D017 P065 | Colombia ante las nuevas tecnologías

Documentos Nuevo Liberalismo | Luis Carlos Galán

D017 P065 | Colombia ante las nuevas tecnologías

Por Félix Moreno

EL MARCO ECONOMICO INTERNACIONAL

El futuro industrial de la mayoría de los países en desarrollo es incierto. la ONUDI, en su Conferencia Mundial de Lima, planteó la meta del 25% del producto industrial mundial como participación de los países del Tercer Mundo para el año 2000. El exitoso ejemplo dado por los pioneros del redespliegue industrial (Korea, Taiwan, Hong Kong, Brasil, México, etc.) comenzaba a mostrar que las ventajas comparativas podían cambiar en favor de los países subdesarrollados. La mano de obra barata en un atractivo irresistible para las empresas transnacionales.

 

TRANSNACIONALIZACION Y AUTOMATIZACION

Al final de los años cincuenta, una vez agotado el impulso que la economía occidental tuvo. con la reconstrucción europea, se registró una tendencia crónica hacia la depresión, la cual fue frenada o atenuada con medidas keynesianas, dedicadas a la defensa militar y al gasto público inspirado en el New Deal.

La disminución en la rentabilidad de las empresas norteamericnas, frente a la mayor protección social que habían logrado los trabajadores de ese país, llevó a estas empresas a recuperar su participación en la distribución del ingreso nacional por dos vías: la primera fue la automatización, que permitía que la participación de los salarios en el producto bruto disminuyera, aunque aumentara el salario real; la segunda vía para mantener las tasas de utilidad esperadas, fue buscar una mano de obra barata donde la hubiera. Pero además de mano de obra barata, era necesario que las condiciones brindadas por los países anfitriones a los inversionistas extranjeros fueras estables y atractivas: sindicatos fuertes podrían hacer muy pasajero el precio bajo de la mano de obra; gobiernos nacionalistas o xenofobos no ofrecían seguridad; países con elecciones, en donde las reglas de juego pudieran ser cambiadas por el partido de turno en el poder, no daban garantía suficiente. Por el contrario, era necesaria una gran estabilidad política y económica. Todos los países de industrialización reciente (PIR) impulsada por la entrada masiva de subsidiarias de empresas transnacionales, lograron ofrecer tal estabilidad política y económica: Korea, Taiwan, porque eran países donde el sistema capitalista quería demostrar su superioridad frente a la amenaza socialista; Hong Kong, ofrecía total seguridad, por ser colonia británica; Brasil, porque su dictadura militar logró hacerle entender al capital transnacional que las aspiraciones de potencia de segundo orden no constituían amenazas para sus objetivos; México, porque hace más de 50 años descubrió el secreto de la estabilidad en su sistema de democracia restringida.

Estos ejemplos llevaron al resto de países en desarrollo a creer que el éxito de los primeros podía imitarse. De ahí la meta del 25% del producto industrial mundial. Se creía que el mundo capitalista podía tolerar un número creciente de Koreas y Taiwanes. Pero a medida que los pioneros iban teniendo más éxito, más se cerraban las economías centrales del Norte y más difícil se hacía convertirse en PIR.

Pero simultáneamente y en forma ininterrumpida el gran capital transnacional seguía librando su batalla con los dueños de la mano de obra por la participación del excedente económico. La ciencia de la guerra había demostrado su capacidad y ganado el reconocimiento de la comunidad empresarial norteamericana. La ciencia de postguerra tuvo entonces una calurosa acogida en las grandes corporaciones y nacieron los departamentos de investigación y desarrollo. La ciencia dejó su dimensión principal de ser goce del intelecto, para convertirse en insumo para la tecnología y la misión de la tecnología de postguerra era evitar la caída de las tasas de ganancia, a pesar de la implantación de la economía del bienestar, que había quedado como herencia muy apreciada de Roosevelt.

La automatización era la respuesta renovada que la tecnología le daba al capital, pero tal respuesta no fue suficiente en los años cincuenta, cuando comenzó el éxodo de las empresas norteamericanas hasta transformarse en transnacionales.

Sólo en los años 70 la tecnología fue capaz de presentarle al capital una solución más atractiva que el redespliegue. Una sola ciencia, la física, ha logrado tan impresionante respuesta. Desde el transistor hasta el chip de varios millones de bytes, se ha producido una carrera vertiginosa que ha revolucionado la tecnología y la economía mundial. La microelectrónica acabó con la teoría del ciclo de vida del producto, montada sobre la observación del redespliegue industrial. Está en peligro la cola de los países que esperan convertirse en PIRES y los que ya Io son luchan por no dejar de serlo. La industria vuelve a ser activa para los países centrales, incluso la más tradicional como la de los textiles y calzado, puesto que la mano de obra se apropiará de muy poco en el momento de distribuir la ganancia. La robótica comienza a desplazar mano de obra semicalificada. El gran atractivo que ofrecían los países subdesarrollados, candidatos a entrar en la cola de los PIRES, se está desvaneciendo. Para las transnacionales será poco importante la mano de obra barata de los países subdesarrollados. La meta del 25% del producto industrial mundial, en vez de acercarse, se alejará. Es posible que la participación de los países del Tercer Mundo, incluidos los PIRES, en el año 2000 sea inferior a la registrada en 1980.

El gran capital transnacional se prepara para salir de esta crisis automatizado, robotizado, informatizado. La competencia por los mercados mundiales entre las grandes empresas ya no se libra en Wall Street o en la City, ni en los alfombrados pisos de los grandes ejecutivos. Los generales todavía visten pantalón y chaqueta, pero los ejércitos son de bata blanca. La lucha por el predominio, tanto militar como económico, se libra entre laboratorios de investigación y desarrollo. Un alto desarrollo tecnológico no es suficiente, pero sí es condición necesaria para sobrevivir a la crisis actual en los países centrales.

La conclusión más dramática no es que el gran capital ya no necesita de la mano de obra de los países periféricos: Io más dramático es que cada vez necesita menos la mano de obra de sus propios países sedes.
Nos enfrentamos nuevamente con el círculo vicioso de la depresión: las grandes empresas luchan por sobrevivir, reduciendo costos, modernizándose, automatizándose; pero en la medida en que Io hacen, crean más desempleo; ese mayor desempleo acentúa la recesión y lleva a las empresas a utilizar más modernización tecnológica para sobrevivir.

No es fácil hacer pactos entre las grandes empresas para no automatizarse exageradamente, cuando se ha probado que la automatización reduce costos y mejora la competitividad. El sector automotriz nos proporciona un escenario del inmediato futuro: en los años noventa solo quedará algo más de una docena de grandes transnacionales en el mercado del automóvil; las demás habrán desaparecido por compras o fusiones. La competencia entre las sobrevivientes incluirá una amplia variedad de acuerdos de cooperación, tenderán a desaparecer las notables diferencias entre marcas; detrás de una marca de automóvil habrán partes y piezas de varias de las empresas sobrevivientes. En pocos años estaremos montados en el llamado auto mundial y éste será el precursor de muchos otros productos mundiales.

 

HACIA UNA NUEVA DEFINICION DEL EMPLEO

¿Cómo se resolverá en los años noventa el problema del desempleo? Se resolverá por decreto, redefiniendo el desempleo. En los próximos años se verán medidas como las siguientes :
— Semanas de 4 días laborales.
— Jornadas de seis horas.
— Vacaciones de un mes por semestre.
— Elevación de la edad para ser considerado miembro de la fuerza activa de trabajo.
— Alta retención de los jóvenes en los sistemas educativos hasta edades cercanas a los 30 años.
—  Reciclaje en el sistema educativo de gruesos contingentes de trabajadores para actualizarlos o reprofesionalizarlos.
— Creación de una enorme cantidad de nuevas profesiones que serán desempeñadas por personas de alta calificación.
— Desaparición de un gran número de oficinas de baja calificación.
— Surgimiento de la “industria” del ocio creativo.
— Fuerte expansión de la “industria” del ocio recreativo.
— Concentración de casi el de los trabajadores en el sector terciario, dejando atendida la industria y los sectores agropecuarios y mineros con el 20% restante.

Pero quizás lo más impresionante de este mundo de los años noventa es que estos fuertes cambios en “ingeniería social” entrarán en los países subdesarrollados con muy poco retraso con respecto a los desarrollados. El desempleo, según la definición de hoy, vigente será universal.

 

IMPACTO DE LAS NU EVAS TECNOLOGIAS
SOBRE LOS PAISES
SUBDESARROLLADOS

Habrá países que quieran parar la rueda de la historia invocando el uso de tecnologías intermedias o apropiadas. Estos se quedarán más rezagados todavía, perderán toda capacidad exportadora, tendrán graves crisis en sus sectores externos, agudizarán sus problemas de deuda externa y se africanizarán, convirtiéndose en candidatos a las limosnas de la comunidad internacional.

Los países en desarrollo no pueden ocultar la cabeza en la arena; tienen que aprender a convivir con las nuevas tecnologías, Io antes posible, ya no para pretender exportar hacia los países centrales, sino para mantenerse en sus mercados internos y en el de sus vecinos.

¿Que pasará con los PIRES? Creemos que no pasarán de una docena. Parecen con su puesto asegurado. Korea del Sur, mientras no se altere el respaldo militar norteamericano; Taiwan, aún en el evento de que llegara a ser parte de la China Popular; Hong Kong, ya tiene 50 años de statu quo asegurado. Singapur mientras mantenga su neutralidad dentro del paraguas del Commonwealth. En cuanto a Malasia, Thailandia, Indonesia y Filipinas, que ya están entrando al Club, su futuro depende en buena medida de la estabilidad política de la región y de que sus gobiernos se mantengan como pro-occidentales y de gran apertura frente al capital extranjero.

Hay dos importantes candidatos cuya entrada es imposible de atajar y que pueden poner en peligro la entrada de los otros países asiáticos. Me refiero a China Popular y a India, aunque este Último podría perder su aspiración, si la lucha de los sikhs es imitada por otras minorías raciales y culturales de esa vasta nación.

Los otros PIRES probablemente serán latinoamericanos. Está asegurada la continuidad como tales de México y Brasil, por el gran tamaño de su mercado interno.
Es curioso que Argentina, el país de más calificados recursos humanos en América Latina, no figure en las listas de los PIRES.

¿Cómo se compatibilizará el número de PIRES casi estable y la recuperación de las ventajas comparativas por parte de los países centrales? Los que siguen de cerca la evolución de la microelectrónica predicen que habrá algún redespliegue en este sector, pero ya no basado en mano de obra barata y semicalificada, sino en ingenieros y técnicos tan buenos como los de los países centrales y menos costosos que éstos. No serán muchos los países que logran satisfacer esta condición, pues además de la gran estabilidad política y económica, que puede ser lograda por cualquier dictadura férrea y estable, será necesario formar y retener una valiosa dotación de científicos, y técnicos, que formará la columna vertebral del sector exportador de manufacturas de esos países.

LA INFLUENCIA DE LAS NUEVAS TECNOLOGIAS EN EL FUTURO

¿Es suficiente con redefinir una estrategia de desarrollo económico?

Presentado en esta forma de rápidos brochazos el panorama económico mundial de finales de esta década ¿qué podemos prever para Colombia y en particular para su sector metalmecánico?

Cuando el expresidente López planteó en 1974 que Colombia fuera el Japón de Suramérica, estaba proponiendo que el país se convirtiera en otro PIR de América Latina, siguiendo los pasos de Brasil y México.

¿Estará hoy Colombia más cerca de esa meta que en aquella ocasión? Desafortunadamente creemos que no. Hoy tenemos una industria golpeada por bandazos de política económica. Sufrimos un neoliberalismo económico, que en nada benefició a la industria. Las políticas estabilizadoras han tenido como subproducto frenar el crecimiento industrial. Hoy se tiene protección arancelaria, pero no se tienen suficientes consumidores. No hemos sido lo bastante imaginativos para mantener a nuestros vecinos y a nosotros mismos interesados en la integración económica, única salida inmediata a la estrechez de los mercados. El país sigue siendo pretecnológico en su alta dirección. A la política tecnológica todavía’ no se le da importancia suficiente, como para aprobarse en el CONPES. La tecnología al servicio de nuestro sector productivo sigue siendo predominantemente foránea y esto no ha preocupado a los últimos gobiernos.

Pero por encima de todas esas dificultades que nos alejan de ser un PIR, está la situación socio-política, que no puede ser calificada de estable. No es posible ni sensato pretender ser un nuevo miembro del exclusivo club de los q ue están saliendo del subdesarrollo económico mientras no hayamos resuelto conflictos tan profundos como los que aquejan a nuestra sociedad. Por ello la política de paz es un desideratum Enra cualquier gobierno colombiano. Sin paz estable, y la estabilidad se apoya en la justicia social, no habrá industria, ni agre cultyra, ni sociedad.

Colombia está en el camino de redefinirse como naciÓn. Nos movemos hacia un nuevo equilibrio, apoyado por grupos sociales más amplios, que necesariamente conllevan mayor pluralismo ideológico. Durante los últimos tres años hemos comenzado a debatir, con tropiezos y silencios, el problema nacional. Hemos llegado a cierta madurez política, como para no esperar que el término de una guerra civil nos siente a convenir un futuro.

 

Bienes de capital

Columna vertebral de la estrategia de industrialización

Y en ese futuro la industria tendrá que jugar el papel modernizador que tuvo en los años cincuenta. Pero el destino de la industria está estrechamente ligado al de la agricultura; no se puede salvar la una sin la otra; son las dos ruedas de una bicicleta. Sin consumidores en el campo no habrían grandes productores en la ciudad.

Nuestra industria del futuro deberá atender tres mercados en etapas sucesivas; el mercado interno ampliado por una reforma del régimen de producción agrario, el mercado de los países vecinos, por Io que hay que preservar en la integración andina y latinoamericana y el mercado mundial, por último. No podemos pretender ser un PIR, montados sobre la estructura de la distribución del ingreso que hoy tiene el país. Si esto no fue posible en Korea mucho menos lo será en la convulsionada Colombia de hoy.

Si el diagnóstico presentado es correcto, la metalmecánica se debe convertir en la columna vertebral del nuevo desarrollo industrial, ya que si el mercado interno va a ser la primera prioridad, es necesario profundizar nuestro proceso de industrialización, estancado hace veinte años. Y esa profundización pasaa través de los bienes de capital. Y por ser el mercado interno la primera prioridad, podemos permitirnos un mayor pluralismo tecnológico que el que pueden tolerar los países centrales a los PIR. El desempleo de origen tecnológico que nos irá llegando de los centros entrará en forma más lenta que en tales países y nos dará más tiempo para rediseñar nuestra sociedad, en relación con la ocupación, el trabajo, el ocio y la creatividad.

El sector metalmecánico será la vanguardia del nuevo esfuerzo industrializador. Para ello tendrá que convertirse en un vigía, que siga de cerca la evolución de la tecnología mundial, que haga permanentes evaluaciones para definir el momento más oportuno de entrada de las nuevas tecnologías.

Pocos sectores industriales van a ser tan transformados por las nuevas tecnologías como el metalmecánico. Es necesario que nos preparemos a cambiar antes de que el cambio se nos venga encima, cuando ya sea demasiado tarde y estemos sitiados por productos procedentes de los países del centro o de aquellos a cuyo club esperamos pertenecer en un día no lejano.

 

Hipótesis sobre la entrada de las nuevas tecnologías de base microelectrónica en Colombia

La robótica y los sistemas flexibles de producción no llegarán a Colombia en Io que resta de esta década, excepto en forma demostrativa o solo traídas por unas poquísimas subsidiarias de transnacionales.

Los robots son caros y remplazan mano de obra no calificada o semicalificada, que es abundante y barata en el país.

Los sistemas flexibles de producción también son caros y remplazan mano de obra semicalificada dedicada al manejo de materiales. Además esta es la más reciente de las nuevas tecnologías y aún se encuentra en fase de consolidación.

En los países desarrollados las máquinas de control numérico serán las más abundantes en el parque de máquinas herramientas a finales de esta década. A Colombia ya han comenzado a llegar y para 1990 algún porcentaje reducido del parque será de control numérico. De las cuatro tecnologías de base microelectrónica (robot, CAD/CAM, Sistemas Flexibles de Producción y Control Numérico) esta última será la de mas rápida penetración.

De continuar la política laboral actual, será más rápida la entrada del control numérico en Colombia, por el ahorro de mano de obra calificada que logra. Mientras más orientada sea la producción hacia el mercado interno, menos necesidad habrá de introducir las modernas tecnologías, que van destinadas a productos de gran calidad y precisión, normalmente exportados.

La difusión del control numérico durante los próximos cinco años será lenta debido a la falta de información económica de los empresarios y a la ausencia de servicios de reparación y mantenimiento.
La entrada de control numérico al país tendrá como motivaciones las siguientes: imitar los métodos de producción de la casa matriz, por parte de subsidiarias de transnacionales y el efecto demostración entre empresarios: el control numérico será otro símbolo de status industrial, como lo es el computador. Es posible que estas motivaciones produzcan un apreciable grado de subutilización de los equipos, el que irá disminuyendo a medida que se vaya “popularizando” su uso.

Los sistemas CAD llegarán en lo que resta de la década a las grandes empresas de ingeniería, pero su entrada en el sector industrial será muy reducida, debido a que la tecnología usada por el sector viene del exterior, en forma de licencias o de copias, y en ambos casos ya está hecho el diseño. Las subsidiarias de. las transnacionales tampoco contribuirán a la difusión de CAD, ya que producen con diseños elaborados y estandarizados por las casas matrices.

El CAD ahorra principalmente ingenieros de diseño o mano de obra supercalificada. Este tipo de personal influye muy poco en el costo laboral de nuestras industrias.

Además del alto costo de las nuevas tecnologias, otros factores que retrasan su entrada en países como Colombia, son los siguientes:

a). La recesión internacional y nacional, que aún produce bajas tasas de crecimiento.

b). La pérdida de la inversión hecha en las tecnologías existentes, que serían descartadas de producirse el remplazo y aún son competitivas. Esto se debe a la falta de complementariedad entre las nuevas tecnologías y las actuales.

c). La escasez de personal calificado que domine estas nuevas técnicas.

d). La ya mencionada falta de difusión entre empresarios y de adecuada representación de las firmas vendedoras de los equipos, por la escasa demanda existente en la actualidad.

El impacto sobre el empleo por la entrada de las nuevas tecnologías en Io que resta de la década será despreciable. Pero al mismo tiempo no es dable esperar un crecimiento importante de la mano de obra que empleará el sector industrial, el crecimiento de la cual será inferior al del valor agregado del sector.

En el sector metalmecánico colombiano será muy leve la pérdida de ventajas comparativas en la exportación de manufacturas, debido a lo escaso de éstas y aque los mercados a los que ha llegado sólo son aquellos de los países vecinos. Quizás en los productos de más valor por unidad de peso, se pierda la capacidad exportadora, a no ser que se mantenga mediante acuerdos comerciales con países andinos o centroamericanos que otorguen ventajas arancelarias o las manufacturas metalmecánicas colombianas. Productos como estructuras arancelarias, carrocerías, herramientas sencillas, arados, etc. podrían mantener sus exportaciones, pues son relativamente baratos por unidad de peso y las nuevas tecnologías no van a influir mucho en su proceso de producción.

Sin embargo el impacto de las nuevas tecnologías sobre el sector metalmecánico será considerable a finales de siglo, y Colombia podría perder toda su capacidad exportadora si no implementa un programa de modernización tecnológica en este sector.

Colombia no tendrá problemas con la capacitación de la mano de obra para utilizar el control numérico. Aunque hasta el presente algunas empresas han introducido estas técnicas sin contar con programas de formación, en los próximos tres años el SENA y las Universidades ya habrán incorporado suficientemente los programas respectivos.

 

Recomendaciones de política tecnológicaindustrial frente a las nuevas tecnologías

Aunque sólo unos pocos países del Tercer Mundo se verán afectados inmediatamente por las aplicaciones industriales de la microelectrónica, la mayor parte, incluyendo los pequeños y más pobres, deben enfrentar el diseño de estrategias para la creación y expanSión de sus capacidades en electrónica. La pregunta no es si aplicarla o no sino cuándo, dónde y con qué criterio.

Si aceptamos la anterior conclusión, nos evitaremos el clásico debate de si debemos impulsar o por el contrario retardar la entrada de las nuevas tecnologías en un país con alto grado de desempleo, como Colombia.

Pero se preguntarán algunos si una tan determinada decisión de impulsar la entrada de las nuevas tecnologías no complica el ya grave problema del desempleo. Claro que lo complica, pero deben existir otras políticas públicas que absorban el desempleo de origen tecnológico. Sería una equivocación de graves consecuencias el utilizar la política tecnológica como instrumento contra el desempleo, ya que al hacerlo se condenaría al país a un serio atraso tecnológico, y su contribución a aliviar el desempleo sería mínima. No se debe buscar en la selección de tecnología la solución a un problema que debería ser lograda por las reformas estructurales, que por tantas décadas se han evitado en nuestro país.

La toma de conciencia frente al problema que plantean las nuevas tecnologías, puede demorarse debido a su lenta penetración en nuestro medio. Es peligrosamente posible que no se tome en serio este trascendental cambio tecnológico y se siga como si nada fuera a pasar.

Una política industrial, que no ha existido en nuestro país en los últimos lustros, tendría que ser diseñada con un enfoque de desarrollo tecnológico. Ya no es posible si se quiere sobrevivir como país en desarrollo, seguir considerando que el Ministerio de Desarrollo hace la política industrial y Colciencias se dedica a la ciencia y la tecnología, como si esta última actividad fuera una entretención de personas sin responsabilidades públicas. Esta es la visión que ha predominado en nuestro medio donde los grandes gerentes poco se ocupan de tecnología y cuando lo hacen es para negociar la licencia con una empresa extranjera.

La política industrial debería más bien llamarse tecnológica-industrial, para mostrar la nueva llave que debería existir entre estas dos áreas de la política pública.

El sector central de la nueva política industrial debería ser el de bienes de capital, y para ello es necesario un plan de apoyo tecnológico a su producción. Dentro de este plan debería tener un papel destacado la promoción de las tecnologías de base microelectrónica. Tal promoción podría comprender acciones como las siguientes :

a) Campanas de inducción sobre las nuevas tecnologías. b) Programas concentrados de entrenamiento.

c) Apoyo estatal a las más destacadas empresas con posibilidades de incorporarlas.

d) Demostración y asesoría individual a las empresas.

e) Subsidiar el leasing de maquinaria que las incorpore.

f) Creación de nuevas empresas y promoción de fusiones en sectores intensivos en ellas.

g) Apoyo a la infraestructura en telecomunicaciones, que permite su aplicación.

Esta elemental función de promoción debería estar acompañada por una estrategia de incorporación y uso de las nuevas tecnologías, ya que al entrar éstas a ser el estado corriente del arte a finales de siglo, los países en desarro110 tendrán que ser más selectivos en la escogencia de sus renglones de exportación.

La estrategia podría tener las siguientes características:

— Tratar de encontrar nichos muy bien delimitados en los que se busque crear ventaja comparativa.

— Desarrollar la capacidad de negociación en estas áreas.

— Monitorear y evaluar permanentemente el cambio en nuevas tecnologías.

— Crear un clima favorable para la innovación y no simplemente apoyar la investigación y desarrollo.

— Confiar simultáneamente en el esfuerzo tecnológico interno y en la tecnología im portada.

— Promover la automatización, preocupandose por aliviar los efectos socio-económicos negativos que produzca.

— Promover asociaciones, cooperativas o empresas entre el sector público y privado para investigación y desarrollo.

— Crear pequeñas y medianas empresas de alta tecnología, con líderes innovadores, los que en ocasiones podrían ser investigadores destacados de las universidades.

—Protección moderada a la producción nacional en áreas relacionadas con las nuevas tecnologías.

— Eventualmente invertir en empresas medianas de alta tecnología de los países desarronados.

La última etapa de una política dirigida al dominio de las nuevas tecnologías es la de llegar a superar la etapa de un eficiente usuario para llegar a la de productor de las mismas.

Por ser esta etapa la última y más difícil, no significa que haya que dejar todo lo que se podría hacer para el siglo próximo. Si queremos tener microelectrónica propia en el año 2000, tenemos que comenzar a crearla desde ahora. Aunque la industria de los semiconductores será un club muy cerrado a donde sólo tendrán acceso unos pocos países del Tercer Mundo, Colombia tiene suficientes recursos humanos, dentro y fuera del país, para aspirar a tener una pequeña porción del pastel de esta nueva ciencia, madre de una revolución tecnológica que alcanzará a todos los sectores de la economía y de la sociedad.

Para tener alguna posición en el próximo siglo en microelectrónica, debemos preocuparnos desde ahora por la ciencias de la computación, las telecomunicaciones, la ingeniería del software, la robótica, los láseres, las fibras ópticas, etc.

Aún sin llegar a producir o ensamblar los chips, podríamos ponernos la meta de producir máquinas herramientas de control numérico sencillas o de adaptar Io más moderno de nuestro parque industrial convencional al control numérico. Simultáneamente se pueden ir haciendo intentos de ensamblar robots sencillos, con diseños propios, para tareas fáciles y muy monótonas en todos los sectores industriales en donde sea posible avanzar con la automatización.

No sería deseable que la automatización de origen microelectrónico entrara en Colombia traída por la “mano invisible” de Adam Smith. Es muy conveniente que el gobierno formule y se guíe por políticas de modernización tecnológica, diseñadas desde ya, cuando todavía hay tiempo de reaccionar y no cuando el problema se nos venga encima al entrar en la próxima década.

De no reaccionar a tiempo, Colombia sería uno de los tantos espectadores pasivos en el enfrentamiento por la distribución mundial de la industria entre los países desarrollados y los subdesarrollados de industrialización reciente (PIR).

Los avances que pueda lograr el país con sus propias empresas en el campo de la microelectrónica deberán tener como condición necesaria una política coherente y continuada de fomento a la industria de bienes de capital, producción que debe iniciarse en el país con tecnologías modernas y no con las tecnologías que ya están por convertirse en obsoletas. Por ejemplo: debe discutirse la justificación económica de volver a producir tornos tradicionales, cuando los de control numérico los están sacando del mercado y por Io tanto sus precios están cayendo fuertemente en el mercado internacional. Sería o no más conveniente importar los tradicionales que aún sean necesarios y enfrentarse a la producción de los de control numérico, para Io cual vuelve a plantearse el problema del tamaño del mercado y las posibles, pero difíciles, exportaciones a los países vecmos.

Este será uno de los problemas más serios de política de industrialización que tendrá Colombia en los próximos años.