D020 P029 | Las Naciones Unidas: 40 años después

Documentos Nuevo Liberalismo | Luis Carlos Galán

D020 P029 | Las Naciones Unidas: 40 años después

Por Jorge Valencia Jaramillo

Existen muchas dudas a estas alturas sobre si los objetivos fundamentales de la Carta de las Naciones Unidas se han afirmado y desarrollado a lo largo de sus primeros 40 años de existencia.

Las opiniones están muy divididas en cuanto a los puntos fuertes y débiles de la labor cumplida por la Organización. No obstante se reconoce que los principios de la Carta de las Naciones Unidas siguen siendo válidos y que es necesario reforzar la institución de manera que satisfaga mejor las necesidades futuras.

En el mundo de hoy se toman a diario medidas unilaterales para situaciones que no pueden resolverse sin el acuerdo de todos los Estados interesados. Lo más perturbador es la tendencia y la intención de eludir las instituciones de la diplomacia multilateral, penosamente edificadas a lo largo de los últimos cuatro decenios. Se recae una y otra vez en métodos y criterios que, como la experiencia demuestra, jamás consiguieron, en el pasado, garantizar una paz duradera.

El actual secretario general señaló recientemente que “no hemos terminado de adaptarnos a la nueva e inestable distribución de fuerzas que reina en el mundo como consecuencia de la segunda guerra mundial, el proceso revolucionario de la descolonización, variados cambios demográficos y tecnológicos, modalidades desiguales de desarrollo mundial y, naturalmente, la aparición de las armas nucleares. Las Naciones Unidas deben ser —y son— un elemento central para hacer, por medios pacíficos, los ajustes que exigen las precarias interrelaciones en juego”.

Sin embargo, y pese a que es evidente la existencia de una tendencia al unilateralismo que se aparta del principio tantas veces defendido de resolver los problemas multilateralmente, el mundo no podrá soportar el proceso de cambios que actualmente tiene lugar y que se acelerará aún más en los próximos años, sin una organización capaz de coordinar y armonizar los esfuerzos de las naciones por alcanzar propósitos comunes. Ya nadie puede negar —la realidad lo demuestra día a día- que el destino de cada país está cada vez más ligado al de los demás y que no hay nada que pueda sustituir a un sistema multilateral en lo que se refiere a mantener la paz y la seguridad internacionales y a resolver los problemas mundiales.

LA PAZ Y LA SEGURIDAD

Mucho se dice sobre la forma como las Naciones Unidas han defraudado a quienes inicialmente depositaron en ellas sus esperanzas y su confianza.

Es imprescindible recordar ahora, a pesar de lo sucedido, cómo inmediatamente después de haberse fundado las Naciones Unidas se abrió un abismo casi insondable entre el Este y el Oeste que ocasionó el derrumbamiento del consenso entre las grandes potencias y dejó en entredicho el supuesto básico en que se apoya el esquema de seguridad colectiva previsto por la Carta. No es acceder demasiado, por consiguiente, si se reconoce que, en comparación con el mundo de concordia y armonía imaginado por los redactores de la Carta, las Naciones Unidas han defraudado muchas aspiraciones.

Sin embargo en el mundo en que ahora funciona, un mundo lleno de tensiones entre las grandes potencias, con carrera armamentista, agudos conflictos de intereses nacionales, resentimientos nacidos de pasadas violaciones, profundas disparidades económicas, imborrables y protuberantes diferencias culturales, pobreza extrema, sequía y hambruna, las Naciones Unidas han logrado bastante y, en algunos casos, más de lo que cabía imaginar en la fecha de su fundación.

Es preciso reconocer, de todas maneras, que la incapacidad de las Naciones Unidas para evitar o resolver muchos de los conflictos armados entre los Estados Miembros hace que se resienta considerablemente la credibilidad de la Organización ante la comunidad internacional, de cuyo apoyo, en última instancia, depende la vitalidad de las Naciones Unidas.

 

EL DESARME

Es evidente —como una verdad de a puño— que sólo los propios Estados que poseen y fabrican armas nucleares, especialmente los más poderosos, pueden tomar las decisiones fundamentales que se requieren para el control, la limitación y la eliminación definitiva de estos elementos de desastre.

La conferencia de Desarme, en su carácter de único órgano negociador de la comunidad internacional debería aceptarse por los grandes como un foro adecuado y competente, donde la evolución, que podría calificarse como positiva, y que se ha producido recientemente, debería encontrar expresión en acuerdos específicos.

El asunto de los ensayos nucleares en general y en particular su prohibición completa y total debe seguir examinándose de manera prioritaria y urgente en la Conferencia de Desarme. Las negociaciones, así mismo, sobre la prohibición absoluta y la destrucción de las armas químicas merecen la mayor prontitud.

Debe desarrollarse la capacidad de la Organización de ayudar en la verificación y el cumplimiento de los acuerdos tanto en el campo nuclear como en el no nuclear. Es también imprescindible el establecimiento de un Centro Multilateral de Alerta Nuclear para reducir el riesgo de falsas interpretaciones sobre lanzamientos nucleares no intencionales o, en el futuro, la no despreciable posibilidad de lanzamientos aislados efectuados por quienes tengan acceso a dispositivos nucleares, así sea en poca cantidad.

LOS DERECHOS HUMANOS

Las Naciones Unidas tienen el mérito de haber elaborado ciertos documentos de valor universal: la Declaración Universal y los dos Pactos relativos a los Derechos Humanos. Con ellos se ha establecido un patrón de comportamiento, respeto y protección de esos derechos humanos. Y con ellos, también, puede medirse la conducta de los diferentes gobiernos.

En buena medida las actividades de las Naciones Unidas se han trasladado gradualmente de la definición a la promoción del respeto de los derechos así definidos. Es de esperar que esta tendencia continúe y crezca en los años por venir.

Merecen mención dos resoluciones adoptadas hace ya algún tiempo: La aprobación en 1984 de la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes, en que se prevé un nuevo mecanismo de vigilancia y el afianzamiento de la institución de los relatores especiales escogidos por la Comisión de Derechos Humanos para estudiar denuncias en países concretos sobre posibles violaciones en casos como los de las desapariciones, las ejecuciones sumarias, la tortura o la intolerancia religiosa.

A propósito de los derechos humanos ninguna forma de violación es de mayor alcance que el apartheid. El apartheid es, en realidad, mucho más que un problema de violación de los derechos humanos. Es un problema con raíces raciales, políticas y económicas que pone en peligro la estabilidad y la seguridad de toda una región. Sólo mediante la eliminación total del apartheid —a pesar de la intransigente minoría blanca— podrá establecerse la paz en Sudáfrica y en toda la parte meridional de este continente.

Es indispensable que la comunidad internacional intensifique al máximo la presión sobre el gobierno sudafricano para conseguir ojalá un cambio pacífico o, al menos, poco sangriento.

 

LA DESCOLONIZACION

Cercanos a la finalización del siglo XX la descolonización se encuentra muy avanzada, pero aún no está completa.

El problema mas urgente de descolonización es, ciertamente, el de Namibia, con respecto a la cual las Naciones Unidas tienen una responsabilidad directa.

Namibia continúa injustamente privada del derecho a la libre determinación debido al control ilegal que sobre ella ejerce Sudáfrica, la cual insiste en vincular su presencia con el retiro de las tropas cubanas en Angola. El problema particular de Namibia podría solucionarse inmediatamente si así lo permitiera el gobierno de Pretoria. Las demoras sólo aumentarán la inestabilidad y la violencia en la region y prolongarán innecesariamente los sufrimientos de los habitantes de Namibia.

 

EL AVANCE TECNOLOGICO

La revolución tecnológica, que continúa su marcha, ha impuesto cambios en casi todos los aspectos de la existencia humana. Por una parte, alienta las esperanzas de que se logre el desarrollo mundial pero también plantea la difícil cuestión de si la comunidad internacional, como un todo, podrá manejar de manera segura, en beneficio de todos, las invenciones de la inteligencia humana. Las Naciones Unidas deben perseguir en esta esfera tres objetivos generales: contribuir a llevar las nuevas tecnologías a todos los países para promover el desarrollo; alentar la cooperación más amplia para aprovechar las ventajas de los avances tecnológicos; organizar un movimiento multilateral que busque eliminar las consecuencias negativas de las nuevas tecnologías, que puedan afectar a la sociedad en general. Hasta ahora, al menos no se han emplazado armas nucleares en el espacio ultraterrestre ni en los fondos marinos, lo cual constituye un logro importante de la diplomacia multilateral. Se reconoce en general que las empresas transnacionales pueden desempeñar una función positiva en la tarea de que la tecnología avanzada llegue a los países en desarrollo. Subsiste, no obstante, la necesidad de un código de conducta convenido multilateralmente que asegure la protección de los intereses de los países receptores y de las propias empresas.

 

LOS AMBITOS HUMANITARIO Y SOCIAL

La comunidad internacional sufre el flagelo del terrorismo y del tráfico ilegal de narcóticos. El terrorismo no sólo produce la pérdida de numerosas vidas, sino que además debilita la base del comportamiento civilizado sobre el que se sustentan las relaciones internacionales. Es preciso pocerle coto, pues él puede llevarnos a la guerra. El narcotráfico y el uso indebido de drogas constituye una amenaza tan destructiva para la humanidad como lo fueron las plagas que asolaron el mundo en otras épocas.

Las Naciones Unidas han condenado el terrorismo en todas sus formas y han buscado quitarle toda justificación en cualquier circunstancia. No obstante seguirá siendo necesaria una cooperación internacional más estrecha para combatir este mal.

Las Naciones Unidas han adoptado también medidas importantes para el uso indebido y el tráfico de drogas. Se organizará en junio de 1987 la primera conferencia mundial para tratar todos los aspectos relacionados con tan tenebroso asunto. Se están realizando trabajos preparatorios para asegurar que se llegue a un acuerdo sobre medidas prácticas y concertadas que habrán de adoptar la comunidad internacional, los gobiernos, las organizaciones gubernamentales, las comunidades e incluso los particulares.

Mucho más, en fin, podría decirse sobre las Naciones Unidas, pero en otra oportunidad será. Es lamentable, en todo caso, que en buena medida lo que hace no tenga la divulgación suficiente y que ni el gobierno, ni los colombianos en general, parecen comprender a cabalidad el papel fundamental que la institución desarrolla y puede desarrollar en bien del palS y de la humanidad en su conjunto.