D017 P057 | Pequeña, mediana Industria y Microempresa

Documentos Nuevo Liberalismo | Luis Carlos Galán

D017 P057 | Pequeña, mediana Industria y Microempresa

Ponencia presentada por el grupo Industrial en el Foro del Nuevo Liberalismo en Paipa, junio 1985.

La Pequeña y la Mediana Industrias constituyen realidades incuestionables hoy en día en cualquier tipo de economía. Y si bien juegan su papel característico en las economías de mayor desarrollo, en países como el nuestro su papel se hace más imprescindible y preciso.

Las posibilidades de la Pequeña y la Mediana Industria en el futuro, se observan poco claras si se trabaja exclusivamente sobre las leyes económicas generales del desarrollo del capital, las cuales explican con razón, cómo la dinámica de la sociedad capitalista induce la concentración y elimina progresivamente a los competidores de menor escala. Sin embargo, la mejor comprensión de la economía política deriva de la no aplicación mecánica de postulados, que aunque valederos, están siempre sujetos al movimiento de las fuerzas sociales, y a las transformaciones originadas en los avances de todo tipc que corren paralelos al desarrollo histórico.

Por otra parte, las doctrinas económicas adquieren dimensiones y características propias en cada país, de acuerdo con sus condiciones particulares y concretas. Es por eso que la economía industrial de la postguerra muestra el definitivo despegue del capital monopolista hacia organizaciones corporativas internacionales, al tiempo que exhibe inusitadas formas de integración entre las unidades pequeñas y medianas y la gran empresa industrial. Pareciera difícil de entender, a la luz de una teoría destilada del desarrollo capitalista, cÓmo países como el Japón, cuyas empresas transnacionales captan cada día nuevos mercados con base en la extraordinaria reducción de costos provenientes de sus economías de escala, tienen una población empresarial dentro de la cual el 96% de sus unidades son pequeñas o medianas. Otro tanto se podría comentar de Alemania con un 95% , de Italia con un 98% o de Francia con un 96.5%.

La idea de integrar la Pequeña y la Mediana Industria con la gran empresa ha tomado más fuerza a partir de la crisis energética de 1974, ya que en los últimos años se ha demostrado que son las pequeñas unidades las que, en momentos de lento crecimiento, alto desempleo y cambios cualitativos en la demanda —como ocurre en la actualidad—, presentan un mayor poder de adaptación, permitiendo la reestructuración empresarial sin un alto costo.

Según parece, la década de los 80 se identificará en el mundo con una palabra: el desempleo. Pues bien, un estudio del Gobierno de los EE.UU. refleja cómo, en el período 1969-76, el

66 por 100 de los nuevos puestos de trabajo creados en ese país, se debieron a las empresas con menos de veinte (20) trabajadores.

En España, también, recientemente se publicó la siguiente tabla que refleja la manera como el desempleo afecta a los trabajadores según el tipo de empresa en 1980.

Número de Trabajadores
empleados afectados
              25 5.4%
       26 —     50 4.470
51— 100 7.1%
101— 500 17.8%
501 — 1000 8.3%
1.001 —a 5.000 23.7%
más de 5.000 33%

En el mismo año, el número de huelgas en territorio español fue de 1669 con casi dos millones y medio de trabajadores implicados y más de 108 millones de horas de trabajo perdidas. Se estima que menos del 40% afectaron Pequeñas y Medianas Empresas, con lo cual se reafirma la mejor adaptabilidad de la P.M.I. frente a los problemas de recursos humanos.

 

LA P.M.I. EN LA ECONOMIA COLOMBIANA

La economía colombiana, como toda economía en desarrollo y en proceso de industrialización, está caracterizada por las limitadas dimensiones de su mercado interno. Un proceso de industrialización a través de la sustitución de importaciones va creando paso a paso las condiciones de mercado para cada nueva línea de producción nacional, que antes se importaba. A excepción de unos contados proyectos industriales, lo normal es el establecimiento de empresas con escalas de producción adecuadas a un mercado estrecho que con el tiempo irá ganando las condiciones para su expansión.

Si quisiéramos evaluar un poco más a fondo las razones que continuarán manteniendo la vigencia de la P.M.I. deberemos mencionar entre otros los siguientes aspectos: 1). En múltiples campos las dimensiones del Mercado Nacional no hacen posible todavía el establecimiento de grandes plantas productoras. 2). Dentro de cada rama industrial existen diferentes productos, cada uno de los cuales requiere de procesos de producción diferentes, unos de ellos adecuados a grandes escalas productivas y otros que sólo pueden producirse rentablemente en establecimientos pequeños y medianos. 3). El sistema de ensamblaje, inspirado hoy en día en la filosofía de la especialización, confiere particularmente hoy en Colombia un papel específico a la P.M.I. que deberá suplir en las limitadas escalas de las propias industrias de ensamblaje los requerimientos de partes y piezas mediante el sistema de la subcontratación. 4). Así mismo, dentro de un contexto de interrelaciÓn entre la P.M.I. y la gran industria debemos anotar que en numerosos casos es la existencia de las primeras la que hace viable el montaje de la segunda: tal es el caso de Pequeñas y Medianas Industrias que consumen una determinada materia pruna, que en base a la existencia previa de tal mercado puede producirse en el país.

Tales como los anteriores, podríamos analizar muchos otros campos de desarrollo racional de unidades de producción Pequeñas y Medianas en nuestro país. Ha sido raás bien, quizás, el desenfoque histórico de muchos de nuestros teóricos del Desarrollo, el que durante años ha ignorado que la P.M.I. no es una accidente temporal de la economía nacional, sino uno de sus más importantes componentes estructurales, y que aún abandonada por decenios a su propia suerte, ha llegado a convertirse en agente actuante del proceso de desarrollo colombiano.

Para complementar los anteriores postulados generales se hace conveniente ilustrar con datos concretos el peso y participación real de la Pequeña y Mediana Industria en el contexto manufacturero colombiano.

Debemos comenzar entonces por una delimitación de terreno para el sector. Entre los diversos indicadores manejados en nuestro medio, la disponibilidad de información estadística oficial nos inclina a escoger el tamaño por personal ocupado como el más adecuado por su homogeneidad y confiabilidad, de acuerdo con la información ofrecida por el DANE (Departamento Administrativo Nacional de Estadística).

Como Pequeña Industria entenderemos aquellos establecimientos con menos de 50 trabajadores, anotando de paso que a partir de 1971 el DANE señaló como objeto de su Muestra Anual sólo los establecimientos con más de IO trabajadores.

 

REALIDAD DE LA P.M.I. EN COLOMBIA

Entendiendo por Pequeña Industria los establecimientos con menos de 50 trabajadores y por Mediana los que tienen un personal ocupado entre 50 y 199 trabajadores, y adoptando información estadística DANE de los períodos 81 y 82 podemos extractar las siguientes cifras básicas:

La P.M.I. representa el 92.5% de los establecimientos manufactureros del país.

El 54.5% del personal ocupado, es decir más de la mitad del empleo manufacturero del país.

El 36% de los Sueldos y Salarios pagados en el sector.

El 24.6% de las Prestaciones Sociales.

El 35.6% de la Producción Manufacturera del país; es decir que juntamente con los sueldos y salarios representa más de la tercera parte del total nacional

El 29.570 del Valor Agregado.

El 37.6% de la Inversión Neta realizada en 1981 por la Industria Colombiana.

El 332% de los Activos Fijos de la Industria Nacional.

PROBLEMATICA SECTORIAL

La Pequeña y Mediana Industria enfrenta problemas de tipo estructural como los que derivan del grado de dependencia del país o los que provienen del tamaño e imperfección de de nuestro mercado. También se ve afectada por las diferencias de nuestro andamiaje jurídico y el anacronismo de la legislación laboral.

La situación económica durante los últimos años se ha presentado particularmente difícil para la P.M.I. La recesión ha golpeado duramente las empreas del sector, no sólo desde el punto de vista del mercado interno sino también a través de la caída de las exportaciones.

El cierre de uno y otro mercado ha obligado a las empresas a disminuir sensiblemente sus niveles productivos, traduciéndose Io anterior en una considerable subutilización de la capaciclad instalada y del empleo generado.

Agravando la restricción de la demanda, el sector de Pequeña y Mediana Industria ha tenido que observar con preocupación la creación de nuevos talleres oficiales dedicados a competir con él en sectores como la confección y las artes gráficas, así como la ampliación y adquisición de nuevos equipos en los talleres oficiales ya existentes.

El cierre de las exportaciones hacia los mercados del Grupo Andino, así como las dirigidas a los países industrializados de Europa y Norteamérica ha significado un duro golpe para empresas del sector especialmente en campos como las confecciones, las artes gráficas y la metalmecánica. La propia política de restricción a las importaciones, loable en su inspiración general, ha corrido el peligro de ser indiscriminada, llegando a la práctica a sacar del mercado exportador lo poco que quedaba al sector de la confección, privado ahora de las materias primas exigidas por sus clientes extranjeros, al sector de la metalmecánica que no encuentra en el mercado nacional referencias específicas requeridas para determinado tipo de productos, al sector de artes gráficas en manos de algunos monopolios, etc.

Desde el punto de vista financiero la situación no se ha presentado más halagüeña. Las líneas de crédito de fomento destinadas al sector no han tenido las características requeridas: han carecido de agilidad en la medida en que su engorroso papeleo, su demora, el tipo de garantías requerido para su acceso, y su condicionamiento al montaje de nuevos proyectos de expansión las han colocado muy lejos de ser la herramienta de apoyo eficaz requerida por nuestro sector para sortear una situación de recesión. Asimismo, las tasas de interés colocadas hoy incluso por encima de los niveles de inflación han desprovisto estas líneas de su filosofía de fomento. Instrumentos como el Fondo de Garantías, respuestas efectivas en su concepción, deben enfrentar limitaciones en los recursos y entrabamiento en su operación.

El desorden que ha caracterizado el funcionamiento de la banca privada en los últimos años, la concentración del crédito hacia el interior de los propios Grupos Financieros, y el desbordamiento desproporcionado de las tasas de interés colocó a las empresas del sector en situaciones de iliquidez alarmante.

El difícil acceso a los recursos del crédito de fomento e incluso al crédito privado institucional se convirtió en permanente factor que presionaba a la pequeña y mediana industria hacia un crédito extrabancario, que envalentonado por el ejemplo de las entidades de crédito institucional, reafirma cada vez con más fuerza su carácter usurario.

La ausencia de una política global del Estado hacia el sector de Pequeña y Mediana Industria le hace casi imposible superar la atomización y dispersión de sus esfuerzos, en especial cuando se trata de potencializar acciones efectivas de renovación tecnológica, de responder a desafíos audaces de mercado como licitaciones o grandes contratos del Estado o de adecuar más eficazmente sus estructuras organizativas, administrativas o financieras.

Este último planteamiento se pone de presente en los planes de desarrollo dado que todos, incluido el actual presupuesto, prescinden de este sector como sujeto protagonista del desarrollo económico y social.

Las perspectivas de la Pequeña y Mediana Industria en el campo político están ligadas a los propios desarrollos de la Sociedad Colombiana en ese aspecto. Imposible como en Io económico abordar el tema sin hacer referencia al rol que la política intenacional viene asignando a nuestro sector en la sociedad contemporánea.

El famoso “Informe Netonboom” aprobado por el Parlamento Europeo en febrero de 1978 afirma: “La dispersión de la propiedad, del riesgo y de la responsabilidad, así como la cooperación activa de múltiples unidades empresariales, garantizan estabilidad en el orden social y una dinámica competitiva en el orden económico”. El 3 de julio de 1980 la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, a través de su comisión permanente, redactó un documento en apoyo de la Pequeña y Mediana empresa, conocido como plan comunitario 81-86. En un detenido estudio, afirma la Asamblea, que considera la existencia de la P.M.I. como “condición indispensable para garantizar los mecanismos de mercado y las, condiciones de competencia leal, así como de la defensa y desarrollo de las libertades individuales en general”. Formula, asimismo, once propuestas a los estados miembros para fortalecer el sector.

No obstante la existencia de estos planteamientos y el predominio en el campo internacional de la concepción que ubica a la P.M.I. como elemento básico en la obtención de la armonía en el desarrollo social, el caso colombiano revela una tendencia contraria, ligada a una equivocada asignación de prioridades en nuestro proceso histórico y como parte de un error que alcanza a la mayor parte de Hispanoamérica.

Además de los criterios de protección selectiva y los ajustes requeridos para el logo de una distribución más equitativa como base de un’ dinámica mayor y sostenida en la demanda, se recalca la importancia de que Colombia enfrente ya la expansión de la industria básica. La carencia de una base siderúrgica moderna y la gran fragilidad de la macroindustria en bienes de consumo durable como en los sectores textil y automotriz se convierten en grandes obstáculos para el desarrollo de las industrias no monopólicas.

El Estado deberá considerar a la Pequeña y Mediana Industria no como una sumatoria de empresas dispersas, sino como un sector de la producción cuyo común denominador son los determinantes propios de su escala productiva en un proceso de industrialización. Y estos determinantes delimitan características comunes, problemas comunes, dinamismos comunes, necesidades comunes.

Por Io anterior hemos considerado que debe ser la Ley Marco de la Pequeña y Mediana Industria la perspectiva globalizante para abordar su tratamiento. Mientras no se disponga de este instrumento político que señale un tratamiento diferencial y específico para el sector, las diversas políticas serán marginales y aisladas. Deberá ser esto, un enfoque general capaz de encuadrar dentro de las peculiaridades del sector las diversas políticas especiales: fiscales, crediticias, laborales, de compras oficiales, de fomento a la producción o a las exportaciones, de renovación tecnológica, etc.

En el campo financiero consideramos necesario el fortalecimiento de la banca oficial y su aproximación a la Pequeña y Mediana Industria como mecanismo de equilibrio ante la creciente expansión de los Grupos Financieros y los Capitales monopólicos. Asimismo reivindicamos el fortalecimiento de la Corporación Financiera Popular mediante el incremento de sus recursos y la diversificación de sus canales de capitalización; particularmente consideramos que se le debe autorizar la captación de ahorros del público, de forma tal que incluso las propias empresas del sector sean partícipes y artífices en la solución de sus problemas. Consideramos también que ya ha llegado el momento de replantear las tasas de interés del crédito de fomento.

Un tercer bloque de propuestas se encamina hacia la renovación tecnológica del sector. Si bien la Pequeña y Mediana Industria ha demostrado en los últimos años un decidido empeño de reinversión y adecuación tecnológica, no ha contado en mínima medida con una política audaz y vigorosa del gobierno. Este aspecto, que en lo general juega papel importante dentro del último Plan de Desarrrollo , ha de estructurarse como un programa global para la Pequeña y Mediana Empresa. La asesoría tecnológica brindada a la P.M.I. está llamada a solucionar problemas que cada una de esas empresas no está en capacidad de resolver aisladamente, sobre todo por razones de costo, la P.M.I. no está normalmente en capacidad de absorber gastos de Investigación y DesarroIlo; cuando los organismos especializados del Estado asumen estas funciones y diseñan los mecanismos para transferirlos al conjunto de la P.M.I. el efecto multiplicador de esta inversiÓn resulta incalculable.

Esta asesoría tecnológica ha de estar complementada con el respaldo financiero requerido para la transformación interna de equipos y proceso, sin la cual el diseño del programa de asesoría tecnológica abortaría a medio camino. No se reduce nuestra propuesta a un modesto programa de asesores, apuntamos a una transformación tecnológica generalizada y sin precedentes en nuestro país, porque creemos que se han dado al interior de la industria las condiciones más favorables y una gran conciencia de la necesidad de “ponerse al día”.

Propuestas concretas como los Parques Industriales Integrados serían complemento de gran utilidad en este programa, en la medida en que la centralización física de las empresas aÞ1iza no sólo los canales de asesoría sino que permite a través de la creación de servicios técnicos y productivos comunes la cualificación de los métodos de producción.

Adicionalmente, en la integración de una política para el sector, han de tenerse en cuenta otros elementos:

a). Desagregación tecnológica de Proyectos: cuando el Estado a los particulares licitan paquetes de inversión “llave en mano” la industria nacional, y particularmente la P.M.I. pierden la oportunidad de proveer componentes parciales del proyecto, que en su• defecto son contratados dentro del proyecto global e importados por el contratista.

b). La política de compras del Estado debe estar precedida por criterios claros de jerarquización de preferencias así como de políticas de pago que eviten la intermediación y la dilación; así mismo creemos de vital importancia el progresivo desmonte de los talleres oficiales, cuyo crecimiento tan sólo viene a agravar el problema del exceso de capacidad instalada, el crecimiento de estos talleres es particularmente preocupante para la P.M.I., pues tales talleres difícilmente compiten con las líneas de la Gran Industria.

c). Políticas de incentivo al empleo y la Inversión en una situación general caracterizada por la reducción de producción y ventas. Es de vital importancia diseñar instrumentos capaces de contrarrestar el dinamismo recesivo. La Pequeña y Mediana Industria por sus determinantes de empleo y por sus latentes exigencias de renovación puede responder muy positivamente y con gran dinamismo a este tipo de estímulos.

MICROEMPRESA

El Nuevo Liberalismo, consciente de la gran importancia que revisten las estrategias generadoras de empleo, reconoce que en la P.M.I. y la microemprea se encuentran dos factores fundamentales para elevar los niveles de ocupación en la sociedad colombiana.

Estudios recientes demuestran que aunque la cuantificación y definición de la microempresa no resulta fácil, es posible afirmar que el sector ocupa un de la población activa colombiana. Precisamente es la microindustria el sector más dinámico si se tiene en cuenta que para efectos del tratamiento estadístico del DANE, no se consideran industrias de menos de diez trabajadores asimilándose como informal toda esta franja de pequeñas empresas.

El elemento principal en la política del Estado hacia la microempresa debe consistir en la formulación de programas serios que rebasen los esfuerzos de coyuntura y se orienten al suministro de una atención integral a este tipo de unidades, particularmente dirigida hacia las micro-organizaciones que involucran elementos mínimos de acumulación de capital superando los rendimientos de subsistencia o marginalidad.

La microempresa debe ser el germen de la Pequeña Industria organizada para garantizar el crecimiento económico, el desarrollo empresarial y la contribución efectiva del problema del desempleo. Por ello la atención integral debe comprender programas de crédito, capacitación, asistencia técnica y gestión directiva, de tal manera que el microempresario se coloque como parte del contingente de los productos y no se erija en un competidor irregular de los mismos.

El Nuevo Liberalismo apoya progamas como el de Nuevos Profesionales-Empresarios y todas las acciones organizadas en torno a la microempresa, al tiempo que advierte sobre los peligros que entraña la manipulación de este concepto, los cuales conducen frecuentemente al embellecimiento técnico y demagógico de la marginalidad urbana.

Por último consideramos fundamental para el diseño de las políticas hacia este sector, la organización de los productores a partir de las agremiaciones que lideran a la Pequeña Industria colombiana y cuentan con una vasta experiencia sobre el particular.