D017 P032 | Estado: Justificación y manejo

Documentos Nuevo Liberalismo | Luis Carlos Galán

D017 P032 | Estado: Justificación y manejo

Disertación del doctor Luis Carlos Galán como candidato presidencial ante la XLI de la Asociación Nacional de Industriales – ANDI. Septiembre 12 de 1985.

Entiendo que una campaña política, en una democracia moderna consiste esencialmente en el proceso por medio del cual una nación define la voluntad colectiva frente a los problemas colectivos; construye esa voluntad a partir de las reflexiones, los intereses, las necesidades, las aspiraciones de todos los sectores sociales y frente a toda clase de problemas de tipo tradicional, problemas nuevos, o problemas que en la perspectiva de la interpretación de la respectiva sociedad estén planteados. Por ese motivo, desde hace un poco más de un mes, cuando asumí la responsabilidad de representar los ideales y las tesis que el movimiento por el Nuevo Liberalismo le propone a Colombia, he estado dedicado a la tarea de presentar, en los más diversos escenarios, cuáles son las reflexiones fundamentales de nuestro sector político, cuál es la interpretación que nos guía de la realidad nacional, cuál es el inventario que tenemos de sus problemas, cuál es el balance de sus recursos y en qué consiste la alternativa que le proponemos a la Nación. Ese es un proceso intenso y prolongado que queremos realizar en la forma más constructiva y civilizada, como otro elemento fundamental para contribuir al desarrollo político de Colombia. Se dialoga en las plazas públicas, en los barrios, en las veredas; se verifican las tesis con el escrutinio de los medios de comunicación, se habla ante los gremios, ante los sindicatos, ante las universidades y ante las asociaciones profesionales o en el caso de los gremios, como lo he expresado en otros auditorios a lo largo del último mes y medio, yo entiendo que la audiencia está conformada no únicamente por empresarios, administradores de empresas, sino sobre todo por ciudadanos, personas que tienen derechos y deberes frente al Estado y frente a la sociedad. El caso de la ANDI para mí tiene especial significado por presentarme por primera vez ante un auditorio de esa naturaleza. Mi padre trabajó en la ANDI por más de 9 años en una de sus etapas más significativas e importantes de desarrollo y uno de mis hermanos igualmente trabajó en la ANDI en la Seccional de Santander hace algunos años, de modo que aun cuando jamás me haya reunido con este gremio, tengo relación especial con el mismo.

En 1981 no fueron muy numerosos los contactos con los gremios, cuando iniciamos el tipo de diagnósticos que hemos presentado al país y las proposiciones para afrontarlos. Sin embargo, al cabo de tres procesos electorales, en los que nuestro sector político se ha consolidado como una fuerza significativa a escala nacional en el proceso de decisiones de la Nación, ya el diálogo con los distintos tipos de asociación que existen en Colombia resulta y debe ser mucho más profundo, concreto y detallado. Espero que al término de las reflexiones que voy a expresarles haya la oportunidad de contestar a sus preguntas o las observaciones que ustedes deseen formular sobre los temas que yo haya planteado o que ustedes quieran agregar. He tenido ocasión de entrevistarme en reuniones similares con la Asociación Colombiana de Pequeños y Medianos Industriales, Acopi, con Fedemetal, con Fenalco, con Fendipetrol, ahora con la ANDI, en el curso de los próximos dos meses estaré ante auditorios de Camacol, Fedecámaras, la SAC, Fedelonjas y numerosas agremiaciones profesionales.

 

LA COMPLEJIDAD DE LA CLASE DIRIGENTE

La primera impresión que tengo de esos encuentros es la de que la clase dirigente del país es mucho más numerosa y compleja de lo que se cree a primera vista.

No es Colombia una Nación conducida en su sector privado por unos pocos centenares de personas ni mucho menos. Por el contrario, desde el punto de vista puramente cuantitativo ya es de especial significación considerar que son más de 5.000 personas las que participan en este tipo de deliberaciones gremiales. Ha habido un desarrollo en la organización gremial del país que refleja naturalmente la complejidad de los procesos sociales y económicos y en donde el diálogo se hace no únicamente con propietarios sino también con administradores, con empresarios, con hombres que cumplen funciones muy especiales en la promoción del sector privado en su representación y proyección. ¿Qué es lo que se encuentra en esa reuniones? Se encuentra fundamentalmente que el empresario colombiano quiere trabajar libremente, invertir, asociarse libremente, pensar libremente, participar en la construcción de un país moderno.

El encuentro con los empresarios no ha sido únicamente el que se ha cumplido dentro de los gremios. En el Nuevo Liberalismo, durante todo el año hemos hecho la preparación de nuestra plataforma política, no invitando a la participación, sino viviendo la participación y en los Foros realizados en Barranquilla, Cali, Medellín, Bucaramanga y Bogotá, entre otras ciudades, intervinieron empresarios.

Varios de ustedes estuvieron en algunos de esos foros en los que hicimos el examen completo de la realidad nacional y la identificación de los problemas que quiero comentar esta tarde.

 

LOS PRINCIPALES PROBLEMAS DEL PAIS

¿Cuáles son las preocupaciones fundamentales de la Nación en este momento? Es difícil hacer un inventario al mínimo detalle, pero en los grandes elementos de ese inventario yo creo que cabe subrayar los siguientes: el primer problema es el de LA PAZ y la seguridad. Todos lo sentimos, lo sabemos, lo creemos así, pero no siempre se menciona cuáles son las consecuencias concretas de ese problema. Mueren en el país más de 10 mil colombianos en homicidios simples al año y mueren por razones de violencia política, que es un aspecto de la violencia, pero no el único, entre 600 y 800 según las cifras de la Policía Nacional de los últimos años. Cifras que todo indica, dolorosamente, van a ser superadas en el presente año.

Tenemos un problema grave de DESEMPLEO en las proporciones ampliamente conocidas, pero, no siempre se advierte que en ese problema de desempleo que compromete el 14.5% de la población económicamente activa del país, al menos en las siete principales ciudades, las proporciones son mayores si se hace un análisis por sectores sociales.

Si se distingue desde el punto de vista generacional se encuentra que probablemente más del 40% de los jóvenes entre 16 y 25 años se hallan desempleados, o se encuentra que del mismo modo, entre las mujeres las cifras de desempleo son muchísimo más altas en promedio nacional.

Tenemos todavía y lo tendremos por un cierto tiempo, a pesar de los programas de estabilización, un problema grave en materia fiscal que causa profundo impacto en la infraestuctura del país, en el desarrollo de su infraestructura física, de sus servicios sociales y de sus servicios públicos.

El gobierno va a presentar en el curso de los próximos días un nuevo proyecto de saneamiento de las FINANZAS PUBLICAS a pesar de lo que ya había presentado y tramitado en el Congreso en los dos últimos años y medio y lo tendrá que hacer para resolver un problema de por lo menos 85 mil millones de pesos en lo que resta del año. Y el proyecto de presupuesto que presentó el gobierno para 1986 a consideración del Congreso es un proyecto en el cual el mismo gobierno confiesa que hay un desequilibrio de 148 mil millones de pesos. En los estudios que ha hecho el grupo económico del Nuevo Liberalismo sobre los estimativos de recaudos y las previsiones de gastos, consideramos que el déficit para el año entrante es del orden de 220 mil millones de pesos.

En cuarto lugar tenemos un problema delicado de Independencia Nacional, que está vinculado a la evolución de la deuda externa, la cual compromete un alto porcentaje del presupuesto del Estado. En las cifras que presentó el gobierno a consideración del Congreso de los 648 mil millones en que afora el presupuesto del 86, 140 mil millones están comprometidos en el servicio de la deuda en el próximo ano.

Y tenemos un Sector Financiero con serias dificultades, entre otras razones porque la cartera de difícil recaudo ya está superando el nivel de los 170 mil millones de pesos.

Las negociaciones sobre el crédito externo continúan estrechamente vinculadas a los problemas de la deuda pública y de la deuda privada externa. Más allá de estos grandes temas que van creando el cuadro económico y social para la próxima administración, tenemos un extenso catálogo de materias de interés público.

En el proceso que hizo el Nuevo Liberalismo para preparar su plataforma política, intervinieron algo más de 3 mil personas y en ese proceso se discutieron algo más de 300 ponencias y nos encontramos con que por lo menos 85 materias reclaman una definición sobre el Estado, sobre la sociedad o sobre la posición política de un sector que quiere en verdad acercarse a una interpretación de la Colombia contemporánea. Temas como la reforma de las instituciones, la política exterior, la política económica, las perspectivas energéticas, el futuro de los distintos sectores productivos, el porvenir de los recursos naturales, la política social, la política urbana, han configurado un escenario que no puede ser ignorado por quien quiera interpretar la realidad del país y proponerle a Colombia el curso de su destino en los próximos años.

EL ESTADO Y LA SOCIEDAD MODERNOS

Lo primero que aparece de todo este cuadro es la complejidad de la sociedad y del Estado Modernos. La multitud de relaciones, factores e interrrelaciones que existen en el proceso público que se hacen inclusive mayores si se piensa que en Colombia conviven sociedades industriales, preindustriales y campesinas; conviven culturas y épocas históricas y en todo ese cuadro tan heterogéneo y complejo es indispensable que entre todos los colombianos y especialmente quienes tenemos algún tipo de responsabilidad en el debate público, logremos encontrar la verdadera voluntad colectiva para responder a los problemas colectivos.

Para lograrlo naturalmente hay que afrontar, como lo plantea la ANDI, en la agenda de esta asamblea a partir del discurso de su presidente, el problema de las instituciones, porque mientras no esté claro cómo está conformado el poder, mientras no esté resuelto el problema de las instituciones, es muy difícil o probablemente imposible resolver los problemas sociales y económicos y afrontar la extensa agenda que menciono.

Sin embargo, acercarse al examen de las instituciones, dela reforma de las instituciones significa acercarse al Estado y hacer un poco de historia sobre por qué existe el Estado. Qué tipo de respuesta política ha representado, a qué tipo de contradicciones sociales y económicas; no es algo que haya sucedido por generación espontánea ni algo que haya sido el fruto de la imaginación periódica de gobernantes de Colombia o de legisladores.

 

LA RESPUESTA POLITICA AL CONFLICTO DE CLASES

Más allá de eso el Estado moderno, el Estado del siglo XX, el Estado que algunos llaman del bienestar y otros llaman el Estado Social, el Estado Intervencionista, el Estado Asistencial, surgió después de determinados hechos históricos que se dieron no solamente en Colombia, sino prácticamente en todo el mundo y especialmente en el mundo Occidental. Este Estado es o ha sido la respuesta política al conflicto de clases.

Después de la revolución rusa que pretendió acabar con las clases en forma violenta e imponer una dictadura del proletariado y de la crisis del año 30 que demostró los ciclos y los problemas del sistema capitalista, surgió no sólo en Colombia sino en todo el mundo, este Estado con un cierto conjunto de tareas para compensar los desequilibrios sociales que se dan en la economía de mercado y para evitar que el mundo cayera en el dilema del viejo Estado Liberal Manchesteriano del absolutismo individual o el Estado que planteaba la Unión Soviética con el absolutismo colectivo. El Estado que tenemos, el que tienen la mayoría de los países europeos, el que tienen la mayoría de los países de occidente, surgió por esta razón y esta ahí para corregir desequilibrios. Es su justificación, su tarea, además de intervenir en la dirección de la economía, de buscar la estabilización política y económica de las Naciones. ¿Con qué instrumentos? Con instrumentos como la tributación, como la intervención, como el aparato administrativo y como la demócracia pluralista.

Este Estado no es original nuestro. En buena parte los constituyentes y legisladores que en distintos momentos han intervenido en la elaboración de esas instituciones, han aplicado conceptos, criterios y valores propuestos por pensadores europeos. Esto forma parte de una experiencia política de Occidente a la cual nosotros estamos vinculados y seguiremos vinculados. Pero es una respuesta insuficiente para países como el nuestro en donde aún falta creatividad, no sólo en Colombia sino yo diría que en todos los países de América Latina, para trabajar en la construcción de nuestras propias instituciones y para interpretar las realidades sociales y económicas de nuestros pueblos.

Una, llamémosla así, élite intelectual, condujo este proceso y yo creo que en los elementos fundamentales, lo condujo bien para sus circunstancias, sus herramientas y posibilidades. Pero no toda la Nación ha quedado integrada a ese proceso, ni lo ha entendido y la verdad es que tenemos un sistema democrático débil que el país no comprende. Lo soporta y eso se refleja en cosas como la abstención electoral, o como la renuencia general de la población a contribuir con impuestos al sosteniniento del Estado que no conoce, no entiende y al que no le cree. Ese Estado se preocupó fundamentalmente, en una primera etapa, por conseguir el dominio de los habitantes y ser respaldado en su autoridad por los habitantes del país. Ello explica que la primera posición de ese Estado fue buscar obediencia, así fuese necesario acudir a herramientas que se creían excepcionales como ha sido la del Estado de Sitio. Hoy ese Estado ya no busca obediencia, ni puede buscarla. Simplemente ese Estado necesita colaboración, necesita cooperación de los habitantes del país, lo cual significa un enfoque político completamente distinto para entender las prioridades del desarrollo institucional o para entender la justificación misma de la acción política. En ese proceso, por diversas razones que bien tenemos en mente, sobre lo que ocurrió en Colombia a mediados del siglo, fue necesario establecer instituciones transitorias. Allí fuimos originales, nos tocó ser originales, pero desafortunadamente esas instituciones transitorias no permitieron que hubiese alternativas ‘dentro del propio sistema de instituciones y como no ha habido alternativas, como le ocurre a cualquier sistema político que se halle en esas circunstancias, el sistema se ha degenerado. Sistema político que no tenga alternativa dentro de sí mismo, tiende a degenerarse. Y por esa razón estamos en las reflexiones de hoy preguntándonos qué hacemos con el Estado y cómo afrontamos sus problemas.

 

NI ESTADO ENANO NI ESTATISMO

Hay unas dos tendencias iniciales. La una a decir: reduzcamos al Estado, volvámoslo pequeño, enano si es posible, con la mejor intención probablemente, pero tratando de evadir una realidad: que está ahí y que nos impide, pienso yo, otro tipo de actitud. La otra posición es la de avanzar en un proceso de estatismo indiscriminado e interminable, de seguirle atribuyendo al Estado funciones, recursos, tareas, instrumentos, a pesar de que todos lo sabemos, en medio de sus fallas, su eficiencia, necesariamente ese proceso tiene límites, condicionamientos y además, no permitirá resolver los problemas del país.

Debilitar el Estado en una sociedad desigual en Colombia o en cualquier región del mundo, es en la práctica dejar por un tiempo la sociedad en manos de los poderosos, pero es en el mediano plazo la manera de conseguir que se produzcan fracturas tan radicales que esos poderosos terminan por desaparecer en medio de una revolución violenta.

Y permitir el estatismo indefinido, es asfixiar a una Nación, oprimirla por un camino o por otro, terminar también en un proceso represivo y opresivo.

APRENDER A MANEJAR EL ESTADO

Nuestro criterio es otro. Nuestro criterio es proponerle a los colombianos que aprendamos a manejar el Estado, que ha crecido tanto, en tan corto tiempo, para sorpresa de todos y sin que podamos asimilar sus características, posibilidades y funciones en forma oportuna. Sabemos que lo necesitamos para varias tareas en las que no puede ser sustituido y para las que no puede ser debilitado. Lo necesitamos como único medio decisivo para hacerle frente al problema social que sigue siendo su razón de ser histórica. LO necesitamos en un momento en el cual se internacionaliza la vida colombiana, se internacionaliza la economía y todos los procesos fundamentales políticos y sociales entran dentro del contexto ya no sólo de los factores internacionales. En esos escenarios internacionales necesitamos al Estado como expresión de los intereses de la Nación y como elemento coordinador y aglutinante de las posibilidades de todos los sectores en sus derechos y oportunidades, y lo seguimos necesitando para hacer infraestructura física para desarrollar servicios públicos. Lo necesitamos para que siga valorizando el capital social, representado especialmente por la capacidad intelectual de los colombianos obtenida por el desarrollo del sistema educativo, que en buena parte depende y dependerá de todos modos del Estado, a pesar del sistema mixto de enseñanza pública y privada.

Lo necesitamos para tomar decisiones cruciales en materia de recursos naturales, inmediatas, que tienen relación con el patrimonio petrolero y minero, con recursos como el mar, en los que también la conducción del proceso supone el papel protagonista fundamental del Estado. Todos los demás motivos de intervención del Estado en la economía siguen siendo válidos y ustedes muchas veces los han comentado y los han reconocido en su importancia y necesidad. Me refiero al sistema de subsidios directos y fiscales, a los elementos de protección del mercado que de todos modos tiene que manejar el Estado, al crédito de fomento que se requiere para hacerle frente a múltiples materias, a múltiples posibilidades de desarroll0 económico y además para hacerle frente a los ciclos. Se dice a veces que el Estado es, para usar el adjetivo que se ha mencionado recientemente, epiléptico. Cuántas veces no interviene o no sabe cómo interviene. Esto, en buena parte es cierto y corresponde a cierto tipo de problemas que es preciso resolver, pero también es consecuencia de lo que ocurre en un sistema de economía mixta, en donde, en las épocas de crisis el Estado es intervencionista porque la propia economía le pide que intervenga para manejar la crisis, mientras que en la época de bonanza el Estado tiende a actuar menos, lo cual es uno de los defectos que tiene este sistema, este tipo de Estado y es que no puede prevenir los procesos, sino que tiende a actuar cuando ya están en curso, cuando ya están planteados los problemas.

Sin duda alguna, esa intervención que se justifica por razones como las que he señalado, plantea también graves problemas, que aun cuando ustedes han comentado no sobra reiterar. La intervención condujo y conduce al burocratismo. En el caso de Colombia, sobre todo, sí que condujo al burocratismo. Pero la burocratización en el país no se dio únicamente por razón de la intervención del Estado, como el papeleo y los trámites no se dan simplemente por la intervención del Estado. Se dan entre otras razones por el incremento de la burocracia que se desprendió del pacto político que fue necesario entre liberales y conservadores para superar los problemas de mediados de siglo.

¿Cuánto costó el Frente Nacional? Algo tenía que costar en medio de sus virtudes. Como toda empresa colectiva, tiene activos y pasivos y entre los pasivos hay que señalarle al Frente Nacional el crecimiento desmesurado de la burocracia precisamente porque se basaba en el concepto aritmético de la paridad que necesariamente inducía participaciones equivalentes entre los sectores políticos. Allá está el origen de los trámites. El problema no es tan sencillo como eliminar firmas o como reducir papeles. El problema más grave es hacerle frente a una realidad burocrática ya establecida, que en buena parte surgió como consecuencia de este tipo de acuerdos políticos pactados por quienes han dominado la política colombiana en los últimos 30 años y por quienes además permitieron que se convirtiera en sistema burocrático-electoral el propio sistema político colombiano.

Naturalmente un Estado burocratizado con esas funciones y esos elementos está expuesto a la corrupción o sea a que se aproveche en beneficio particular el bien público o el recurso público. Naturalmente es ineficiente y por otro lado desequilibrado. Desequilibrado en el sentido de que la antigua noción de la división de los poderes quedó desbordada por la realidad de la prepotencia del ejecutivo, sobre todo dentro -del sistema de instituciones que definimos los colombianos a lo largo de los últimos 25 años, en parte como consecuencia de la Constitución del 86, como primer antecedente, pero sobre todo como consecuencia del desarrollo del propio Estado moderno y de las características de su desempeño en estos años.

Por otra parte, esa intervención tiene problemas graves en la representación popular. Se supone un Estado que se basa en democracia pluralista. Pero mientras esa democracia pluralista esté sin desarrollar o desarrollada en forma parcial, no podrá responder a todas las hipótesis que tiene el Estado democrático. Existe una clásica definición, según la cual, los partidos políticos tienen a su cargo servir de instrumento de comunicación entre la sociedad civil y el Estado. Y a partir de esa definición podemos ver que en Colombia, por una parte, el Estado creció en una forma acelerada y dramática en los últimos 50 años, pero la sociedad civil también, por otras razones, muchas veces independientemente de la propia acción del Estado, tuvo grandes cambios. Los partidos políticos no han logrado interpretar en forma oportuna ni al uno ni a la otra, ni al Estado ni a la Sociedad. Yo creo que el Estado moderno es una estructura irreversible que no se puede volver al año cero. Se necesitaría abolir la democracia política para que fuese posible cambiar radicalmente ese tipo de Estado que se construyó. Es decir sólo una dictadura de extrema izquierda o de extrema derecha pueden destruir este tipo de Estado, luego no tiene sentido que nos hagamos a la idea de cuestionarlo y criticarlo como si fuese responsable de los problemas que tenemos, en vez, como yo creo, de preocuparnos de su reforma, su revisión, su estudio.

 

LAS ESTRUCTURAS Y LOS SERES HUMANOS

No hay sistema político perfecto, no hay fórmula mágica para resolver los problemas de la organización social y política y no hay sistema que inclusive no dé margen a aplicaciones abusivas o arbitrarias de sus propias instituciones. Siempre hay dos cosas que deben ser igualmente atendidas y consideradas: ¿Cuáles son las normas? ¿Cuál es la estructura del poder formal y cuál es el comportamiento real de los seres humanos? ¿Cuáles son sus valores? ¿Cuál es su mentalidad? La misma Constitución que tenemos en Colombia, aplicada en un país europeo, produciría consecuencias políticas diferentes y el mismo texto aplicado en Africa, tendría otro tipo de desarrollos y consecuencias, porque independientemente de lo que digan las normas, de lo que se entienda como sistema de instituciones, están los seres humanos, con sus necesidades, sus valores, sus criterios, sus ideales, sus defectos y sus virtudes condicionando ese sistema político. De todos modos, este Estado tiene el gran valor histórico para los colombianos de representar el primer gran esfuerzo para conciliar la libertad política y la democracia económica y social. Es, con todos sus defectos, factor fundamental para evitar que en nuestro país pueda haber gobiernos totalitarios y debemos entender que es nuestro, que nos pertenece, que no nos es ajeno, no es de la burocracia, tampoco es de los partidos, ni es de los grupos de presión. Es de toda la Nación y lo importante es precisamente que todos los colombianos entendamos que es el gran instrumento estabilizador de nuestras relaciones, que todos sostenemos y que a todos nos afecta en sus acciones y en sus omisiones.

Pensando en esa realidad y en ese contexto, en esas virtudes, funciones y defectos del Estado moderno, proponemos dos grandes criterios para afrontarlo: la racionalidad del proceso político en primer lugar y en segundo lugar la racionalidad, llamémoslo así, de la praxis administrativa. En otras palabras, examinar cómo se origina la autoridad para que sea verdaderamente democrática entre nosotros, por una parte, y por otra examinar cómo se manejan los recursos de todos para que esa administración sea eficiente, seria y se ajuste dentro de las virtudes y defectos del Estado moderno al mejor manejo posible de los recursos.

 

LA RACIONALIDAD DEL PROCESO POLITICO

El primer tema, la racionalidad del proceso político, la democratización en el origen de la autoridad, se refiere a problemas muy concretos entre los cuales subrayo los siguientes: ¿Quién está representado en el Estado colombiano? Desde el punto de vista cuantitativo, la mayoría de la Nación no está representada, no participa en los procesos electorales, no interviene en la escogencia del Presidente de la República o al menos, hasta ahora no lo ha hecho. No interviene en la escogencia de los miembros del Congreso, de los diputados y de los concejales. Pero esa baja participación política de los colombianos tiene ciertos rasgos que deben ser atendidos para buscar una respuesta a tal abstención. La mayor abstención es urbana aun cuando bien sabemos que la rural tiene una serie de interferencias y condicionamientos que no la hacen auténtica. En la abstención urbana, el caso más grave en Colombia es el de Medellín. Medellín ha llegado a tener varias elecciones en las cuales apenas participa un 13% del potencial electoral y no interviene el 87%. No es simple coincidencia este indicador político con otras manifestaciones de crisis social y económico que nos presenta la capital antioqueña. Todo esto tiene que ver con la marginalidad política, que a su turno está emparentada con la marginalidad económica y social.

En segundo lugar, no participan LOS JOVENES y ese problema adquiere ahora una nueva dimensión porque nunca en toda su historia tuvo Colombia tanta población joven como hoy. No lo digamos en términos absolutos, que, es obvio, sino en términos relativos. Para la población que está entre los 16 y 25 años de edad, generalmente se daba una participación desde el punto de vista de edades en el conjunto del país, que no llegaba al 18% y el resto se repartía naturalmente entre los menores de 16 y de 25 en adelante en las proporciones de la estructura demográfica del país. Pues bien, en este momento esa franja de población representa el 24%. Desplazó prácticamente el espacio de toda otra franja y hoy hay IO millones de ciudadanos que están entre 18 y 30 años de edad. Es una Nación inmensamente joven en este momento. Eso lo vimos hace 20 años, cuando se fundó el ICBF y se reconoció que había un problema con la niñez, pero se nos olvidó que los niños de la década de los 60 iban a ser los jóvenes de fines de los 70 y comienzos de los 80 y que nos iban a plantear problemas fundamentales de empleo, educación y otro tipo de necesidades y por eso hoy el promedio de edad de los presos del país es de 21 años y el promedio de edad de los guerrilleros no llega a 19 años. Es toda una franja de la sociedad sin políticas de parte de la sociedad y del Estado, marginada o no integrada por diversas razones.

También es menor a lo que debería ser la PARTICIPACION DE LAS MUJERES en la representación política. Yo creo que eso está cambiando en la medida en que la mujer afronta problemas mayores por responsabilidades laborales, responsabilidades sociales acumuladas, que la tienen que inducir a buscar otra polítiœa del país, otra organización de los servicios del Estado en función de sus necesidades y derechos. Y tampoco es proporcional LA REPRESENTACION DE LOS SECTORES POPULARES en comparación con clases medias altas o clases altas, precisamente porque el sistema no es entendido aún por la totalidad de la población, no ha habido un verdadero proceso de educación para la democracia, un esfuerzo constante y permanente de los partidos políticos para hacerle entender a la Nación cuál es el sistema político con el cual queremos organizarnos.

Pero además de las fallas en la representación cuantitativa, tenemos fallas en la representación cualitativa y es que nuestra democracia es una democracia electoral esporádica. Dentro de las circunstancias que todos tenemos en mente necesitamos avanzar hacia una democracia cotidiana. No hay mejor defensa para la libertad, que acostumbrar a un pueblo a ejercer sus derechos democráticos. Aquí le tenemos miedo a que haya más elecciones y a que el pueblo intervenga en más pronunciamientos sobre sus realidades, a las que están indisolublemente vinculadas la libertad política y la libertad económica y la libertad social. Luego si queremos la una, tenemos que estar dispuestos a promover las otras dos, cualquiera de ellas, para que la libertad se exprese en todas sus dimensiones y posibilidades.

NO TENEMOS EDUCACION POLITICA. Y no la tenemos porque en Colombia, entre otras cosas además de que no se ha cumplido una labor de divulgación verdadera entre el conjunto de la Nación sobre cuáles son las Instituciones, por qué existen, para qué existen, cómo operan, con qué virtudes y qué defectos, tampoco hemos realizado una labor fundamental para que una Nación se entienda a sí misma. Y es que en nuestro país los estudios de historia son muy limitados. No han sido objeto de la atención que merecen desde el punto de vista político. Entonces somos una Nación sin memoria, sin pasado. Un pueblo que no se entiende a sí mismo, que no comprende cuáles han sido los procesos que han generado la actual organización social. No lo sabe ni en lo Nacional ni en lo regional. Yo creo que desde el punto de vista de la democracia los estudios de historia, la divulgación de la historia, es algo que también tiene significación fundamental decisiva.

En ese proceso político necesitamos lo que he mencionado en otras oportunidades y que hoy reitero: NACIONALIZAR EL ESTADO. Es decir, que en verdad le pertenezca a la Nación, que la Nación tenga los instrumentos eficaces para hacerse representar en él y para, en virtud de ello, asegurarse de que sus recursos serán aplicados al interés de todos.

NECESITAMOS ELECCIONES LIBRES Y COMPETITIVAS, porque si no, es mejor no hacerlas. Si no las hay libres y competitivas, se convierten en una farsa y esa farsa es causa de violencia, porque la violencia política, no como única razón, pero como una de las fundamentales, es consecuencia de la convicción que tienen determinados sectores de que dentro del sistema de instituciones electorales tal como están planteadas en Colombia, hoy no es posible lograr representación política o el juego es artificial y es tramposo.

No hay voto secreto en Colombia. Y esa es una condición indispensable de unas elecciones verdaderamente libres y competitivas. No hay voto secreto porque hay compra-venta de votos, con desenfado en la Costa Atlántica y con hipocresía en el interior. No hay transparencia de las tesorerías. Y naturalmente todo esto condiciona la representación política, condiciona la libertad y la competitividad del proceso electoral.

Creo que necesitamos MODERNIZAR LOS PARTIDOS. Yo pienso que los partidos son indispensables pero no son suficientes. Son indispensables porque son un elemento ae expresión de la opinión pública. Porque son una manera de organizar corrientes de opinión. Pero no son suficientes porque de todos modos hay movimientos, realidades sociales que los propios partidos no alcanzan a expresar. Pero eso es cuando los partidos funcionan bien. Porque cuando funcionan como lo hacen en Colombia, los partidos le causan profundo daño al sistema democrático, le quitan credibilidad y posibilidades de desarrollo. Pienso que los partidos verdaderamente modernos, deben cumplir una labor permanente de organización popular.

Después de la Alemania de Hitler se organizó la Alemania moderna democrática, sobre la base de partidos políticos en los cuales se convirtió en una obligación cumplir tareas de educación política y organización popular porque se entendió que no haber tenido esa educación política fue algo decisivo en el proceso que precipitó al pueblo alemán en el sistema totalitario nazi.

Los partidos verdaderamente modernos, deben coordinar su papel en las corporaciones públicas. Los colombianos reclamamos frecuentemente contra el Congreso. Pero no es la institución la que falla. Los que fallan son los partidos que actúan en el Congreso. Son ellos los que tienen el escenario que les ofrece la institución democrática. Son ellos los protagonistas. Tienen ante sí una agenda legislativa que si no se maneja en forma coordinada crea mayores dificultades en la interpretación de los procesos sociales y económicos. Tienen a su cargo una labor fiscalizadora que si no la cumplen, crea los problemas y desórdenes que estamos viviendo en temas tan críticos como por ejemplo el fiscal.

Los partidos, hasta hace algunos años, obedecían y respondían fundamentalmente a ideologías, pero desde que la sociedad se hizo más compleja y desde que el Estado moderno creció y se desarrolló, los partidos políticos tienen que interpretar además de ideologías, intereses. Y tienen que ser sinceros en la interpretación de esos intereses para que en verdad se puedan articular y conciliar. Pero para poder interpretar esos intereses en forma organizada los partidos tienen que cumplir una labor de escrutinio permanente de la realidad colombiana y no referirla tan sólo a las regiones, en forma aislada, en donde se actúa como parlamentario, sino a una visión integral del país.

En el mismo proceso de racionalidad de la política en- Colombia en función de la democracia es fundamental lo que varias veces se ha comentado, no entro en detalle sobre ello, lo menciono apenas, para conseguir que la aprobación del Presupuesto Nacional corresponda a una representación popular y a una labor seria y consciente. Desde hace muchos años comparto lo que aquí expresó el señor Presidente de la ANDI sobre el problema de los auxilios y confío en que otros dirigentes políticos que han manifestado que se identifican con esas tesis, no solamente dejen constancia sobre el particular, sino que si en verdad son jefes de sus colectividades, impartan órdenes para que se produzcan las mayorías necesarias en el Congreso para transformar este tipo de situaciones.

Por otra parte, necesitamos el PLAN DE DESARROLLO. Es otro de los supuestos de nuestro sistema de instituciones. Se hizo la Reforma del 68 con una serie de elementos, que se supone están en armonía porque generan un tipo de equilibrio entre las instituciones. Se le dieron atribuciones especiales al Presidente de la República, entre otros motivos porque se supone que va a actuar dentro del contexto de dos cosas fundamentales: un Congreso que le aprueba un Plan de Desarroll0 y le vigila su ejecución y por otra parte, un régimen territorial que se puede y se debe transformar dentro de todas las posibilidades que dio el Constituyente del 68. Después de 17 años, ni la Comisión del Plan se ha podido conformar ni el régimen territorial ha tenido modificación alguna.

Tenemos, como bien se ha dicho, un monarca por cuatro años, lo cual no es democrático, lo cual debilita la posibilidad de verificación de los actos de la rama ejecutiva y debilita la responsabilidad del gobernante.

En Colombia la responsabilidad del gobernante se vigila más por actos de opinión pública que por desempeño verdadero de las instituciones. Es casi imposible pretender que un mandatario, un ministro o una alta autoridad del Ejecutivo, lleguen a responder al Congreso en verdad por algún acto grave de incumplimiento de sus funciones, de abusos en las mismas. En la práctica no queda otro juicio que el de la opinión pública hasta donde ella tiene buena memoria y es consistente en sus juicios respecto de los actos de los gobernantes.

 

LA DESCENTRALIZACION

Se necesita, para racionalizar el proceso político en el país, un gran impulso a la descentralización. Tema muchas veces mencionado y en el cual nosotros tenemos unas propuestas concretas, ya planteadas en el Congreso en 1983 y ahora otra vez a consideración del Senado en un proyecto que fue recogido por parlamentarios de otros sectores políticos, pero que simplemente reproduce lo que nosotros planteamos en el 83. Me refiero a las transferencias del impuesto a las ventas a los municipios. Es la única manera de rescatarle a Colombia por lo menos 600 municipios que están en agonía. 600 municipios que pierden población, que no tienen infraestructura física y social, que no tienen acceso al Presupuesto Nacional. Por razones de democracia local y de eficiencia administrativa, se necesita esta descentralización, garantizada por la descentralización fiscal, con la mayor participación en el impuesto a las ventas.

Hay que entender además que en un Estado, como el actual, los centros de decisión se han multiplicado y los centros de interés también. Que ni siquiera el Presidente de la República, con todo lo que en teoría está bajo su control, puede tomar muchísimas decisiones. Se limita a ratificar lo que otros deciden por él. Y lo grave es que se supone que es él quien ha decidido. Son las decisiones de innumerables organismos o entidades en donde puede haber el acierto de un funcionario honesto, creativo, responsable o puede haber el atropello, la arbitrariedad de una persona improvisada en sus funciones.

 

LA PRAXIS ADMINISTRATIVA

El segundo aspecto es el de la praxis administrativa. Yo creo que en este momento cualquier persona o partido que llegue a la dirección del Estado el año entrante, no podrá responder de los problemas del país en forma adecuada con la actual estructura administrativa.

Se necesita una reforma que tiene que ser estudiada de manera profunda y calculada con proyección de por lo menos 10 ó 15 años. Debe proyectarse con un sentido de mediano plazo al menos.

Desde 1955-56, no hay reformas en los Ministerios. La administración Lleras construyó el sistema de institutos descentralizados como respuesta a las circunstancias de su tiempo, pero la estructura ministerial no fue modificada.

Tenemos graves fallas en los ministerios. Por una parte, todos acumulan demasiadas funciones. Sé que ustedes han comentado en muchas oportunidades el problema del Ministerio de Desarrollo porque es el más próximo a sus realidades. Pero reflexiones similares valen para Salud, Comunicaciones, Obras Públicas, Agricultura, en fin, para la mayoría de los Ministerios.

El tema debe ser afrontado en su totalidad y yo sugiero esa perspectiva. Que no sólo se piense en el Ministerio de Desarrollo, indispensable para las reflexiones como las que ustedes han formulado, sino en toda la estructura de los ministerios del país.

Hay otro problema, que es grave y que debe ser subrayado y señalado porque tiene profundas repercusiones. Y es la inestabilidad de los ministros. No puede haber política seria de ninguna índole en el país si los ministros sólo duran nueve meses o diez meses. Miren cualquier cartera en los últimos años y creo que salvo el Ministerio de Hacienda, y está a punto de cambiar el promedio, todas las demás tienen tres o cuatro Ministros en lo que llevamos de la administración.

¿Quién puede trazarle políticas serias al Ministerio de Desarrollo en diez meses? ¿Quién puede pensar en políticas de mediano plazo? Y no basta que sean de la misma filiación política. Porque esa es otra de las paradojas que tiene el país. Puede ser de la misma filiación política. Conservadores, por ejemplo. Y hasta de la misma fracción conservadora. Y eso no significa que sigan las mismas políticas en los mismos Ministerios en intervalos de pocos meses. Porque no hay políticas de partido. Hay ministros rotulados con una filiación, con una denominación, pero no reflejan un pensamiento ni una interpretación de las políticas económicas. O sea que muchas de las cosas que se prometen en procesos electorales ya ha habido oportunidad de demostrarlas cuando se ha tenido el poder y la opción de interpretar determinados criterios desde las carteras a cargo de determinados sectores políticos.

Pienso que necesitamos la supresión de varios institutos descentralizados. Naturalmente, esa no es una medida aislada que pueda tomarse fuera del contexto de otras reformas en la administración pública. Pero creo que es una de las consecuencias de una política verdadera de descentralización.

 

REDISTRIBUIR FUNCIONES

Hay dos maneras de entender el Estado y la Nación. Una es pensar que la Nación toma casi todas las decisiones. Que unas pocas se les deja a los departamentos y algunas muy efímeras y modestas, a los municipios. Este es el modelo actual.

Habría el otro modelo: que los municipios se encarguen de todo lo que ellos puedan atender y que 10 que no puedan le corresponda a los departamentos, y luego Io que no puedan atender los departamentos, le toque a la Nación; que el proceso sea a la inversa; que se parta de la comunidad local para construir sobre ella las funciones que se delegan en niveles superiores hacia la administración central.

Todo esto corresponde a una visión política completamente distinta. En el primer caso es la visión de una autoridad centralizada que domina el poder. En el segundo caso la Nación es una autoridad que emana de la voluntad popular, que está cerca de ella, que el pueblo puede controlar y donde el pueblo, además de escoger su autoridad, también se hace corresponsable del desempeño de la misma.

En primera noción se tiene una perspectiva paternalista del proceso de la sociedad y del Estado. En la segunda se tiene un criterio de responsabilidad y dignidad humana con la participación verdadera en el manejo de las decisiones.

Yo soy partidario del enfoque que parte de la mayor cantidad de atribuciones posibles al nivel local y a partir de ello construir las dimensiones y responsabilidades de los niveles regionales y nacionales.
Esa supresión de institutos descentralizados, podría comenzar ya. No se puede hacer de un año para otro. Como muchas cosas en los procesos del Estado y de la política, lo importante es que la sociedad identifique unos objetivos y empiece a procurarlos en forma consciente y gradual.

Los colombianos tenemos una mentalidad infortunadamente improvisadora e inmediatista. Muchos en Colombia pensamos equivocadamente que las cosas se pueden transformar con facilidad y con inmediatez. Necesitamos adquirir la madurez para entender que los procesos sociales llevan tiempo, son graduales, pero que lo importante es que una Nación tenga brújula y sepa cómo, a lo largo de un determinado período de su historia, logrará ciertos resultados.

Por ejemplo, yo no creo que el fortalecimiento de los municipios se pueda hacer, por una ley que lo ordene, en cuestión de seis meses ó de un año. Pero sí creo que se puede hacer por una ley que lo disponga, en un período de cinco años 0 seis, durante los cuales se vayan incrementando las participaciones a los municipios y ellos vayan asumiendo responsabilidades para recuperar la dimensión que tuvieron en otras épocas de la vida colombiana.

Y sí creo, además, que en un período similar se puedan desmontar los institutos descentralizados para ir disminuyendo sus funciones y produciendo el replanteamiento de sus atribuciones y la redistribución de recursos. Es esencial redistribuir funciones entre la Nación, los departamentos y los municipios para buscar eficiencia administrativa y para buscar desarrollo de la democracia.

Tenemos que hacerle frente a la mentalidad clientelista, que es responsable de muchas cosas, entre otras, del papeleo tantas veces denunciado.

Se necesita en verdad que se rompa el concepto clientelista. Pero el concepto clientelista es hijo de la ausencia de una noción de la propiedad pública. Se obra con espíritu clientelista cuando se piensa que el Estado no es la Nación, sino de aquel que logra apoderarse de un pedazo de sus decisiones o de alguno de sus instrumentos y recursos. Y eso es lo que crea en el fondo el clientelismo.

De allí que el problema, más allá de consistir en la denuncia del clientelismo como tal, de la manipulación abusiva y egoísta de unos pedazos de poder, el problema es construir una conciencia total en la Nación frente a la propiedad pública, frente al Estado, frente al patrimonio común.

 

EL REGIMEN TRIBUTARIO

En ese mismo proceso de modernizacion administrativa es indispensable reformar el SISTEMA TRIBUTARIO. Tarea complicada y tema de inmensa sensibilidad.

Lo que se ha hecho en este gobierno no se puede llamar reforma tributaria o reformas tributarias. Este Gobierno Io que ha hecho es proponer medidas para cerrar los boquetes de un gigantesco déficit fiscal. Pero con esta legislación tributaria no se reorganizan las relaciones entre los contribuyentes y el Estado, para que el contribuyente sepa a qué atenerse y haya claridad en lo que se grava y en los motivos por los cuales se grava y la manera como se pueden administrar esos recursos.

Esa es otra tarea gigantesca de las que se deben cumplir. Y por eso pienso, sobre estos temas y sobre otros, e insisto en el concepto, que lo más sincero con el país no es prometerle una transformación total en cuatro años. Lo sincero es proponerle un proceso y organizarle los instrumentos políticos para que el proceso se desarrolle. Y ahí es donde se necesitan partidos verdaderos. Que sean corrientes de opinión y no organizaciones transitorias que cambian de empresario a administrador según la coyuntura de un proceso electoral, pero que no responden a ninguna ideología, a ninguna filosofía, a ningún propósito sobre el Estado y sobre la sociedad, sino tan sólo a la manipulación y el usufructo del poder en función de intereses particulares.

No se puede prometer la reducción de impuestos. Quien lo haga, le falta a la verdad al auditorio, lo que se puede prometer es la racionalización de los mismos. Nosotros hemos pensado que un criterio puede ser identificar un número de impuestos, seis o siete, y concentrarse en ellos para administrarlos bien. Superar esta colcha de retazos articulada bajo el impulso de coyunturas improvisadas y con metas de corto plazo. Que quien esté tributando más de lo debido, en un proceso de racionalización de la estructura tributaria, le sea reparada la injusticia que se haya cometido con él. Y quien no esté tributando y esté evadiendo, pues tendrá que contribuir, si se define un sistema tributario verdaderamente justo.

 

LA REVISION DEL GASTO PUBLICO

Yo pienso que esa debe ser la orientación de un verdadero modelo tributario serio. Y claro está, la eficiencia en el gasto público. Así se lo planteamos al señor Presidente Betancur. Si hoy hay una comisión que estudia una revisión del gasto público en Colombia, ello ocurió en buena parte porque Io propuso el Nuevo Liberalismo en noviembre del año pasado como condición para intervenir de manera decisoria en los proyectos sobre saneamiento de finanzas públicas. Y entre otros motivos le dijimos al Presidente: Ese ejercicio de estudiar la composición del gasto público, de analizar la totalidad de la estructura del gasto del Estado, es algo que tiene relación con el problema general del Estado y con la necesidad de que los grupos políticos se preparen con alternativas serias para las decisiones de la Nación en el año próximo.

No podemos seguir con el procedimiento de que cada candidato improvise con unos cuantos memorándums su planteamiento ante cada audiencia, realizados por cuatro o cinco expertos que lo ayudan, sino que debemos llegar a un análisis total de la estructura del gasto público y debemos ver qué está pasando con el Estado; ¿cuáles son sus funciones? ¿Cómo las está cumpliendo? ¿Qué lógica tiene la asignación de recursos? Ese es un esfuerzo inmenso.
El señor Musgrave aportó una información importante para iniciar un proceso similar. Todos los estudios de la misión Wiesner-Bird proporcionaron también datos muy significativos para ubicar esos conceptos. Yo creo que los esfuerzos de la Comisión de Gasto Público, en donde desafortunadamente no quisieron ingresar todos los sectores políticos, van a permitir mayor identificación de las prioridades y problemas para las decisiones que le esperan al próximo gobierno.

 

LA INTERNACIONALIZACION

En este mismo proceso de buscar una administración eficiente o de superar los vicios y las fallas que tiene el sistema administrativo colombiano, hay otro tema muy importante, ya mencionado desde otro punto de vista y es el de la internacionalización de la vida colombiana y lo que le incumbe al Estado para sustentarla y asegurarse de que se produzca en beneficio de todos los colombianos.

Depende del Estado que se sepa organizar y que realice estudios serios y completos y que tengamos capacidad negociadora frente al capital extranjero. No cabe ni siquiera poner en discusión si necesitamos o no al capital extranjero. Pues obviamente que sí. Y lo necesitamos tanto por el capital en sí mismo como por la transferencia de tecnología que pueda determinar, como por los procesos de modernización administrativa y de otro orden que pueda significar en la actividad productiva del país. Pero una cosa es que Io necesitemos y otra cosa es que no estemos preparados para negociar con él y que el Estado no haga nada para preparar precisamente esa negociación.

No creo que haya capital extranjero serio al que le preocupe que el Estado le defina unas reglas de juego. Inclusive, por exigentes que sean. Lo que sí le preocupa es que no haya reglas de juego y todo sea improvisación o medidas coyunturales. Lo que le interesa al capital extranjero es tener la certeza de una información organizada en su interlocutor. Y eso vale para todo.

El doctor Eduardo Santos decía hace algunos años a propósito de las relaciones entre el Estado y la Iglesia: la Iglesia va hasta donde el Estado la deja ir. Algo semejante ocurre con las multinacionales. Ellas van hasta donde el Estado las deja ir. Y es obvio que las multinacionales en defensa de sus intereses y su rentabilidad busquen las mayores oportunidades a su alcance. Y eso no está mal. Lo que está mal es que frente a ellas no haya un Estado organizado para saber intervenir y fijar reglas en el acceso de ese capital o en la implicación que tenga su tecnología. Para eso necesitamos más información internacional procurada por el Estado.

Yo me pregunto cómo es posible que la crisis de Venezuela del año 83 hubiera sorprendido en forma tan dolorosa a la economía colombiana, cuando había indicadores sobre el grado de endeudamiento que existía en Venezuela, y los problemas que tenía la economía de ese país y de las demás economías vecinas que causaron semejantes traumatismos en el año 83.

Lo importante es que mejoremos la información internacional. Y las herramientas las tenemos. Para eso están la Cancillería, el Incomex, está Proexpo. Para eso están esos organismos que pueden mejorar la recepción, la interpretación y la coordinación de la información internacional.

 

AMERICA LATINA

En este marco internacional tenemos un tema que yo personalmente considero imprescindible, decisivo. Y es el tema de América Latina. Ya sabemos que la deuda externa está haciendo más por la integración de los latinoamericanos que Io que pudo hacer Bolívar con los ejércitos libertadores. La verdad es que cada día nos tenemos que reunir más para hablar de problemas que son muy parecidos y que tienen soluciones muy similares. En ese proceso necesitamos un Estado que se prepare oportunamente para seguirlo también en forma consciente.

Yo no creo que Colombia vaya a ser, lo decía hace algunas semanas en Fedemetal, una potencia económica en América Latina. Ocuparemos un lugar digno por nuestras dimensiones, por nuestras posibilidades, pero no es probable que estemos de primeros frente a lo que significan Brasil o México, principalmente.
pero sí podemos tener otro tipo de liderazgo. En el pasado lo tuvimos de Nación intérprete de procesos latinoamericanos. Y ahora podemos cumplir un papel muy especial en los procesos de equilibrio entre naciones más desarrolladas, intermedias y menos desarrolladas de América Latina.

Es muy difícil el camino de la integación, pero es indispensable perseverar e .insistir en él. Yo celebro Io que ha ocurrido recientemente en el Grupo Andino. Después de una etapa fatídica de parálisis, frustración, en el nuevo ambiente que empieza a aparecer en el Grupo Andino hay esperanzas. Por un lado, por fin aparece la voluntad de ceder. Por fin hay en la mente de los representantes de los gobiernos, la idea de que la integración no se hace sobre la base de que uno lo gana todo y los demás no pueden ganar. Que la integración es un proceso de equilibrio en las oportunidades.

Naturalmente, después de 16 años del tratado de Cartagena, es lógico que haya una reforma institucional en el Grupo Andino, porque esos años nos dejan muchas lecciones. Nos demuestran que con la mejor buena fe pretendimos metas muchas veces muy ambiciosas, pero muy difíciles de alcanzar o poco realistas.

Tampoco debemos esperar que esas reformas institucionales al Grupo Andino se vayan a producir en el curso de pocos meses. No. Esto requiere discusiones en todos los Congresos de los países signatarios del Acuerdo. Luego tales reformas institucionales no podrán madurar antes de un año y medio. Pero hay una nueva actitud política y una nueva mentalidad. Hay, creemos, una nueva dinámica comercial. En principio los países del Grupo Andino están dispuestos a sustituir su comercio con terceros países por comercio con países andinos donde haya justificación y competitividad.

A veces es muy difícil, claro está, pedirle a un país andino que acepte una operación comercial en contra de sus posibilidades, por fuera de la justificación económica de la misma. Pero otras veces las operaciones no se han hecho más por razones de prevención, entre países limítrofes o países vecinos, que por justificaciones verdaderamente económicas. Se mencionan ejemplos de operaciones hechas por nuestros países con naciones europeas para el aprovisionamiento de bienes que perfectamente podían ser proporcionados por otro país andino.

Hay una agenda importante en esas reformas institucionales del Grupo Andino como el hecho de que se reconozca la necesidad de incluir al sector agropecuario en el proceso de integración. Esta fue una de las grandes omisiones del tratado original.

Por otro lado tenemos todos los temas internacionales concretos que se derivan de las relaciones con los Estados Unidos. Yo creo que América Latina debe dar un salto cualitativo en sus perspectivas para las relaciones con Estados Unidos. Tengo la esperanza de que la reunión de la OEA que tendrá lugar este fin de año, deje instituciones más eficaces para los países latinoamericanos y para los propios Estados Unidos, que permitan superar el bloqueo que se consolidó a lo largo de los últimos lustros para mal de los Estados Unidos y de nosotros.

En una relación con una superpotencia, es necesario superar complejos de inferioridad y organizar mejor nuestros propios recursos entre los latinoamericanos. Creo en la justificación de un foro político latinoamericano donde no estén los Estados Unidos y que no sea incompatible con el Sistema Interamericano. Debemos tener sistemas de diálogo latinoamericano relacionado con nuestras circunstancias, nuestras posibilidades y nuestras características.

Entre otras razones porque toda América Latina seguirá viviendo un proceso muy complejo y durante muchos años. No nos hagamos la ilusión de que en América Latina en muy poco tiempo logaremos superar las contradicciones sociales y económicas que existen en nuestras sociedades. Continuarán. Pero sí hagámonos la ilusión y la esperanza de que vamos a ser creativos en el diseño de instituciones para manejarlas en forma pacífica o para evitar que se continúe el dramático precio que se ha pagado en América Latina al tratar de modernizarla.

No olvidemos la cifra que nos dio García Márquez cuando recibió el Premio Nobel y dijo que en menos de diez años habían muerto no menos de 250 mil latinoamericanos en los problemas de la violencia política que ha tenido nuestro hemisferio en parte de la década de los 70 y comienzos de los 80.

Este proceso infortunadamente sigue ahí retándonos y exigiéndonos una respuesta inteligente, que no es la de confundir con comunismo todo lo que signifique reivindicación social, porque este es uno de los errores más grandes que se puede cometer. No se le puede reconocer al comunismo el monopolio de las banderas sociales. No tenemos por qué aceptar esto quienes creemos en • la democracia, creemos en la herencia histórica y política de varias generaciones que han tratado de construir una sociedad más avanzada entre nosotros, así hayan cometido errores en el mismo proceso de diseño de esa nueva sociedad.

Es indispensable tener un espacio nuevo para las fuerzas democráticas. En América Latina la Iglesia está organizada país por país y todos los países. Los militares. También los guerrilleros van camino de organizarse en todos los países latinoamericanos. Y los demócratas seguimos de espaldas, cada uno encerrado en el contexto de su realidad nacional, sin entender, que todo está relacionado, que todo está inter-relacionado y que las fuerzas que queremos defender la libertad y la democracia en América Latina, tenemos que tener una perspectiva global de Io que está pasando en nuestro hemisferio y entender que la respuesta no puede ser la de una nación aislada, de un país aislado y muchísimo menos de un partido.

 

POR QUE EL SUPRAPARTIDISMO

Como lo dije hace algunas semanas, si por algo se justifica en Colombia en este momento un llamamiento suprapartidista, es porque vivimos una época supra-nacional. Y que para entender el porvenir, tenemos que mirar más allá de las fronteras también en el proceso político y saber coordinar los procesos.

Acaba de vivir América Latina otra oleada de dictaduras militares. Fracasaron. Se cayeron, no por el triunfo de la conciencia democrática de esos países sino paradójicamente por la crisis económica. Si no hubiese sido por la crisis económica, quién sabe hasta cuándo hubieran podido prolongarse esas dictaduras militares.

Esos países tienen la crisis económica al frente. Y han recuperado sus gobiernos democráticos y no les va a ser fácil superar las dificultades que hoy tienen por la deuda externa y por las demás razones. Por lo tanto, nadie se salvará solo. Se necesita la coordinación de los latinoamericanos e insisto, eso no es incompatible con una política de amistad con los Estados Unidos, en donde entre otras razones, ya se encuentra el quinto o sexto país latinoamericano que son todos los latinoamericanos que viven en los Estados Unidos y que superan la población de la mayor parte de nuestros países excepto las de Brasil, México, Argentina y Colombia.

Antes de que termine el presente siglo, habrá más latinoamericanos en los Estados Unidos que habitantes en nuestro propio país.

Estados Unidos es además una sociedad compleja, que se maneja por estereotipos, por sus amigos o por sus enemigos. Sus amigos exaltándoles sus virtudes, sin reconocerles los defectos. Y sus enemigos señalándoles tan sólo sus defectos, sin admirarle sus virtudes. Y yo creo que lo maduro, lo objetivo, es acercarse a entender esa sociedad y dialogar con ella entendiendo todas sus características, del mismo modo que los norteamericanos, que bien lo sabemos son el imperio de nuestro siglo, contra su voluntad muchas veces, no conocen a América Latina, no la entienden, no se han comunicado con ella aun cuando poco a poco los acontecimientos los están invitando a reflexionar y a comprender que de algún modo su propio porvenir y su propia seguridad están relacionados también con lo que suceda en América Latina.

 

VIOLENCIA Y JUSTICIA

Hay un tema en el análisis institucional que no se puede olvidar y que es el tema de la violencia. Es el tema de la Justicia. Que preocupa especialmente a los colombianos y en donde yo quiero proponerles este contexto para examinarlo:

Con la mejor intención este gobierno ha querido cumplir un proceso de paz, política y social. Bien sabemos que ha suscitado entre todos los colombianos profundas contradicciones y perplejidades. En mi opinión, ello ha ocurrido en parte porque el gobierno exageró las expectativas. El gobierno hizo pensar a los colombianos que en forma fácil y rápida conseguirá la paz y que era cuestión de conversar con los grupos alzados en armas, convenir unos acuerdos y tramitarlos en el espacio de unos pocos meses y terminaba la violencia política. Obviamente que no podía ser así.

No sólo por el tema mismo de la violencia política, sino por el tema general de la violencia. La misma violencia política tiene varias caras. Una es la violencia de los PAROS CIVICOS que han determinado problemas en centenares de municipios de Colombia en el curso de los dos últimos años, por atraso de los servicios públicos y por incapacidad de los partidos políticos para servir de intermediarios en la presentación de los problemas, necesidades y aspiraciones de las pequeñas comunidades.

Esto sí lo sabe Cartagena con la marcha de los seis mil campesinos del sur de Bolívar. Ese problema no puede tener otra respuesta que revisar el gasto público para hacerle justicia a regiones abandonadas, a regiones que no han tenido participación en el Presupuesto Nacional, a las que han engañado con partidas de auxilios parlamentarios, mientras su infraestructura física y social se atrasaba en forma dramática.
Este problema supone partidos políticos que trabajen con otra mentalidad en la organización de la comunidad, que organicen a la comunidad y la integren.

Por otro lado, la geografía de la violencia coincide con las Zonas de Colonización. ¿Por qué? Porque son zonas en donde el Estado no está presente. O en donde las instituciones sociales o estatales son débiles. Zonas de colonización como ocurre con el Magdalena Medio, en Urabá, en Caquetá, en Putumayo, en Arauca, en el Meta. En distinto grado y por distintas razones pero el problema es el mismo proceso de colonización. Ese tipo de problemas de violencia, debe tener un tratamiento específico en las inversiones estatales y en el impulso a la presencia de los servicios del Estado en las mismas.

Tenemos otra violencia que yo distingo de la subversiva, que es la Violencia Terrorista. Yo distingo entre subversión y terrorismo. La subversión se rebela contra el Estado, pero de algún modo se inspira en otro proyecto de Estado con el cual no se está de acuerdo. Pero existe una hipótesis de Estado que los guía en el planteamiento político. El terrorismo en cambio, es un problema de patología social de otra naturaleza en donde se quiere golpear al Estado, demostrar su impotencia y su debilidad, para desacreditarlo, pero no se tiene proyecto político alternativo. El terrorismo se encuentra pues dentro de un marco de irracionalidad que hace mucho más complicado su manejo y su superación. El terrorismo necesita como única estrategia adecuada para controlarlo, lo que la propia palabra sugiere y es que la propia sociedad no se deje llevar al terror. Es que la sociedad mantenga la serenidad a pesar de las presiones y de las intenciones en las que se inspiran los procesos anárquicos y procesos disolventes. Yo Io subrayo porque no estamos libres los colombianos, sobre todo en los próximos meses, de riesgos muy considerables de tenorismo y de que haya como consecuencia del proceso de violencia en que hemos estado y paradójicamente del proceso de paz también, maniobras de grupos desesperados que pretendan demostrar su existencia con golpes audaces, con golpes fuera de toda lógica, fuera de toda órbita y de profunda gravedad si la sociedad no mantiene la serenidad hacia lo que eso pueda significar.

Y está la subversión. La subversión, que tiene una mezcla de ingredientes. Porque en parte hay los factores internacionales, nadie los niega. Pero también hay los factores nacionales, nadie los puede desconocer: instituciones cerradas, hegemónicas, privilegiadas.

No es posible para un campesmo, prácticamente, llegar al Senado o a la Cámara en las condiciones actuales del país. Pueden llegar propietarios de tierra, lo cual es muy diferente. Pero campesinos-campesinos, es muy difícil. Y ahí está una falla grave del sistema. El sistema no puede decir: Hagamos democracia, vivamos en libertad, pero eso sí, no para todos, no importa que algunos queden por fuera.

La lógica del sistema mismo supone trabajar para que todos puedan estar integrados inclusive, y sobre todo, aquellos con los cuales no estamos de acuerdo. Si la política no es parlamentaria, será extraparlamentaria. Por eso hay que buscar canales para que los grupos minoritarios puedan tener acceso al Congreso. Buscar fórmulas para que se abran posibilidades, no sólo dentro del concepto de elecciones libres y competitivas sino dentro de la búsqueda de opciones para que los grupos minoritarios tengan representación en el Congreso.

Es lo que hemos planteado con la idea de la Circunscripción Nacional que busca reconocer a la sumatoria de los votos en los departamentos, cuando alcancen determinado porcentaje dentro del total de la votación, el derecho a elegir un Congresista, un Senador o un Representante. Por esa razón decía el sábado pasado en Cali que es mejor buscar mecanismos de este estilo que ir a conversar en el monte. Lo lógico es construir caminos para que en el propio Congreso se produzca el encuentro de las fuerzas económicas, sociales y políticas y no por fuera de él, porque la política extraparlamentaria fácilmente es una política antiinstitucional.

Por otro lado tenemos LA VIOLENCIA SOCIAL Y ECONOMICA. Que no se puede ignorar. Lo dije al comienzo: hay más de 10 mil homicidios simples en Colombia en un año. Todo esto forma parte de una sociedad violenta en su mentalidad, en su manera de dirimir los conflictos, en el menosprecio a la vida. Es un problema que juega con la cultura, con la escala de valores. Es un problema que tiene relación también con la organización social y económica.

Y está la otra violencia, que golpea a la sociedad, a las instituciones, que asesina a los jueces, que intimida a los más altos tribunales de justicia. La delincuencia organizada del narcotráfico, la del contrabando, la extorsión y el secuestro donde coinciden terrenos de la delincuencia comÚn con los de la delincuencia política.

Es que no se puede hablar seriamente de la justicia si se ignora el tema del narcotráfico.

Cómo no reconocer el esfuerzo heroico, no sólo el que cumplió Rodrigo Lara, sino el que está cumpliendo Enrique Parejo. Cómo disminuir y minimizar el sacrificio que ese hombre está haciendo todos los días por toda la Nación defendiendo la validez de unas instituciones, la credibilidad de una Administración de Justicia, sometido a todo tipo de riesgos y peligros.

Se necesita solidaridad de la Nación, en verdad, frente a ese tema que sigue siendo crítico y decisivo para el proceso social, en todos los órdenes, no sólo por el efecto dramático por el consumo de la droga sino además por el impacto que el tráfico de esos dineros ha tenido sobre el conjunto de las sociedades tratando de corromper a los jueces, al sector privado, a los partidos políticos, a los medios de comunicacion.

 

EL PAPEL DE LA INDUSTRIA

En todo este cuadro político y social, en todo este proceso y con todos estos elementos la industria tiene un papel fundamental. Yo creo que uno de los criterios indispensables para entender el proceso del país es el de relacionar todos los elementos y protagonistas. Es comprensible que cada sector haga énfasis en sus propios intereses. Es Io más humano, lo más lógico. Pero yo sé, porque lo dije al comienzo que este no es un gremio que reduzca su concepción del país en función de sus intereses parciales y aislados, sino que es un gremio preocupado por relacionar sus propios intereses con el bien público. Y por eso, la visión debe ser la de armonizar e interrelacionar todos los sectores productivos y concebir el proceso del país con esa interrelación.

¿Qué le aporta la industria a Colombia objetivamente? Primero le aporta un efecto indispensable en la balanza de pagos porque le sustituye importaciones y le da divisas por las exportaciones. Le aporta empleo. Sobre todo el que determina como consecuencia de su existencia, más que el empleo directo, el indirecto.

Por otra parte, la industria le aporta al país un elemento fundamental en su modernización como son las posibilidades de asimilación tecnológica. Le aporta bienestar social. Los salarios que paga la Industria Colombiana son muy superiores a los del promedio de la población del país y el ingreso real que le determina a sus trabajadores es muy superior al promedio de los trabajadores del país porque la industria representa al sector moderno y bien sabemos que sus circunstancias y posibilidades son superiores a las que puedan tener otros sectores productivos.

¿Qué problemas tiene la Industria? Yo no voy a hacer aquí un diagnóstico que ustedes conocen mejor que nadie y que han hecho en sus múltiples reuniones, pero sí quiero hacer una mención, al menos, muy breve de algunos temas indispensables para mirar el cuadro de la Industria Colombiana en este momento.

 

EL ENDEUDAMIENTO

En primer lugar, hay un problema crítico de endeudamiento. Y yo pienso que ese problema,. independientemente de las fórmulas que se apliquen para resolverlo y para manejarlo, las que se•han dado y las que sean necesarias, debe ser motivo para que la industria se haga también autocrítica. Yo pienso que todos los sectores sociales nos debemos hacer autocrítica. Eso es algo necesario en las horas de crisis, para superarlas y para eso sirven, entre otras cosas las crisis, para tomar conciencia de errores cometidos o de medidas no calculadas o de sorpresas ocurridas.

Es evidente que- una serie de factores de la propia política económica y del contexto internacional estimularon a la industria a preferir el endeudamiento a la capitalización. Y eso no podía prolongarse porque exponía a situaéiones como la que hoy se afronta.

Caben muchas consideraciones pero yo quiero aportar una concreta. Aparentemente sencilla y no tan fundamental como otras obvias, pero , de acuerdo con Io que han estudiado grupos del Nuevo Liberalismo sobre la materia, es necesario establecer nuevos sistemas contables que tengan en cuenta la inflación. El tipo de contabilidad que existe en las Industrias Colombianas y en las empresas del país, como pude señalarlo ante el auditorio de Fedemetal, no está concebido con una consideración objetiva de lo que significa la inflación. Y precisamente, con el paso de los años dentro de determinadas tasas de inflación, esos balances y esas contabilidades se vuelven irreales y vienen las sorpresas que se presentan en la situación financiera de las empresas. ¿Por qué razón? Porque si no se calcula objetivamente el efecto de la inflación, se distribuyen utilidades ficticias. Cuando se distribuyen utilidades ficticias se acaba el capital o el endeudamiento llega a los niveles a que han llegado muchas empresas, del 90, del 95%. Por otro lado, si no hay una consideración objetiva de lo que significa la inflación existe dificultad para hacer reposición no es viable o tiene costos muy diferentes si hay un mal cálculo determinado por una contabilidad que no reconoce la inflación.

En los Estados Unidos, en donde las tasas de inflación jamás se pueden comparar con las nuestras, existen desde hace cerca de 10 años normas sobre esta materia. Con mayor razón en otros países que tienen procesos inflacionarios y que las introdujeron a lo largo del decenio pasado.

Esa iniciativa, que ha surgido de planteamientos del Nuevo Liberalismo, ha llegado a la Comisión Nacional de Valores, ha sido considerada por la Comisión Nacional de Valores, pero nosotros consideramos que se puede avanzar mucho más en la modernización de los sistemas contables como otra herramienta frente al manejo de este tipo de problemas, independientemente de lo que pasa con el grave endeudamiento de las empresas más comprometidas por otras razones, por deuda externa o por créditos muy altos en el sistema financiero interno.

 

LOS MERCADOS

En segundo lugar, el problema de mercadeo nos plantea ciertos retos, algunos siempre mencionados como las compras del Estado, para defender el mercado interno, especialmente en el sector eléctrico; como la relación que pueda tener ahora el sector minero con el resto de la economía y como la importancia que tiene mejorar el ingreso campesino como condición necesaria para una ampliación del mercado interno; lo cual tiene que ver con la Reforma Agraria, con la redistribución del ingreso campesino, la modernización tecnológica y la transformación de un sector rural que se nos quedó atrás y no podemos pretender un desarrollo industrial en Colombia si nos olvidamos del desarrollo del sector agrario. Porque, insisto, los sectores de un modo u Otro, están interrelacionados, son interdependientes.

 

UNA POLITICA DE MEDIANO Y LARGO PLAZO

Los industriales, creo, reclaman con razón una política industrial de mediano y largo plazo. Es la única manera seria de afrontar el desarrollo industrial del país. Eso supone introducir mentalidades planificadoras que indiquen en el país posibilidades de competitividad en escenarios internacionales, e indiquen estrategias de modernización tecnológica para sustentar los procesos industriales futuros. Que tengan en cuenta además que las transformaciones tecnológicas son tan numerósas y profundas, que si no existe una política de asimilación tecnológica, seguiremos de sorpresa en sorpresa, desbordados por países que sí calculan oportunamente lo que esto significa en los propios sistemas de producción.

Para todo ello, el sector industrial necesita interlocutor en el Estado. Necesita un Ministerio de Desarrollo serio y reorganizado. Reorganizado en función de las tremendas responsabilidades que le incumben.
Por otro lado, creo que no nos debemos dejar impresionar por la tesis de que si las cosas no son grandes no son importantes. Eso es muy relativo. Los grandes gigantes, como les ocurrió a los animales antediluvianos, terminan siendo torpes, lentos e ineficientes.

Se necesita tener en mente pequeñas y medianas empresas y no dejarnos influir por los conceptos del Gran Desarrollo. Ahí está el ejemplo de Papelcol para demostrarnos cómo es de preocupante caer en el espejismo de los gigantes en el desarrollo, sin calcular las consecuencias de las cosas.

 

LA AGROINDUSTRIA

Creo que se necesita atender con mucha consideración al sector agroindustrial. La semana pasada tuve la oportunidad de visitar el Ingenio Manuelita y enterarme de la grave situación en que se encuentra ese sector tan importante para el Valle del Cauca y para el país. Y creo que aunque haya fórmulas, como la sustitución de la caña por el sorgo o la alternativa del alcohol, que se menciona dentro de las posibilidades de competitividad con los precios de los combustibles, de los hidrocarburos propiamente dichos y aun cuando inclusive haya la posibilidad de los concentrados para animales y otras fórmulas para aprovechar el azúcar y defender otras posibilidades
de producción y consumo interno, de todos modos no nos podemos dejar sorprender por un problema de tanta significación.

Igualmente yo espero que el país le dé la mayor atención a las oleaginosas. En este momento en el gobierno y especialmente en el Incomex hay una gran conciencia de esto, de cómo las oleaginosas y la palma africana pueden significar una sustitución muy importante de importaciones y de cómo, además, representan factores de creación de empleo en zonas muy significativas de Colombia.

Hugo Ferreira hablaba con frecuencia de un nuevo modelo para incrementar la producción de la Palma Africana, que no fuera necesariamente el modelo de la gran empresa, del monstruo, sino que hubiese sistemas de producción comunitaria, en donde hubiera pequeño y mediano propietario también vinculado a grandes procesos de explotación de oleaginosas, que bien sabemos, pesan demasiado en la balanza de pagos del país.

Y de otro lado la diversificación delas zonas marginales cafeteras, con esfuerzos como las distintas pulpas de fruta, los cítricos, el tomate.

Subrayo esos temas porque pienso que tienen relación con alternativas concretas y en el corto plazo.
Quiero decirles, y a título de palabras finales, que los colombianos vivimos sin duda una hora de crisis. Pero Io que he podido apreciar al recorrer el país como lo he hecho por las responsabilidades que asumí durante los últimos cinco o seis años, la Nación tiene grandes recursos de todo orden, grandes posibilidades, necesita una nueva interpretación, una nueva coordinación.

No es la nuestra una nación en decadencia. Es una nación que se transforma, se reorganiza, busca modernizar instituciones, instrumentos de trabajo colectivo y tiene nuevas posibilidades para intentarlo.

 

LA ACCION GUBERNAMENTAL DEL NUEVO LIBERALISMO

En este escenario ha actuado el Nuevo Liberalismo. En forma aún modesta en cuanto a la presencia en el Gobierno, pero lo hemos hecho a conciencia de lo que eso significa. En el Ministerio de Justicia, que ya mencioné con una tarea que considero esencial para el país, pero también en el Incomex con otra tarea de riésgo, ingrata, difícil, pero que el Nuevo Liberalismo ha afrontado consciente de que no podía evadir la responsabilidad y podía cumplirle una misión a Colombia, buscando el manejo más eficiente y honesto posible, dentro de las difíciles circunstancias cambiarias que se dieron, por los graves problemas de divisas que han condicionado la economía colombiana durante el último año.

O en la Superintendencia Bancaria donde también nos correspondió trabajar con una deplorable y explosiva herencia, para tratar de evitar el desplome total de la economía colombiana por imprevisiones, improvisaciones y errores que se cometieron en el pasado.

 

POR UN CAMBIO EN LA CONCIENCIA COLECTIVA

El subdesarrollo, desde el punto de vista nuestro, es ante todo un problema mental y por eso, más allá de pensar en el desarrollo físico del país, en el incremento de su producción y en todas esas cosas que son esenciales, nosotros siempre pensamos que lo decisivo es transformar al hombre y transformar su conciencia, su mentalidad, su manera de entender el porvenir, su realidad y su oportunidad.

Y creemos que cuando ese cambio se obtiene se vuelve irreversible y garantiza los demás cambios. Creemos que está cambiando la conciencia colectiva. No le proponemos a Colombia un proyecto político que signifique la solución mágica de sus problemas. Le proponemos a Colombia que intentemos una nueva manera de organizarnos en el orden político para poder organizarnos mejor también en los demás frentes de la vida nacional.

Yo no aspiro a ser un Jefe del Estado que asuma simplemente las atribuciones especiales, excepcionales que otorga la Constitución de este país. He asumido la responsabilidad de someter estos criterios, este programa y las opciones políticas que representa el Nuevo Liberalismo, a la consideración de Colombia, entendiendo que lo que pueda hacer una gobernante en un país verdaderamente democrático, no es ni puede ser otra cosa que un gran coordinador de los esfuerzos de todos.

Lo que le propongo a los empresarios, a los sindicatos, a los campesinos, a los profesionales, a los trabajadores independientes, no es que encontremos los caminos para que cada uno, individualmente y en forma aislada, logre la mayor riqueza o las mayores oportunidades, sino para que todos valoricemos nuestro papel social y nos asociemos en la gestión de los asuntos de la colectividad.

Entendamos por lo tanto que el Estado nos pertenece a todos. Tenemos la gran oportunidad de ser una generación creativa. La gran oportunidad de cumplir una misión respecto del destino del país con base en el esfuerzo de generaciones anteriores.

Yo no le tengo temor a ese reto porque sé cuántos recursos tiene la Nación y cuánto se puede hacer por el bien de todos con las posibilidades colectivas.

Mil gracias.