D025 P018 | X Convocatoria Nacional

Documentos Nuevo Liberalismo | Luis Carlos Galán

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Discurso central. Senador Luis Carlos Galán.

Bogotá 14 de julio de 1987

La situación actual de Colombia y sus perspectivas deben ser analizadas a partir de las circunstancias en que se halla América Latina. Colombia, como toda América Latina, vive la crisis generada por un cambio de estructuras. Es necesario entonces comprender las dimensiones de esta crisis histórica para que podamos identificar el destino de la nación, los objetivos que deben aglutinarnos y las estrategias que debemos seguir los colombianos durante los próximos años.

Desde el descubrimiento, hace cinco siglos, en América Latina sólo han tenido lugar dos cambios estructurales, el primero fue la consolidación de los imperios coloniales de España y Portugal, entre 1500 y 1650 y el segundo del nacimiento de las Repúblicas Latinoamericanas al producirse su independencia durante el siglo XIX. Cada uno de estos cambios estructurales fue el fruto de factores internacionales, intereses económicos, motivaciones ideológicas y descubrimientos científicos y tecnológicos; cada uno comprometió los esfuerzos de tres o cuatro generaciones y culminó después de dolorosos enfrentamientos y terribles episodios de violencia que afectaron inmensos territorios e involucraron a todos los sectores sociales. Los cambios estructurales son aquellos que determinan la transformación de la conciencia colectiva. Cuando tienen lugar todo se modifica: los sistemas productivos, las formas de organización social y económica, los objetivos y procedimientos políticos, las instituciones, las conductas y los valores de los pueblos. Los cambios estructurales no se producen repentinamente. En verdad son desesperadamente lentos. Tampoco los realizan pocos hombres pues son el resultado de profundas evoluciones sociales que a veces afloran en la superficie con especial dramatismo pero en verdad se han ido gestando por la suma de numerosos elementos y la acciÓn de millones de protagonistas durante muchos años.

EL TERCER CAMBIO ESTRUCTURAL

El tercer cambio estructural en nuestro país y en nuestra región está en curso desde hace varios decenios. Por lo menos desde la crisis de 1929. Se trata de la modernización de América Latina. La modernización tiene por objeto convertir nuestros pueblos en sociedades justas e integradas donde se garanticen los derechos fundamentales a toda la población y se coordinen los países para asegurar la presencia digna e independiente de América Latina en la civilización moderna.

A lo largo del siglo —especialmente durante los últimos cuarenta años— en toda América Latina se han presentado profundas conmociones que sólo pueden ser comprendidas en la medida en que se les reconozca como expresiones del gigantesco y prolongado cambio estructural que vivimos.

Las dos guerras mundiales del presente siglo modificaron las estructuras de la mayor parte de las naciones del globo. En algunos casos porque esos países fueron los protagonistas y los escenarios de tales conflagraciones. En otros porque la guerra desintegró imperios centenarios y generó nuevos poderes en el planeta. América Latina no puede escaparse de esta evolución mundial. Ningún país latinoamericano podrá resolver aislado del hemisferio y por su propia cuenta las contradicciones políticas, sociales y económicas de nuestro tiempo. Dentro de las peculiaridades de cada país las crisis son fundamentalmente similares. Desempleo, narcotráfico, guerrilla, terrorismo, violencia, corrupción, miseria, deuda externa, explotación, desigualdades söciales, especulación, feudalismo, latifundio y desnutrición son problemas comunes a todos los países latinoamericanos.

Esta lista demuestra que los nubarrones y las tempestades son inevitables. Vivimos y viviremos profundas conmociones y la situación latinoamericana será más compleja de lo que podemos imaginar en estos momentos. Sería más grato pronosticar soluciones fáciles y rápidas pero ello no es posible. La vía de la modernización es dolorosa y difícil. El cambio se merece, nunca es gratuito.

América Latina no puede esperar que su redención provenga de la ayuda de alguna potencia extranjera. Ni antigua ni nueva en su influencia dentro de la región. Nuestra transformación y nuestro progreso son metas que sólo pueden obtenerse gracias a nuestros propios esfuerzos y nuestra capacidad para organizarnos políticamente y para darle otro rumbo a nuestras economías.

El cambio pacífico es lo ideal pero no podemos ignorar la naturaleza humana, ni la impaciencia de quienes quieren cambiarlo de la noche a la mañana ni la sordera de quienes piensan que pueden continuar apertrechados en los privilegios como si no fueran el resultado de graves y seculares injusticias. Es preciso templar el espíritu para sortear serenamente innumerables horas de prueba.
Un demócrata auténtico no quiere la violencia pero tampoco puede aceptar cruzado de brazos que las fuerzas extremas promuevan la anarquía e impongan su voluntad por medio de las armas. Debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para conseguir que el cambio pacífico sea posible pero no podemos ser sorprendidos inermes por quienes sólo creen en el cambio por medio de la violencia o por quienes acuden también a la violencia para obstaculizar o impedir las transformaciones sociales.

Lo que hoy afecta a Centroamérica mañana puede extenderse al resto de América Latina. Esto es lo que quieren los extremistas sin reparar en el holocausto colectivo que podrían generar y sobre todo sin admitir honestamente que todas las opciones totalitarias de izquierda o derecha significarían nuevas y sucesivas catástrofes para América Latina.

NO AL EXTREMISMO DE IZQUIERDA O DERECHA

El peligro mayor está en la polarización que empezó a manifestarse en Colombia durante los últimos años. El extremismo aumenta los sacrificios en el proceso de cambio y hace más costosas las transformaciones siendo incapaz de orientarlas y concretarlas. El extremismo —si no logramos contenerlo donde quiera que se manifieste— condenaría a los colombianos a poner los muertos mientras que serían las superpotencias quienes decidirían el destino de nuestros países.

El fascismo fue vencido por los aliados en la II Guerra Mundial pero en América Latina no ha desaparecido. Aquí sobrevivieron peligrosas versiones que han ejercido excesivo y prolongado influjo en los gobiernos del hemisferio durante las últimas décadas.

En cuanto al comunismo totalitario carece por completo de sentido creer que allí está la salida para nuestros pueblos. Los grandes procesos de renovaciÓn en la Unión Soviética y la modernización en China indican que las viejas doctrinas comunistas ortodoxas han fracasado. Todos los países que se inspiraron en la ideología marxista leninista conocen ahora sus limitaciones ideológicas y prácticas. La burocratización, el centralismo autoritario, la corrupción, el despotismo, la inercia, los métodos caducos, el anquilosamiento, los ánimos parasitarios, el servilismo y la adulación son problemas que se presentan en todos los sistemas políticos pero son más difíciles de resolver en el sistema comunista donde se ahoga la crítica y sólo existe la verdad oficial.

LA PROPUESTA POLÍTICA

En medio de este cuadro latinoamericano, y con los elementos internos de nuestra crisis que todos conocemos, cabe preguntarnos: ¿Cuáles deben ser los objetivos políticos de Colombia y cómo podremos alcanzarlos?

La política que propongo será la que armonice la democracia, la seguridad y el desarrollo. Esta trilogía de valores es indispensable para aglutinar las fuerzas y reconstruir el consenso nacional.

LA DEMOCRACIA

El ideal de la democracia ha inspirado seis o siete generaciones desde el nacimiento de la República pero falta mucho para que sea una realidad en nuestro país. Por lo menos la mitad de la población colombiana no tiene vínculo alguno —ni siquiera el más remoto— con el origen del gobierno. Siete u ocho millones de colombianos continúan sin acceso al proceso electoral y están al margen de los partidos y las organizaciones políticas. Viven en la miseria como si pertenecieran a otra nación y sus posibilidades de participación en nuestro sistema político han sido prácticamente nulas. Tampoco creen en la violencia y no se identifican con los grupos extremistas ni por sus objetivos inciertos ni por sus procedimientos criminales.

¿Están los partidos políticos colombianos y todas las demás fuerzas, incluida la nuestra, en condiciones de vincular a esta media Colombia en un proceso de participación política y económica? Yo no creo que un solo partido, por importante que sea, lo pueda lograr y pienso que tampoco es posible esperar que la resurrección de los esquemas simplemente bipartidistas pudiera conseguirlo. Si bien los partidos políticos son instrumentos necesarios para organizar la voluntad colectiva dentro de un sistema democrático, su labor ‘ha sido insuficiente para superar los vicios y corruptelas tantas veces denunciados. Ante los graves problemas que aquejan a la Nación. Se necesitan proyecciones patrióticas que vayan más allá de los partidos para que la democracia registre un progreso real y se multipliquen los procesos de participación no sólo por identificaciones partidistas sino por la movilización de todas las fuerzas sociales.

LA DEMOCRACIA LOCAL

La democracia colombiana necesita instituciones nuevas para expresarse y para conseguir un nivel de desarrollo más alto y auténtico. Las nuevas instituciones municipales que establecen la elección popular de alcaldes y le dieron una dimensión concreta a la descentralización fiscal deben consolidarse en 1988. Si bien es legítimo que cada fuerza política aspire a lograr los mejores resultados en tales elecciones, lo más importante es conseguir una gigantesca, consciente y pacífica movilización de los colombianos para elegir los mejores alcaldes por su honestidad y capacidad.

La democracia local es el primer paso de una nueva época en la democracia colombiana. A través de ella se modernizará y se transformará el liderazgo local de modo que el poder en los municipios no se ejerza en forma abusiva. A partir de ahora se formará una nueva generación de dirigentes de la comunidad cuya experiencia tendrá como punto de partida los escenarios municipales. Antes de que termine el siglo el Congreso Nacional estará integrado en su inmensa mayoría por líderes políticos que habrán pasado por experiencias concretas como alcaldes y concejales, lo cual significará mayor conocimiento de los problemas básicos de la población y por consiguiente mejores pasibilidades de modernización política.

LA ELECCIÓN DE ALCALDES

Es muy importante que en el año próximo Colombia realice las elecciones más participantes de su historia. No sólo porque ello demostrará progreso cuantitativo y cualitativo de la democracia sino porque cada colombiano tendrá la oportunidad de expresar con su voto —cualquiera que sea su preferencia política— que confía en la solución pacífica de los problemas nacionales, que apoya el sistema democrático y que repudia los procedimientos extremistas y todas las manifestaciones de barbarie.

LLAMAMIENTO A LA JUVENTUD

Para que progrese la democracia es fundamental convocar a la juventud, a los colombianos que nacieron durante el Frente Nacional, quienes representan la abrumadora mayoría de la población y son los llamados a generar las energías renovadoras más importantes en esta etapa crucial de Colombia. Siempre he creído que el punto clave de la crisis —como causa y como solución— está en la juventud. Son los jóvenes que no llegan a 25 años de edad las primeras víctimas de las actuales contradicciones sociales. El desempleo es mayor en esa edad que en cualquier otra. Los soldados, los guerrilleros y los propios delincuentes que perecen en este angustioso baño de sangre son también jóvenes. Asimismo son jóvenes los que trafican con droga y quienes la consumen. Un programa especial para la juventud se justifica no sólo para apoyar su integración a la sociedad sino para hacerle frente a esta explosiva realidad demográfica en virtud de la cual siete millones de colombianos tienen entre 14 y 25 años de edad. Los jóvenes deben ejercer sus derechos políticos con decisión e idealismo. Deben organizarse para ir a los cabildos a iniciar el aprendizaje en el servicio público y, entre ellos, centenares de profesionales pueden ser alcaldes que impriman energía a la conducción de municipios estancados que agonizaban sin esperanza. Es la juventud quien puede infundirle un nuevo espíritu a Colombia y yo espero que lo haga a través de estas nuevas instituciones sin reparar en las preferencias políticas que quiera favorecer.

Si bien me dirijo de manera especial a los más jóvenes pienso que las nuevas generaciones en su conjunto deben asumir la conducción de la nación en lo público y en lo privado. Lo deben hacer por su energía potencial, por su capacidad de innovación y su disponibilidad para asumir los riesgos propios del cambio. El compromiso de las nuevas generaciones es el futuro y no el pasador Mi generación, por ejemplo, se aproxima a la hora de su mayor responsabilidad. Será en el próximo decenio cuando afronte su principal reto pero lo vivido en los años ochenta ha sido fundamental en su formación y su madurez. Empezamos en el lugar donde llegaron las generaciones anteriores cuyos esfuerzos respetamos, pero tenemos el deber de realizar en los próximos 15 0 20 años lo que antes se hacía en 40 0 50 porque ese es el ritmo de nuestro tiempo y esa es la única manera de recuperar siquiera una parte de la ventaja colosal que nos han tomado los pueblos desarrollados del planeta.

LOS VALORES DE LA DEMOCRACIA

Construir la democracia es no sólo un problema político y jurídico. Siempre he creído que es un problema de conciencia, una cuestión fundamentalmente cultural relacionada con los valores, los hábitos y el comportamiento cotidiano.

No hay democracia si no se entiende la nación como una misión colectiva, un compromiso de todos en donde cada cual tiene una tarea y una responsabilidad. Tampoco la hay si no sabemos colocar primero la lealtad a la nación y luego la lealtad al partido o a la organización política o social de nuestras simpatías. La democracia funciona si hay voluntad de vivir en conjunto y disposición a encontrar una armonía en medio de las diferencias naturales entre los seres humanos. La democracia sobrevive si una nación logra identificar un fin colectivo que nos interprete a todos y no a sectores privilegiados. Los derechos de la democracia sólo existen si se cumplen las responsabilidades de los demócratas: esfuerzo personal, disciplina individual y colectiva, laboriosidad y solidaridad.

No podemos esperar que los demás pueblos nos respeten si antes no nos respetamos entre nosotros mismos. Es necesario alcanzar la unidad interna de la Nación para que podamos recuperar un estado de ánimo positivo y la fe indispensable para sortear todas las dificultades que plantea el actual proceso de cambios estructurales. Para merecer la paz siempre será necesario insistir en valores como la honradez, el respeto a la autoridad y a las leyes, la vida modesta y sencilla en armonía con la realidad económica colectiva. También es preciso demandar que quienes encarnan la autoridad, custodian las leyes y representan a las instituciones en las tres ramas del poder público se hagan merecedores del respeto del acatamiento por la responsabilidad con que adelantan su trabajo y la pulcritud de su comportamiento.

LOS DERECHOS HUMANOS

La democracia está indisolublemente ligada a los derechos humanos como mandato de la civilización y como respeto a la especie y igualad humanas. El mandato de los derechos humanos es universal y obliga a todos los hombres por igual, al margen del poder que tengan en sus manos o de la causa que representen. Todo indica que la “guerra sucia” continúa y crece en nuestro país. No sólo es bárbara porque ultraja la dignidad humana sino que favorece las cadenas interminables de venganzas. La guerra sucia es la tentaciÓn de quienes se desesperan en este doloroso conflicto pero es el camino directo a la destrucción del Estado de derecho y por consiguiente a la repetición multiplicada de tragedias como la que vivió Colombia a mediados del siglo y que ya condujo a la muerte a centenares de miles de compatriotas.

LA SEGURIDAD

La seguridad es el segundo elemento indispensable de la trilogía que propongo porque no puede haber democracia sin seguridad del Estado y de los individuos. El punto de partida de la seguridad es la justicia. Este es hoy el primer problema de la Nación porque no sólo amenaza su estabilidad sino su propia supervivencia. Este es otro tema que sólo puede ser afrontado con espíritu y procedimientos que deben proyectarse más allá de los partidos. Para reconstruir la justicia colombiana necesitamos obrar bajo la coordinación del gobierno en acuerdo y comunión que comprometa a todos los colombianos con la misma solidaridad que se necesita cuando se intenta un salvamento en medio de una catástrofe. Pienso que las reflexiones sobre el Estado de Derecho y las iniciativas del expresidente Carlos Lleras Restrepo, así como lo propuesto por el expresidente Alfonso López Michelsen hace diez años sobre las mismas materias, son puntos de referencia indispensables para reorganizar la rama jurisdiccional y ponerle fin a la impunidad que asfixia a Colombia. Los líderes del conservatismo han expresado su disposición a cooperar en fórmulas concretas frente a este problema prioritario y las diversas fuerzas políticas tenemos el deber de consagrarle la máxima atención en el inmediato futuro. Si bien la recuperación de la justicia no depende únicamente de la legislación y del aparato judicial, en todo caso es evidente que ambos se encuentran en grave descomposición porque los jueces están amenazados, las normas son incompletas, la ciudadanía tiene miedo a comprometerse en los testimonios contra los delincuentes y los órganos de seguridad del Estado presentan deficiencias técnicas, presupuestales y en algunos casos alcanzan a ser contaminados por la crisis moral que agobia a la nación.

COLOMBIA Y VENEZUELA

La seguridad de Colombia tiene especial relación con diversos problemas latinoamericanos frente a los cuales se requiere una política exterior compartida por todos los sectores y ejecutada con la participación de las diversas fuerzas políticas. Nada es más fácil pero a la vez más irresponsable que fomentar recelos entre Colombia y Venezuela. Quienes aquí y allá tenemos algún tipo de representación política debemos superar la retórica de la fraternidad para multiplicar vínculos entre dos países cuyos destinos están indisolublemente interrelacionados. El Presidente Barco tiene el respaldo de todos los colombianos en los esfuerzos que adelanta para evitar que el litigio fronterizo siga causando tanto daño a la coordinación de programas y proyectos de interés vital para los dos países. Sé que los líderes más representativos de Venezuela tienen conciencia de la importancia de la amistad entre las dos naciones. Ellos y nosotros tenemos el deber de fortalecer esa amistad y la responsabilidad de buscar fórmulas y procedimientos para que el litigio se resuelva en forma justa y clara para los dos países. En cualquier hipótesis no puede haber circunstancia más lamentable y mediocre que este empantanamiento de las relaciones por la irritación prolongada de un problema que es importante pero jamás tanto como para haber perturbado durante los últimos 25 años estas relaciones fundamentales en una de las épocas más trascendentales para la vida de Colombia y Venezuela.

LAS FUERZAS ARMADAS

La seguridad del Estado y de todos los colombianos depende de las Fuerzas Armadas. Ellas tienen una inmensa responsabilidad ante el pueblo y merecen la solidaridad de la Nación cuya libertad y tranquilidad depende de su buena organización, de su dotación adecuada y de su desempeño eficiente. No son ni pueden ser un poder paralelo de las autoridades civiles pero su fortaleza física, sicológica y moral es condición indispensable para la seguridad de los colombianos. El apoyo a las Fuerzas Armadas y la defensa de los principios que deben inspirarlas y limitarlas en el uso de la fuerza también son puntos fundamentales de la vida nacional que en este momento deben ser entendidos con criterio patriótico que trascienda los intereses exclusivos de los partidos.

EL DESARROLLO Y SUS RETOS

La trilogía de la política que propongo se complementa con el Desarrollo no limitado a lo económico sino a la plenitud de los recursos materiales y espirituales de la Nación. No es esta una tarea exclusiva de un gobierno, de un partido y ni siquiera de una generación. Necesitamos que la nación consagre sus energías a modernizar la economía con la alta tecnología que nos permita conquistar una posición competitiva en la economía internacional en productos distintos de los tradicionales y los del sector primario.

Quien mire atrás los últimos treinta o cuarenta años reconocerá que el avance material ha sido importante, pero no basta, ahora tenemos que hacer tan sólo en lo que resta de este siglo algo semejante o mayor. La población de Colombia crecerá alrededor de ocho millones de personas en lo que resta del siglo y además en este plazo los colombianos debemos triunfar en la lucha contra la miseria, como lo propusimos desde hace ocho años, o lo que es igual, la lucha contra la pobreza absoluta como la denomina el Presidente Barco. La integración plena del territorio a la economía sigue siendo una meta muy ambiciosa para un país como el nuestro cuya densidad de población es cinco veces menor que la de los franceses en su propio territorio. Pero además tenemos que modernizar la economía como único camino para rescatar del desempleo a la gigantesca masa de desocupados de los centros urbanos. Esta tarea vuelve a plantearnos las verdaderas dimensiones de la modernización de Colombia más allá de los esquemas de confrontación partidista. En un sistema de economía mixta, como es el nuestro, se necesita defender la eficiencia del Estado y la responsabilidad y el sentido de iniciativa del empresario. Es preciso perfeccionar la administración y profesionalizar el servicio civil o de lo contrario el peso de la burocracia impreparada y corrupta obstaculizará permanentemente los procesos económicos y afectará la competitividad de nuestros productos en el comercio internacional. Sin permitir que se desmantele la propiedad estatal de importantes empresas en sectores vitales de la economía es necesario abrir el camino a nuevas opciones administrativas que preserven la eficacia en el manejo de los recursos públicos.

A su turno los empresarios, si quieren preservar la libertad y la democracia en Colombia, tienen el deber moral de invertir sus recursos en actividades productivas en nuestro país y asumir los riesgos que ello implique dentro del interés general de la Nación.

POR UNA CONCIENCIA HISTÓRICA

El potencial de los colombianos es espiritual y material y mientras nos olvidamos del primero difícilmente progresará el segundo. Somos una nación sin conciencia histórica. La inmensa mayoría de los colombianos desconoce el pasado y por lo tanto no puede entenderse a sí misma ni puede comprender el sentido de ‘la participación política y económica como prolongación de los esfuerzos de las generaciones anteriores. Una nación sin conciencia histórica es necesariamente improvisadora, superficial e inmediatista. Cuando no se desalienta y se desespera porque desconoce los antecedentes de los procesos sociales entonces cae en un conformismo pusilánime y escéptico. La clave de la motivación de los colombianos para asumir nuestro porvenir está en el cambio de la conciencia colectiva. Conciencia del pasado a través de los estudios y los conocimientos históricos. Conciencia del presente merced a medios de comunicación libres pero responsables y serios en sus criterios informativos. Conciencia del futuro mediante el diálogo internacional y especialmente el contacto intenso y asiduo con los demás pueblos latinoamericanos.

He expuesto a grandes rasgos la política que nos inspira y con la cual queremos contribuir a la unión de los colombianos. Desde la distancia se percibe a Colombia aprisionada por la violencia política y social. La intimidación del narcotráfico, el desmoronamiento de su administración de justicia y la distancia creciente entre el contenido del debate político y los problemas concretos de la Nación. Al volver a Colombia encuentro en algunos sectores desconcierto, perplejidad y desesperanza. Quiero contribuir a que la nación confíe en sí misma y no se sienta frustrada en esta hora turbulenta. En estos años los colombianos hemos padecido las realidades más bajas y atroces de la vida pero a la vez hemos presenciado los actos más heroicos y sobrehumanos de compatriotas que lo sacrificaron todo por Colombia. Esta simultaneidad de la grandeza y la miserias humanas demuestra que estamos en una crisis evolutiva de la Nación pero que a pesar de las dificultades Colombia saldrá adelante.

QUIERO SERVIR A COLOMBIA

Me formé y me he inspirado siempre en ideales liberales pero no puedo entender el destino de la Nación en esta hora crucial dentro de los límites de un solo partido. He luchado por la modernización de los partidos, especialmente el partido liberal. Creo que es la primera fuerza popular de Colombia a pesa” de todos sus problemas y limitaciones. Pienso que lo representa en la Presidencia de la República un gobernante serio, laborioso y honesto que tiene su propio estilo y que está ejecutando el programa político que le propuso al pueblo y que éste aprobó por clara mayoría. Tal como lo hicimos en la legislatura del año pasado me identifico con los compañeros parlamentarios del Nuevo Liberalismo en el criterio de apoyar las iniciativas del gobierno que consideremos convenientes para la Nación y en reservarnos el derecho a examinar con independencia sus actuaciones. No busco el poder para mí sino oportunidades para servir a Colombia y acepto lo que el pueblo disponga como escenarios y dimensiones de mis responsabilidades políticas así sean estas grandes o modestas. No he estado y no estaré en el oficio de buscar la Presidencia de la República mediante acuerdos o entendimientos que signifiquen la renuncia a convicciones e ideales sin los cuales carece de sentido participar en política. No Oligañaré a la -Nación creándole falsas expectativas sobre transformaciones milagrosas. Pienso que el destino de millones de colombianos no puede ser decidido por un puñado de dirigentes políticos, ni mucho menos por cuadrillas de fanáticos y bárbaros. Colombia es la responsabilidad de todos. Creo que Colombia sólo alcanzará estabilidad y progreso si cambia la conciencia colectiva en función de ideales democráticos. Trabajo porque esos ideales aglutinen a la totalidad de la Nación e invito a todos los colombianos a apoyarlos sin pausa ni desmayos porque la patria está en peligro y a todos nos obliga responder por el destino de Colombia. No proclamo ninguna originalidad al concebir la política con proyecciones que trasciendan los instrumentos, el lenguaje y los intereses de los partidos. Varias veces en la historia nacional hubo llamamientos similares en oportunidades diferentes y con resultados variables. Antes del holocausto que significó la muerte de 300.000 colombianos entre 1947 y 1953 varias voces se alzaron para proponer que se afrontara con espíritu nacional la emergencia respectiva. No fueron escuchadas. Carlos Lleras Restrepo, • por ejemplo, acaba de recordar en las crónicas de su propia vida que el 8 de marzo de 1946 propuso una política de Unión Nacional. En 1987 —cuarenta años después— el expresidente Alberto Lleras Camargo al expresar su indignación por la masacre en el Caquetá ha dicho: “Es necesario también formar un bloque solidario de colombianos que, ante hechos como el que hoy lamentamos con ira sagrada, procedan de común acuerdo, aunque no siempre coincidan en la apreciación de sus intereses de partido o en la adheSión a unas mismas ideas políticas”.
Fue en ese mismo sentido que hace dos años propuse una política que colocara a “La patria por encima de los partidos” para hallar los caminos de la reconciliación entre los colombianos y para iniciar una nueva etapa de nuestra historia. Ahora creo que con mayor razón Colombia necesita ese espíritu superior de unidad y conciliación para que todos salvemos la República.

LISTA DE CONCEJALES DE CUNDINAMARCA
OMITIDOS INVOLUNTARIAMENTE EN EL DOCUMENTO No. 24

JULIO BALCERO
HECTOR SARMIENTO
GENARO SANCHEZ
CARLOS ARIEL SÁNCHEZ
LUIS SUAREZ
GLADYS DE SALAMANCA
PEDRO JULIO SANCHEZ
HUGO SANTANA
CECILIA CASTRO DE SALAVARRIETA
GREGORIO SOCATA
WENCESLAO SANTANA
RUBEN SANCHEZ
CECILIA TRUJILLO
SERGIO TRUJILLO
ALVARO TORRES
JORGE TORRES
GERMAN VARGAS
JUSTO RAFAEL VARGAS
GUILLERMO VARGAS
GUSTAVO VELEZ
FRANCISCO VELASQUEZ
HECTOR VIDAL P.
FRANCISCO VARGAS
ORLANDO VILLEGAS
IVAN VILLAMARIN
ALCIBIADES VERA
CARMEN DE ZAMBRANO