a la disposición final de los resi­duos sólidos, la EDIS indica que “las caracte­rísticas y composición de la basura de Bogotá, la hacen propicia para implementar casi cual­quier tipo de disposición final de los desarro­llados técnicamente hasta la fecha”, pero no practica ninguno de ellos. Entre estos méto­dos se destacan el relleno sanitario, la incine­ración, la compostación y la pirólisis.

Para la corrección de varios de los proble­mas encontrados en la recolección y disposi­ción de las basuras de Bogotá se acogen las siguientes recomendaciones emanadas del in­forme de la EDIS:

a. La Empresa, utilizando todos los medios de comunicación, debe promover la separa­ción de los desechos sólidos a nivel domicilia­rio en dos grupos:

Material orgánico y material inerte

b. En los sitios que originen desechos patológicos contaminantes se debe hacer un aislamiento o disposición aislada;

c. En los sitios que produzcan grandes can­tidades de basura se debe exigir la instalación de compactadores;

d. Se debe asignar a los sectores de barrido una ruta plenamente definida y una supervi­sión del personal que realiza el trabajo;

e. La EDIS debe adquirir e instalar cestas públicas y apoyar la campaña que en ese sen­tido están realizando los comerciantes;

f. Se debe adquirir e implementar de inme­diato el equipo de recolección para la presta­ción de un buen servicio;

g. El reúso o reciclaje de algunos elementos no contaminados debe ser fomentado definitivamente como medio para aminorar la proble­mática ambiental y disminuir la producción de basura;

h. Son factibles desde el punto de vista téc­nico los métodos siguientes de disposición final:

  1. Relleno sanitario con basura cruda, relle­no sanitario con basura triturada, incineración con recuperación de energía y compostación.
  2. Exigen mayor investigación: Pirólisis y Compactación.

i. Se deben controlar los líquidos percola­dos de los actuales botaderos y futuros relle­nos sanitarios, ya que su drenaje al río Bogo­tá contribuye a la alta contaminación de esas aguas;

j. Se debe crear dentro de la Empresa una infraestructura de profesionales especializados en cada una de las áreas de servicio de ésta y elaborar anualmente programas de capacita­ción del personal a todos los niveles.

k. La Empresa debe realizar actividades de participación e información a todos los nive­les de la comunidad, a través de cursos, con­ferencias y utilización de los medios de co­municación, dirigidos a las Juntas de Acción Comunal, colegios, escuelas y ciudadanía en

 

Deterioro de los Suelos

El problema

Los suelos de la región acusan considerable deterioro resultante de las siguientes causas:

a. Deforestación;

b. Canteras;

c. Reforestación con especies inadecuadas;

d. Riego con residuos líquidos domésticos e industriales;

e. Acumulación de residuos sólidos;

f. A licación indiscriminada de agroquí­micos

La deforestación se inició con la colonia y hoy no se sabe a ciencia cierta qué áreas de la región estaban pobladas de bosques cuando llegaron los conquistadores. La presión urbanizadora de los últimos años ha hecho estra­gos en bosques considerados nativos en los cerros de Suba y al norte de los cerros orien­tales. Aun áreas plantadas con bosques artifi­ciales son objeto de deforestación por familias de escasos ingresos y por urbanizadores, lo cual ha acentuado la erosión.

Las canteras forman una herida continua en los cerros, desde el sur hasta el norte, en forma tal que su número ya puede conside­rarse incontable. Además de que la erosión en esos sitios es obvia, contribuyen las cante­ras a la contaminación del aire, hacen intran­sitables las calles después de las lluvias, tapo­nan los alcantarillados con excesos de mate rial y por lo general crean condiciones anties­téticas en los cerros y áreas circundantes.

La reforestación con especies inadecuadas, principalmente pinos y eucaliptos, como se mencionó en otra sección de este informe, contribuye a la erosión por la destrucción del soto-bosque en el primer caso y el exceso de evapotranspiración en el segundo. Sin embar­go, en algunos casos estos tipos de reforesta­ción son beneficiosos, dependiendo de las características de los suelos, pendiente y altu­ra de nivel freático.

El riego de suelos agrícolas con aguas ne­gras de origen doméstico e industrial, prácti­ca generalizada en la Sabana, constituye un riesgo para la salud y termina inutilizando el suelo aun para fines agrícolas a causa de la acumulación gradual de sales y materiales tóxicos.

La disposición de residuos sólidos en sitios no previstos para tal fin dentro del Distrito Especial y fuera de éste constituye también un riesgo para la salud y trastorna el paisaje. Además de que se arrojan materiales de cons­trucción y residuos orgánicos en la mayor par­te de los lotes desocupados de Bogotá, en re­giones aledañas también se practica este procedimiento. Varias industrias del sector Fun­za-Madrid-Mosquera arrojan sus residuos sóli­dos a sectores aledaños a las carreteras a Faca­tativá y La Mesa, principalmente a esta últi­ma, alterando enormemente el paisaje.

En cuanto a los agroquímicos, sus posibles efectos secundarios nocivos no han sido de­mostrados en la Sabana. En otros lugares han causado envenenamiento de los seres humanos y animales domésticos y han contaminado las aguas, por lo cual este aspecto merece investigación en la región.

 

Las Soluciones

 Los problemas anteriores deben ser objeto de las siguientes soluciones:

a. Establecer qué áreas de los cerros orien­tales y de los cerros de Suba conservan vegetación nativa, para declararlas reservas verdes de la región;

b. La CAR y el Distrito deben mejorar la vigilancia de los sectores sujetos a deforestación y adquirir equipo y entrenar personal para el control de incendios forestales;

c. La reforestación debe hacerse en forma tecnificada, utilizando las especies más apropiadas para cada tipo de suelo y recurriendo, en lo posible, a especies nativas;

d. Las canteras actualmente en explotación deben ser relocalizadas gradualmente, ya sea por compra de los terrenos en algunos casos o por subsidio del traslado en otros. No se debe permitir explotaciones nuevas en los cerros Las zonas cuyas canteras sean erra­dicadas deben ser recuperadas ecológicamente mediante varias técnicas existentes, que ya está practicando la CAR desde la calle 100 hasta la calle 127, pero que deben ser exten­didas al resto del área;

e. Debe prohibirse el riego de zonas agrope­cuarias con aguas negras domésticas e industriales;

f. Debe exigirse a las industrias de la zona rural disponer adecuadamente de sus basuras;

g. Debe investigarse el efecto del uso indis­criminado de agroquímicos en la Sabana de Bogotá.

 

Contaminación del Aire

El problema
La contaminación del aire ha aumentado notablemente en el curso de los últimos años en el Distrito Especial de Bogotá, a causa del incremento del parque automotor y del desarrollo industrial de la ciudad, además de las quemas de residuos y explotación de materia les que se efectúan en toda el área de influen­cia.

Según el Ministerio de Salud, Bogotá pro­duce 1.100.000 toneladas anuales de contami­nantes del aire, cuyo origen es el Siguiente:

Parque automotor 675.000 toneladas anuales.

Industria 300.000 toneladas anuales. Quemas, etc. 125.000 toneladas anuales.

Operan en la ciudad 15 estaciones de mues­treo instaladas por la Organización Panameri­cana de la Salud y manejadas por el Ministerio de Salud. Se mide en ellas polvo sedimentable, polvo en suspensión, anhídrido sulfuroso, monóxido de carbono, corrosividad, tempera­tura, humedad y precipitación.

Los parámetros más críticos observados son monóxido de carbono (CO) y polvo en suspensión. Para el primero se obtuvieron me­diciones en el centro de Bogotá de 30 a 35 ppm, muy cercanas al nivel de referencia de 45 ppm, considerado como máximo acepta­ble. En cuanto al segundo, mediciones en la zona industrial de Puente Aranda arrojan un valor promedio anual de 138 microgramos por metro cúbico, muy superior a la norma de 80 microgramos por metro cúbico.

La contaminación del aire causa serios pro­blemas a la salud, pudiendo ocasionar efisema pulmonar, bronquitis, irritación de las muco­sas, eczema, escozor en los ojos y cáncer del pulmón. Las personas sujetas a gran concen­tración de contaminantes pueden sufrir ma­reo y envenenamiento. Quienes sufren de problemas respiratorios, principalmente los ancianos, ven empeorada su condición, muchas veces con consecuencias mortales, al exponerse a la contaminación del aire.

También ocasiona esta contaminación daños a las edificaciones, a la fauna, a la agri­cultura, a instalaciones industriales y a las ropas.

En Bogotá la mayor parte de la contamina­ción del aire se atribuye a los vehículos, lo cual dificulta su control. Los vehículos vie­jos de gasolina producen cantidades exage­radas de monóxido de carbono, veneno mor­tal. Aun los vehículos de gasolina nuevos producen mayor cantidad de este contaminan­te que los vehículos Diesel. Sin embargo, estos últimos no son la panacea. En Bogotá operan mal sincronizados, pues se gradúan al máximo de potencia, dejando buena parte del combus­tible sin quemar totalmente, produciéndose el clásico chorro de humo negro indicador de los hidrocarburos sin combustionar. Este hu­mo, además de ser desagradable, es peligroso para la salud, bloquea la visibilidad y mancha ropas y edificios.

 

Las Soluciones

Aunque la solución del problema de conta­minación del aire no es de tanta urgencia co­mo la requerida por otros problemas ambien­tales, es hora de comenzar a tomar acciones al respecto.

No se justifica que la industria arroje indis­criminadamente contaminantes gaseosos y de material particulado siendo que la tecnología para remover unos y otros se encuentra totalmente desarrollada. Existen precipitadores electrostáticos, ciclones, sedimentadores, voceadores, filtros y otros aparatos capaces de purificar casi totalmente el efluente gaseoso industrial antes de su salida. Se debe exigir a las industrias más contaminantes proveerse de estos aparatos.

En cuanto a la contaminación causada por los vehículos, el Ministerio de Salud ha expe­dido normas de control exigiendo mayor efi­ciencia a los fabricantes. Los avances tecnoló­gicos en este campo han sido muy grandes en otros sitios del mundo, habiéndose llegado a “optimizar” los motores de gasolina para mi­nimizar los contaminantes. Con respecto a los vehículos Diesel, su control es responsabilidad del Gobierno. Se debe exigir a los propietarios la sincronización adecuada de los motores pa­ra las condiciones de altura de Bogotá sobre el nivel del mar, especificación que pueden hacer cumplir el DATT y el INTRA

Las quemas caseras pueden controlarse me­diante campañas de concientización de la ciudadanía, y las explotaciones de materiales dentro del Distrito Especial deben ser objeto de las medidas recomendadas en otra sección de este trabajo.

 

 Deterioro de Areas Verdes El problema

Salta a la vista el lamentable estado en que se encuentra la mayor parte de las áreas verdes de Bogotá. Muchas de ellas han sido mutiladas para dar paso a obras de infraestructura de la ciudad; otras se encuentran abandonadas, sujetas al vandalismo y a la inseguridad.

Según los estudios de Fase II y del río Bogotá, el área verde recomendable para recreación debe ser del orden de 1 hectárea por cada 1.000 habitantes. Bogotá tiene solamente 0.2 hectáreas por 1.000 habitantes para tal fin y urbanizaciones enteras carecen por completo de este elemento urbano. El pro­grama de ciclovía ha compensado en alguna medida la carencia de áreas recreativas en la ciudad.

Lo sucedido al Parque de la Independencia y al Lago Gaitán es representativo de lo que ocurre a todas las áreas verdes de la ciudad. Al Parque de la Independencia se le recortó inicialmente un sector para la construcción de la Biblioteca Nacional; después se le redujo algo más para construir la glorieta; más tarde se le hizo un nuevo recorte para la ampliación de la carrera 10a., finalmente se le volvió pedazos al construir los puentes de la 26. En cuanto al hermoso Lago Gaitán, fue vendido a urbaniza­dores privados quienes lo desecaron y convir­tieron en moderna urbanización. Estos cam­bios de uso son a veces indispensables, pero deben compensarse con la apertura de nuevas áreas verdes.


Solución Planteada por el Gobierno

El Gobierno Nacional mediante una ley de honores al Libertador Simón Bolívar (Ley 31 de 1979) dispuso que a través del Ministerio de Obras Públicas y Transporte se construye­ra el Parque Simón Bolívar. A partir de 1981 se inició la construcción de este parque y se puede considerar que ha avanzado en un 15% hasta 1985.

Básicamente el parque tendrá una exten­sión de 350 hectáreas y sus principales componentes se detallan en los términos de refe­rencia del Ministerio de Obras.

Se puede observar que en una ciudad que requiere angustiosamente árboles, no es conducente que el Parque Simón Bolívar se utili­ce para:

  • Sede del Parlamento Andino y del Parla­mento Latinoamericano.
  • Hotel de 1.000 habitaciones.
  • Centro comercial.
  • Plaza ceremonial de 30.000 metros cua­
  • Centro bancario y financiero.
  • Centro internacional de la esmeralda.
  • Tres salas de cine.
  • Estación de ferrocarril.
  • Otra serie de zonas duras.

Si bien este parque es una obra encomiable, da mucho margen para mejoramiento, para que no se convierta en un nuevo elefante blan­co de los que acostumbra construir este país.

Solución Recomendada por la Comisión de Recursos Naturales y Ecología del Nuevo Liberalismo

Es evidente que las necesidades de áreas verdes de la ciudad de Bogotá están muy lejos de satisfacerse con los parques recreacionales existentes o con proyectos como el Parque Simón Bolívar. Aunque estos elementos de­sempeñan funciones importantes en la ciudad, no conjugan las características deseables de los grandes pulmones verdes ni alcanzan entre todos ellos a reunir los requisitos de área ver­de por habitante especificada anteriormente.

La comisión llegó a la conclusión de que Bogotá necesita un área verde gigantesca, fácilmente accesible desde toda la ciudad, que compense las actuales deficiencias de este recurso y tenga en cuenta las necesidades futuras. Esta aspiración, analizada conjuntamente con la referente al saneamiento del río Bogotá, conduce a la concepción de un área verde a lado y lado del río, desde el Puente del Común hasta Alicachín, delimi­tada en forma irregular de acuerdo con el re­corrido del río y a las densidades de la po­blación adyacente.

Los estudios del río Bogotá y de Fase II analizaron está gran área verde y no vacilaron en recomendarla como el gran pulmón para la ciudad y para su futura zona metropolitana. Sin embargo, esta recomendación permanece en el olvido. El plano adjunto tomado de los Estudios del río Bogotá de CDM-CEI-Plan­hidro muestra en toda su extensión zona verde, cuyo largo es de aproximadamente 40 kilómetros y su ancho varía desde 1 kilómetro (500 metros a cada lado del río), hasta 7 kiló­metros en el sector central de la futura zona metropolitana. Además, el mapa muestra el área urbana actual y el área urbana futura (año 2000), que comprende la expansión de los cas­cos municipales de Funza, Madrid y Mosquera. Como puede verse, la zona verde no se limita­ría a los sectores aledaños al río Bogotá, sino que se extendería también, aunque con menor ancho, a lo largo de sus afluentes urbanos. El área verde total sería de 13.000 hectáreas desde el Puente del Común hasta Alicachín.

Considerando el enorme desarrollo urbano esperado y el que ya se observa no sólo en Bo­gotá sino en los municipios de Funza, Madrid y Mosquera, la zona verde propuesta es verdaderamente indispensable si se desea que Bogo­tá no sea una ciudad inhóspita, monótona y contaminada. Desgraciadamente, el desorde­nado crecimiento de Bogotá ya ha invadido algunos de los terrenos contemplados por los estudios citados para esta zona verde, como es el caso de la expansión del barrio Patio Boni­to y el afloramiento de desarrollos industria­les. En consecuencia, es preciso actuar pronto para salvar este maravilloso recurso natural.

En vista de que sería económicamente pro­hibitivo para el Estado adquirir desde un comienzo los terrenos que conforman el parque, y de que éstos se encuentran en el Distrito y otros municipios, el proyecto sería de zonofi­cación y se refería únicamente al sector comprendido dentro del Distrito Especial de Bo­gotá, es decir, aproximadamente un 50% del total. El resto del parque podría ser objeto de proyectos similares de los demás munici­pios involucrados. En cuanto a la adquisición de los terrenos por el Estado, ésta puede ser gradual hasta que eventualmente todo el par­que esté abierto a la recreación popular.

 

Aspectos Socio-Ecológicos

El deterioro del medio físico descrito ante­riormente incide notablemente en la calidad de vida de la comunidad. Además de que miles de personas deben resignarse a vivir jun­to a aguas contaminadas, o sobre basureros, o respirando el aire de las canteras y zonas industriales, deben también aceptar el hacina­miento, la insalubridad, la inseguridad y otras formas de descomposición social. Al analizar estos problemas, es difícil establecer linderos entre la ecología y la sociología, ya que los problemas son a la vez ecológicos y sociales. Es lógico que el pueblo tendrá que exigir solu­ciones concretas a este estado de cosas y que la clase política tendrá que presentárselas.

La ignorancia parece ser la razón por la cual el pueblo no exige un ambiente sano en la misma forma en que exige escuelas, vías, hos­pitales, empleo, vivienda, acueducto y energía. Esta deficiencia se empezó a eliminar gra­dualmente desde comienzos de la década del 70 a través de múltiples conferencias, men­sajes radiales, audiovisuales y cubrimiento periodístico. Sin embargo, era necesario el ingreso de la enseñanza ecológica a las escue­las, colegios y universidades, lo cual se logró parcialmente mediante el Decreto número 1337 del 10 de julio de 1978.

Como la definición de educación ecológica y ambiental es muy amplia, conviene preguntarse qué objetivos se buscan cuando se im­parte este tipo de docencia. En principio es importante señalar que algunos factores que afectan la ecología urbana son consecuencia de fenómenos económico-sociales. Sin embar­go, es necesario que nuestros conciudadanos con acceso a la educación —desde su primer nivel— reciban instrucción sobre ecología, preservación ambiental y recursos naturales renovables. ¿Por qué es necesario? Simple­mente porque una ciudad en desorbitado y caótico crecimiento, tiene demandas crecien­tes de bienes y servicios y sus disponibili­dades de recursos de todo tipo no están equilibradas con esas necesidades. Por ello, estos recursos deberán ser adecuadamen­te utilizados. El habitante urbano debe cono­cer los beneficios de una ciudad arborizada y con zonas verdes, en defensa contra la inevi­table y cada día más apabullante contamina­ción automotriz; el habitante urbano debe comprender que el agua no es un recurso ili­mitado y que cada día es más difícil y costoso satisfacer las necesidades de una ciudad de 5 millones de habitantes, y por ende debe aprender a utilizarlo adecuadamente; el habi­tante urbano hay que enseñarle a manejar sus desperdicios; al habitante urbano se le debe enseñar a no “producir” ruido y convencer­lo de que siendo ruidoso no soluciona nada; el habitante urbano debe saber que la recrea­ción es un derecho ciudadano y una terapia que para utilizar un término muy plástico “lava las consecuencias de vivir en las llamadas jaulas de cemento” y que —finalmente— quien contamine comprenda que está perjudicando a la comunidad y tome las medidas correctivas por convicción, y no obligación. Una ciu­dad es grata en cuanto le hace la vida grata a sus habitantes. Y una ciudad verde, limpia, serena y con recreación es acercarse en buena medida —a esa vida grata—. Pero la experien­cia ha demostrado que ello no se logra única­mente con campañas cívicas ni de divulgación (cartillas, plegables, carteles, avisos) que ade­más resultan muy costosos. Se logra en la in­fancia y desde las bancas de la escuela.

La única herramienta que nos puede ayudar en este cometido, como se indicó anteriormente, es el Decreto 1337 de 1978 “Por el cual se reglamentan los artículo 14 y 17 del Decreto Ley 2811 de 1974”. Existen dudas con respecto a la implementación de este de­creto por parte del Ministerio de Educación. Es conveniente que el Concejo de Bogotá cite al alcalde o al secretario de Educáción para enterarse de la forma en que se está dando cumplimiento a este decreto en el Distrito Especial de Bogotá.

 

Aspectos Económicos

Usualmente se justifica la faculta de control ambiental en el país, tanto a nivel oficial co­mo privado, en lo costoso de dicho control y en la escasez de recursos económicos suficien­tes. Este es simplemente un sofisma, pues ca­da una de las acciones que toma el Gobierno y la empresa privada en diversos campos pue­de ser tan costosa o más costosa que el con­trol ambiental. En consecuencia, no es el alto costo lo que dilata este control, sino que se le asigna la prioridad que merece para hacerlo efectivo.

Se ha calculado que el costo del saneamien­to de las aguas no excede el 10% del valor to­tal de la infraestructura hídrica de una ciudad. La inversión del otro 90%, que comprende el desarrollo de las fuentes para el consumo, la purificación para acueducto, la conducción, la distribución de agua potable y la recolec­ción de aguas negras y lluvias nunca ha sido cuestionada. Sin embargo, si se habla de inver­tir 10% adicional en el tratamiento de las aguas negras, esta última cantidad parece exorbitante.

Los beneficios económicos y sociales de la descontaminación del río Bogotá serían inmensos y justificarían plenamente la inver­sión requerida. Por una parte, el río estaría libre de contaminación en la Sabana, desa­pareciendo el riesgo para la salud y regresan­do los usos agrícolas y recreacionales de las aguas. En la región de Tequendama se obten­drían estos mismos beneficios en adición al uso de las aguas para acueducto luego de tra­tamiento convencional.

Finalmente, en el Magdalena se evitaría el panorama sombrío que se describió en otra sección, salvándose la subienda y con ella los pescadores de la región.

Se concluye, en general, que las inversio­nes en control ambiental son rentables no sólo desde el punto de vista económico sino tam­bién desde el punto de vista social y por con­siguiente no pueden dilatarse más.


Aspectos Legales

Para el control de la contaminación se cuenta en el país con dos instrumentos legales de primer orden: el Código Nacional de Recur­sos Naturales y el Código Sanitario Nacional. Ambos promulgan normas complementarias que permiten a las autoridades competentes exigir el mantenimiento de un ambiente sano a los usuarios de los recursos naturales. Estos dos códigos se convierten entonces en el marco legal necesario para que el Concejo de Bogotá expida proyectos de acuerdo específi­cos para la protección de los recursos natura­les y medio ambiente del Distrito Especial de Bogotá.

 

Aspectos Institucionales

Un verdadero obstáculo para la aplicación de la legislación ambiental en Colombia es la confusión y duplicación de funciones existen­tes en el campo institucional. En el área de Bogotá las siguientes entidades tienen jurisdic­ción sobre el medio ambiente: Inderena, CAR, ICA, HIMAT, Ministerio de Salud, Ins­fopal, Empresa de Acueducto y Alcantarilla­do de Bogotá, EDIS, Alcaldía de Bogotá y Gobernación de Cundinamarca.

Es frecuente que varias de estas entidades presenten conflictos de intereses, pues su coordinación es prácticamente nula. El tópico de mayor conflicto es el agua, con el cual tienen que ver casi todas las entidades citadas. Los suelos, los bosques, el aire y los residuos sólidos tienden a ser la responsabilidad de una o dos entidades.

El anterior caos institucional merece ser es­tudiado profundamente, para encontrar solu­ciones que permitan a una sola entidad tener la autoridad para controlar los recursos natu­rales y medio ambiente del Distrito Especial. De otra suerte, cualquier programa serio para el control de la contaminación naufragará en medio de conflictos institucionales simi­lares a los que se han presentado persistente­mente hasta la fecha.

 

BIBLIOGRAFIA

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