D017 P011 | ¿Cuál es la respuesta?

Documentos Nuevo Liberalismo | Luis Carlos Galán

D017 P011 | ¿Cuál es la respuesta?

Intervención del doctor Luis Carlos Galán ante la Asamblea de Fedemetal, 23 de agosto de 1985.

Comparto el criterio que acaba de exponer el doctor Galofre sobre el sentido de un encuentro como en el que tiene lugar en este momento entre personas vinculadas a una actividad económica fundamental del país y organizadas en un gremio específico con personas que tenemos responsabilidades de interpretación y representación del proceso político que vive el país. Precisamente entiendo que no me reúno tan sólo con empresarios sino con ciudadanos empresarios, quienes, al tiempo que influyen en una actividad económica específica tienen también derecho a opinar sobre el conjunto de decisiones que afectan la vida nacional y a confrontar opiniones con los sectores políticos.

He preparado esta exposición considerando dos cosas fundamentales: en primer lugar, cuál es el cuadro político, económico y social del país, al menos desde el punto de vista del sector político al que pertenezco o a la interpretación que tenemos de la realidad colombiana actual, y en segundo lugar, dentro de ese marco, cuáles son los criterios que nos guían en el examen y las perspectivas de la situación de la industria colombiana y en particular del sector o subsector metal-mecánico.

Estamos en los primeros días de una campaña política. Es bueno subrayar qué se entiende por campaña política en una democracia. Para mí se trata de construir la voluntad colectiva frente a los problemas colectivos. Por lo tanto, una campaña política tiene que ser una oportunidad de reflexión sobre todos los aspectos fundamentales de la vida nacional. ¿Cómo están funcionando nuestras instituciones? ¿Cuál es la evolución de la sociedad y dentro de lo uno y lo otro, cuál es el desempeño de los partidos políticos como instrumentos que tienen la sociedad y el Estado para comunicar las aspiraciones del uno y las respuestas y decisiones del otro. En ese proceso de reflexión, es inevitable hacer inventarios y diagnósticos y examinar alternativas.

Empecemos por la situación política del país. Yo diría que hay cuatro grandes temas que merecen análisis al acercarse cualquier observador al escrutinio de la situación del país.

Primero, el problema general, inmediato y concreto de la inseguridad. Segundo, el problema que determina para los colombianos el crecimiento desordenado del Estado. Tercero, la crisis de los partidos políticos y cuarto, las relaciones del proceso político colombiano con el proceso político de América Latina.

 

LOS PROBLEMAS DE SEGURIDAD

Estamos viviendo una etapa delicada en materia de seguridad para el Estado y para las personas. El Estado se encuentra amenazado por grupos que le desconocen su vigencia, su legitimidad y que pretenden destruirlo o suplantarlo por medio de la fuerza en un proceso que lleva ya muchos años y que ha tenido distintos capítulos y ciclos, desde finales de la década de los cuarenta hasta hoy.

Ese proceso ha tenido una respuesta en el actual gobierno. Se han hecho importantes intentos entre 1982 y 1985 para conseguir la paz y ahora para lograr que los colombianos que se han sublevado contra las instituciones acepten la Constitución y las leyes y compitan dentro del marco institucional con sus ideas políticas y sus ideales sociales. Sin embargo, el Gobierno ha tenido una visión que yo considero limitada del problema. Porque se ha confundido el problema de inseguridad con un problema de subversión. Y el problema de inseguridad tiene que ver con todos los factores de violencia en el país, en donde, además de la subversión, existe también terrorismo, hay problemas derivados de la proliferación de paros cívicos vinculados al malestar económico y social y problemas relacionados con nuevas formas de delincuencia simple y delincuencia organizada. La respuesta limitada casi fundamentalmente al tratamiento del problema guerrillero, es una respuesta necesaria pero insuficiente. Al examinar las causas de violencia en el país se encuentra que el total de homicidios simples en Colombia, en un año, pasa de 10.000. Mientras que el total de muertos en problemas de orden público, a pesar naturalmente de que se trata de una estadística muy dolorosa y trágica, ha sido en promedio en los últimos años de 500 a 600 muertos, repito, es algo grave y desgarrador; ello no debe impedirnos considerar los demás problemas de violencia que tienen otras causas relacionadas con factores sociales y económicos independientemente de los políticos.

Estamos en un proceso en el cual los propios grupos subversivos han manifestado dos posiciones distintas. Unos han dicho que no aceptan el proceso de paz, han preferido romper la tregua y volver a la acción armada, y otros, manifiestan su voluntad de participar en un proceso electoral y político. Vamos a vivir meses delicados respecto de estas decisiones, meses durante los cuales se establecerá si será el pueblo colombiano quien defina cuál es el tipo de gobierno que debe existir en el país, y con qué grado de libertad y de participación
hará su pronunciamiento la Nación.

Han proliferado los secuestros y la extorsión, por una mezcla de razones. El hecho de que grupos alzados en armas hubieran utilizado estos instrumentos para financiar sus actividades, debilita su credibilidad cuando ahora afirman que no tienen que ver con tales actividades delictivas y les crea de todos modos un espacio, a quienes, en la delincuencia ordinaria, aprovechan la situación, tal como se ha podido establecer en estos meses cuando grupos de extorsionistas en varias ciudades del país han sido identificados y capturados y se ha demostrado que provienen de la delincuencia común y no de un grupo político o subversivo específico. A esto se agrega la inseguridad general que determina el ciclo más difícil que haya vivido Colombia en materia de empleo por la recesión de un lado y del otro la evolución demográfica que ha vivido Colombia a partir de mediados del siglo, cuyas consecuencias más graves precisamente se han producido en la década en que nos hallamos.

El problema de inseguridad requiere estrategias múltiples y simultáneas para afrontar los factores políticos, sociales, económicos e inclusive culturales que inciden en la generalización y en la supervivencia de problemas de violencia agudos en Colombia.

 

EL CRECIMIENTO DEL ESTADO

El segundo punto al que quiero referirme como tema de reflexión es el crecimiento desordenado dél Estado, no sólo en Colombia sino en todo el mundo. Es una realidad muy compleja que ha sorprendido a la mayor parte de las sociedades por la gran cantidad de recursos, responsabilidades y funciones que en un tiempo muy breve le han sido asignadas a las instituciones, a la rama ejecutiva del poder público fundamentalmente, sin calcular las consecuencias.

En este momento, el Estado colombiano, para dar una idea de sus dimensiones y su complejidad, trabaja con un poco más de 1’400.000 empleados públicos, si se hace la suma de quienes están vinculados a la administración en todos los niveles territoriales. Maneja un presupuesto colosal, un presupuesto que inclusive nunca se ha sumado. Si uno adiciona, no únicamente el presupuesto de la administración central y los institutos descentralizados, sino, además, los presupuestos de las empresas industriales y comerciales del Estado, o sea, todos los escenarios en donde por una u otra razón el Estado tiene capacidad de decisión, se encuentra que ya se aproxima a cinco mil millones de pesos diarios el gasto del Estado, incluyendo funcionamiento e inversiones. Esta cifra impresionante pudimos calcularla cuando el doctor Edgar Gutiérrez Castro, como Ministro de Hacienda presentó los datos que sustentaban los decretos de emergencia económica en enero de 1983. El doctor Gutiérrez Castro le proporcionó al Congreso una interesante información estadística sobre el gasto del conjunto de las Entidades Estatales, incluidos todos los niveles y sectores públicos.  Estos recursos convierten cada día más al Estado en protagonista decisivo, superpoderoso en recursos, pero muchas veces, paradójicamente, impotente por el desorden, la improvisación y el inmediatismo de buena parte de sus decisiones.

Los poderes gigantescos del Estado que han surgido en Colombia en los últimos cincuenta años, están sin control democrático adecuado. En principio, ese control democrático le corresponde al Congreso y a la opinión pública expresada a través de los medios de comunicación o de los distintos sectores que de algún modo son protagonistas en el debate sobre los asuntos públicos, con instrumentos más eficaces de expresión y de participación. Sin embargo, el primer mecanismo del Congreso es el presupuesto nacional que se elabora en circunstancias bastante discutibles, arbitrarias y sin verdadero control de las instituciones democráticas.

Tenemos un Estado que a la vez es espectador de los procesos sociales y económicos en determinados campos, mientras que, en otros, es protagonista y a veces único protagonista con capacidad de inducir procesos y condicionar totalmente las reglas de juego. Al propio tiempo ejerce funciones de control, lo que hace tan complejo el desempeño del Estado cuando se puede dar en esas tres dimensiones simultáneas: inducción, decisión y control.

Un Estado en esas dimensiones, con esos recursos y esas atribuciones está expuesto en grado sumo a la corrupción, es decir, a que se utilicen los dineros públicos no en función del interés general sino de intereses particulares de quienes por una u otra razón quieren instrumentos de acceso a las decisiones para condicionarlas o influir en ellas en su propio y exclusivo beneficio.

Es un Estado que trabaja sin planes verdaderos. Si bien en las instituciones está previsto un sistema para que el gasto público corresponda a objetivos definidos merced a planes que identifiquen prioridades, bien sabemos que esas instituciones hasta ahora sólo han tenido un valor formal.

Por otra parte, al Estado se le administra sin control democrático por la inestabilidad en la administración pública. Si se hace un balance del equipo ministerial que tiene hoy (1985) el país, se encuentra que en sólo tres años la mayor parte de los ministerios han tenido tres y cuatro titulares al frente. Este es el caso del Ministerio de Desarrollo, el de Agricultura, el de Salud, el de Trabajo y el de Educación. Creo que tan sólo en Hacienda las estadísticas presentan otros resultados, pero, en todo caso, la inestabilidad ministerial hace más compleja la verificación de las políticas porque no importa que un mismo partido político tenga la responsabilidad de un Ministerio a lo largo de los cuatro años de una administración. Ello no garantiza la responsabilidad política del mismo, pues, muchas veces las decisiones y los criterios de tales ministros son totalmente contradictorios así tengan una misma filiación partidista.

Todo esto tiene graves consecuencias para el país, especialmente desde el punto de vista económico, porque en estas condiciones el sistema económico tiene que soportar una estructura estatal ineficiente, desordenada y en desventaja frente a las estructuras económicas de otros países que pueden ser competitivos, entre otras razones, porque disponen de administraciones públicas eficientes o la inversión pública se realiza a partir de la identificación clara de las necesidades o de intereses colectivos.

Este desorden de la administración pública, la burocratización, la corrupción y ausencia de planes, de un modo u otro castigan al conjunto de la economía y condicionan la posibilidad de modernización en el uso de los factores y recursos del sector agrícola, industrial, comercial, los servicios o cualquiera de las áreas productivas.

Alguna vez, los alemanes, sorprendidos por la competencia japonesa que había determinado, por ejemplo, que el Japón hubiera logrado producir más automóviles que los Estados Unidos y Alemania sumados, enviaron una misión a investigar en Japón para orientarse sobre los criterios que debían tener en cuenta para modificar su estructura económica y sus criterios administrativos. Encontraron que entre Alemania y Japón, a pesar de la serenidad de la organización estatal alemana, era significativa la diferencia en la idoneidad de la administración pública y en la diligencia de las entidades públicas para el trámite de decisiones relacionadas con procesos de importación y exportación, administración de puertos, calidad del sistema vial, en fin, toda la infraestructura vinculada a decisiones estatales.

Si eso piensan los alemanes sobre su aparato administrativo, qué podremos decir los colombianos de lo que significa para nosotros el monstruoso aparato burocrático que se ha ido configurando a lo largo de las últimas décadas, el cual maneja recursos y decisiones tan definitivas para el conjunto del proceso económico.

 

NACIONALIZAR EL ESTADO

¿Cuál es la respuesta? Algunos dicen con criterio cómodo y simplista: desmantelemos al Estado, quitémosle funciones, quitémosle recursos. Yo pienso que es equivocado retroceder en esa materia. La estrategia adecuada es aprender a manejar el Estado. Tener la madurez de acercarse a él en forma objetiva para examinarlo en su totalidad, en sus funciones, sus recursos y sus responsabilidades. ¿Cómo proceder entonces?

Para empezar, uno diría que en Colombia, así suene paradójico, debemos nacionalizar el Estado. Nacionalizarlo porque hoy aparentemente le pertenece a la Nación, pero, en la práctica, todo ese aparato, esa estructura y ese poder de decisión pertenecen a los sectores que por razones políticas o motivos económicos tienen mayor capacidad de influjo en las decisiones del Estado y manejo de los recursos que están en sus manos.

 

UN NUEVO REGIMEN TERRITORIAL

Además de nacionalizarlo es preciso reorganizar en el Estado ciertos frentes claves, el más importante, el régimen territorial, porque tenemos una estructura centralista y presidencialista que no puede ser eficiente, lo cual hace más difícil el control democrático sobre sus decisiones.
Colombia está a punto de completar un centenario desde la aprobación de la Constitución de 1886. YO creo que esa estructura fue válida para su época, fue necesaria, defendió la unidad nacional y cumplió otras misiones, pero no puede ser indefinida. Las naciones evolucionan en el péndulo que oscila entre el federalismo extremo y el centralismo extremo. Jamás se llega ni a uno ni a otro extremo. Los colombianos nos hemos encerrado en la opción centralista y necesitamos buscar un nuevo diseño para nuestro régimen territorial que signifique revisar el sistema de competencias a los departamentos y a los municipios y que redistribuya poder entre los niveles territoriales para asegurar el manejo eficiente de los recursos y una mayor responsabilidad democrática en el proceso político, económico y social.

 

EL SECTOR PARAESTATAL Y EL REGIMEN DE ECONOMIA MIXTA

Asimismo necesitamos examinar el confuso mundo de los entes para estatales y de las empresas industriales y comerciales del Estado. Sin dogmatismos, porque no se trata de acabar esas empresas industriales y comerciales del Estado dentro de la hipótesis, un tanto ingenua, de que se puede reconstruir totalmente el predominio del sector privado en esas áreas. Bien sabemos que la presencia del Estado es necesaria en muchos frentes industriales, por la cuantía de las inversiones y la naturaleza de los riesgos, pero tampoco podemos permitir un proceso desordenado e indiscriminado de presencia estatal en todos los sectores industriales y comerciales. Se requiere esa evaluación, eventualmente, para que el Estado, como piensa hacerlo, venda al sector privado empresas suyas, allí donde se justifique por el interés público calificado en forma objetiva, imparcial y desprevenida. Al propio tiempo el Estado, en otras áreas, puede intervenir con nuevas inversiones, si es que el capital privado no está en condiciones de hacerlo o el riesgo es de tal naturaleza que, inclusive por razones de soberanía, se necesita que sea el propio Estado quien haga esas inversiones en determinados sectores básicos.

 

MODERNIZAR LOS PARTIDOS

El tercer tema que deseo proponer a su reflexión es la crisis de los partidos que resulta muy importante por la misión que les incumbe en la democracia representativa. Los partidos son intermediarios entre la sociedad y el Estado, sin embargo, así como el Estado cambió su tamaño, funciones y responsabilidades en la forma que todos podemos apreciar en estos decenios y la sociedad a su turno tuvo las profundas transformaciones determinadas por el proceso de urbanización, los partidos no han evolucionado. Manejan lenguajes, conceptos, métodos y criterios que corresponden a un Estado y a una sociedad que ya no existen. Esta obsolescencia en la constitución de los partidos, su falta de organización y su desempeño generan un corto circuito en la comunicación entre el Estado y la sociedad.

Hay fallas graves de orden general que debilitan el sistema político. Hay fallas en la participación de los jóvenes, las mujeres, los sectores populares y en la participación de los sectores urbanos, lo cual cuestiona el sistema político y nos impone a los demócratas, a los que queremos defender el sistema de instituciones democráticas, la tarea de multiplicar los caminos de en política y los factores que determinan esta intervención no sólo desde el punto de vista cuantitativo sino del cualitativo.

Hay hechos muy importantes en el proceso de modernización del país. Por ejemplo, en estos 25 años, en Colombia se han formado más de 500.000 personas en las instituciones de educación superior. Medio millón de colombianos terminamos estudios en las universidades desde 1958 hasta hoy y en este momento en los claustros hay trescientos mil más. Esto significa la aparición de protagonistas completamente distintos en el proceso social, económico y político. Surgen nuevas formas de liderazgo. El liderazgo moderno ya no es el del apellido, del privilegio económico o social, sino el liderazgo del conocimiento que es el más respetable de todos. En una sociedad organizada en forma justa, ese profesional que se está multiplicando en el país, por discutible que sea la calidad académica de nuestras universidades, es un protagonista completamente nuevo que reclama escenarios y posibilidades de intervención completamente distintos de los tradicionales.

Para modernizar los partidos, los colombianos tenemos un problema de Educación Política que comienza por la ignorancia sobre el pasado. No sabemos cuál es nuestro pasado. La historia en Colombia no ha sido en verdad estudiada y divulgada en la proporción necesaria para que el pueblo colombiano conozca sus raíces, sus antecedentes, la naturaleza de los procesos políticos, sociales y económicos que han vivido las generaciones anteriores y que de un modo u otro influyen en el comportamiento contemporáneo.

Los colombianos no conocemos las instituciones. La inmensa mayoría de los colombianos no sabe qué es el Congreso Nacional. ¿Qué es un Concejal Municipal? ¿Qué funciones tiene? ¿Qué responsabilidades? ¿Cómo está concebida la estructura política del país? ¿Qué es la democracia? ¿Cómo se debe vivir? ¿Qué instrumentos de expresión tiene? Por ausencia de un proceso fundamental de Educación Política, los colombianos no hemos desarrollado la infraestructura cultural que supone la democracia, es decir, la capacidad de análisis y la capacidad crítica que debe tener todo ciudadano para ser verdaderamente libre.

Existe, además, otro problema para asegurar la calidad de la participación política. Me refiero a lo complejo que se volvió el proceso de información moderno. La gran santidad de decisiones del Estado que ocurren de forma cotidiana, generalmente son desconocidas por la inmensa mayoría de los colombianos.

Necesitamos partidos modernos para una sociedad que quiere modernizarse y para un Estado que necesita modernizarse. Organizar partidos modernos es indispensable, si queremos, en verdad, defender la democracia. La democracia, bien se sabe, no la recibe en forma gratuita ninguna Nación. La democracia se conquista todos los días, se construye, es un ideal político al cual hay que llegar. No hay que pensar que un pueblo tiene ya en forma irreversible un verdadero sistema democrático, lo que un pueblo tiene, en el mejor de los casos, son instituciones que le permiten avanzar hacia la democracia pero, todos los días, esas instituciones requieren reflexión y perfeccionamiento para que en verdad la democracia exista en un país.

Si queremos intentar reformas sociales y económicas para modernizar el país necesitamos partidos que tengan características modernas que permitan sustentar esas reformas sociales y económicas, en su ideología, su organización y su comportamiento.

 

AMÉRICA LATINA

Todo esto tiene además un gran marco, y es el marco de América Latina. Ningún otro sector en Colombia como ustedes, ha tenido una relación más estrecha con el proceso de integración, para calificar las oportunidades de ese proceso o las frustraciones del mismo. Si se mira de 1960 a hoy se encuentra que América Latina ha recorrido un camino para integrarse en medio de la turbulencia política. En estos años, en América Latina han fracasado los gobiernos populistas. Ya de alguna manera América Latina sabe, que ni en los militares, ni en los populistas puede encontrar el tipo de conceptos y de sistemas políticos que le permitan un desarrollo político, social y económico verdaderos. Como consecuencia de estos fracasos que se agudizaron en los últimos años, América Latina vive una nueva oportunidad para la democracia. A pesar de las múltiples contradicciones e incertidumbres en el itinerario de estos años, ha surgido el reto de asegurar que en los próximos quince años la democracia demuestre su eficacia en el manejo de los problemas sociales y económicos en toda América Latina. Esto no lo puede lograr ningún país solo. Cada día el proceso está más interrelacionado, es interdependiente y se necesita que la comunicación entre los países latinoamericanos le dé sustento a las posibilidades de desarrollo democrático. América Latina busca construir una democracia que no puede ser la misma de hace 25, 30 0 40 años cuando era una democracia restringida formalista que se quedaba en las elecciones, que proclamaba la libertad pero no avanzaba en el proceso de lograr la verdadera igualdad política entre los miembros de los respectivos países. Aquella era una democracia restringida, incipiente, primitiva y necesariamente insuficiente.

La de hoy tiene que ser una democracia de desarrollo, de crecimiento en la participación de las clases medias y populares, para que en verdad tengamos un sistema político compartido por todos los colombianos.

Esto tiene importancia para quien piense el desarrollo económico del país porque se requiere el consentimiento de la población para cualquier modelo económico. Quien haga’ especulaciones sobre el modelo económico que quiera proponerle a Colombia, no puede ignorar el contexto político necesario para que ese modelo económico sea aceptado por la población y respaldado por ella. De lo contrario, cualquier modelo no pasará de ser una hipótesis transitoria y una nueva frustración como le ha ocurrido a la mayor parte de países latinoamericanos que intentaron nuevos sistemas económicos con sistemas políticos que no suponían el consentimiento de la población y se derrumbaron por la contradicción con ella. Los resultados de ese menosprecio al modelo político los podemos apreciar en la mayor parte de estos países por el desorden del gasto público, la corrupción y el endeudamiento externo.

 

EL PANORAMA SOCIAL

Además de este cuadro político, debemos observar el cuadro social, donde lo más sobresaliente es el proceso de urbanización. Siempre se ha dicho y yo lo subrayo en este momento que la realidad decisiva de los últimos treinta años en nuestro país ha sido la urbanización. Si a alguien le pidieran que resumiera en una sola palabra lo que ocurrió en Colombia en los últimos treinta años, tendría que decir la palabra urbanización. En torno de ella aparece la explicación de muchas cosas en el proceso económico, industrial, comercial y político. No ha terminado la urbanización. Vamos a vivir nuevas etapas en los próximos años. Vamos a ver qué nos dice el censo de octubre de este año sobre lo que es hoy Colombia y sobre la distribución espacial de su población. con absoluta seguridad todos sabemos que está pendiente una nueva etapa en el proceso de urbanización, en parte, porque personas que ya residen en medios urbanos están físicamente situadas en ellas pero no han sido integradas a ellos, ni en los servicios sociales fundamentales para su supervivencia, ni en su oportunidad de trabajo y en parte porque continuarán las migraciones desde las zonas rurales hacia las urbanas también por falta de oportunidades para trabajar en el campo.

Todo esto nos vincula a un tema inmediato que debe ser el centro de las preocupaciones del actual y del próximo gobierno: el problema del desempleo.

Hemos tenido muchos planes de desarrollo de alcance limitado y aplicaciones precarias. Al hacer esos planes de desarrollo nunca se pensó que el empleo tenía que ser un objetivo prioritario y no solo una resultante de otras variables. El desempleo masivo es un componente explosivo para el proceso político, social y económico. El más grave de todos porque la persona desempleada es la que sufre la discriminación más aguda y destructiva para su dignidad o supervivencia.

La lucha contra el desempleo supone estrategias globales. No hay una fórmula automática y mágica para resolver ningún problema nacional, pero menos la hay para resolver el problema del desempleo. Se requieren estrategias laborales, educativas, tributarias y criterios de inversión pública para impulsar las obras públicas. Políticas de industrialización y políticas de desarrollo de los sectores productivos que naturalmente deben traducirse en medidas del gobierno y criterios de acción del Estado.

Hay otro problema crítico en el orden social del país. Me refiero al problema del hambre y la desnutrición. Problema subestimado generalmente, el cual tiene que ver con la producción insuficiente de alimentos. No tenemos datos recientes, pero los últimos que se dieron por la FAO señalaban que en Colombia hay 5 millones de personas con graves problemas de desnutrición. Mientras esto esté pendiente, no puede haber una organización social justa ni equilibrada, ni puede haber seguridad, ni desarrollo.

Tenemos un problema delicado en educación, primero desde el punto de vista de la filosofía misma del sistema educativo que siempre debe ser cuestionada, revisada y modernizada. Todo sistema educativo tiene que ajustarse al ritmo de las transformaciones científicas y al crecimiento gigantesco de los conocimientos, los cuales interfieren las posibilidades y los alcances de cualquier sistema educativo para incorporar y socializar la población nueva que necesita capacitación y formación. Pero además de esto, en la educación colombiana hay un problema muy grave con repercusiones fiscales y administrativas. Se ha establecido que una de las causas críticas del problema fiscal que vive Colombia, desde hace dos o tres años, es el problema de la financiación del sector educativo el cual está sin solución aún, y todavía peor sin hipótesis de solución. El problema exige la reorganización administrativa del sector interferida por intereses de diversa índole, como la gran inconciencia general ciudadana y los prejuicios sobre lo que es la administración educativa. El problema tiene que resolverse sin perder el ritmo en los esfuerzos de democratización educativa y diversificación del sistema educativo en general. Esto significa un cuadro muy complicado porque el país está viviendo un ciclo demográfico complejo. Jamás hubo tanta población joven en Colombia en términos relativos y en términos absolutos.

El tema demográfico tiene que ver también con otro proceso. Han cambiado las expectativas de vida. El hecho de que el promedio de la población colombiana no espere vivir tan solo 55 0 60 años, sino que empiece a aspirar a los 70 años o Inclusive más, nos crea un cuadro social completamente distinto, y nos crea una población con necesidades diferentes que tienen que ser atendidas también por el Estado en la asignación de recursos y en la defensa de la calidad de la vida de las personas mayores de 60 años. Para que comprendamos las nuevas perspectivas debemos recordar que al final de este siglo las personas de la tercera edad en el país sumarán cerca de 5’000.000 e inclusive más.

Pero hay otra realidad en el cuadro social del país y es que nos ha tocado vivir un proceso de ajuste económico por el problema fiscal y cambiario. En este cuadro de ajustes, los sacrificios no son repartidos en forma equitativa y ello crea contradicciones y conflictos graves. Por otra parte, el desempleo lo sufren más determinados estratos sociales pues así haya desempleo de profesionales, lo cual crea ciertos elementos de frustración agudos, el grueso del desempleo está castigando más a unos sectores sociales que a otros. En segundo lugar, los esfuerzos en materia de salarios han sido necesarios e inevitables, pero implican sacrificios para determinados sectores sociales. El costo del trabajo, en el sector público, a precios constantes se redujo entre 1984 y 1985.

 

EL PANORAMA ECONOMICO

Además de este cuadro social y político es preciso observar el cuadro economico, que comienza por el problema fiscal, el más difícil que haya vivido Colombia en muchos años. Un problema que se ha moderado pero no se ha resuelto.

No nos debe sorprender esta realidad fiscal porque el desequilibrio no se produjo en forma abrupta. El desequilibrio fiscal fue el fruto de un proceso, de una suma de factores, acciones y omisiones, errores que se dieron a lo largo de varios años.

Una crisis fiscal de la gravedad de la que se dio en Colombia al comienzo del presente decenio, no es una crisis que un gobierno pueda solucionar en un año ni mucho menos. Se requieren varias etapas. Lo importante es que en esas etapas haya coherencia, perseverancia, disciplina y austeridad de los ciudadanos y del gobierno.

Este es un punto clave. Se ha hecho un esfuerzo muy grande por mejorar los ingresos del fisco. Creo que este gobierno pasará a la historia como el único que en una sola administración realizó tres reformas tributarias y de pronto cuatro. Gracias a ello han mejorado notablemente los recaudos. Sin embargo no se ha cumplido el esfuerzo verdadero para controlar el gasto público. El Nuevo Liberalismo propuso a fines del año pasado que se conformara una comisión para la racionalización del gasto público. Propusimos que se hiciera un escrutinio total del gasto público, para redistribuir competencias entre la nación, los deparmentos y los municipios y para eliminar entidades públicas que no se justifican. En principio, esta comisión ya está influyendo en algunas decisiones. Entiendo que en la misma elaboración del presupuesto ya hay ideas provenientes del trabajo de esa comisión y se supone que las haya también en las iniciativas que presente el gobierno en esta legislatura.

Yo pienso que todos los sectores que por una u otra razón estamos presentando a Colombia alguna alternativa para la definición del rumbo del país en 1986, debemos participar en este grupo de trabajo y recibir información. Cada uno, de acuerdo con sus criterios ideológicos y políticos, utilizará tal información como le parezca al definir las alternativas que propondrá. Lamento que el oficialismo liberal no hubiera querido participar en este proceso, porque creo que sus dirigentes han perdido una información que les resultaría útil en el desempeño a partir de 1986, según sus posibilidades y perspectivas políticas que calificará el Dueblo colombiano.

En el campo fiscal y tributario hay otro punto de creciente importancia. Me refiero al impuesto a las ventas. El impuesto a las ventas es más dinámico. El que más ha crecido desde 1965 hasta hoy. Nosotros creemos que ese impuesto debe ser el mejor instrumento de redistribución de recursos entre la nación y los municipios. Se estima que para 1986, al menos esa es la cifra que nos entregó el gobierno en el proyecto de presupuesto que empezó a discutir el parlamento, los recaudos por el impuesto a las ventas serán del orden de 165.000 millones de pesos, es decir una cifra semejante a la del impuesto a la renta que será superado en dos o tres años. El Nuevo Liberalismo ha propuesto que la mitad de estos recursos, en forma gradual, sean transferidos a los municipios, para gastos de inversión, en búsqueda del desarrollo de la infraestructura municipal como acueductos, alcantarillados, electrificación rural y urbana y el resto de la dotación básica municipal aún pendiente de nuestro país.

La inflación este año comenzó a un ritmo aterrador. De acuerdo con las cifras oficiales, empiezan a aparecer otras tendencias, ojalá sean perdurables, serias y auténticas. Este tema nos vincula de nuevo al problema de los alimentos, pues la causa crítica del desbordamiento de la inflación en el primer semestre, fue el problema del costo de los alimentos, sobre todo ciertos alimentos estratégicos de la canasta familiar como la papa. Una de las previsiones que tiene que tomar cualquier gobierno es vigilar en forma estricta los alimentos básicos. Es inexplicable que este dato que resultaría obvio para cualquier ministro en Agricultura, no haya influido en las políticas del último año en el proceso de estabilización económica y control de la inflación.

En materia cambiaria se supone que estamos terminando la época más amarga y dura. Cabe esperar que se regrese a una relativa estabilidad frente a lo que sucedió en el curso del último año debido a los represamientos que se habían dado en la política cambiaria por la sobrevaluación del peso que causó tan profundo impacto en la economía.

 

LA CRISIS INTERNACIONAL

El cuadro económico sólo se completa si se tiene en cuenta el efecto de la crisis internacional que sigue siendo una de las peores que haya vivido el mundo en el presente siglo. No es una sola crisis sino por Io menos tres sumadas. Todas ellas graves. Cada una capaz de traumatizar el conjunto de la economía mundial. Por un lado la ruptura unilateral del sistema monetario desorganizó las tasas de cambio en el planeta, anarquizó las tasas de interés y fue uno de los ingredientes graves del problema de la deuda externa de los países de América Latina. En segundo lugar, la crisis energética con todos los elementos tantas veces mencionados, fue otro factor grave, y aun cuando todas las hipótesis sobre precios de petróleos para los próximos 5 0 6 años indican que habrá una estabilización en el mundo inclusive una tendencia a la baja, de todos modos hay realidades que ya son casi irreversibles, pues el petróleo en promedio se sostendrá sobre niveles superiores a 20 dólares. La tercera crisis en la tercera revolución industrial, la revolución electrónica que cambió los procesos de producción en el mundo. modificó hábitos de consumo, transformó los medios de comunicación y por consiguiente todos los factores culturales. Más que un sismo económico, la crisis internacional representa ya tres terremotos sucesivos en diez años.

Dentro de este cuadro de crisis internacional configurado por múltiples factores monetarios, financieros y tecnológicos, los colombianos no nos podemos hacer muchas ilusiones sobre los recursos que pueda tener la nación en los mercados capitales internacionales, ni por crédito, ni por inversión directa. Habrá algo, pero lo poco que haya distará mucho de lo que se necesita. No hay más remedio que admitir que la nación debe trabajar con austeridad. Debemos hacer esfuerzos mayores de ahorro interno para poder financiar el proceso de desarrollo fundamentalmente con nuestros propios recursos.

 

POR UN CAMBIO DE VALORES COLECTIVOS

Quien le prometa al país que habrá milagrosas oportunidades en los próximos años, no le habla en forma leal. Claro que hay oportunidades pero no oportunidades capaces de determinar la transformación inmediata de la vida colectiva.

Uno de los elementos que se deben incorporar al debate político en Colombia, es la mayor lealtad y sinceridad en el escrutinio de las realidades colectivas. No hay gobierno que en cuatro años transforme total y radicalmente una sociedad. Puede haber y debe haber partidos que organicen opciones que a lo largo de varias administraciones consigan una transformación verdadera.

Un elemento de madurez que necesitamos los colombianos es superar la mentalidad inmediatista. Aprender a planear nuestro futuro desarrollo y a entender que los procesos de una nación reclaman como uno de sus insumos indispensables el tiempo y, un tiempo razonable. Creo que hoy Colombia no tiene expectativas inmediatistas. Lo que pide el país son rumbos estables y definidos que le permitan alcanzar en determinados plazos metas colectivas. Aquí es donde aparece el elemento de planeación, tan importante y aparece, también, Otro elemento fundamental para mencionar en este cuadro general. Me refiero a los valores culturales, o sea, al tipo de criterios, principios y referencias de ética colectiva que tenemos los colombianos. Esto es muy importante porque hemos vivido una época prolongada de improvisación, especulación e inmediatismo. Una época en la cual se quiso inculcar en la mentalidad de los colombianos que el capital podía ser fácil y el lucro inmediato.

El efecto ¡terrible! que ha tenido en Colombia el proceso del narcotráfico todavía no lo podemos calificar en todas sus consecuencias. Para hacerle frente con éxito necesitamos crear de nuevo en la nación otros valores colectivos. Y esto se expresa en cosas concretas, por ejemplo, las relaciones entre empresarios y trabajadores. Lo fundamental en esta materia no es que cambie la legislación, lo fundamental es que cambien las mentalidades.

 

LA RELACION CAPITAL Y TRABAJO

Los pueblos que en el mundo han logrado organizar la relación entre empresarios y trabajadores, como aliados de un proceso, en el cual ambos tienen expectativas y aspiraciones propias y complementarias, son los que han sido más competitivos en el mundo y hoy pueden enfrentarse a los mercados internacionales con mayor éxito. En Colombia llevamos más de medio siglo de guerra campal, convencidos que de lo que se trata es de saber si el empresario explota al trabajador o si el trabajador arruina y destruye al empresario. Ambos criterios son absurdos.
Sobre el particular existe un criterio muy inteligente, también de los japoneses. Cuando le preguntan a los empresarios qué opinan de los sindicatos en el Japón contestan: “Lo que es bueno para el sindicato, es bueno para la empresa”. Y cuando les preguntan a los trabajadores qué opinan de la empresa dicen: “Si la empresa va bien, nosotros vamos bien”. Aquí está una de las principales ventajas del Japón y quizás el secreto para sus éxitos.

Este cambio de mentalidad es algo esencial, para superar problemas que ustedes viven todos los días y que están condicionando la organización de las industrias en Colombia y la capacidad competitiva de nuestro país. Con mayor razón en una época como ésta, en la cual es tan urgente la creación de empleo. Tenemos una legislación laboral concebida no para crear empleo, sino para mejorar las condiciones del que tiene empleo. Por ese camino llegamos a la situación de hoy, cuando de los trabajadores colombianos tan sólo una minoría tiene acceso a las posibilidades de un régimen de prestaciones, mientras que la inmensa mayoría no tiene ni siquiera organización sindical y carece de trabajo. La legislación laboral tiene definiciones que perjudican tanto a los trabajadores como a los empresarios y representa, por lo tanto, una materia fundamental en las reformas futuras.

 

EL PAPEL DE LA INDUSTRIA

Perdónenme este prolongado preámbulo para llegar a ustedes. Considero importante establecer el cuadro de lo político, lo económico, lo social y lo cultural para saber en dónde estamos y hacia dónde nos dirigimos. Veamos el papel de la industria, sus perspectivas y factores. En primer lugar, nadie puede decir que en Colombia existe un conflicto insoluble entre el sector agrícola y el sector industrial. Yo no creo en eso, yo creo que es maniqueo y superficial concebir el desarrollo del país en forma parcelada planteando ese tipo de contradicciones. Por el contrario, pienso que los sectores productivos son todos complementarios, interrelacionados e interdependientes. La estrategia de desarrollo tiene que ser concebida sobre la base de reconocer el carácter complementario de las funciones y posibilidades de cada uno de los sectores.

El país necesita diversificación económica, eso es parte de su soberanía, su desarrollo y su seguridad. Por Io tanto, esta diversificación económica está en contradicción con quienes en un momento dado pretenden que sólo puede haber como modelo de desarrollo el que se fundamente en un sector productivo privilegiado en contra de los otros. Yo creo en la industria, en la necesidad del desarrollo industrial del país y en la importancia de Io que ya ha hecho la industria por el país y de lo que puede hacer. Sólo que el progreso industrial es perdurable si nos olvidamos de las condiciones en que se halla el país campesino. Ambos se necesitan. Deseo subrayar el significado de la industria en la modernización económica y social de Colombia.

En primer lugar, si uno mira el proceso de urbanización, lo que fue la Colombia de la década de los 50, qué le pasó y cómo la violencia reflejó y le creó una serie de problemas agudos, es preciso señalar que la industria cumplió una misión decisiva en la absorción de la mano de obra que llegó en forma desordenada a las ciudades y requería la alternativa ofrecida por el empleo industrial.

En segundo lugar, las clases medias, que se han ido formando en el país, en los últimos 30 años, son otro elemento esencial de la estabilización de Colombia y provienen en buena parte del desarrollo industrial.

La industria elevó las condiciones cualitativas del empleo en Colombia. Mejoró el ingreso de los trabajadores, su preparación y ha tenido un efecto muy positivo en la estratificación social. Hoy en Bogotá hay siete estratos sociales. Ya no tenemos una ciudad polarizada en dos estratos, sino que existen por Io menos siete gracias al desarrollo de las clases medias que han crecido merced al proceso de urbanización, el cual, a su turno, es el resultado del desarrollo industrial, no sólo por él pero en todo caso con él.

El desarrollo en los servicios tampoco se puede dar sin el desarrollo industrial. Por lo tanto, el sector terciario, que crea tantas expectativas razonables sobre creación de empleo en el futuro en el país, virtualmente sólo existe o se sustenta en un sector industrial serio generador de riqueza y producción.

 

LA INDUSTRIA METALMECANICA

Dentro del sector industrial está el sector metal-mecánico. Sólo superado, como ustedes saben, por la industria de alimentos, pero en forma muy leve porque son casi iguales en el conjunto del sector manufacturero en el país. La industria metalmecánica ha influido en las ciudades donde está localizada. En Bogotá, Cali, Medellín, Barranquilla, Bucaramanga, Cartagena, Manizales y Armenia, el sector metalmecánico ha tenido un significado concreto y fundamental.

Lo más importante, hoy, es la potencialidad del sector. No sólo lo que ha logrado sino lo que puede lograr. Se volvió un lugar común entre lo expertos decir que la CEPAL se equivocó, sin embargo todavía quedan perspectivas y oportunidades en el modelo de sustitución de importaciones. Claro que no se pueden exagerar las expectativas en las estrategias de sustitución de importaciones, pero, sí hay un sector propicio en Colombia, uno de los que tiene mayores posibilidades de sustituir importaciones todavía en forma importante, es, precisamente, el sector metalmecánico.

Puede haber sustitución de importaciones de materias primas para el sector metalmecánico, Io cual tiene significado desde el punto de vista de desarrollo de la industria básica y puede haber también sustitución de importaciones de bienes de capital. Entre uno y otro aspecto, las materias primas y los bienes de capital representan casi tres mil millones de dólares al año en el total de importaciones del país. Luego, aquí hay un escenario, complejo, difícil, pues nadie puede pretender fórmuIas simplistas, pero hay un escenario para la creatividad. Hay oportunidad para quien quiera todavía darle un margen de dinamismo al crecimiento económico del país teniendo en cuenta las posibilidades de sustituir importaciones.

El sector metalmecánico ha sido especialmente significativo en capacitación y en transferencia y asimilación de tecnología, mucho más que cualquier Otro sector industrial. Quien haga el análisis del SENA en su desarrollo de estos 27 0 28 años de existencia, encuentra influjo especial en todas las necesidades de capacitación derivadas de las expectativas del sector metalmecánico.

¿Qué necesita este sector? Yo no voy, ni mucho menos, a revelarles nada a quienes viven estos problemas todos los días, pero, es bueno subrayar algunos puntos claves. Este sector necesita protección. Ya sabemos lo que le ocurrió cuando se la quitaron. Necesita protección razonable, 10 que quiere decir, una protección que le permita consolidarse y crecer, no una protección cómplice, que lo convierta en sector ineficiente, porque eso, además, jamás funciona de manera indefinida. Debe haber estabilidad para que esa protección sea eficaz. No le sirve mayor cosa a un sector que lo protejan por cierto tiempo, y sorpresivamente le cambien las reglas de juego. Esto es importante, porque también es un sector complejo, hay áreas que son competitivas y otras que no lo son en los mercados internacionales. La industria liviana y la industria de bienes de consumo en buena parte en el sector metalmecánico colombiano ya son competitivas. Otras áreas, por el contrario, sobre todo en industria básica, requieren rotunda protección.

El sector necesita, como ustedes muchas veces lo han dicho, una política de compras oficiales. Va contra ello el efecto de los créditos atados. Según el examen que ha hecho el INCOMEX sobre la materia, en el último año, se ha establecido que todavía muchas entidades públicas hacen importaciones de bienes de capital y otros bienes que podrían ser abastecidos por la industria nacional. Créditos otorgados por el Banco Mundial o por el Banco Interamericano de Desarrollo, en principio con créditos que inducen a importar, además, existe una mentalidad importadora en los funcionarios que obran así con criterio cómodo y simplista, pero muy grave para la consolidación y la defensa del mercado interno de un sector industrial especialmente dependiente de las propias compras oficiales.

 

LA INTEGRACION

De otro lado está el problema de las exportaciones y más concretamente, de la integración. Ningún otro sector económico en Colombia ha tenido tanto significado en el proceso de integración con Venezuela y Ecuador. Las exportaciones del sector metalmecánico en un altísimo porcentaje son para países del Grupo Andino o países centroamericanos y del Caribe. El tema de la integración atraviesa una crisis muy delicada. Fundamentalmente por falta de voluntad política y cierta cobardía de los dirigentes de todos estos países frente a decisiones cruciales para avanzar en el proceso de integración. Hubo miedo al riesgo, hubo también problemas de delimitación fronteriza que perturbaron la integración o la han perturbado. América Latina tiene que resolver los problemas fronterizos que muchas veces son factores irritantes para las relaciones comerciales e industriales.

En el caso del diferendo con Venezuela he planteado esta tesis: o resolvemos rápido el problema, en serio y a fondo, o lo congelamos 30 0 40 años para que no sirva de pretexto en otras decisiones que son fundamentales para la evolución de las relaciones entre los dos países. Claro está que este congelamiento debe hacerse con acuerdos sobre pesca y tráfico marítimo en la zona controvertida, pero, al neutralizar el problema de la delimitación estoy seguro que en una o dos generaciones causará irrisión pensar que ese problema creó tantas interferencias en las relaciones entre dos países que se necesitan recíprocamente.

Claro que también hubo otros factores en el problema de la integración para que se creara la crisis en que nos hallamos. La desigualdad en el desarrollo entre los países latinoamericanos complica las cosas. Creamos más oportunidades para unos que para otros en las coyunturas de integración. Bien sabemos que Argentina, Brasil y México tienen un determinado nivel de desarrollo. Existe otro nivel de desarrollo para los llamados países intermedios en donde estamos nosotros y en un tercer nivel están Ecuador y Bolivia. Al lado de estas desigualdades económicas hubo otro problema que acabó de complicar las cosas. Siendo todos partidarios de la libre empresa dentro del Estado moderno no eran todos demócratas. Como consecuencia de ello coexistieron en América Latina gobiernos totalitarios con gobiernos democráticos y esto hizo más difícil construir la voluntad política sin la cual no es posible la integración. De otro lado, la negociación producto por producto, es muy engorrosa y la programación industrial, que sería el ideal en teoría, tiene complicaciones de fondo, si no está de por medio la voluntad política para asegurarla. Es muy fácil que se asuste cualquier gobierno frente a las presiones de un sector interesado en asegurar determinado rumbo para la programación industrial en el respectivo país.

 

LIBRE EXAMEN EN LA HABANA

Hay que mirar más lejos. Yo creo que la integración va a vivir una nueva etapa. Para algo tiene que servir el problema de la deuda externa. Al menos para acercarnos a los latinoamericanos. Ya hasta Fidel Castro convocó a los colombianos que no nos logramos reunir en el país. Los reunió en La Habana para examinar el tema y logró convocar además a centenares de dirigentes de toda América Latina sobre la materia con el criterio más liberal del mundo, además. No había ningún dogma, ningún preconcepto, ninguna referencia forzosa en relación a la deuda externa. Era un verdadero libre examen en La Habana sobre deuda externa, Entonces, si ya la deuda externa nos está acercando a los latinoamericanos, con mayor razón en los próximos años se avecina otra etapa. Nuestros países están viendo la relatividad de las fronteras. Si, por alguna razón, además, creo en propuestas suprapartidistas en Colombia es porque ésta es una época supranacional en América Latina. Se necesita salirse de ciertas camisas de fuerza y ataduras que crean visiones restringidas y limitadas del proceso político, social y económico para ver todo el cuadro de nuestro hemisferio. América Latina tiene hoy más de trescientos millones de habitantes, pero pasará de quinientos en sólo 15 años, por lo tanto, en América Latina las contradicciones sociales y las contradicciones económicas terminarán por reflejarse profundamente en el comportamiento político de nuestros países en los próximos años. Este nuevo contexto político latinoamericano tendrá consecuencias en los procesos económicos y los colombianos no debemos ser sorprendidos por tales procesos.

Nuestro país difícilmente será una potencia económica en América Latina, siempre será, de todos modos, un país importante. Pero lo que puede ser, lo que ha sido nuestro país, es, de algún modo, una nación líder en el examen de la realidad histórica de esta zona del mundo. No fue una coincidencia que la independencia de estos pueblos, se hubiera dado, en buena parte, por el testimonio de nuestro país, hace 160 años. Tampoco será una coincidencia que en el proceso de los próximos años haya una presencia colombiana más profunda. La experiencia del Grupo Andino, dejó un cierto sentimiento de frustración, pero ni mucho menos se puede decir que haya sido inútil. Lo que pasa es que frente a las expectativas se generó frustración, pero, de todos modos, se abrieron caminos. Caminos que debemos seguir construyendo y cada vez de manera más holgada para impulsar el de integración económica, el cual suponen infraestructura física en comunicaciones, transporte y otros factores concretos de comercialización en los cuales la lucha, para cualquier empresario que quiera acercarse a un mercado vecino, es una lucha imposible casi utópica. Eso lo saben quienes han hecho el esfuerzo más importante en el Grupo Andino, precisamente ustedes.

 

MIRAR AL PACIFICO

Pero además de América Latina hay que mirar hacia otro horizonte. Hay que mirar al horizonte del Pacífico. Ya los grandes cambios demográficos en Estados Unidos que significaron el desplazamiento de la población del noreste hacia el suroeste son un anticipo de lo que está empezando a ocurrir en el mundo. Me refiero al otro lado del Pacífico, al Japón, a la China y a los demás países que allá están organizando su desarrollo con perspectivas completamente nuevas. Nosotros tenemos que tener esto en mente, no para abandonar el Atlántico, pero sí para llegar por fin al Pacífico. Parece que necesitáramos de nuevo a Vasco Núñez de Balboa para descubrir lo que tenemos.

 

LAS MATERIAS PRIMAS

En cuestiones de producción, pienso que el punto crítico para el sector metalmecánico está en el abastecimiento de materia prima, lo cual significa tomar decisiones sobre un punto clave. Si Paz del Río pasa a una nueva etapa o no. Si se procede a impulsar una nueva siderúrgica, por ejemplo, en la Costa, en función del carbón coquizable y de las ventajas de localización. Necesitamos, además, definir la suerte de nuestras posibilidades en cobre y en aluminio, recursos naturales que el país tiene y cuyo significado en el conjunto de abastecimiento de materias primas aún está pendiente.

 

DEPRECIACIONES Y REPOSICION DE EQUIPOS

Necesitamos hacerle frente al problema del crédito y del saneamiento de pasivos en la inmensa mayoría de nuestras industrias. Yo quiero aportar un tema que se ha discutido en nuestro sector político como un punto importante que explica algunos dolores de cabeza de las industrias colombianas. Los colombianos no hemos aprendido a manejarla inflación y no tenemos un diseño adecuado de muchas decisiones en materia contable y tributaria que recojan en verdad el efecto de la inflación. Concretamente, hay utilidades ficticias debido a la inflación.

Como consecuencia de ella hay dificultades para hacer la reposición de activos con la actual estructura contable y la actual estructura tributaria.

Lo que yo estoy aportando aquí, no es ni mucho menos original, es fruto del aporte de empresarios que nos han ayudado en la elaboración de nuestra plataforma política y en la interpretación de los problemas nacionales en el debate que hemos realizado, sobre todo durante el primer semestre de este año, con el fin de preparar las propuestas del Nuevo Liberalismo al país.

La inmensa mayoría de las industrias colombianas tiene un sistema de depreciación que no consulta la realidad. Cuando se ven en la necesidad de reponer activos, no disponen del capital adecuado para hacerlo y se sienten obligados a hacer dos cosas igualmente graves, o endeudarse que es lo que les ha ocurrido a muchas, con las tasas de interés y las circunstancias del mercado financiero de estos años, o algo igualmente grave, no endeudarse y entonces aceptar la obsolescencia de sus equipos y perder posibilidad competitiva.

En los Estados Unidos, desde hace 9 años se introdujeron conceptos nuevos para manejar precisamente desde el punto de vista contable, los criterios sobre reposición de activos y manejo de depreciaciones. Esta debe ser una política de la Superintendencia de Sociedades, inclusive no desde el punto de vista tributario, si es que alguien piensa que aquí se trata de buscar alguna salida para obtener ventajas tributarias, sino desde el punto de vista contable. Este es un problema que debe ser atendido pronto. Francia, Gran Bretaña, los mismos países latinoamericanos ya tienen sistemas nuevos sobre esta materia, reconociendo la importancia del factor inflacionario que cambia muchos criterios tradicionales sobre el manejo del tema.

Naturalmente se necesita, lo que tantas veces se ha proclamado, y nunca se ha hecho y es, definir una política industrial, lo repito, no sobre la idea de crear sectores privilegiados, ni de crearle contradicciones al sector industrial con otros sectores de la economía colombiana, sino dentro del ánimo de identificar objetivos y prioridades sobre los temas tratados.

 

LA CONCERTACION

Tenemos que entender que todo esto sólo se puede manejar con criterios de concertación. Ni los industriales pueden decidir solos, ni el Gobierno puede decidir solo. Se necesita concertación, Io cual supone entre otras cosas, estabilidad en los interlocutores. No puede haber una política industrial con cuatro ministros de Desarrollo Económico en tres años, cada uno de ellos, seguramente, con ideas distintas sobre política de ensamble, políticas de vivienda popular o de comercio exterior. En esa forma el sector industrial podrá reconocer al Estado como el aliado que necesita y el apoyo que requiere para sus decisiones, su crecimiento y su desarrollo.

Es preciso que ustedes actualicen la plataforma metalmecánica. Alguien me contaba que fue colocada en la gaveta por un presidente de la República cuando se la presentaron por primera vez, sin darle la menor consideración, pero hoy se necesita identificar con claridad qué sería una plataforma metalmecánica capaz de precisar los instrumentos de apoyo para el sector industrial.

Todos los problemas que he comentado son esencialmente políticos, en el mejor sentimiento de la expresión. Y está bien que así sea. Necesitamos reivindicar la noción de lo político, que es algo muy distinto de lo electoral. Lo grave es que en Colombia se les ha confundido. Lo político, dije al comienzo, es la construcción de la voluntad colectiva frente a los problemas colectivos. Esta voluntad colectiva en una democracia y en una sociedad de economía mixta como es la nuestra, supone la concertación, la comunicación permanente y la verificación de lo que ocurra con los planes en curso así como la evaluación de los actos del gobierno. Por eso he querido hacer ante ustedes un bosquejo de la situación nacional y ubicar, dentro del mismo, los problemas que más directamente los afectan a ustedes, así como la función que la sociedad confía a los industriales que quieren comprometerse con una dimensión social y patriótica de sus tareas como empresarios y gerentes. Menos que una disertación quiero que entiendan mis palabras como una invitación a reflexionar sobre Colombia y a identificar las múltiples relaciones que tienen nuestras acciones individuales con los grandes problemas y factores de la vida de todos los colombianos.