D025 P006 | Los liberales estamos más cerca que antes

Documentos Nuevo Liberalismo | Luis Carlos Galán

D025 P006 | Los liberales estamos más cerca que antes

Entrevista de Daniel Samper Pizano. Viena, 19 de febrero de 1987

VIENA. Después de nueve años de febril actividad política en que sólo conoció unos pocos días de descanso, el jefe del Nuevo Liberalismo, Luis Carlos Galán Sarmiento, se ha convertido por algunos meses en un tranquilo profesor universitario de los de suéter cerrado y pantalón de pana en las horas libres. Invitado por universidades europeas, Galán lleva seis semanas dictando conferencias y participando en seminarios sobre América Latina en diversos países de Europa.

Nuevamente dispone de tiempo para ir a conciertos, sumergirse horas enteras en bibliotecas y hasta pasear en bicicleta por campos salpicados de nieve. A los 43 años este santandereano podría parecer uno de esos jóvenes profesores europeos que enseñan las Guerras Púnicas o dictan un seminario sobre Madame Bovary y el arte de la infidelidad conyugal. Lo único que lo distingue de ellos es que siempre está rodeado de medidas de seguridad que, no por discretas, dejan de ser estrictas.

Mientras tanto, en Colombia, las conversaciones políticas giran cada vez más sobre este tipo que se detiene a mirar los patos en el lago de la Universidad de Exeter o que se sienta a almorzar con los estudiantes latinoamericanos en la de Heidelberg. Ocurre que, sin que muchos de sus compañeros de mesa lo sospechen, ese intorlocutor de mirada aguileña y caído bigote rubio podría ser el próximo presidente de Colombia.

Desde el año pasado Galán guarda silencio sobre los avatares políticos de su país. “El Tiempo” logró ubicarlo el pasado fin de semana en Viena (Austria), a donde fue a visitar de nuevo a su amigo y copartidario el exministro Enrique Parejo González, que se repone del atentado en que salvó la vida de manera inexplicable. Al respecto, Galán comentó que veía a Parejo “muy sereno, como siempre, y soportando con extraordinario estoicismo los sufrimientos físicos y el impacto moral del intento de asesinarlo”. Galán señala que gracias a hombres como Parejo, Rodrigo Lara, Guillermo Cano y muchos otros jueces, magistrados, soldados, oficiales, agentes y periodistas que han muerto luchando contra la mafia, internacionalmente se reconocen los esfuerzos y cuotas de Colombia en su lucha contra el crimen.

En el ambiente invernal de la capital musical del mundo, Galán aceptó romper su silencio y dialogar con “El Tiempo” sobre el presente y futuro del liberalismo, del país y del propio visitante que aún tardará algunas semanas en volver a Colombia.

El siguiente es el texto de la entrevista que concedió a este corresponsal.

“ESTAMOS MAS CERCA”

”El Tiempo”.— ¿Nota más cerca al Nuevo Liberalismo del oficialismo, o viceversa, ahora que hace un año?

Luis Carlos Galán: —Sí, estamos más cerca; pero no sólo nosotros, sino todas las fuerzas políticas representadas en el Congreso. Los liberales y todos los sectores que tenemos responsabilidades en la supervivencia y la evolución de la democracia estamos obligados a aproximarnos. Han surgido fuerzas muy peligrosas que quieren dominar a Colombia y cuyo predominio destruiría a la nación. Es obvio que el narcotráfico y el terrorismo son los problemas más urgentes. Así lo entendió el Nuevo Liberalismo desde hace algún tiempo, especialmente a partir de los atentados del último trimestre del año pasado, y es grato ver que las personas más importantes del país se identifican con esta opinión, como lo demuestran las declaraciones de todos los expresidentes desde diciembre. En mi opinión, el tiempo que gastemos en el conflicto entre liberales representa energías perdidas para el manejo del problema principal con el narcotráfico y las fuerzas extremistas. No estoy interesado en que continúe el conflicto entre liberales. Pero tampoco puedo renunciar a diagnósticos y convicciones que creo necesario tener en cuenta para que haya un nuevo partido liberal capaz de guiar a la nación en lo que resta del presente siglo y en la primera parte del próximo. Han surgido problemas peores que los que nos han preocupado desde hace siete años, cuando nació el Nuevo Liberalismo. Pero eso no quiere decir que los problemas que hoy podemos considerar relativamente menores hayan desaparecido o se les pueda subestimar.

E.T.— Hay quienes creen que los resultados de las elecciones presidenciales unieron al liberalismo en la práctica y que sólo faltan los gestos formales que confirmen esa unión. ¿Cuál es su opinión al respecto?

L.C.G.— El pueblo liberal se unió el 25 de mayo para derrotar a Gómez Hurtado y elegir a Barco. Pero de ahí en adelante no se puede decir que los expresidentes, los parlamentarios y los líderes oficialistas hayan estado unidos. En los primeros seis meses del actual gobierno el Presidente Barco ha sido más criticado por miembros del oficialismo que por el propio Nuevo Liberalismo; dentro de nuestra independencia, hemos buscado los caminos para apoyar los proyectos legislativos del gobierno e influir en ellos, en contraste con las críticas y el escepticismo de algunas figuras oficialistas que se declaran desconcertadas por el estilo y las actuaciones del doctor Barco. Más importante que la unión ficticia entre liberales es el diálogo franco y sincero entre fuerzas liberales distintas que ahora tenemos responsabilidades comunes. El diálogo comenzó hace rato. Primero con el Presidente Barco y luego con el designado Víctor Mosquera Cháux y el ministro de Gobierno. También tuve a fines de diciembre una interesante conversación con el ex presidente López, y a lo largo de la legislatura los parlamentarios del Nuevo Liberalismo dialogamos con numerosos parlamentarios oficialistas y establecimos afinidades. Los últimos siete meses han sido constructivos en la evolución de las relaciones entre los oficialistas y nosotros.

“VEO VERTIENTES POSITIVAS EN EL OFICIALISMO”

E.T.— El resultado de la Convención Liberal del sábado pasado muestra que, como usted dice, hay varias tendencias dentro del oficialismo. ¿Cómo ve usted la nueva DLN y lo que ella representa?

L.C.G.— Como expresé desde la convocatoria nacional del Nuevo Liberalismo en diciembre, en un gobierno de partido el jefe del gobierno, el presidente Barco, es en la práctica el jefe del partido. Cualquier dirección que elija el liberalismo tiene y tendrá ese marco general. La DNI. que surgió en la madrugada del 15 de febrero refleja la realidad del oficialismo, y por consiguiente nadie puede declararse sorprendido por sus características. Esta DLN corresponde a factores generacionales, intereses regionales, zonas -de manipulación burocrática y a la prolongación de la influencia de algunos expresidentes. Es positivo que el oficialismo consolide el sistema de votación para elegir sus directivas. En la medida en que el partido avance hacia la democracia interna tendrá mayores posibilidades para construir una verdadera democracia en la nación. Como pertenezco a una organización política autónoma, no puedo calificar la imparcialidad, la competitividad ni la libertad del sistema electoral interno del oficialismo, que desconozco; pero, así haya resultados cuestionables, el precedente de dos convenciones intermedias en 1984 y 1987 con votaciones completas, es positivo. A la nueva DLN le hace falta por lo menos un representante a la Cámara y en cambio le sobran uno o dos senadores. Debo advertir, eso sí, que formulo estos comentarios a partir de las informaciones fragmentarias que poseo, pues la convención ha terminado pocas horas antes de esta entrevista.

E.T.— ¿Considera usted que toda la DLN constituye un interlocutor propicio para llegar a entendimientos con el Nuevo Liberalismo, o que sólo hay afinidades con algunos de los sectores en ella representados?

L.C.G.— En la última legislación tuve la impresión de que entre los parlamentarios oficialistas hay tres vertientes positivas. La primera, conformada por aquellos nuevos congresistas que desean infundir un nuevo espíritu en la vida del liberalismo y que hasta el momento se han sentido defraudados. La segunda, representada por aquellos parlamentarios con experiencia de uno o dos períodos en el Congreso que comprenden la gravedad de la crisis de la nación y del liberalismo y quieren contribuir al cambio de las condiciones fundamentales del partido. Y la tercera por aquellos parlamentarios veteranos que se iniciaron en la política en la época de la República Liberal y están alarmados por las características de la situación. Me pregunto: ¿hasta qué punto estas vertientes se expresaron en la nueva DLN? No veo muy clara la respuesta. Sin embargo, creo que en los dos propósitos claves de 1987 y 1988 estos sectores van a tener mucha Influencia. Un verdadero entendimiento hace necesario dialogar con los diversos niveles de liderazgo oficialista. Vamos a dialogar para lograr dos objetivos: en 1987, sacar adelante en la próxima legislatura por lo menos la reforma agraria, la reforma urbana, la carrera administrativa y las reformas en el sistema electoral que propuso el Nuevo Liberalismo y frente a las cuales ha tenido una actitud positiva el gobierno. En 1988, coordinar las fuerzas liberales y democráticas en la elección de alcaldes en todos los municipios del país, especialmente los primeros cincuenta centros urbanos, donde vive el 80 por ciento de la nación, siempre y cuando haya programas y candidatos satisfactorios para ambas vertientes.

“EL ACUERDO NO PUEDE SER BUROCRÁTICO”

E.T.— Existe en el ambiente la sensación de que las circunstancias son propicias para la unión del liberalismo. ¿Lo palpa usted así?

L.C.G.— El problema no es hacer un acuerdo burocrático, ni establecer una directiva plural en que todos estemos representados, ni llegar a entendimientos sobre la sucesión presidencial. El problema es saber si coincidimos en las tareas fundamentales que se deben hacer en Colombia.

E. T.— Concretamente, ¿cuáles son esas que usted llama tareas fundamentales, y hasta qué punto hay coincidencia en ellas con el oficialismo?

L.C.G.— Al nacer el Nuevo Liberalismo propuso que concentráramos las energías en la eliminación de tres cosas: la corrupción, la mediocridad y la miseria. La lucha contra la pobreza absoluta que planteó Barco y la lucha contra la miseria que planteamos nosotros son una misma lucha. En 1987, por sus decisiones administrativas y sus proyectos de ley, el gobierno dará la medida de su voluntad política para enfrentarse a la pobreza absoluta. En la lucha contra la corrupción todavía no hay claridad sobre la voluntad política del oficialismo. El tema no ha sido señalado entre las prioridades del gobierno ni del partido. Quienes nos acusaban de puritanos y maniqueos, ahora, ante las proporciones del peligro del narcotráfico, comprenden mejor nuestra posición. En esta materia no hay consenso entre los propios oficialistas. Nosotros la consideramos fundamental, no por criterios moralistas, sino porque creemos que la corrupción ha destruido la sinceridad de las relaciones entre los colombianos. Por consiguiente, es causa de violencia e impide la modernización política, social y económica del país. La lucha contra la mediocridad es algo más profundo todavía. Construir un país es no sólo una tarea administrativa o física, es principalmente crear un espíritu colectivo, es proponer valores que identifiquen a nuestro pueblo y lo liberen de todo lo que lo ha convertido en un país atrasado, violento y desigual. La nación debe lograr confianza en SI misma y los colombianos de hemos expresar en las instituciones los instrumentos de la solidaridad colectiva; de lo contrario, el país seguirá en el baño de sangre de los últimos cuarenta años. En síntesis, pues: respecto de la lucha contra la miseria, ya se puede decir que estamos de acuerdo y que lo importante es concretar las acciones del gobierno y asegurar su profundidad; en cuanto a la corrupción y la mediocridad, pensamos que a algunos sectores oficialistas no les interesan estos temas y a otros sí. Con quienes tengan verdadero interés en afrontarlos estamos dispuestos a procurar entendimientos.

LA CHARLA CON LOPEZ Y LOS CONSEJOS DE LLERAS

E.T. ¿Cuáles fueron los temas que trató con el expresidente López y cuáles con otros jefes del oficialismo?

L.C.G.— En diciembre conversé con el expresidente López sobre el narcotráfico y el terrorismo, problemas que coincidimos en analizar como los más graves del país. Fue un diálogo claro, directo y prolongado que permitió intercambiar información y criterios sobre estos temas. Aun cuando no conozco en detalle lo que ha dicho en las dos últimas semanas, estoy del ánimo positivo de sus declaraciones y naturalmente pienso que en esta etapa estos diálogos pueden ser muy fecundos para la aproximación entre los liberales. Con el doctor Víctor Mosquera Cháux cuando presidía la Comisión Política Central, hablamos de la conveniencia de avanzar en el diálogo sobre el futuro de las ideas liberales, la organización del liberalismo y el examen del problema de los grandes centros urbanos como factor fundamental en el proceso de la elección de alcaldes.

E. T.— En recientes declaraciones el ex presidente Lleras Restrepo señaló que usted debería adquirir experiencia administrativa al lado de Virgilio Barco. ¿Piensa seguir su consejo?

L.C.G.— He tenido oportunidad de conocer de cerca y durante períodos prolongados a tres presidentes de Colombia: Eduardo Santos, Carlos Lleras Restrepo y Misael Pastrana. Si bien los tres demostraron en sus gobiernos que tenían condiciones de estadistas, políticos y administradores, en el primero encontré más dotes de estadista que de administrador y político; en el segundo, mas calidades de administrador que de político; y en el tercero mas virtudes de político que de administrador. Lo administrativo es indispensable en el Estado moderno, y ese proceso de preparación nunca termina, por lo cual considero útil el consejo que ahora me da el doctor Lleras. embargo, la importancia de lo administrativo depende del mayor o menor grado del espíritu centralista que se aplique en un gobierno. Como promotor decidido de la Ley 12 de 1986 (transferencia de recursos de la Nación a los municipios), en la cual trabajé durante tres años, creo que está comenzando una nueva época para la descentralizaciÓn administrativa. Descentralizar es democratizar, es repartir poder, es admitir que si bien es fundamental la unidad del Estado, nadie debe concentrar en forma exclusiva las decisiones sobre su dirección.

“QUIERO CUMPLIR COMO SENADOR”

E.T.— De cualquier manera, ¿está usted dispuesto a entrar a colaborar directa y personalmente al gobierno, como se dice que podría ocurrir?

L. C.G.— El pueblo me eligió senador y quiero cumplir ante todo ese compromiso. Salvo que se presenten circunstancias extraordinarias, que considero muy improbables, mi propósito es el de completar 12 años en el Senado en 1990. Durante cuatro años —1978 a 1982— fuí miembro de la Comisión V, a cuyo cargo están los temas de educación, salud, vivienda, turismo y defensa civil. En el siguiente cuatrienio pertenecí a la Comisión III de asuntos económicos y sociales, donde se examinan habitualmente las tareas de cuatro ministerios —Hacienda, Desarrollo, Minas y Agricultura—, y Planeación Nacional. Ahora soy miembro de la Comisión II, de asuntos exteriores y defensa. Todas estas experiencias han sido muy interesantes. Tal vez vuelva al Senado en 1990. Por eso quiero servir ahora al. país en el Congreso y trabajar por la credibilidad de la primera institución democrática. Las sesiones del Congreso, las juntas semanales de los parlamentarios del Nuevo Liberalismo y el trabajo cotidiano con los diputados y concejales me permiten estudiar todos los días las más diversas y numerosas realidades nacionales, no sólo en los contextos de la tecnocracia sino en la relación directa con las gentes. La experiencia burocrática tiene aspectos útiles, pero el Congreso, para quien lo viva sincera y permanentemente, es un escenario apasionante.

“APOYAMOS DESDE FUERA”

E.T.— Pero ¿la presencia de dos embajadores y un ministro sin cartera del Nuevo Liberalismo en el gobierno no significa que el movimiento ha entrado calladamente a él?

L.C.G.— Los embajadores Enrique Parejo González (Hungría) y ahora Alberto Villamizar (Indonesia) cumplen sus misiones a nombre de todos los colombianos. Sus vidas han estado en peligro en circunstancias que el país bien conoce y las iniciativas de sus nombramientos correspondieron en cada caso, como era obvio, a los presidentes Betancur y Barco. Siempre he creído que el servicio exterior debe vincular a todos los sectores, independientemente de las condiciones políticas internas, como corresponde a la lógica de la solidaridad de los colom bianos en la política internacional. En cuanto al nombramiento del doctor Ernesto Rojas Morales como consejero presidencial, ya fijé mi posición antes de viajar a Europa. Es un congresista creativo, laborioso y progresista que en 1981 se desempeñó como coordinador nacional de la campaña del doctor Virgilio Barco; se vinculó al Nuevo Liberalismo en 1982 y fue elegido ala Cámara; cumplió allí una excelente labor en su primer período como congresista y por eso fue escogido como primer suplente de la lista de Senado en Bogotá en 1986. Estoy seguro de que como consejero presidencial hará una labor muy positiva. Pero su desempeño no significa representaciÓn política, pues sus planteamientos no son examinados en conjunto por las directivas del Nuevo Liberalismo, ni constituyen el fruto de la deliberación interna del movimiento. Nuestro criterio ha sido darle apoyo externo al gobierno sin formar parte de él; es decir, respaldar sus iniciativas sin perder nuestra independencia para hacer nuestros propios planteamientos sobre los problemas nacionales. En las circunstancias actuales esto es lo mejor para el gobierno y para el N. L. No veo razones para cambiar esta situación, excepto que se presentara una emergencia nacional que pudiera justificarlo.

E.T.— Dijo también el ex presidente Lleras Restrepo que usted debe ser el candidato Liberal para 1990. ¿Está usted decidido a lanzarse por tercera vez? ¿Figura esta consideración como uno de los motivos para no regresar al Senado en 1990? ¿Sabe usted que recientes encuestas lo señalan como el político con mejor imagen para la próxima candidatura?

L.C.G.— Todavía falta mucho tiempo para esta clase de decisiones. Sin embargo, la evolución de la crisis nacional está demostrado día a día que nuestra interpretación de los problemas del país ha sido siempre seria, objetiva y constructiva. En medio de tantos problemas y retos, la perspectiva presidencial representa una inmensa responsabilidad. Si se dan las circunstancias para que yo asuma esos deberes en 1990, dentro del marco de los principios e ideales que me han inspirado en todos estos años, estaré listo a servir a Colombia desde esa posición. Si no se dan las circunstancias, de todos modos seguiré trabajando por el país, porque estoy consciente de que esta época es crucial, y además tengo plena fe en que Colombia saldrá adelante. Merecer la confianza del hombre de la calle expresada en las encuestas, y merecer ese comentario de una personalidad tan importante como Carlos Lleras Restrepo, indica por ahora que debo redoblar esfuerzos en estos años decisivos para no defraudar a quienes piensan que en medio de tan complejos problemas estoy defendiendo una esperanza para el futuro del país.

E.T.— Después del revés electoral de marzo del año pasado, ¿el Nuevo Liberalismo quedó condenado a desaparecer o tiene aún plena y propia?

L.C.G.— Desde hace siete años se pronostica que el Nuevo Liberalismo va a desaparecer y que es una organización política transitoria. Sin em bargo, hemos perseverado porque sentimos la responsabilidad de sobreponernos a las dificultades, a las incomprensiones y a las frustraciones. Lo que está de por medio no es una estrategia para buscar cuotas de poder, ni otros mezquinos propósitos. Lo fundamental es dar un testimonio en nuestra época histórica, construir caminos para modernizar a Colombia, promover contradicciones que sean creativas para el país, preparar equipos dirigentes en todos los niveles territoriales, estudiar constante y detalladamente a Colombia. Esto lo hemos hecho siempre y en ese sentido jamás ha perdido terreno el Nuevo Liberalismo. Algunas personas no han comprendido estas tareas ni la paciencia que demandan.

Pero a poco empiezan a entendernos. Otras aflojaron en las horas difíciles y creo que están arrepentidas. Todo eso es humano y comprensible. Pero miles de ciudadanos comunes y corrientes nos acompañan y confían en que llegaremos a la meta, la cual no es simplemente la Presidencia sino la transformación democrática y la modernización de Colombia y de su primera fuerza política, es decir, el liberalismo. El Nuevo Liberalismo no se ha concedido pausas. Su consejo nacional, su junta de parlamentarios, sus organizaciones territoriales y sus centros de estudio y capacitación están cumpliendo el programa de actividades de 1987, cada día con más experiencia, mayor madurez y sentido de las realidades políticas nacionales.