D020 P011 | Caminos para el comercio mundial

Documentos Nuevo Liberalismo | Luis Carlos Galán

D020 P011 | Caminos para el comercio mundial

Por Luis Carlos Galán Sarmiento

Aspectos principales de las conferencias dictadas por el Doctor Luis Carlos Galán en la 41a. Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa y en el Seminario sobre Deuda Externa organizado por Prodemocracia.

Al cambiar ideas sobre la Deuda y el Sistema Monetario no se trata de realizar un análisis técnico sobre problemas económicos, sino de hacer el escrutinio de cuestiones económicas que tienen concreta y profunda repercusión política y social. El problema de la deuda externa ha cambiado y cambiará la vida de América Latina en forma más profunda y definitiva que cualquier otro hecho de su historia. La carga económica y financiera de la deuda de los pálses latinoamericanos ha aumentado no sólo por la magnitud misma de las obligaciones sino por el cambio estructural debido a la acumulación progresiva de deudas privadas sin garantía y a corto plazo, contratadas en condiciones comerciales y a intereses elevados y variables. Los préstamos obtenidos por América Latina tienen condiciones más difíciles que las contratadas por el resto de los países en desarrollo. Las condiciones financieras han empeorado; cambió radicalmente la composición del financiamiento exterior de los países latinoamericanos; aumentó el coeficiente entre la deuda pública y el producto interno bruto; empeoró la estructura de los vencimientos de plazos menores de cinco años. En la hora más gravosa, la relación entre pagos de intereses y servicio de la deuda se volvió alarmante y ha subido en forma dramática la que existe entre intereses y exportaciones. El cuadro económico y social del Continente es entonces bien conocido y Colombia inevitablemente se halla dentro de su contexto. Si América Latina debe generar en lo que resta del siglo cien millones de empleos nuevos, a Colombia le corresponderá crear cerca de doce millones; cada país se halla ante retos iguales o peores. Esta tarea debe realizarse a pesar del difícil manejo de la deuda, los bajos precios de sus exportaciones y los problemas fiscales. Lo que tenemos ante nosotros con la deuda externa, como se ha dicho desde hace varios años, es un problema político cuya solución debe ser concertada entre deudores y acreedores, considerando entre otros elementos fundamentales la Reforma del Sistema Monetario Internacional, la reorganización del Fondo Monetario Internacional y nuevas políticas comerciales que den verdaderas oportunidades a los países en desarrollo, aunque la magnitud de la crisis ha creado una atmósfera de recriminaciones entre deudores y acreedores para entender la realidad. Antes de examinar cada uno de estos elementos de la solución, es necesario mirar con toda objetividad los distintos factores que han conformado el cuadro económico que dio origen a las dificultades actuales.

Desde nuestra perspectiva, las causas de la crisis del endeudamiento se localizan tanto en el interior,de las economías de los países deudores como en factores externos que interactuaron desfavorablemente a lo largo de todo el proceso. Fallas protuberantes en la conducción de las economías, particulannente en el uso de los recursos obtenidos en préstamos y en las políticas monetarias, fiscal, de comercio y cambiaria, caracterizaron una etapa de confusión justificada según algunos analistas por la misma situación de pobreza de la gran mayoría de los países de América Latina. Empero estas fallas no pueden ocultar el impacto indudable que sobre la actividad económica han tenido acontecimientos tales como el papel del dólar y su carácter de principal activo de reserva, el problema generado por el comportamiento de los países exportadores, de la inflación acumulada por los acontecimientos anteriores y estimulada a causa de la elevación de los precios de los hidrocarburos, el esfuerzo de los banqueros internacionales por colocar recursos sobrantes y posteriormente, la recesión que sometió a dura prueba a los países industrializados, pues ella condujo a un incremento sin antecedentes en las tasas de interés y a una atrofia en las relaciones financieras internacionales.

Como bien saben ustedes el Comercio Internacional y las corrientes de capital forman los vínculos económicos primarios entre los países en desarrollo y los industrializados. La políticas de estos últimos, fiscales, monetarias y comerciales, conforman en gran medida el ambiente económico internacional para los países en desarrollo. Las influencias son bien conocidas en su mayoría; el ritmo de crecimiento de las economías avanzadas afecta las exportaciones de las naciones en desarrollo y lo mismo ocurre con el grado de oroteccionismo; los tipos de interés y de cambio de aquellas influyen en el costo de los empréstitos que realizan numerosos países en desarrollo y así sucesivamente.

Vivimos en un mundo cada día más interdependiente. No hay un conocimiento amplio de la medida en que en los países industriales resultan afectados por lo que sucede en el mundo en desarrollo. Aproximadamente el treinta por ciento de todas las exportaciones de los países industriales en 1983 se dirigió a los países en desarrollo. La disminución en un 48% de las exportaciones norteamericanas a los cinco principales prestatarios latinoamericanos entre 1981 y 1983 fue un factor importante del deterioro de la balanza comercial de los Estados Unidos durante ese período. Además es evidente que los bancos de los países industriales se exponen a riesgos muy considerables cuando las naciones en desarrollo deudoras tienen dificultades en el servicio de su deuda.

Dadas estas condiciones es perfectamente clara la responsabilidad que en la crisis tienen las incidencias económicas de los últimos años. Colocados así sea brevemente en una perspectiva histórica cabría recordar que los trastornos de 1969 a 1973 produjeron importantes desequilibrios en la cuenta corriente en todo el mundo. Los precios más altos del petróleo transfirieron ingresos de los ahorradores medianos y pequeños de todos los países, a los exportadores de crudo que eran fuertes ahorradores en esa época. El excedente que resultó de la oferta de ahorro, ejerció una presión depresiva sobre la producción y los tipos de interés mundiales. En términos reales las tasas se volvieron negativas por varios años. Naturalmente era una situación que llevaba a la asignación equivocada de recursos y por lo mismo resultaba insostenible. Esto fue exactamente lo que ocurrió. Los países en desarrollo ante la favorable perspectiva de dar un salto hacia adelante y atraídos por el magnetismo de una prosperidad a debe, en loca carrera se dieron a la tarea de gastar por anticipado unos ingresos que supuestamente habrían de recibir al cabo de unos pocos años de bonanza. Jamás se imaginaron que a la vuelta de la esquina se encontrarían con una crisis excepcional de características más graves que la experimentada al final de la década de los veinte y principios de la de los treinta. En tanto ocurría esto el sistema monetario internacional, colocado en entredicho desde la crisis de agosto de 1971 cuando el presidente Nixon le anunció al mundo que su país no mantedría la convertibilidad del dólar, continuaba a la deriva. Una segunda enmienda al convenio constitutivo del fondo que buscaba darle rumbo definido al sistema, se convirtió en un enunciado de propósitos que no ha tenido cabal cumplimiento. Puesto en extraña situación con la cipación del denominado grupo de los diez, el Fondo Monetario internacional se volvió un ente sin autoridad, ni capacidad para imponer la disciplina que el convenio firmado en Bretton Woods le había asignado. No obstante la puesta en vigencia de los derechos especiales de giro, eventual sustituto del oro y de otros activos de reserva, el dólar continua ejerciendo toda su poderosa influencia en el contexto de un sistema financiero alterado por las vicisitudes de una sola economía, cuyo desempeño dejaba mucho que desear. Resulta difícil entender cómo la suerte del principal mecanismo regulador del intercambio y de las corrientes de capital, puede continuar dependiendo del manejo que tenga la economía de los Estados Unidos. Un déficit fiscal que rebasa los límites tolerables, unido al desbalance comercial, conforman el cuadro de problemas que este país ha resuelto enfrentar acudiendo al mecanismo de la tasa de interés que le ha permitido financiar su déficit con el ahorro del resto de los países del mundo, pero que no ha implicado someterse al enunciado de buenos propósitos expresado en el artículo cuatro del convenio constitutivo del Fondo. Según este artículo es obligación de este organismo supervisar las políticas de tipos de cambio de todos los países miembros. Sin embargo, aunque siempre en los foros internacionales se eluda este complicado asunto, a nadie se oculta que Estados Unidos y Otros países desarrollados caen dentro del marco de consultas del Fondo que por supuesto nunca se han hecho. Establecidos estos factores de la crisis y sus principales antecedentes cabe subrayar los tres elementos de la estrategia que debe seguirse, es decir el comercio, el sistema monetario y el Fondo Monetario.

 

EL COMERCIO MUNDIAL

La reorganización del comercio mundial supone una nueva perspectiva sobre el valor de los productos primarios, durante muchos años los países industriales han sostenido que los bienes manufacturados deben tener precios más altos porque incluyen mayor valor agregado. Incorporan entre ese mayor costo los salarios y los rendimientos del capital que son trasladados a los consumidores de los países en desarrollo. En contraste afirman que los productos básicos por ser extraídos de la tierra no tienen valor agregado. Es necesario señalar que los productos básicos, cuando se trata de recursos no renovables, tienen un valor especial que es precisamente la no renovación del recurso. Por lo tanto la ley de la oferta y la demanda tradicional no puede operar en el caso de estos bienes, porque no remunera todos los factores de producción de los mismos.

Por otra parte, los precios de los productos básicos han sido gravemente afectados por la fuerte valorización del dólar. En términos reales los precios de los productos básicos bajaron un 44% entre 1979 y 1982. Ese es el deplorable balance de la carne, el banano, el azúcar, el cacao, el algodón, el mineral de hierro y el cobre. El problema del proteccionismo es tan grave que algunos economistas calculan que un aumento en el proteccionismo lo suficientemente grande para producir un deterioro del 10% en la relación de intercambio en la América Latina, costaría a la región tanto como el costo real de los intereses sobre la totalidad de la deuda. La restricción en las importaciones de acero en Japón, Estados Unidos, y la Comunidad Económica Europea afectan a sus exportaciones mutuas, pero también a las de Corea, Brasil y México; es decir, tres de los principales deudores entre los países en desarrollo. Las limitaciones aplicadas al azúcar importada en Europa, Japón y los Estados Unidos, afectan a América Latina y Filipinas. Las barreras a las importaciones de carne de vacuno en Japón y la Comunidad Económica Europea menoscaban la relación de intercambio de Argentina y Uruguay. Estos son apenas algunos ejemplos, pero la lista es larga y crece cada vez más. Es muy significativo como demostración de las discriminaciones existentes en el comercio mundial en contra de los países en desarrollo, que si bien las reducciones arancelarias de la ronda de Tokio rebajaron los aranceles, los correspondientes a oroductos de interés para los países en desarrollo se han rebajado menos que el promedio.

Un peligro muy serio para las exportaciones de los países en desarrollo es el creciente uso de las barreras no arancelarias. Se estima que el alcance de las barreras no arancelarias entre 1980 y 1983 aumentó a más del doble en los Estados Unidos y en 38% en la Comunidad Económica Europea. De las importaciones hechas por los países industriales está sujeta a barreras no arancelarias una proporción de productos de los países en desarrollo mucho mayor que de artículos provenientes de países industriales. En 1983, el 29% de las exportaciones de productos agropecuarios resultó afectado por las barreras no arancelarias. En el caso de las exportaciones de manufacturas la proporción fue de 18%. Los aranceles y las barreras no arancelarias utilizados para proteger a los productores de azúcar en los países industriales causan pérdidas de ingresos a los exportadores de azúcar que equivalen a cerca del 10% de toda la ayuda prestada por los países industriales a todos los países en desarrollo. La pérdida de ingresos de exportación se estima en casi el 30% del monto total de la ayuda. La ley de comercio de los Estados Unidos es otra demostración de la tendencia mundial a conformar un nuevo tipo de comercio administrado. Es una ley potencialmente peligrosa para América Latina porque expresa las intenciones de los Estados Unidos de adquirir poder negociador para la nueva etapa de desarrollo de ese país en la cual tendrán peso decisivo los servicios, la alta tecnología y la propiedad intelectual.

En el fondo ninguna de estas afirmaciones sobre la importancia de la reorganización del comercio para los países en desarrollo es nueva. Desde hace por lo menos veinte años todo esto se repite y agudiza en forma permanente e inevitable. Es probable que una crisis tan profunda como la que hoy amenaza el sistema financiero mundial determine, por fin, una reforma del comercio sin la cual resulta imposible que los países en desarrollo puedan pagar la deuda. Infortunadamente la ley de comercio de los Estados Unidos no da mucho margen para el optimismo.

 

UN NUEVO SISTEMA MONETARIO

Otro elemento fundamental para superar la crisis actual debe ser la reforma del sistema monetario internacional. Esa reforma debe inspirarse en dos propósitos: regular las corrientes financieras entre las economías para evitar las corrientes especulativas y regular el proceso de generación de la liquidez internacional. Los dos temas tienen directa relación con lo que ha sucedido en la economía de Norteamérica porque las altas tasas de interés establecidas por los Estados Unidos crean  al atraer la liquidez internacional para financiar su déficit y captar de esa mmera el ahorro del mundo. Mientras los Estados Unidos no ajusten su política económica a las necesidades de equilibrio mundial seguirán siendo desestabilizadores del sistema y será imposible hallar una solución al problema de la deuda externa. Esta opinión no es sólo latinoamericana, sin duda alguna la comparten los europeos.

 

LA REFORMA DEL FONDO MONETARIO

En estrecha relación con el punto anterior debe pensarse en una reforma del Fondo Monetario Internacional tanto en su estructura de poder como en los conceptos y herramientas que constituyen su modelo de ajuste. Se necesita la reforma de la estructura de poder porque mientras la votación dependa de la cuota, los Estados Unidos y los países industriales tendrán poderes decisorios en perjuicio de las necesidades y posibilidades de los países en desarrollo. Es preciso, por lo tanto, que se concilie esa estructura de poder con la democratización de las decisiones. Así mismo, es indispensable que el modelo de ajuste económico y las consultas no sólo sean obligatorios para los países en desarrollo sino para todos los países miembros del Fondo.

Las fórmulas de ajuste en el Fondo Monetario son todas de índole coyuntural e ignoran características sociales en el funcionamiento de las economías. Las recetas del Fondo desconocen los problemas de la oferta de bienes y servicios; ignoran las limitaciones y atrasos en la capacidad de respuesta de los ajustes económicos; imponen reducciones generales e indiscriminadas en el gasto público que afectan sectores vitales de la actividad estatal, con resultados contraproducentes porque impiden el desarrollo de la infraestructura; el déficit fiscal es considerado desde el ángulo monetarista sin tener en cuenta sus raíces estructurales. Todo esto convierte el proceso de ajuste impuesto por el Fondo en factor recesivo y regresivo de la economía, por lo cual se agudizan los problemas del mercado de la fuerza de trabajo y todo lo relacionado con la distribución del ingreso.

El Fondo Monetario es una institución diseñada para actuar en situaciones de crisis coyuntural del sector externo de la economía, pero está seriamente limitado para contribuir con efectividad a su oportuna prevención. Finalmente, es inútil e injusto que cuando se requieren drásticos ajustes en el conjunto de la economía internacional, la carga del ajuste recaiga sobre países no industrializados, especialmente América Latina.