D020 P015 | Hacia una Nueva Política Internacional Colombiana

Documentos Nuevo Liberalismo | Luis Carlos Galán

D020 P015 | Hacia una Nueva Política Internacional Colombiana

Por Fernando Sanz Manrique

Este artículo es la actualización de algunos temas que fueran objeto de un debate al que el autor citó al Ministro de Relaciones Exteriores en el Senado de la República.

La formulación de una nueva Política Internacional para Colombia debería partir de consideraciones y fundamentos más pragmáticos de lo que generalmente han sido los presupuestos de nuestra orientación externa. Para lograr rendimientos crecientes de nuestras relaciones con el resto del mundo, es necesario que se busquen bases de un gran realismo político, teniendo en cuenta que en la escena mundial los países no tienen amigos, sino contrapartes, socios, aliados, etc. El mundo internacional funciona regido en gran parte por la ley de la selva y seguirá siendo así mientras no se fortalezcan las instituciones internacionales con la posibilidad de proteger coactivamente y con poder real los enunciados del Derecho Internacional y de los convenios multilaterales. Las instituciones regionales y mundiales que encabezan sus cartas fundamentales con los más nobles propósitos de amistad, cooperación y respeto entre los pueblos del mundo, constituyen ejemplos recurrentes de las frustraciones de nuestra sociedad internacional. Ni la OEA, ni la ONU, ni la Corte Internacional de La Haya han logrado hacer respetar sus decisiones por parte de los grandes o de los pequeños países. Es así como el derecho internacional generado por esos acuerdos y por esas instituciones, se constituye permanentemente en objeto de violación impune. Mientras esta situación no se modifique, la eficiencia de un país frente a otros se mide por el nivel de su Poder Internacional y por la forma como lo maneja, es decir, por las características y perfección en sus técnicas de negociación. Los países democráticos deben sostener una búsqueda incesante del imperio del derecho en el mundo así como el respeto y la ampliación de los principios que inspiran a los demócratas, pero sin perder de vista que tan nobles propósitios dependen esencialmente de la magnitud en la fuerza internacional que quiera defender tales prineipios.

 

EL PODER INTERNACIONAL

La capacidad de un país determinado para promover o lograr sus intereses en la escena mundial es lo que mide el nivel de su poder internacional. Los principales elementos del mismo están constituidos en un primer término por la Fuerza Nacional en sus tres aspectos: Político, Económico y Militar. En un segundo término la Coordinación Internacional permite que un país refuerce sus propias capacidades mediante acciones conjuntas con otras naciones a través de alianzas; de las diversas instituciones del sindicalismo internacional tales como la 01ganización tercermundiata de los No Alineados, o organizaciones de países deudores, etc.; las formaciones del gremialismo internacional que se refieren a la estructuración de pactos de productores en el campo de los productos básicos, del petróleo, etc., o las instituciones derivadas de procesos de integración económica regional tales como el Acuerdo de Cartagena o la CEE en Europa. En un tercer término, la capacidad de movilización de la Opinión Internacional constituye un instrumento apreciable en las estrategias nacionales. En especial, el conflicto de Vietnam constituye un ejemplo externo de lo que esta capacidad de generar opinión puede significar en un momento dado. Conflictos como el actual en Centroamérica hacen jugar de manera muy importante a la capacidad de formar opinión mundial como elemento determinante en la evolución de esos conflictos. En cuarto término, debemos señalar al Derecho Internacional como fuente de títulos jurídicos en los procesos de conflicto o de solución de controversias a nivel mundial o regional, insistiendo sin embargo en la reserva anotada anteriormente que le otorga a este derecho una precaria y relativa vigencia pero que, en juego combinado con otros factores como la opinión internacional, puede producir presiones de magnitud suficiente para establecer claridad en una gran variedad de conflictos.

Finalmente y en quinto término se debe señalar a las mesas de negociación como el procedimiento de mayor importancia en la acción internacional de un país, válido tanto para alcanzar acuerdos entre las naciones, como con entidades internacionales y muy especialmente frente a las grandes compañías transnacionales. Este elemento es de utilización cotidiana y abarca una tal amplitud de posibilidades que ha llegado a conformar una tecnología altamente sofisticada, así como la formación profesional de negociadores internacionales especializados en diversas temáticas, que van desde la adquisición o venta de tecnologías, hasta la negociación puramente política pasando por una diversa gama económica vinculada a productos específicos en el campo de los denominados “Commodities” o en productos industriales. Así como existen especialistas en negociación de azúcar o de café, también existen en textiles, carbón, bienes de capital e incluso en países del Tercer Mundo, árabes, etc. Las mesas de negociación ponen en acción todo el resto de los elementos que integran al poder internacional para plasmar en documentos específicos el resultado de los enfrentamientos y acuerdos posteriores. Una adecuada formación de negociadores internacionales y su consiguiente disponibilidad constituye necesidad de alta prioridad en las naciones modernas e índice de su importancia en la comunidad de las naciones.

La actual Política Internacional Colombiana se caracteriza por un acento hacia la apertura mundial y hacia posiciones de relativa independencia política que se busca con la vinculación a la organización de países NO Alineados, así como estableciendo una mayor autonomía ante los Estados Unidos. Las actuaciones del presidente Betancur en materia internacional, siguieron desde el principio de su gobierno una línea de izquierda política que mejoró de manera considerable la imagen nacional tradicionalmente vinculada con actitudes de sometimiento a las líneas políticas señaladas por el Departamento de Estado de los Estados Unidos. Se echó de menos, sin embargo, la ausencia de pasos complementarios hacia la mundialización de relaciones, lo cual no ha permitido el establecimiento de vínculos diplomáticos con países como Australia, ni ha permitido reconsiderar y superar el infortunado episodio que condujo a la suspensión de relaciones con Cuba. La Administración Barco no ha realizado cambios profundos en la política Betancur, aunque sí parece haber impulsado una actitud más constructiva hacia nuestro país en Washington.

Hemos seguido vinculados a los No Alineados; participamos en el Grupo de Contadora; y se registran enfoques similares en los temas del Grupo Andino. Aún no se conocen otras grandes líneas de acción, hacia otros sectores como Japón y la Comunidad Económica Europea, como tampoco las características específicas en las relaciones con Venezuela. Se anuncia sí, una intensa participación en los temas con Venezuela en una próxima reunión de presidentes, y con el Lejano Oriente a través de una visita del Presidente Barco. Dadas las características anteriores, podemos entrar a analizar en concreto la fuerza y dimensión de nuestros elementos de poder internacional en la actual coyuntura:

Nuestra Fuerza Natural, muestra hoy en día lo que parece ser el fin de una fugaz bonanza cafetera, con los consiguientes efectos en la actividad económica general y en especial en la incipiente recuperación económica que se venía registrando durante 1986. Aunque el sector petrolero y carbonífero tiende a compensar los efectos negativos desde el exclusivo punto de vista del sector externo.

Por consiguiente, la situación social tiende a adquirir crecientes características de inestabilidad con la permanencia del desempleo, la disminución de la capacidad de compra en los salarios, el desabastecimiento y las dificultades en importar equipos y bienes de capital al país. La paz interna es precaria y las amenazas de la subversión, se extienden por todo el territorio nacional aprovechando las causas del malestar social. Por consiguiente el elemento económico y el elemento político de nuestra fuerza nacional son de gran debilidad. Nuestra capacidad militar está rezagada en el Caribe, por cuanto es fácil señalar que las Fuerzas Armadas mantienen una alta prioridad en los objetivos para el mantenimiento de la seguridad interna, con funciones que en muchos casos corresponden a actividades predominantemente policivas. Es evidente que sólo en la zona del Caribe, países como México, Venezuela y Cuba poseen una capacidad militar muy superior a la colombiana, mientras que Nicaragua robustece y desarrolla sus fuerzas armadas hasta incluir elementos de avanzada sofisticación militar que en algunos aspectos sobrepasa evidentemente a la Fuerza Militar colombiana. Vale la pena anotar que este retraso militar obedece no sólo a la disponibilidad de menores recursos económicos, sino también a actividades de los Estados Unidos que han marginado los intereses vitales de Colombia en la zona, no teniéndolos en cuenta en las decisiones de abastecimiento de material militar con tecnología avanzada. En concreto, la decisión de venderle a Venezuela una escuadrilla de aviones F-16, constituye una grave decisión de los Estados Unidos contra los intereses, la estabilidad y la tranquilidad de Colombia, por cuanto incluye un elemento que desequilibra en forma demasiado grande la balanza militar entre los dos países. Si bien debe constituir un objetivo central de la Política Colombiana la búsqueda de la desmilitarización del área y de la reducción de gastos militares, no puede tampoco el país aceptar una grave inferioridad en capacidad combativa internacional. Cualquier actitud hacia el desarme y la reducción de gastos militares o congelación de los mismos, tiene que ser una actitud compartida y colectova de los países de la región.

Los elementos anteriores establecen una relación inevitable y de carácter negativo para una progresión de políticas independientes de Colombia en el plano internacional, debiéndose recalcar en particular nuestra pequeña capacidad de compra ante otros países. Puede pensarse, incluso, que algunos de los indispensables elementos en la recuperación nacional como son el aumento de exportaciones, la obtención de nuevas, la consecución de inversion extranjera, pueden llegar a tener puntos de colisión con una Política Internacional de características autánomas.

A lo anterior se agrega el negativo efecto que las actividades de narcotráfico cumplen para Colombia en la escena internacional, mucho más graves si contamos con algunas negativas características de la política de Estados Unidos ante nuestro país.

Estas, amenazan hoy con motivo en el control del narcotráfico a principales empresas de transporte aéreo y marítimo y a sectores tan importantes como la exportación de flores, mientras los mismos Estados Unidos debilitan su acción Interna para controlar el único factor decisivo en el problema, que es la demanda de sus consumidores.

En todo caso, para Colombia es evidente que el frente interno debe ser fortalecido con una gran prioridad sobre cualquier otra accion estatal. La defensa del Comercio Exterior y el regreso a un proceso de expansión en el mismo, pueden implicar una nueva fase de profundas reformas institucionales equivalentes tal vez a las realizadas en el año 1967 y que ahora podrían incluir elementos tales como la transformación de Proexpo en un Banco Nacional de Comercio Exterior junto con una profunda reforma en los instrumentos de penetración en los mercados internacionales.

VENTAJAS COMPARATIVAS ESTRUCTURALES

Pero, aparte del balance deprimente que resulta del análisis de nuestra Fuerza Nacional en sus manifestaciones de la coyuntura actual, hay que incluir en el análisis de la misma, las ventajas comparativas colombianas de carácter estructural, que son o pueden ser de gran importancia para otras naciones. Apenas me refiero a unas pocas, a título enunciativo y como ejemplo de cómo puede analizarse a nuestra Fuerza Nacional :

a. Ventajas energéticas.

Nuestro país es privilegiado en este punto si tenemos en cuenta que sólo por el aspecto hígrico, Colombia puede llegar a generar cerca de 100 millones de KWA. En un mundo donde este recurso está virtualmente agotado, para obtener una energía limpia y donde los países se ven obligados a utilizar energía nuclear en proporciones crecientes, este elemento debe jugar especialmente ante el capital internacional y las empresas transnacionales. Adicionalmente, el carbón térmico de excelentes calidades, ha reforzado nuestra posición energética, como proveedor internacional de energía y por consiguiente nuestra balanza de pagos. Nuestros intereses internacionales no pueden ser indiferentes a los compradores de carbón.

En el campo del coque siderúrgico, somos potencia internacional, lo cual obliga a analizar perspectivas de desarrollo siderúrgico, así como vinculaciones definidas con compradores de este elemento, como Brasil y Venezuela.

En relación con el petróleo, el futuro nos indica un fortalecimiento notable de Colombia, por su eventual relación con la OPEP y con los países compradores al combinar este elemento con nuestro carácter de país con costas al Pacífico, la producción de derivados del petróleo, etc.

b. Posición geográfica:

Cada vez estamos más cerca del mercado norteamericano, con el avance de los medios de transporte. Al mismo tiempo, nuestra característica de país integrado a la Cuenca del Pacífico, nos vincula a la cultura, a la demanda y tecnología del conjunto de naciones que hará al siglo XXI.

Es perfectamente claro hoy en día, que el motor de impulso del mundo se va desplazando paulatinamente al Océano Pacífico, donde se están registrando los índices más altos de desarrollo económico, de generación de tecnología y servicios y de incremento comercial.

No es coincidencia que tengan costas sobre el mismo océano, países como la República de China que no sólo crece a muy altas tasas, sino que innova en material político audazmente; el Japón que continúa creciendo en todos los momentos, incluso los de recesión mundial; Corea que está en trance de ingresar a la categoría de país altamente industrializado; Australia, como uno de los países de mayor ingreso per cápita en el mundo y muchos otros. Este carácter nos va a obligar a desarrollar nuestras costas sobre ese océano, llevándole factorías e incluso terminales de oleoductos de exportación. Es posible que la exportación más rentable de los fondos marinos se realice en el Pacífico, lo cual nos vincula a una eventual transnacional de los países del sur de este océano.

Es muy posible que el siglo XXI y el acceso a la Cuenca del Pacífico pase para Venezuela por territorio colombiano, haciendo aún más inevitable el entendimiento con nuestros vecinos. Nuestra posición geográfica, como país dominante, donde nacen los ríos que riegan las llanuras venezolanas, nos otorga un papel de mucha gravitación en el futuro de ese país.

El segundo canal interoceánico es de importancia incalculable para países como Japón, Unión Soviética y los Estados Unidos o Alemania, sin hablar de Panamá, el resto de Centroamérica o Brasil.

Los elementos anteriores pueden reforzarse con el hecho de poseer fronteras terrestres con Cinco naciones y marítimas con muchas más, contribuyendo a demostrar que tenemos elementos para una fuerte posición internacional, sobre los cuales el país no ha tenido conciencia, pero que son elementos valiosísimos para una nueva concepción de la política internacional de Colombia.

 

LA COORDINACION INTERNACIONAL

Este elemento en la acción diplomática colombiana, puede referirse en primer término a la situación de las alianzas tradicionales. Es evidente que la Organización de Estados Americanos y el TIAR se han venido deteriorando sin dar lugar a la formación de nuevas vinculaciones que las sustituyan. La solidaridad interamericana no resistió la prueba de la guerra de las Malvinas, durante la cual los Estados Unidos dieron muestras inequívocas de su absoluta inclinación por una potencia europea como Inglaterra, en el caso de un conflicto con algún país de la región latinoamericana. No es que los Estados Unidos de América debieran haber asumido una posición favorable a la Argentina, por cuanto desde un punto de vista jurídico el TIAR era inaplicable en este caso y Argentina era, a todas luces, el país agresor, como acertadamente lo comprendió el gobierno colombiano en su momento. Por lo tanto, una posición de neutralidad era la indicada al colocar en la balanza política de un lado, la falta que cometió Argentina contra el derecho internacional y contra los principios de solución pacífica a las controversias y del otro, la solidaridad continental que inspiraba la absoluta justicia de las reivindicaciones argentinas que habrían hecho inevitable el apoyo mundial si se hubiesen planteado en términos de una confrontación pacífica. Sin embargo, el gobierno de los Estados Unidos se inclinó por Inglaterra en el conflicto y apoyó activamente con recursos materiales y facilidades de diverso orden, a la expedición militar de la Gran Bretaña tal y como se señaló muy claramente durante los debates que en 1984 se desarrollaron en la Cámara de los Comunes. Por lo tanto, los Estados Unidos fueron parte activa en el conflicto, y. más aún, tal vez se convirtieron en el factor definitivo que inclinó la balanza militar en favor de Inglaterra. Este comportamiento norteamericano socavó profundamente los mismos fundamentos de confianza que habían servido de cimiento a las Alianzas Interamericanas.

Para América Latina fue grave comprobar que el conflicto de intereses con las potencias de la OTAN atraería más la solidaridad estadounidense hacia el norte que hacia el sur.

Otras hipótesis de alianza para Colombia, que en un momento dado presentaron notables posibilidades, como pudo ser la del Brasil, se han congelado y diluido para quedarse en el nivel de unas relaciones bilaterales cordiales. En general, el elemento de las alianzas internacionales presenta, más que un avance coadyuvante a los intereses internacionales del país, un verdadero estancamiento que favorece signos de aislamiento internacional y regional.

 

SINDICALISMO INTERNACIONAL

En cuanto a nuestra participación en estas actividades la podríamos denominar muy activa hacia dos temas básicos: De una parte la vinculación de Colombia a la Organización de países No Alineados, provocó en su momento numerosas reacciones y comentarios por cuanto constituía una decisión que se apartaba de la tradicional línea en la Política Internacional Colombiana dependiente y solidaria con la acción internacional de los Estados Unidos de América. Esta adhesión se interpretó como la búsqueda de una posición independiente que se acercaba a intereses comunes con otros países en vías de desarrollo en otras áreas del mundo y manifestaba al menos la capaciclad de comprender algunas afinidades con la posición internacional de la Unión Soviética y de Cuba. Es indudable, que la incorporación de Colombia a los No Alineados, constribuyó a mejorar la imagen política internacional del país, despertando simpatías en los medios de la izquierda política y de la prensa interde la misma tendencia. Asimismo, tal decisión ha permitido conocer y hacerse conocer más ampliamente ante comunidades de naciones tales como los países árabes o del Sur-este Asiático, con consecuencias muy positivas para los intereses colombianos, en particular en los organismcs internacionales. Hoy en día una posición colombiana en estos foros es más respetada, tiene un mayor impacto y en general goza de apoyos más amplios entre la inmensa mayoría de países considerados en vías de desarrollo.

ORGANIZACION DE PAISES DEUDORES

Por Otro lado el gobierno colombiano ha sido muy activo en la organización del grupo de países deudores de la región latinoamericana, en un momento en el cual los problemas de deuda externa de Colombia no presentaban características de crisis tan agudas, como en otros países de la región. Si bien la iniciativa colombiana fue aplaudida y eficiente durante las reuniones de Cartagena y posteriores, no está muy clara la conveniencia específica para los intereses colombianos de tan importante esfuerzo, por cuanto en el conflicto posterior con los organismos de Crédito Internacional y en particular con el FMT hemos debido enfrentarnos en forma aislada y en mi concepto poco hábil. Más bien, se debe destacar el crédito que para Colombia ha hecho el Fondo Andino de Reservas, como gesto eficiente de la solidaridad de los países en la subregión Andina, así como de los mecanismos previstos de tiempo atrás, en el marco del Acuerdo de Cartagena. Por lo tanto, esta última fase de actividad en el tema del sindicalismo internacional no representa, al menos todavía, elementos que permitan concluir que fue una gestión positiva para los intereses de Colombia, la organización internacional de los países deudores.

El gremialismo internacional, en cambio, no ha tenido impulso de especial significación en los últimos tiempos. Tal vez por la crisis mundial, los encuentros y convenios de productores en los temas de café, azúcar, banano y otros productos básicos, han sido de actividad moderada y de líneas relativamente estables, continuando instituciones y procesos muy anteriores a la actual administración. Sin embargo, su importancia es muy significativa en la actual crisis internacional del café, donde una definida solidaridad de los productores es indispensable para poder superar tan difícil coyuntura.

 

INTEGRACION ECONOMICA

En cambio, los aspectos de cooperación internacional vinculados con la integración económica lacinoamericana sí han sufrido un profundo deterioro en años recientes debido, no sólo a la crisis económica mundial y por consiguiente a las prácticas proteccicnistas, sino también a la ausencia de decisión política indispensable para la continuidad y éxito en los procesos de integración regional.

El Acuerdo. de Cartagena se ha resentido grandemente por la ausencia del liderato de Colombia, responsabilidad que no ha querido recoger ningün otro país. Ha sido miope la actitud del gobierno colombiano al limitarse a corresponder con atenciones similares a las limitaciones y violaciones a los convenios de integración, en lugar de promover líneas políticas de corrección de procedimientos y negociaciones amplias para allanar los obstáculos existentesa la ampliación de las corrientes de intercambio comercial. Es por lo menos necio sostener, que el Grupo Andino es indiferente o negativo para los intereses colombianos, cuando las cifras del intercambio demuestran palmariamente lo contrario, ya que el mercado de los países Andinos sirvió de factor de estímulo a numerosos renglones de la múltiple producción agrícola y manufacturera colombiana, renglones que han venido marchitándose en la medida en la que se ha reducido nuestro comercio internacional regional. Por otra parte, no se ha demostrado en cuáles proyectos específicos los compromisos de la programación industrial han inhibido nuevos desarrollos industriales en Colombia. No puede adelantarse una política integral de desarrollo en Colombia que le dé las espaldas al compromiso que representa un futuro comÚn con nuestros países vecinos. Por las razones anteriores cabe señalar un grave deterioro en la cooperación económica internacional derivaca de la integración económica y por lo tanto un mayor debilitamiento de nuestra capacidad económica y política externa. Ya no hay memoria de la última reunión a nivel ministerial en el Grupo Andino. No se entiende al final de cuentas por qué Colombia logra un Acta de Contadora en la cual se recomienda internamente a los países de la América Central la receta de la integración y no nos molestamos en aplicarnos esta receta a nosotros mismos siendo igualmente válidos los presupuestos para ambas regiones. Ni en geopolítica ri en desarrollo industrial, podemos alcanzar lugares de significación con prescindencia de la evidente necesidad de integrar nuestros países.

Tampoco parece que nos hubiéramos dado cuenta en los años recientes sobre la significación de consolidar la capacidad de compra internacional del Grupo Andino como instrumento de negociación internacional. Los países del Acuerdo de Cartagena tienen una capacidad de compra en conjunto, que excede la de muchos países industrializados y constituye posiblemente la mayor capacidad de compra en el Tercer Mundo. No sobra anotar, la grate fuerza que representaría esta capacidad de compra en las mesas de negociación con otros países que buscan afanosamente mercados para sus productos. La Administración Barco, ha impulsado la firma de un protocolo mcxlificatorio del Acuerdo de Cartagena, que trata de asumir una actitud realista retrocediendo en el nivel de compromisos para tratar de salvar algo de credibilidad en el proceso y al menos impulsar el intercambio comercial. Sin embargo, el proyecto tal y como se conoce hoy, representa el regreso al bilateralismo comercial, que se pensaba ya superado, y se posterga el juego multilateral indefinidamente. El Acuerdo de Cartagena queda enterrado y se deroga el régimen común a los capitales extranjeros, asumiendo una responsabilidad política, que hablá que analizar en oportunidades posteriores.

 

REGIMEN PARA LAS INVERSIONES EXTRANJERAS

El menosprecio político en que se ha mantenido al Grupo Andino, se ha apoyado en parte en un propósito claro de transformar las normas ante la inversión extranjera, hasta el punto de revocar virtualmente uno de los logros más importantes que generó el Acuerdo de Cartagena al constituir un cuerpo reglamentario que fue modelo para el mundo en vías de desarrollo fortaleciendo la capacidad negociadora de los países receptores sin desestimular al capital internacional en su eventual acceso a nuestros países.

Se ha partido, para este propósito, del sofisma consistente en creer que la inversión internacional no ingresa a nuestros países por razones de reglamentación sin darse cuenta o sin quererlo admitir que el capital internacional acude más que todo por el ambiente de inversión determinado en la rentabilidad y seguridad para el capital y para las personas y estabilidad en las normas jurídicas. El sofisma que se proclama al decir “necesitamos socios y no acreedores”, no pasa de ser una frase efectivista pero irreal. Un país subdesarrollado con bajo potencial económico y con poder internacional relativamente débil como es el caso de Colombia, tiene que fortalecer su poder de negociación internacional, no sólo con los otros Estados sino con las compañías transnacionales, lo cual ha sido precisamente el objeto de la Decisión 24. Constituye una verdadera ilusión pensar que instituciones colombianas del sector privado pueden enfrentarse exitosamente en las mesas de negociación a las transnacionales norteamericanas, japonesas o europeas, cuando ni siquiera las instituciones pertenementes al Estado como Ecopetrol, Calbocol o el Instituto de Fomento Industrial están en capacidad de negociar de igual a igual con empresas como la Exxon, Mitshu bishi, Renault, Krup o cualquier ocro de los grandes consorcios mundiales, sin que medie un cuerpo reglamentario respaldado por el Estado y ojalá por una comunidad internacional como la del Grupo Andino. La apertura incondicional al capital extranjero tal y como pareció desearlo la administración Betancur, conlleva profundos riesgos de incrementar nuestra relación de dependencia mundial frente a compañías específicas y constituye una actitud reaccionaria y superada hace muchos años. No se encuentra justificación válida en ejemplos tales como los desarrollos obtenidos por Singapur, Hong Kong y Otras áreas especiales del oriente, las cuales corresponden más a la concepción de zonas franéas que apoyan desarrollos nacionales, que a las características de unos Estados naciones, en una América Latina contemporánea.

Hay sofismas que hacen carrera en la imaginación superficial de algunos comentaristas. Tal es aquel otro que repicó algunos años insistiendo en que: ”Nadie hace plata asociándose con pobres”, lo cual desconoce los espectaculares desarrollos del sindicalismo a lo largo de la historia, los procesos cooperativos o el estadio de la pequeña empresa que, en su gran mayoría, han vivido las grandes compañías. En términos internacionales los procesos de asociación de países en de desarrollo, aportan valiosísimos elementos derivados de la unión de recursos, consolidación de capital escaso, manejo de una capacidad de compra multinacional y adición de mercados internos, lo cual proporciona la mayor parte de los elementos necesarios en la solución de los problemas de desarrollo económico.

Más bien, frente al sofisma, podríamos preguntar asumiendo posiciones realistas, ¿cuál es el rico que nos recibiría de socios y en cuáles condiciones? Si no existen normas precisas que le den un marco límite a los procesos de negociación, se producirá inevitablemente el abuso de los poderosos que buscan a nuestros recursos en las mejores condiciones posibles para su cálculo de beneficios.

En estos días la Administración Barco está impulsando la firma de profundas reformas al régimen comunitario ante la inversión extranjera. Virtualmente quedaría eliminada la Decisión 24 y se libera a cada país para competir en halagos al capital internacional para su atracción incondicionada. Estas modificaciones deberán ser analizadas en su oportunidad en su efectiva vinculación con el interés nacional. En todo caso, es lamentable que el gobierno colombiano haya querido convertirse en personero del debilitamiento de nuestra capacidad de negociacion internacional.

FALTA DE APOYO POLITICO

Por las razones anteriores, no es de cœer en la sinceridad de las literarias declaraciones de apoyo a la integración que se han venido formulando. En los hechos, existen actitudes y definiciones anti-integracionistas por parte del gobierno nacional; existen violaciones al Acuerdo de Cartagena por parte de Colombia, que no permite reclamar sobre los incumplimientos ajenos. O si no ¿por qué el Tribunal de Justicia del Grupo Andino tiene poco trabajo siendo tan numerosos los incumplimientos de los compromisos pactados?

 

GRUPO DE CONTADORA

Constituye este el aspecto tal vez más brillante de la gestión internacional de los dos últimos gobiernos. Es indudable el respaldo unánime y mundial a las gestiones y a los objetivos del llamado Grupo de Contadora. Si bien esta iniciativa surge de sectores políticos europeos que impulsan y motivan a los gobiernos de México, Venezuela, Panamá y Colombia a tomar la iniciativa de la paz en Centroamérica, es evidente la ponderación y acierto con los cuales estos países han manejado el proceso y particularmente la acción directa y constante del ex-Presidente Belisario Betancur en cada una de las etapas que ha vivido el Grupo de Contadora. El Presidente Barco ha seguido las líneas establecidas por el gobierno anterior y Contadora continúa representando una alternativa de solución regional al conflicto Centroamericano.

El haber logrado uno de los mayores respaldos internacionales que haya tenido cualquier iniciativa gubernamental en años recientes, no es ajeno al hecho de llenar Contadora un inmenso vacío creado por la apatía y decadencia de la Organización de Estados Americanos. Es evidente para el mundo entero que los problemas de la paz en la región latinoamericana deben tener un marco de negociación preferencialmente regional y que las soluciones deben buscarse y encontrarse dentro de la región misma, así tengan que ser avaladas posteriormente por organismos internacionales e incluso por las grandes potencias.

COLOMBIA, PAIS CENTROAMERICANO Y CARIBEÑO

La acción colombiana de Contadora, ha sido una acción acertada no sólo por la noblea de los objetivos sino por cuanto Colombia tiene intereses esenciales en la América Central y nuestra suerte no es indiferente de cuanto suceda en países tan vecinos. A pesar de algunas dificultades en la comprensión de este aserto, para las poblaciones del interior de Colombia y para algunos dirigentes de zonas mediterráneas, es clarísimo que Colombia es un país con caracteristicas centroamericanas y caribenas: Sólo el hecho de tener costas sobre ambos océanos más las posibilidades de poder construir un nuevo canal interoceánico nos marcan casi como un país ístmico. Nuestra vecindad nos da una inevitable permeabilidad política y social con los países de América Central. La misma inmediación nos señala determinantes económicos en el comercio, que sólo pueden crecer e incrementarse con los años. Además, el hecho de poseer territorios insulares en el Caribe y marítimos colindantes con los países centroamericanos afirma un determinismo caribeño y centroamericano imposible de desconocer. No podríamos decir con certeza si las características de Colombia la hacen más suramericana que centroamericana o a la inversa.

Entre los factores externos que juegan en la problemática centroamericana es indudable y de primordial importancia el conflicto este-oeste que se hace presente en la regíon, aprovechado el campo fértil que los factores internos de carácter histórico y los conflictos norte-sur han abonado en un período más que centenario. El malestar social y político derivado de los elementos anteriores, favorece el enfrentamiento de las grandes potencias mundiales con la activa participación de Cuba.

Constituye este aspecto del conflicto el más grave, costoso y destructor elemento en la muy compleja situación centroamericana.

Por lo anterior, la filosofía que inspira al proceso de Contadora es justa e inteligente. Es fundamental en ella, extraer la región en la mayor medida posible del enfrentamiento ruso-norteamericano y reducir la gravitación de las potencias en el futuro de la región. Una alternativa a la política propuesta por Contadora sería la terapia Kissinger, cuyo efecto a corto y largo plazo sería el aumentar la mediatización de América Central y su dependencia de la Política y la acción de los Estados Unidos, con el riesgo de incrementar las tensiones en el área y la violencia consiguiente.

 

LA OEA

Si el conflicto hubiese tenido lugar algunos años atrás, la instancia natural y lógica habría sido la Organización de Estados Americanos y su mecanismo para la solución de conflictos en el continente. El origen de la OEA, su inspiración y los propósitos reconocidos en forma comunitaria por los pmses del continente señalarían al sistema interamericano como consistente y eficaz, en la solución de los problemas regionales. Sin embargo el deterioro persistente de esta organización, que va desde la carcomida estructura administrativa hasta las profundas contradicciones en sus actividades políticas la han ido convirtiendo en un organismo inútil por inaceptable para países y conflictos regionales. La inconsecuencia de sus actitudes frente al totalitarismo de izquierda contrarias a las sostenidas ante el totalitarismo de derecha, le ha quitado validez y credibilidad. El aislamiento de Cuba y la rigidez ante el régimen de Fidel Castro hizo contraste con la tolerancia y complacencia sostenida ante Stroessner y Pinochet, lo cual vino a agravar aun más la situación general del sistema interamericano. A lo anterior se suma la crisis de las Malvinas, a la cual nos referimos anteriormente, y que manifestó abiertamente la insolidaridad de los Estados Unidos en un conflicto regional con Europa, agravando todavía más la precaria situación de la OEA.

En el fondo, existen fallas básicas en la concepciór del sistema interamericano que conspiran permanentemente contra el desempeño eficiente de la OEA. Existe en el sistema, un desequilibrio político como consecuencia de la ficción jurídica que establece la igualdad de los Estados y presume equivocadamente de condiciones equitativas en las relaciones bilaterales con los Estados Unidos de América.

 

NECESIDAD DE UN FORO POLITICO LATINOAMERICANO

El senador Luis Carlos Galán propuso en plena campaña electoral en un discurso en la ciudad de Barranquilla en el año de 1982, la constitución de una organizació política latinoamericana. Las razones que favorecen este planteamiento son claras.

En primer término, la Organización de Estados Americanos sólo puede recuperar su importancia y su utilidad en la medida en la que reforme la estructura de las relaciones internas con un criterio de realismo político que torne en cuenta las diferencias entre los países del continente y sobre todo los desequilibrios en su capacidad de negociación con los Estados Unidos de América. Es necesario coordinar a los países latinoamericanos frente a Estados Unidos, como prerequisito de unos procesos de negociación relativamente equilibrados. Por lo tanto América Latina necesita un marco de coordinación, previo al planteamiento de sus diferencias continentales dentro de la Unión Panamericana y frente a Estados Unidos y ojalá al Canadá. Por otra parte, las relaci0nes América Latina con la CEE, exigen una contraparte organizada en la América Latina. Si bien es cierto que la multiplicidad en los interlocutores latinoamericanos de la OEA limita efectivamente acciones amplias y relfi2jones político-económicas más intensas, pensar que nuestra región necesita un conducto como España para llegar a Europa sería como tratar de retroceder en la historia y degradar a la América Latina. Sólo una organización regional podría motivar un cambio real y favorable frente a Europa Asimismo, la coordinación regional de los países latinoameticanos incrementaría nuestra importancia internacicnal dentro de la ONU y en los demás foros mundiales. Además, este organismo podría operar con una gran eficiencia en la solución de controversias a nivel regional y continental. Por lo demás, sería la mejor expresión de una política profunda de no alineación.

RELACIONES COLOMBO—VENEZOLANAS

Las relaciones entre los dos países han tenido un notable proceso de deterioro en los últimos años, a raíz de la crisis internacional que se hizo extensiva a las situaciones internas de Colombia y Venezuela. El frente de inversiones ha venido reduciéndose con la desaparición de varias de las empresas de capital mixto tanto en Venezuela como en Colombia. El intercambio fronterizo se redujo en forma brutal con oportunidad de la devaluación venezolana, afectando de manera sensible a muchas empresas productoras colombianas. Los proyectos conjuntos se detuvieron por mucho tiempo contribuyendo al enfriamiento general de las relaciones bilaterales. El deterioro grave en el proceso del Grupo Andino hizo fallar el marco multilateral en donde se lograron colocar las relaciones colombo-venezolanas en años pasados con un notable éxito. El nivel del intercambio comercial se ha reducido drásticamente.

A todo lo anterior se suma la carencia de solución y ni siquiera un avanve en las prolongadas conversaciones que, durante 27 años, han adelantado los dos países a propósito de ia delimitación marítima en el Golfo de Venezuela.

El infortunado episodio de Caraballeda, en donde el anterior gobierno de Venezuela demostró un grado inconcebible de debilidad política al no respaldar a sus negociadores, constituye el último antecedente en el manejo del diferendo. El presidente Lusinchi anunció durante su campaña que le daría prioridad a este tema sin que se conozcan gestiones o decisiones específicas del gobierno venezolano al respecto. El equivocado manejo de la crisis económica, la aislada política cambiaria de ambos bancos centrales, han sumido en la miseria a amplias zonas de las áreas fronterizas transformando a Cúcuta y a otros municipios en áreas casi mendicantes en los peores momentos de la reciente crisis.

Estoy convencido de que el deteriroro y los negativos efectos registrados tienen gran parte de responsabilidad en la clase política de ambos países queno han sabido defender debidamente los intereses colectivos de las dos naciones, cediendo a presiones internas de grupos interesados en obstaculizar y aun hostigar cualquier avance en las relaciones bilaterales o cualquier debilitamiento en las respectivas politicas proteccionistas.

UN CAMBIO HACIA EL PACIFICO

Es hora ya de visualizar las características de los dos países en el siglo XXI y de colocar objetivos de trascendencia. A este respecto cabe preguntarse si Venezuela puede ser indiferente al cambio en el eje de rotación de la historia que está transfiriéndose progresivamente del Atlántico hacia el Pacífico. El hecho claro de que países como China, Corea, Australia, Nueva Zelanda, Japón, Singapur, etc., registren los más altos índices de desarrollo económico en el mundo contemporáneo, así como que en los Estados Unidos se experimenta un traslado masivo de empresas de todo orden de la Costa Este a la Costa Pacífica demuestran la tendencia de los procesos económicos que van a caracterizar al siglo XXI. La eventual creación de la multinacional de los países del sur del Pacífico en América Latina, entre los cuales se contará a Colombia y que aspiraría a desarrollar grandes explotaciones económicas en el fondo de este Océano, marca el camino de nuestra orientación para la próxima centuria.

Podemos preguntarnos: ¿Cuáles serían los cambios en las políticas macroeconómicas de Venezuela para el futuro, si pudiese tener acceso ese país a un puerto importante sobre el Océano Pacífico a muy pocas horas de carretera desde su frontera o desde un ferrocarril y por qué no, de un oleoducto? Creo que vale la pena que ambos países estudien juntos las perspectivas del siglo XXI y la mejor manera de enfrentarlo en conjunto.

MESAS DE NEGOCIACION

Con Empresas Transnacionales

En el mundo contemporáneo el manejo y la relación con las grandes empresas y consorcios posee importancia mayor, si se quiere, que las correspondientes con los Estados. En un país en vías de desarrollo, la relación con una gran empresa internacional exige, o bien un firme apoyo del Estado a la empresa privada que entra en esta relación, o bien que la contraparte de la transnacional sea el mismo Estado. Lo anterior, porque las dimensiones económicas de las grandes empresas, frecuentemente superan las cifras económicas de muchas naciones, en particular de las del Tercer Mundo. Por lo tanto, el nivel de influencia mundial y la capacidad de presión de una transnacional superan muy ampliamente a la de cualquier empresa privada nacional. Por lo anterior, la búsqueda de un equilibrio con las Empresas Transnacionales exige en muchos casos que el Estado se siente a la mesa de negociación e incluso se fortalezca con es. tructuras reglamentarias destinadas a permitir un diálogo más equitativo y más eficiente.

Las consideraciones anteriores generaron en la década de 1970 la búsqueda de reglamentaciones ante la inversión extranjera por parte de los países en vías de desarrollo. Específicamente los países vinculados al Acuerdo de Cartagena expidieron un conjunto de normas conocidas como la Decisión 24 del Grupo Andino, a la cual ya nos hemos referido.

La administración Barco ha recogido la misma orientación del partido conservador en el tema de inversiones extranjeras que fue predominante en la administración Betancur, impulsando la eventual destinación de la decisión 24, como se ha anotado anteriormente.

Durante la campaña electoral el candidato Barco atacó la firma del convenio con la OPC, hecha por el gobierno conservador. Hoy en día no se conoce que correcciones realiza el actual gobierno ante el acto atacado en la campaña.

Es demasiado simplista pensar que la inversión internacional depende de la existencia o no de reglamentaciones en el país receptor. Es claro como el día que las principales razones para tener acceso a la inversión internacional, se refieren a las condiciones de seguridad, rentabilidad y estabilidad en las reglas de juego. Mientras no existan condiciones mínimas razonables de seguridad en la vida y en la propiedad privada, no vendría una corriente de capital considerable, atraída sólo por guiños y sonrisas de personeros gubernamentales. En cambio, donde existe seguridad suficiente, condiciones laborales competitivas y una rentabilidad adecuada, el inversionista internacional llega de todas maneras aceptando unas reglas de juego que permitan negociarcon equilibrio y con respeto a lo contraparte.

Las Empresas Trersnacionales no son ni buenas ni malas. Sus efectos benéficos o no sobre los países dependen de la forma como ellos negocien su vinculación a las economías nacionales. Y es evidente que, para poder negociar con éxito, se necesita un mínimo de poder. Lo sorprendente es que el gobierno colombiano quiera prescindir de él.

No sobra recordar las épocas en las cuales Colombia pagaba regalías al exterior por la fabricación de arepo muy cerca de cargar nuestro servicio de deuda en el sector de alimentos. Estuvimos hace poco tiempo muy cerca de cargar nuestro servicio de deduda externa con giros correspondientes al “Know-how” de hamburguesas.

Lo anterior es suficiente para señalar que esta actitud del gobierno constituye una de las más grandes pquivocaciones en su política internacional.

, Otras Mesas de Negociación.

Es evidente que Colombia puede manejar con mayor éxito su poder internacional, en aquellas negociaciones que, por su característica regional latinoamericana o sectorial, como productor básico, tenemos una mayor importancia proporcional.

En cambio, en los foros globales de negociación internacional como en el GATT o la UNCTAD o la Conferencia del Mar, donde lo sectorial constituye una derivación de estrategias globales, el poder internacional del país es proporcionalmente menor, la negociación es más difícil y exigente y sólo a veces las posibilidades para nuestros intereses, pueden ser mayores. Sin embargo, son estas mesas de negociación las susceptibles de producir cambios sustanciales en las estructuras mundiales, particularmente en los temas económicos y comerciales. Unas nuevas negociaciones en el GATT, a nivel internacional, pueden ser fundamentales para los intereses colombianos en la economía mundial, son acordes con los propósitos de diversificación comercial y de apertura mundial y sobre todo, nos generan una formación negociadora y una información esencial para las estrategias colombianas a todo nivel. El país no ha enfrentado decididamente su participación en estos foros, no ha creado una infraestructura de respaldo ni de aprovechamiento en los beneficios potenciales, ni ha procedido a la formación de negociadores profesionales.

La Organización Nacional

Lo anterior nos lleva a señalar el lamentable nivel de nuestra Cancillería, la ausencia de una verdadera carrera diplomática, la transitoriedad e impreparación de nuestros negociadores, lo cual inhibe una adecuada presentación de nuestro país ante el mundo, y permite errores como el presentado en relación con el tratado de 1939 con la República de Venezuela. Es por lo menos sorprendente que quienes prepararon un comunicado a la prensa nacional de la Cancillería, reivindicando las características de “interés vital” para Colombia en la delimitación de fronteras marítimas con Venezuela, no hubiesen advertido la significación de ese término, dado por el artículo 20 del tratado vigente, siendo Ministro Augusto Ramírez Ocampo.

La reforma de nuestra Cancillería, la adecuada capacidad de nuestro personal burocrático y la reestructuración de una verdadera carrera diplomática constituyen los temas más urgentes para acometer dentro de un propósito de impulso a nuestra política internacional. Debe reducirse radicalmente el criterio político en los nombramientos de los funcionarios a un porcentaje inferior al 50% de los jefes de misión respetando para todos los demás cargos la estructura de la carrera diplomática. Es ilusorio pensar que un país puede manejar con decoro y eficiencia los intereses internacionales por debajo de niveles de irresponsabilidad. No hay esfuerzo personal de un presidente colombiano en el campo internacional que pueda ser perdurable, si no está apoyado en una estructura racional y moderna de la Cancillería. Considero que para estos efectos, la Escuela Superior de Administración Pública (ESAP) podría tomar la iniciativa contratando una adecuada asistencia internacional, bien sea de las Naciones Unidas o de otra entidad debidamente capacitada, y adelantar la formación de un proyecto integral con el cual se comprometan los partidos políticos.

Movilización de la Opinión Internacional

Tradicionalmente Colombia ha sido un país sin imagen ante la opinión pública mundial y que ha contado la mayor parte del tiempo, con más mala que con buena prensa. Las características del país subdesarrollado, tropical, multirracial, latinoamericano y de baja capaciclad económica sumados, han configurado un conjunto que no es llamativo en principio para despertar interés en los medios de comunicación de los grandes países. Ultimamente se adiciona lo anterior al elemento del narcotráfico y de la subversión armada que refuerza un carácter negativo de nuestra imagen internacional.

Este factor, definido como la capacidad de movilización de la opinión internacional, debe colocarse entre los elementos más importantes en la política internacional de un país, especialmente desde la guerra de Vietnam, en donde hace diez años se demostró el papel decisivo que la opinión no sólo interna de los Estados Unidos sino mundial, podía jugar en un proceso de confrontación internacional.

En otras oportunidades históricas recientes, como en el desarrollo del conflicto centroamericano es sabido el conocido manejo que se trata de dar a los elementos que pueden tener influencias en la opinión mundial. Es natural que éste factor juega con mucha mayor profundidad en los países occidentales de estructura democrática que en los países socialistas. La rígida limitación a la información de su opinión pública externa, establecida por estos últimos, reduce considerablemente su participación en las orientaciones políticas internacionales. Por esta razón la Unión Soviética sólo ha perdido opinión internacional con el conflicto de Afganistán sin que se haya detectado una movilización siquiera mínima de la opinión pública soviética.

Todo lo contrario sucede con la vinculación norteamericana en Centroamérica en donde una opinión mundial y nacional, juega un papel determinante en la suerte de esta confrontación.

Colombia no puede depender de la capacidad personal de su presidente para un empleo adecuado de tan importante factor de la política internacional. Sólo una Cancillería organizada, adecuadamente preparada y dotada, estará en capacidad de trabajar eficazmente desarrollando este factor esencial de las relaciones internacionales contemporáneas en donde estamos muy lejos todavía de poder disponer de niveles mínimos de opinión coadyuvantes a nuestros intereses y derechos en la esfera mundial.

EL DERECHO INTERNACIONAL

El país continúa disponiendo de un acervo de juristas de reconocida calidad, capaces de representar brillantemente sus intereses, tanto en los procesos de formación de nuevas instituciones jurídicas como en el enfrentamiento de intereses nacionales con los de otros países en instituciones internacionales de justicia o en sistemas arbitrales Existen por lo tanto, continuadores y herederos de una prestigiosa tradición jurídica, que deben ser consejeros necesarios para las acciones internacionales del país.

Sin embargo, cabe anotar un proceso de debilitamiento nacional e internacional en la re sobre la eficacia de las instituciones jurídicas. La pérdida de vigencia del derecho internacional, ha sido causada por el aumento en las conductas “de facto” de las grandes potencias, así como por el incremento del margen de negociabilidad en los conflictos de intereses. Continúa siendo lejano el ideal de una comunidad mundial regica por el Derecho y respetuosa de las instituciones, derechos y acuerdos internacionales, lo cual hace necesario, como se ha señalado en otras páginas, que el país fortalezca otros elementos de su poder internacional, sin descuidar la formación y mantenimiento de una tradición jurídica

Por lo anterior, señalamos como indispensable una vinculación estrecha e institucional de nuestros juristas internacionales a la Cancillería y a la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores. Asimismo se echa de menos una Escuela de Derecho Internacional que incluya la formación en Derecho Comparado Latinoamericano y la actividad de un Centro de Investigación que profundice de manera sistemática en los nuevos campos del Derecho Espacial, el correspondiente a las instituciones tecnológicas, de marcas y patentes de invención, de manejo de los medios de comunicación, etc. Este Centro de Investigaciones debería profundizar en el sector de ambigüedades que puede afectar algunos intereses colombianos, asi como desarrollarse como entidad académica capaz de atraer participantes de otros países, principalmente latinoamericanos. Sus programas deberán tender hacia los conceptos contemporáneos de formación en relaciones internacionales y disciplinas jurídicas.

CONCLUSIONES

En primer término Colombia debe asumir un método de análisis de la problemática internacional con características pragmáticas que, permanentemente haga referencia a la vinculación actual o potencial de los intereses nacionales, con los acontecimientos internacionales. Una sistemática adecuada para el análisis permanente del acaecer mundial, puede extraerse de una clasificación de los factores de poder, similar a la que se ha venido enunciando en las páginas anteriores, o sea, la fuerza nacional con sus tres elementos principales: político, económico y militar; la coordinación internacional; la capacidad de influir sobre la opinión internacional; el Derecho Internacional; y por último, las Mesas de Negociación.

El primer elemento ha sido tradicionalmente débil en Colombia, pero en la actual coyuntura es particularmente negativo en sus tres sectores: el político que trata de encontrar una salida al dilema anarquía o represión, frente a una situación mal manejada de orden público y de grave indecisión para reformas sociales y políticas; el económico, afectado por una nueva crisis del café, disminución de capacidad internacional de compra y debilitamiento en todos los órdenes; y el sector militar que sufre el impacto proveniente de las situaciones políticas y económicas y que ha debido orientarse a atender frentes internos en actividades policivas las más de las veces, como la represión al tráfico de narcóticos o la delincuencia vinculada al orden público, pero en todo caso, alejadas de determinadas internacionales, y con una marcada precariedad en recursos.

El segundo factor, que es la coordinación internaeional, ha tenido una gestión brillante con el Grupo de Contadora los dos últimos gobiernos, que contrasta con cl resto de componentes en este sector. La política latinoamericana ha sido de una gran pobreza, como la acción hemisférica y la correspondiente a Europa y ha continuado la inexistencia de una política hacia el Pacífico. Con Venezuela se registra un nivel muy bajo en las relaciones bilaterales.

El tercer factor, como capacidad de influir en la opinion internacional, mejoro sensiblemente al comienzo de la administración anterior, pero no ha podido compensar la incidencia negativa del narcotráfico, de la violencia interior, y las dificultades internas para el desarrollo.

El cuarto factor, constituido por el Derecho Internacional, continúa siendo el elemento esencial de la actual política internacional colombiana si bien ha encontrado en ciertas perplejidades que se originan en situaciones ambiguas para algunos intereses colombianos y especialmente por la comprobación frecuente de su indefensión e inutilidad ante las decisiones de fuerza por parte de las grandes potencias. La sociedad colombiana ha dejado de sentirse adecuadamente protegida por las estructuras jurídicas internacionales.

El quinto y último elemento, radicado en las Mesas de Negociación, ha sido notoriamente descuidado, tanto en la formacion de negociadores, como en el marginamiento del tema en las preocupaciones del Estado. El actual gobierno busca deliberada e inexplicablemente la reducción de nuestro poder de negociación ante las compañías transnacionales. Además, no se ha registrado actividad importante en negociaciones bilaterales o multilaterales en estos años. El incoherente manejo ante el FMI y el final acatamiento a su ortodoxia, constituyó una grave demostración de la debilidad colombiana en las Mesas de Negociación.

El objetivo inmediato de una política internacional colombiana debe tener, como paso siguiente a la etapa de análisis ya descrita, la obtención de condiciones que refuercen al máximo nuestro poder internacional. Un gobierno responsable debe estar atento permanentemente al fortalecimiento de nuestra capacidad internacional, tomando conciencia sobre los factores que la componen.

Como metas esenciales, se deben establecer los objetivos que, en función de las prioridades internas, resultarían aconsejables en nuestras relaciones internacionales. Es decir, las características de la política económica y social, deben señalar las metas sustantivas de la política internacional. Si dentro de las prioridades internas se coloca la generación de empleo por ejemplo, las características de la política internacional económica serán diferentes, o si las prioridades internas se colocan en el desarrollo del sector minero, por ejemplo. Parte esencial del desafío del desarrollo económico para los próximos años consiste en ser capaces de preservar e incrementar nuestra diversificación económica, ante el auge del sector minero y elaborar una acción internacional consecuente, tanto en los instrumentos de comercio internacional, como en los foros económicos mundiales.

Por lo tanto, gran parte de la política internacional de un país depende de las características de sus políticas internas, y de su proceso de desarrollo económico y social. Lo que no presenta elementos de dependencia con estas políticas es, indudablemente, el proceso de fortalecimiento del poder internacional del país como una meta instrumental, pero definitiva, para la obtención de los objetivos esenciales.

Recomendaciones. Una concepción realista de la política internacional colombiana debe considerar las siguientes fases y características:

 

FASES

a. Debe avanzar en los acuerdos con los países vecinos, orientando esencialmente las relaciones bilaterales, hacia el fortalecimiento del marco multilateral definido por el Acuerdo de Cartagena, para los países correspondientes.

b. Es fundamental para los intereses de Colombia, hacer progresar la concertación y coordinación de la integración subregional andina, tanto como medio de expansión en sus relaciones económicas y en sus propósitos de desarrollo interno, como para el fortalecimiento de la posición negociadora de los intereses colombianos y subregionales específicos ante el resto de América Latina, como frente a la Comunidad Económica Europea, los Estados Unidos, el Comecon y otros foros o enti-dades internacionales.

c. Debe buscarse la formación de un foro político regional latinoamericano como medio práctico de revitalizar el sistema interamericano y de ampliar la coordinación regional en las Naciones Unidas y en cualquier otro planteamiento a nivel mundial. Es esencial una entidad política regional, no sólo en función del robustecimiento del poder internacional de la región, sino como medio de solución pacífica de controversias regionales y como mesa de negociación en temas tales como el de desarme entre países de América Latina. Debe tenerse en cuenta que un sistema interamericano operativo y sano, pasa necesariamente por el fortalecimiento de la región latinoamericana, para un adecuado equilibrio entre los negociadores. La OEA debe reformarse profundamente, dentro de un pluralismo político y geográfico, o debe desaparecer del hemisferio.