D020 P006 | Política Exterior (Plataforma aprobada por el I Congreso Nacional del Nuevo Liberalismo)

Documentos Nuevo Liberalismo | Luis Carlos Galán

D020 P006 | Política Exterior (Plataforma aprobada por el I Congreso Nacional del Nuevo Liberalismo)

DIAGNOSTICO

Colombia ha carecido de una política exterior clara y consistente. Ha predominado en las actuaciones de nuestra Cancillería una política “facilista y dependiente” de las posiciones de la potencia en cuya área de influencia se encuentra nuestro país. El mecanismo que se estableció para diseñar la política internacional con respaldo interpartidista, la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores, no ha funcionado como debiera y poco se convoca. La excesiva preocupación de los gobiernos en los aspectos burocráticos ha perjudicado el diseño de adecuados criterios de manejo de nuestros intereses internacionales para desarrollar una verdadera capacidad negociadora.

No ha habido apreciación seria de tales intereses, y el tema ha sido marginal en las campañas presidenciales.

De otro lado, el manejo de nuestras relaciones exteriores se realiza en forma descoordinada. Los aspectos políticos y económicos se tratan separadamente y entidades como la Federación Nacional de Cafeteros, Incomex y Proexpo actúan en forma aislada del Ministerio de Relaciones Exteriores. Si bien el “bajo perfil” de nuestros resultados, ha tenido algunos intentos modificatorios, con diversos resultados, no ha alterado mucho la línea de conducta de alto compromiso con Estados Unidos. Históricamente la desmembración de la Gran Colombia implicó muchas dificultades de límites territoriales con los vecinos, lo que ocupó la mayor parte de nuestra gestión diplomática en lo últimos cien años. Pero, quizá, lo que más signó nuestra política exterior fue la traumática lección de la segregación de Panamá, que paradójicamente nos ligó de una manera permanente a la diplomacia norteamericana y además nos volvió formulistas frente al Derecho Internacional como instrumento de nuestra política exterior y como manifestación de nuestra aparente debilidad negociadora.

Colombia ha sido un firme aliado de los Estados Unidos. Inclusive se ha involucrado en acciones de alto compromiso como la Guerra de Corea que han llevado a nuestro país a perder personalidad en el contexto internacional. La razón del poco interés de los gobernantes colombianos por un mayor protagonismo exterior, está tal vez dada por una falta de conciencia o de proyección de nuestro posible peso específico en la balanza mundial, sobre nuestra posición geo-estratégica y sobre nuestras ventajas comparativas y otras alternativas de relaciones o de desarrollo a las existentes. La posición del presidente Marco Fidel Suárez de mirar permanentemente hacia el norte, “respice polum” ha pesado demasiado en nuestra orientación diplomática habiendo aprovechado poco los “espacios de permisibilidad” que la potencia del norte ha dejado, con el agravante de lo que la guerra fría ha significado para los estrechamientos de las fronteras ideológicas.

En años recientes la diversificación de relaciones comerciales en beneficio del comercio intrarregional latinoamericano, del comercio con Europa y con Japón, permite pensar que va pasando la época de la llamada “relación especial” con los Estados Unidos, si bien nuestra debilidad financiera nos mantiene bajo una marcada dependencia de la banca norteamericana.

La alternativa, si se maneja adecuadamente el espacio de influencia de los dos superpoderes, consiste en preparar para Colombia una política realista que busque el interés auténticamente nacional en las distintas coyunturas internacionales y que le permita desarrollar su capacidad negociadora de potencia regional. Debemos mirar al Caribe, en donde la intervención en el Grupo Contadora nos demostró una capacidad cierta de influencia. Debemos mirar a Latinoamérica antes que buscar otras latitudes, para desarrollar allí una capacidad negociadora que signifique una nueva perspectiva para nuestras relaciones internacionales. Debemos mirar al Pacífico para estrechar vínculos con las naciones de ese sector geográfico. Debemos apreciar nuestras relaciones con Europa y en especial las que existen con los compradores de café, así como los vínculos especiales con España. En fin, debemos tener una perspectiva multipolar del planeta.

 

LA PAZ Y LOS DERECHOS HUMANOS

Colombia debe analizar la problemática internacional con un carácter objetivo que haga permanentemente referencia a la vinculación actual o potencial de los intereses nacionales con los acontecimientos internacionales para tener mayor presencia en el mundo, contribuir a la paz y defender todos los derechos humanos.

Colombia debe modernizar su acción internacional asignando la importancia debida a los factores de negociación. Estos factores han sido notoriamente descuidados tanto en la formación de negociadores como en el marginamiento del tema en las preocupaciones del Estado. Los gobiernos han aceptado deliberada e inexplicablemente la reducción de nuestro poder de negociación ante las compañías transnacionales. Además, no se ha registrado actividad importante en negociaciones bilaterales o multilaterales en los últimos años. El incoherente manejo ante el FMI y el final acatamiento a su ortodoxia, constituyen una grave demostración de la debilidad colombiana en las mesas de negociación.

El objetivo inmediato de una nueva política internacional colombiana debe tener, como paso siguiente a la etapa de análisis ya descrita, el fortalecimiento de nuestro significado y de nuestro poder internacional considerando los factores que lo determinan.

 

POLITICA ECONOMICA Y SOCIAL Y ESTRATEGIA EXTERNA

Una política internacional no puede desarrollarse con base en aportes y apoyos a terceros sin conexión alguna con el contexto nacional. Como metas esenciales se deben establecer objetivos que, en función de las prioridades internas, resultarían aconséjables en nuestras relaciones internacionales. Es decir, las características de la política económica y social deben influir en las metas sustantivas de la política internacional. Parte esencial del desafío del desarrollo económico para los próximos años consiste en ser capaces de preservar e incrementar nuestra diversificación económica ante el auge del sector minero y elaborar una acción internacional consecuente, tanto en los instrumentos de comercio internacional, como en los foros económicos mundiales.

Por lo tanto, gran parte de la política internacional de un país depende de las características de sus políticas internas y de su modelo de desarrollo económico y social. Lo que no presenta elementos de dependencia con estas políticas es, indudablemente el proceso de fortalecimiento del poder internacional del país como una meta instrumental, pero definitiva, para la obtención de los objetivos esenciales.

Se trata de formular una política internacional coherente con las necesidades e intereses de nuestro pueblo y para esto debe fundamentarse en tres pilares:

a) El no alineamiento como marco general; b) el contexto regional latinoamericano como elemento orientador; c) el interés nacional como definidor.

 

EL NO ALINEAMIENTO

Entendemos que el no-alineamiento es una postura política que no se resuelve en el movimiento de los no alineados. Este último es sólo un foro y por tanto susceptible en cierto sentido de manipulación. Nuestra participación en él, por tanto, debe estar dirigida al establecimiento de métodos y estructuras que refuercen el desarrollo de políticas abiertas para los miembros con aspiraciones honestas a la paz, a la justicia y al progreso. En este sentido se impone la diversificación y el mundialismo en nuestras relaciones con la comunidad internacional sin factores inhibitorios derivados de ideologías, sistemas de gobierno, localización geográfica, etc.

En el mundo actual las superpotencias no pueden imponer su propio criterio en todos los campos, menos aún países que, como el nuestro, carecen en muchos aspectos de un potencial propio.

El contexto natural por razones geográficas, histórico-sociales, culturales y económicas para desarrollar una coherente política internacional, debe ser América Latina.

Esto supone una política que considere nuestro aporte a la región y el aporte de la región en nuestro beneficio y el de la actuación en conjunto para la totalidad y cada uno de los miembros.

Por lo tanto, se debe propugnar por el desarrollo y fortalecimiento de una estrategia latinoamericana de capacidad negociadora, con base en intereses comunes. Siendo conscientes de que muchos problemas escapan a soluciones nacionales pues países que pueden actuar en conjunto, viven situaciones semejantes.

Propugnamos por un nuevo orden económico internacional que contenga previsiones esenciales que conduzcan a la reforma del sistema monetario internacional, a la racionalización de las condiciones de pago de la deuda externa de América Latina, a la reforma del FMI, a la coherencia entre los distintos procesos de negociación de los países periféricos con las grandes potencias y otros aspectos definitivos para los países en vías de desarrollo como los relacionados con las innovaciones científicas y tecnológicas.

Es fundamental para los intereses de Colombia apoyar la concertación y coordinación de la integración regional andina, tanto como medio de expansión en sus relaciones económicas y en sus propósitos de desarrollo interno, como para el fortalecimiento de la posición negociadora de los intereses colombianos y subregionales específicos ante el resto de América Latina, como frente a la Comunidad Económica Europea, los Estados Unidos, el Came y otros foros o entidades internacionales.

Para lograr lo anterior, así como para conseguir condiciones sanas en el desarrollo interno, se debe mantener una reglamentación sobre las inversiones extranjeras que sostenga los principios esenciales del código de conducta establecido por la Decisión 24 del Grupo Andino y sus decisiones complementarias.

Colombia debe, así mismo, desarrollar una presencia activa en la zona del Caribe que sea económica y política y que fortalezca una capacidad potencial de liderazgo ya demostrada por su participación en el Grupo de Contadora. Consideramos esencial insistir en la creación de un “Centro de Estudios de Centroamérica y del Caribe” en Barranquilla y de centros similares en Medellín, Cali y Bucaramanga sobre otras zonas de América Latina para que estos Centros aborden el análisis de la región y divulguen los conocimientos respectivos, con el fin de crear una conciencia nacional sobre estas realidades, permitiendo así la definición de criterios de acción e influencia en las diversas de América Latina.

Propugnamos por el fortalecimiento del Grupo de Contadora bajo la premisa de impulsar las soluciones pacíficas y regionales en Centroamérica; por lo tanto consideramos que se debe rechazar de la manera más enfática cualquier intervención de las grandes potencias bien sea en forma directa o indirecta.

La OEA y el Sistema Interamericano deben conservarse como un instrumento de diálogo entre los Estados Unidos con Latinoamérica y Canadá y con los demás países anglófonos de reciente descolonización pero dentro de un marco institucional que, reflejando la diversidad política, cultural, social y económica pueda desarrollar políticas concertadas.

Debe buscarse la formación de un foro político regional latinoamericano como medio práctico de revitalizar el sistema interamericano y de ampliar la coordinación regional en las Naciones Unidas y en cualquier otro foro de nivel mundial. Es indispensable una entidad política regional, no sólo en función del robustecimiento del poder internacional de la  región, sino como medio de solución pacífica de controversias regionales y como mesa de negociación en temas tales como el desarme entre países de América Latina. Debe tenerse en cuenta que un sistema interamericano operativo y sano pasa necesariamente por el fortalecimiento de la región latinoamericana, para dar un adecuado equilibrio entre los negociadores. Colombia debe ser solidaria con los países que tienen o han recuperado instituciones democráticas y en especial con los pueblos latinoamericanos que buscan liberarse de dictaduras y gobiernos totalitarios.

 

EL INTERES NACIONAL

Se hace necesario ventilar los problemas pendientes fronterizos dentro de esquemas jurídicos y políticos contemplados en tratados bilaterales o multilaterales, lo cual ha sido la tradicional postura que la Nación ha adoptado de respeto a las vías jurídicas y a los métodos ceñidos al entendimiento pacífico entre naciones.

Se precisa, no solamente, de la aplicación de una política de desarrollo de las zonas fronterizas sino de su vinculación efectiva al Plan Nacional de Desarrollo y a la economía de la Nación, para que se logre así una soberanía real; y se adelante un esfuerzo vigoroso que permita mantener una presencia activa en tales zonas y en las posiciones insulares del territorio y que sea capaz de irrigar beneficios reales a sus pobladores.

Es aconsejable para las relaciones colombovenezolanas tomar decisiones que ya se hacen impostergables después de tantos años de conversaciones sobre el llamado “Diferendo” en el tema de las áreas marítimas y submarinas. En este sentido hay que tener en cuenta la existencia del Tratado de 1939 y de los instrumentos en él previstos. Los dos Estados deben definir su posición ante este Tratado en el más breve plazo o señalar alternativas al mismo. Cualquier solución debe facilitar el proceso de integración y un mayor desarrollo de comercio especialmente del que se cumple en las áreas mantenidas, así como el impulso de proyectos de interés común para el manejo adecuado de los recursos naturales y de las posibilidades de industrialización.

Debe buscarse la modernización de las relaciones entre la Santa Sede y el Estado colombiano a través de la reforma al Concordato vigente, garantizando la plena vigencia de nuestro propio sistema jurídico.

Propugnamos por la reestructuración de nuestra Cancillería, que no ha logrado reflejar en sus mecanismos las necesidades de una política internacional moderna. Debe estructurarse una verdadera carrera diplomática. Los funcionarios deben estar rigurosamente forínados en las disciplinas y técnicas de negociación internacional para poder tener un verdadero ente diseñador, ejecutor y coordinador de nuestra política exterior.

A la Cancillería le corresponde atender en forma más detallada y sistemática todo lo relacionado con las necesidades y los derechos de los colombianos residentes en el exterior especialmente la disminución de las discriminaciones laborales y sociales.

Colombia debe hacer un gran esfuerzo para reformar y completar el marco de sus relaciones con los países ribereños del Pacífico, integrándose a sus instituciones y organismos, vinculándose a sus culturas e incrementando sus relaciones económicas para lograr lo que podría llamarse la” Apertura al Pacífico” que, para nuestro país, debe significar la puerta de entrada al siglo XXI.

Colombia tiene ciertas ventajas comparativas, lo cual debe ser punto permanente de referencia para su política internacional.

En este orden de ideas la riqueza energética en recursos hídricos, carbón y petróleo, señala líneas precisas de acción ante los países interesados, particularmente Estados Unidos, Japón y Europa. Su participación en el mercado mundial del café. Su característica de país dominante en los ríos comunes que riegan a Venezuela, así como poseer una Costa Pacífica, pueden ser elementos importantes para una política constructiva y solidaria con el país vecino. Ser país amazónico constituye un elemento esencial en la política ante Ecuador, Perú y Brasil. Los dos Océanos imponen prioridad a las negociaciones internacionales sobre el mar. El segundo canal interoceánico llegará a ser de la mayor importancia para la URSS, Estados Unidos y las otras potencias marítimas, así como para México y Venezuela. Ser poseedor de un segmento en la órbita geoestacionaria configura precisas necesidades de acción política internacional. La multipliciclad de fronteras y la vastedad de sus dominios marítimos particularmente caribeños, hacen de Colombia una esquina estratégica que cada vez será más significativa para los grandes intereses mundiales. Sólo una conciencia clara de tan particular situación permitirá que los colombianos podamos ser dueños de nuestro propio destino y no instrumentos torpes de intereses ajenos.

La crisis del bolívar y del sucre redujo las migraciones a Venezuela y Ecuador y determinó el retorno de muchos trabajadores. Sin embargo, la mayoría de los emigrantes permanece en el exterior y con ellos debe existir una relación atenta que se exprese en el impulso del Convenio Andrés Bello para atender a sus necesidades educativas y culturales en el área andina o en proyectos especiales para fomentar sus vínculos con nuestra nacionalidad si se halla en USA, Europa u otras zonas. Es importante apoyar en ciertas instituciones, como los centros de estudios citados en párrafos anteriores, el conocimiento de la cultura y la legislación laboral y económica de los países en donde se halla una mayor cantidad de colombianos. Igualmente es indispensable mejorar en forma profunda los instrumentos y los criterios de los consulados para fortalecer los recursos e informaciones de los colombianos en el exterior sobre sus derechos. Tal como lo procuró el Nuevo Liberalismo en la reforma electoral que ha discutido el Congreso, se debe facilitar el derecho al sufragio electoral de estos colombianos de modo que cuenten con mayores posibilidades de participación y representación políticas. Igualmente cabe considerar sistemas de remesas y cotizaciones de los colombianos en el exterior para asegurarles protección y hasta pensión de jubilación en determinadas circunstancias si deciden volver al país mayores de 60 años y después de cierto número de años de contribución al sistema de seguridad social.