D035 P009 | Los Noventa, Una Década de Esperanza

Documentos Nuevo Liberalismo | Luis Carlos Galán

D035 P009 | Los Noventa, Una Década de Esperanza

Discurso del Senador Luis Carlos Galán Sarmiento, en el acto de Instalación del Seminario

“La Empresa Privada frente a la Colombia de los años noventa”.

Bogotá, 5 de abril de 1989

 

Deseo presentar un saludo a todos los asistentes y agradecerles su respuesta entusiasta a la invitación que la Fundación Nuevo Liberalismo para una Colombia Nueva les formulara con el fin de examinar el papel de la Empresa privada frente a la Colombia de los años noventa.

Dentro de pocos meses terminará el decenio de los años ochenta, un período durante el cual Colombia ha vivido profundos cambios en su evolución política, económica y social. No es nuestro propósito hacer hoy el balance de estos años aún cuando en el curso de las deliberaciones surgirán referencias a elementos estructurales de la vida colombiana que han adquirido especial complejidad y significado en los últimos tiempos. Lo que nos interesa es proponer un marco de reflexión sobre las perspectivas de la vida nacional en el decenio que se avecina, buscar la más completa identificación de objetivos capaces de aglutinar a todos los colombianos y anticipar las principales características de los procesos más importantes que tendrán lugar en la vida institucional, la economía, la cultura y la sociedad.

Tenemos el propósito de multiplicar estos diálogos con los demás sectores políticos, los sindicatos, los comunicadores, los educadores y, en fin, todas las fuerzas sociales. Deseamos no solo presentar algunas ideas y aportar la información que tenemos a nuestro alcance sino, sobre todo, escuchar a quienes como ustedes tienen observaciones, preguntas y proposiciones que se fundamentan en sus propios escenarios de acción. Estamos seguros que el ejercicio de pensar en el futuro nos proporcionará a todos orientaciones válidas y mejores instrumentos para planificar acciones eficaces ante las innumerables y complejas responsabilidades que nos esperan ahora y en los próximos años.

Si hace diez años los colombianos hubiéramos intentado un ejercicio semejante, probablemente no habría sido sorprendida la Nación por algunas de las crisis del último decenio. No se anticipó, por ejemplo, que la deuda externa adquiriría las dimensiones que hoy tiene. Ni se le dio, oportunamente, al grave problema de la producción, distribución y consumo de estupefacientes toda la atención que merecía. Tampoco se calcularon en forma adecuada los daños cuantiosos que causarían al país las nuevas técnicas para promover la subversión, la criminalidad organizada, el terrorismo o la delincuencia simples. Nadie pensó que se presentaría tan grave crisis económica en Venezuela. No hubo estudios completos para emprender varios de los megaproyectos en los cuales se comprometió buena parte de nuestro ahorro nacional y en el caso más delicado, en el Cerrejón, hemos pagado y pagaremos las consecuencias durante muchos años. Fuimos sorprendidos en lo malo y en lo bueno, pues tampoco figuraban en los cálculos nacionales los grandes yacimientos de petróleo localizados en los Llanos Orientales ni los progresos que se presentarían en la diversificación de las exportaciones. Es necesario que es tas lecciones nos sirvan para organizarnos mejor frente al porvenir, especialmente ahora cuando la Nación necesita motivos de fé y optimismo en su destino.

En el decenio que termina hubo dos elecciones presidenciales. En el próximo y antes de finalizar el siglo tendrán lugar tres grandes procesos de deliberación nacional sobre el rumbo del Estado, las prioridades del gobierno y los deberes de todos los sectores sociales. Nos hallamos en el preámbulo del primero que debe trazar, precisamente, los perfiles de la nueva década.

 

LA POBLACIÓN

Colombia no tiene ni tendrá pausas en sus procesos de cambio. Según nos señalan los demógrafos la transición continuará aceleradamente en forma tal que nos esperan múltiples novedades en la población. En vez de los 30 millones escasos que sumamos hoy, pasaremos de 37 millones al término del siglo. Ya no serán dos sino cuatro y medio millones de colombianos mayores de 60 años de edad y las expectativas de vida pasarán de 64 a 68 años como promedio nacional, lo cual dará un nuevo significado a los problemas y necesidades de la tercera edad.

Los colombianos localizados en zonas urbanas ya no serán 21 millones sino algo más de 29 millones y estos ocho millones adicionales no sólo vivirán en los grandes centros sino que las ciudades con más de 300.000 habitantes ya no serán diez sino por lo menos 16 y las de más de 100.000 habitantes en vez de 32 pasarán de 50.

En diversos lugares de la República viviremos fases distintas de urbanización. Las más gandes ciudades tenderán a una mayor densificación por el mayor costo de la tierra y la necesidad de usar más racionalmente el suelo y los espacios públicos. En todas partes continuarán los problemas de disponibilidad y calidad de los servicios públicos. La aplicación de la reforma urbana será una experiencia novedosa de los próximos años que demandará ajustes legales, administrativos y presupuestales.

La Nación sigue en movimiento, en búsqueda de nuevas fronteras hacia Villavicencio y el pie de monte llanero, así como Valledupar, Florencia, Urabá y Arauca, donde han tenido lugar los procesos de colonización más importantes del siglo. La troncal del Río Magdalena y la marginal de la selva, incluidos los ramales correspondientes, tendrán influencia decisiva en las nuevas tendencias de la distribución espacial de la población y por lo tanto en las migraciones internas.

Colombia no ha logrado dominar todavía su territorio. Ello sólo habrá ocurrido cuando podamos decir que el Estado ejerce plena jurisdicción administrativa, judicial y policiva en todos los rincones de la República. Para que esto suceda es indispensable lograr la duplicación de la red de carreteras y el cubrimiento total de los municipios y comunidades del país con servicios básicos de telecomunicaciones. Si bien no alcanzaremos estas metas ambiciosas en el curso de los próximos diez años habrá progresos importantes en los dos factores de integración nacional tanto en la red de carreteras como en los servicios de telefonía, donde inclusive se deberá lograr la cobertura total del territorio.

 

LAS INSTITUCIONES

En los años noventa Colombia vivirá numerosos, profundos y complejos cambios en la organización del Estado y en el conjunto de la legislación. Después del prolongado proceso de debilitamiento del poder estatal que hemos registrado en los ochenta, la legitimidad del Estado tendrá que ser asegurada a través de reformas en el sistema de instituciones, que incluirán enmiendas en la Constitución Nacional y cambios de comportamiento político en los partidos y los diversos protagonistas sociales.

La rama jurisdiccional tendrá que ser reorganizada en forma integral para lograr una administración de justicia oportuna y eficaz. Ello implicará cambios en la legislación, en la infraestructura administrativa de la rama jurisdiccional y en todos los instrumentos de apoyo de la justicia como la Procuraduría, el régimen carcelario y la policía judicial, así como en la formación de los jueces, la carrera judicial, los organismos de apoyo logístico, la informática y el respaldo presupuestal a esta rama del poder público.

La descentralización administrativa en curso desde 1983, el Servicio Civil, la aplicación de la carrera administrativa, los cambios en el sistema de contratación del Estado y las crecientes necesidades de coordinación interinstitucional de la rama ejecutiva van a demandar en el curso de los años noventa la reforma de la Administración Pública. Ya se ha contratado una misión especial para este propósito y sus diagnósticos y recomendaciones orientarán innovaciones importantes en el decenio para mejorar la eficiencia del sector público.

Estas novedades sustantivas en la justicia y en la Administración así como el perfeccionamiento de la democracia en su conjunto influirán en los factores políticos de la búsqueda de la paz, la modernización de los partidos y la madurez política que podremos lograr los colombianos antes del año 2000. La democracia local, por ejemplo, empezó a transformar los partidos políticos que han hallado en el proceso descentralista una fuente de vida que les permite tener mayor arraigo en la sociedad y transformar su capacidad como receptores de las demandas y las iniciativas de las diversas fuerzas y grupos sociales. Durante los años noventa los municipios van a triplicar su participación en el total de la inversión pública y gracias a ello no sólo se fortalecerá la democracia territorial sino que se formará una nueva generación de dirigentes políticos que antes de llegar al Congreso o a los altos cargos de la administración, a fines del presente siglo, vivirá la experiencia de las administraciones locales y regionales dueños de mayores funciones y recursos.

En los años noventa deberá registrarse a escala nacional un incremento importante en la participación electoral, como sucedió en Bogotá en los últimos años. Este fortalecimiento del sistema representativo implicará progreso de los partidos políticos en sus funciones intelectuales, legislativas, administrativas y éticas frente al conjunto de la sociedad.

El desafío al Estado y a la libertad política de todos los colombianos, formulado por las fuerzas del crimen organizado y el terrorismo durante el último quinquenio al acudir al sicariato y a las diversas formas de intimidación se tiene que definir en este año o a más tardar en el comienzo del próximo decenio. Aún no sabemos cuál será el precio final que pagará la sociedad para liberarse definitivamente de esta amenaza, pero es evidente que crece el repudio social a estos enemigos de la Nación, y así como nos hallamos frentes a nuevas técnicas de criminalidad también es verdad que están surgiendo técnicas modernas para luchar contra la subversión, asegurar la ciudadana y defender el orden.

Cabe señalar que así como está implícito un nuevo pacto político entre los colombianos para alcanzar los objetivos de modernización institucional mencionados, también deberá un pacto social que se refleje concretamente en la legislación laboral y en el diseño de un nuevo sistema de diálogo entre el Estado y los sectores productivos. En lo primero, para interpretar una nueva concepción de la empresa que se traduzca en la cooperación entre propietarios, administradores y trabajadores y en lo segundo, para asegurar el éxito en el funcionamiento del sistema de economía mixta que escogió Colombia para su desarrollo económico y su modernización social.

 

LA ECONOMÍA

Si bien no faltarán los problemas por la situación fiscal y los condicionamientos del gasto público, la perspectiva económica del decenio de los 90 es promisoria.

Al terminar los años ochenta afrontaremos algunos apremios en materia de deuda externa, sin embargo estamos viviendo desde el año pasado y hasta el próximo los tres años más difíciles en el servicio de la deuda. Después y según lo que se decida en la futura inversión pública, la deuda evolucionará con plazos mayores y disminuirá su participación en la economía tanto en lo que se relaciona con el porcentaje de las exportaciones comprometido en su servicio, como en lo que se refiere al total de la deuda en comparación con el producto interno en dólares. Probablemente se mantendrá el nivel de desembolsos con la banca multilateral a lo largo del próximo decenio, lo cual no sería excesivo para el país.

Es evidente que viviremos una década de diversificación del comercio exterior y que, sin exagerar las expectativas, Colombia puede esperar una corriente de ingresos anuales, en promedio, de 1.500 a 2.000 millones de dólares por las exportaciones de hidrocarburos, lo cual significará en el decenio alrededor de 18.000 millones de dólares por este concepto, recursos que respaldarán considerablemente el crecimiento de la economía.

 

LA INTERNACIONALIZACIÓN

El rasgo fundamental de la vida colombiana durante los próximos años será la internacionalización tanto de la vida económica como de la política y la evolución social. Si bien esto era evidente desde hace diez años, cuando en todo el planeta se registraban las consecuencias de las crisis originadas por los precios del petróleo, ahora es más ostensible la internacionalización y no sólo por la energía sino por todos los factores y las interdependencias crecientes, en especial, las que se derivan de las realidades tecnológicas que están detrás de las más importantes decisiones geopolíticas de los últimos años como la perestroika soviética, la modernización China y la unidad europea.

La perspectiva de la internacionalización demanda múltiples procesos de adaptación del Estado y de los sectores productivos. Debemos precisar las responsabilidades para que nos ubiquemos frente a este tema que servirá de eje de lavidanacional durante muchos años.

a) Al Estado le corresponde fortalecer el aparato institucional para defender la capacidad negociadora de nuestra economía, lo cual debe traducirse en profundos esfuerzos de modernización de la Cancillería, Incomex, Proexpo, la Federación de Cafeteros, Planeación Nacional y las propias aduanas.

b) El Estado debe garantizar políticas macroeconómicas estables que no sean adversas a las exportaciones y adecuar mecanismos para adquirir tecnología de manera que aseguremos nuestra competitividad internacional. Esto significa crear estructuras de desarrollo tecnológico que vinculen al Estado, el sector privado y las Universidades a través de redes de laboratorios y sistemas de información para pequeños y medianos inversionistas. Los sistemas de compra de tecnología son hoy arcaicos y el comité de regalías debe ser transformado para darle la importancia que merece de modo que supere la mentalidad predominante en el organismo que hasta ahora sólo ha estado dedicado a ahorrar divisas.

c) La perspectiva de internacionalización de la economía colombiana implicará en los años noventa la descentralización del desarrollo y en forma especial la transformación de nuestras costas, tanto la Atlántica como la Pacífica, que requieren para tal efecto de una infraestructura adecuada y de una nueva mentalidad tanto del Estado como de los sectores productivos para apoyar desarrollar las ventajas comparativas que representa su posición geográfica. El advenimiento de la era del Pacífico empezó a modificar sustantivamente las hipótesis del desurollo nacional, aun cuando ello no significará olvidarse de todas las perspectivas y responsabilidades en el Caribe.

d) Durante los años noventa tendrá que realizarse la reforma estructural del sector financiero tantas veces anunciada y tantas veces aplazada. No podremos afrontar las necesidades de la internacionalización mientras el sector financiero sea demasiado pequeño y vulnerable. Su fortalecimiento y consolidación en forma razonable es una necesidad inmediata del país porque no puede crecer el sector industrial si al mismo tiempo no crece el sector financiero.

e) Al Estado le corresponderá, asimismo, trazar políticas a la inversión extranjera. Si bien no toda la inversión es deseable, caer en el absurdo de no permitirle su ingreso al país sería muy grave y perjudicial. Lo importante es perfeccionar las reglas de juego y estimularla en aquellos sectores donde es vital su influjo tanto en la modernización tecnológica como en la generación de empleo. Al mencionar este tema no se debe olvidar la necesidad de repatriar capitales de origen legítimo, puesto que allí pueden darse las más voluminosas y significativas posibilidades de inversión proveniente del exterior.

 

LOS MEGAPROYECTOS DE LOS 90

El Estado realizará en los años noventa una buena cantidad de megaproyectos en los más diversos sectores de la economía y el desarroll0 del país. Es interesante realizar una mirada general porque ello permite apreciar la vitalidad de Colombia y el optimismo bien fundamentado con el cual podemos observar las perspectivas del fututo próximo.

El primer megaproyecto es lo que algunos han llamado el cordón energético del Valle del Magdalena, con el cual denominan un conjunto de proyectos de multifluido energético algunos de los cuales están en curso, otros se emprenderán pronto o pertenecen a la lista de decisiones claves del próximo decenio. Entre tales proyectos está la construcción de una o varias refinerías que permitan solucionar el déficit actual de gasolina y atender las necesidades de alta conversión para el tratamiento de los crudos pesados de Cocorná y los excedentes exportables del fuel oil; la construcción del poliducto que comunicará al Huila y Coveñas y el que llegará a Vasconia, en Puerto Boyacá, procedente de los Llanos; los gasoductos que comunicarán a la Guajira, si se encuentran nuevas reservas, con el interior del país y el Huila; los proyectos hidroeléctricos de la Cuenca del Magdalena entre los cuales están Porce II y III, La Miel, Fonce/Suárez y Nechf para un total de casi 4 millones de kiIowatios adicionales; el transporte del fuel oil por el río Magdalena; el transporte de los carbones de La Loma; la terminación de la red de interconexión eléctrica e inclusive, la transiormación de los ferrocarriles de Cundinamarca, Boyacá y Santander para exportar carbones coquizables desde el interior. Intimamente ligados a estos planes se deben destacar también los Proyectos hidroeléctricos en el Guavio y en Urrá, el primero de los cuales es la mayor inversión realizada por Colombia en toda su historia.

En la modernización del transporte se localiza un segundo grupo de megaproyectos. La internacionalización de la economía demandará indudablemente inversiones del Estado en infraestructura para desarrollar un verdadero sistema multimodal de transporte, lo cual implicará la transformación de los puertos aétuales para adaptarlos al servicio de contenedores, la localización de nuevos puertos, la reconstrucción de los ferrocarriles y el impulso de varias carreteras fundamentales para integrar físicamente al país y asegurar el dominio territorial del Estado. Los puertos se hallan en tan modesta condición que en este momento es imposible colocar más de un millón de sacos al mes como consecuencia de nuestras limitaciones portuarias.

Durante el decenio deberán producirse los estudios, las gestiones y las definiciones más importantes para construir el puente terrestre interoceánico que comunicaría al superpuerto en Bahía Cupica con el puerto de Urabá, quizás el proyecto más ambicioso que puede intentar Colombia con profundas repercusiones geopolíticas y económicas.
También corresponde a la agenda del próximo futuro definir las grandes políticas sobre transporte masivo en las ciudades, de un lado para establecer el esquema por medio del cual el Gobierno Nacional y los esfuerzos locales y regionales lograrán reprogramar los créditos de Medellín y del otro lado para decidir la suerte y la naturaleza del proyecto de Bogotá.

Nuestro atraso en el sistema vial nos impone duplicar la actual red vial de 15.000 kilómetros pavimentados y construir carreteras como la que comunicaría a Sincelejo con Valledupar a través de Magangué y El Banco; la carretera al mar en Antioquia; la circunvalar de la Guajira; la nueva vía entre Cartagena y Barranquilla; la que iría de Tumaco al Puente sobre el río San Miguel pasando por Pasto y Mocoa; La Panamericana entre Río Pato, Río Baudó y Bahía Solano; la antigua y célebre carretera Central del Norte entre Bogotá y Cúcuta y los ya mencionados ramales complementarios en la Marginal de la Selva para integrar al interior del país con la Orinoquia y los Llanos Orientales desde Arauca hasta el río San Miguel en la Frontera con el Ecuador.

El tercer grupo de megaproyectos es el orientado a la adecuación de tierras y simultáneamente a la construcción de la infraestructura para el acopio y la distribución de alimentos con el fin de doblar la oferta de los mismos. En el caso de la adecuación de tierras las metas pretendidas, desde el punto de vista del Estado, deben ser la terminación, rehabilitación y puesta en marcha de las 300.000 hectáreas pertenecientes a los 23 distritos de riego así como los nuevos proyectos de gran irrigación que pueden incorporar 200.000 hectáreas adicionales en la primera etapa de La Mojana, el Alto Ariari, Pachaquiaro, Casanare, Rancherías, Hobo y Campoalegre y las ampliaciones de Coello y Saldaña. De la misma manera en los próximos diez años se deben multiplicar los proyectos de pequeña irrigación que han favorecido 20.000 hectá reas en zonas de pobreza absoluta para elevar esa cifra en otras 120.000 hectáreas. En cuanto al sector privado, las 500.000 hectáreas actuales pueden incrementarse con otras 300.000 más en los Llanos, el Valle del Sinú, el Cesar y el Magdalena. El Estado y los particulares deberán lograr en el decenio 600.000 hectáreas nuevas adecuadas y completar así un monto de un millón y medio.

Cabe señalar que en este decenio se elaborará el plan de desarrollo agropecuario de la Orinoquia que debe representar un hito en la transformación de las fronteras agrícolas del país antes de terminar el siglo gracias a los grandes avances tecnológicos y las investigaciones realizadas en el área durante los últimos veinte años.

Un cuarto megaproyecto es la estrategia para incrementar las reservas de petróleo de que sea posible asegurar un buen ritmo de exportaciones de hidrocarburos en los niveles ya señalados. En este momento Colombia tiene reservas aseguradas hasta por 17 años. Si queremos preservæ ese margen de protección y a la vez llegar a 300.000 barriles diarios de exportaciones, es decir, 120.000 más que los actuales para asegurar entre 1.500 y 2.000 miIlones de dólares anuales por este concepto, Colombia deberá perforar un promedio de 85 pozos al año, de los cuales 60 a través de los contratos de asociación y 25 por cuenta de Ecopetrol. Si se piensa que se trata de casi 900 pozos en el decenio, se puede tener una idea aproximada de las magnitudes de la inversión nacional y extranjera requerida para lograr las metas aquí señaladas.

El quinto megaproyecto es el plan de telecomunicaciones que antes de llegar al año 2000 pretende cubrir con servicios telefónicos todos los municipios y ciudades del país, asf como la digitalización de la red para ofrecer los nuevos servicios de valor agregado y telefonía celular. El mismo plan ya aprobado incluye implementar la utilización del satélite Simón Bolívar para el Pacto Andino, incrementando las comunicaciones entre los cinco países y la posibilidad de tres canales de televiSión; además, el cable submarino que entrará en servicio en 1990 aumentará la capacidad de canales internacionales y le permitirá a Colombia la comercialización de múltiples servicnos.

 

LOS MEGAPROYECTOS SOCIALES

Al lado de los megaproyectos económicos cabe hablar de los megaproyectos sociales que deberán guiar la acción del Estado antes de terminar el presente siglo. Es indispensable eliminar el analfabetismo que todavía afecta al 10% de la población y duplicar los niveles de escolaridad, de modo que en el año 2000 se podrá afirmar que la población urbana tiene ocho años de escolaridad y la rural habrá pasado de los dos actuales a cinco años.

Colombia se halla ante la necesidad de hacer un examen total de su sistema educativo y de las perspectivas de la educación no formal y de adultos, la cual comienza en la familia y en la propia sociedad con el influjo de los omnipresentes y eficaces medios de comunicación social. Esto es indispensable porque el primer objetivo de la educación es el de contribuir a la construcción de una Nación viable con mayor bienestar que supere las miserias materiales y espirituales existentes, fortalezca los derechos humanos y promueva el sentido de responsabilidad y libertad para elevar al máximo la dignidad humana.

La década plantea también como un megaproyecto social el reto de superar el atraso en cantidad y calidad de agua de manera que haya agua potable para todos y atención a las personas que asegure la asistencia básica de salud para todos.

En cuanto a los problemas de nutrición el megaproyecto que debe lograr Colombia es el de la nutrición garantizada para toda la población menor de seis años de edad si queremos construir una generación que cuente, por fin, con la plenitud de sus facultades mentales y físicas.

Durante el decenio deberán continuarse los programas de salud, educación y vivienda para eliminar las condiciones de extrema pobreza en que se encuentran seis millones de colombianos, especialmente localizados en Sucre, Chocó, Córdoba, Bolívar, Magdalena, Cauca, Nariño y Boyacá.

 

LAS TAREAS DEL SECTOR PRIVADO

En un marco general como el que acabo de describir, sobre las principales responsabilidades y objetivos del Estado en el decenio de los noventa, cabe examinar lo que se espera del sector privado, así como las múltiples oportunidades que esto representa para su desarrollo y modernización.

La primera necesidad del sector productivo es mejorar su eficiencia para que pueda afrontar la competencia internacional tanto en los mercados externos como en el propio mercado interno que está profundamente afectado por el contrabando. Es necesario que la empresa privada incorpore en forma más decidida la variable tecnológica en vez de reducir sus consideraciones de inversión a la variable financiera, como ha sucedido durante los últimos lustros. Para ello el empresario necesita fortalecer su capacidad negociadora mediante una acción resuelta, persistente y sistemática encaminada a conocer los mercados externos, las características de sus competidores en el resto del mundo e identificar con mayor claridad las ventajas comparativas de la producción colombiana así como los caminos para asimilar y generar nuevas tecnologías que mejoren su productividad gracias a la mayor investigación local.

El sector privado de Colombia debe decidirse, con mayor capacidad de riesgo, por impulsar la inversión en vez de reducirse al ahorro institucional. Nuestros recursos humanos son reconocidos entre los más competentes de América Latina y a nuestros empresarios se les aprecia, por los observadores imparciales, por su creatividad y eficiencia. Este patrimonio todavía no ha sido adecuadamente aprovechado. La descentralización del desarrollo y de los procesos productivos debe ser una consigna de nuestro sector privado, en parte porque ella corresponde al desarrollo equilibrado del país en el territorio y, en parte, como lo veremos en el Seminario, como reflejo de nuestras divisiones del trabajo a escala nacional y las propias estrategias de reconversión industrial.

Es importante promover un cambio en la relación entre los empresarios y los trabajadores que se traduzca en una nueva estructura de la empresa y en la eliminación de las tensiones que afectan el equilibrio social como lo enseñan las experiencias del Japón y los países con mayor capacidad competitiva internacional. De poco servirán los éxitos económicos si no existe armonía en las relaciones sociales y la solidaridad necesaria para hacerle frente a la implacable competencia de los mercados internacionales. Si bien los impuestos representan una contribución importante del sector productivo al cumplimiento de los fines sociales del Estado, la naturaleza mixta de nuestro sistema económico y social requiere tanto del Estado como del sector privado que hagan acciones concertadas y complementarias que satisfagan las necesidades del desarrollo económico y la justicia social. Para tal efecto es importante fortalecer entre los empresarios colombianos un auténtico espíritu democrático que le ponga barreras a las polarizaciones de las extremas de izquierda y derecha que son tan frecuentes en una sociedad como la nuestra, abocada a las más complejas y explosivas contradicciones. No puede caer nuestro empresario en la trampa de las simplificaciones macaftistas.

 

LAS PERSPECTIVAS DE INVERSIÓN PRIVADA

Le esperan al empresario de nuestro país escenarios concretos tanto en la grande como en la pequeña y mediana industria para abrir mercados en el exterior e impulsar el crecimiento de la economía. Su contribución a la balanza de pagos puede ser muy elevada a través de sectores productivos con inmenso dinamismo y formidable porvenir. Colombia desarollará en los próximos años todo el sector pesquero donde, sin caer en exageraciones, se puede esperar que nuestro pafs logre hacia 1995 exportaciones por más de 250 millones de dólares anuales si se consolida la organización institucional del sector, ya emprendida, y si además se definen los planes para la pesca marítima, la pesca en cautiverio y los procesos de comercialización. Otro sector promisorio cuyo desarrollo ya empezó es el de las agroindustrias, en especial la fruta tropical, donde pueden registrarse ingresos muy considerables en divisas. Las confecciones ya despegaron con excelentes perspectivas y las ventas por 210 millones de dólares, registradas en 1988, se pueden triplicar fácilmente en el curso de los años 90. También existen perspectivas muy importantes en el turismo nacional e internacional y en las exportaciones de servicios, así como en toda la industria química donde podemos sustituir importaciones de urea, resinas de plástico, principios activos para medicamentos y derivados del azufre que hoy representan divisas equivalentes a la mitad de las que obtenemos por el café.

En cuanto a los bienes de capital livianos ya están identificados insumos significativos de la industria petrolera que permitirán concretas y valiosas sustituciones de importaciones por varios centenares de millones de dólares anuales, pues si bien estamos ingresando a una de apertura de la economía para buscar competitividad internacional, ello no significa que Colombia debe abandonar por completo las oportunidades que en algunos aspectos todavía le ofrece el modelo de sustitución de importaciones, así como se deben aprovechar las perspectivas que abrió la nueva legislación sobre zonas francas industriales que servirán de punta de lanza para crear una mentalidad exportadora. Cabe señalar que, en el caso del café, están empezando los desarrollos de los mercados en el extremo Oriente donde la demanda del Japón y de China puede favorecer ampliamente la producción colombiana durante los próximos años.

En todos estos campos relacionados con el comercio exterior y en su participación en las múltiples inversiones estatales que se anuncian en el horizonte de los años noventa, el sector privado vivirá uno de sus períodos de mayor crecimiento y maduración con profundas consecuencias tecnológicas, administrativas, financieras y sociales que serán objeto de más detallados análisis en el curso de este seminario.

Es importante que en el marco de todas las oportunidades como promotores de riqueza y del Estado, los sectores productivos tengan en cuenta la creciente preocupación universal por el medio ambiente que entre nosotros se relaciona con tres factores fundamentales: la prevención de riesgos de contaminación que puedan causar grandes desastres, la defensa de las grandes cuencas hidrográficas de Colombia gravemente afectadas por descuidos seculares y en un nivel internacional de interés para el Estado y los sectores productivos, el llamado cordón del neotrópico, el Amazonas, donde se adelantan proyectos de carácter mundial para definir el futuro de esta zona como reserva del mundo donde se dan los procesos de vida mas heterogéneos y complejos.

 

LA CULTURA Y LA SOCIEDAD

Un panorama multidimensional de lo que nos espera a los colombianos en el próximo decenio sería incompleto si dejáramos de examinar las perspectivas de la cultura. Poco a poco el diálogo con la cultura occidental, en la cual están nuestras raíces, evoluciona para nosotros, como para el resto del mundo, con la perspectiva más amplia y global de las experiencias culturales de los más diversos pueblos del planeta. La cultura de los valores tradicionales está cediendo el paso a los valores utilitaristas, hedonistas y prácticos que, si bien son propios de las sociedades de consumo, originan profundos desajustes relacionados con la violencia, la droga y el crimen. A veces ni siquiera se ha producido una sustitución de valores sino que los antiguos fueron desmantelados por el impacto de medios de comunicación que no han logrado construir, en vastos sectores de la población, una nueva jerarquía de valores. Las nuevas generaciones se están formando sin una conciencia de la historia nacional y con un limitado dominio del idioma, todo Io cual conspira contra su patrimonio cultural y su identidad nacional en un planeta supercomunicado y hasta masificado en sus intereses y emociones.

Somos todavía una Nación en formación que a pesar de tantos obstáculos preserva su unidad y a la vez asegura la diversidad de sus características culturales regionales. Se percibe en todas partes, en nuestro país, una creciente necesidad de identificación regional que no es incompatible con la integración de la nacionalidad sino una manifestación de la vitalidad cultural colombiana.

La educación informal se ha vuelto cada día más importante en la sociedad, en parte por las realidades propias de la urbanización y en parte, también, por el crecimiento del tiempo libre y la recreación. Aquí también existe un campo de responsabilidades para el sector privado que tiene en sus manos la posibilidad de fortalecer los valores de la sociedad civil y de influir con su apoyo al enriquecimiento cultural de los colombianos para darle alimento a las necesidades del espíritu y elevar los valores estéticos y éticos de las diversas generaciones que conforman nuestro pueblo.

Como lo expresé al comienzo, nuestra intención es proponer un marco de reflexión. Ninguno de los temas señalados es utópico.

Varios de los proyectos mencionados a lo largo de estas palabras de introducción son indispensables o de inaplazable ejecución. Sobre muchos de ellos existen estudios de factibilidad o completos diseños e inclusive están muy adelantadas las gestiones necesarias para asegurar su financiamiento. Son retos viables y opciones concretas. Yo creo que todo lo expuesto demuestra que a pesar de las manifestaciones de barbarie que nos agobian, la vitalidad de la Nación es un hecho indiscutible y las fuerzas positivas que están influyendo en el destino de Colombia son numerosas y de tal potencia que podemos afrontar con optimismo bien fundamentado las tareas y las responsabilidades de los próximos años. Si lo logramos, Colombia iniciará el próximo siglo, que es a la vez un nuevo milenio, convertida en una Nación desarrollada como fruto del esfuerzo de ocho generaciones transcurridas hasta el bicentenario de nuestra Independencia. Para entonces aún quedará por considerar la agenda del primer decenio del siglo próximo, que será más trascendental y ambiciosa de la que hoy nos ocupa y cuyos contenidos latinoamericanos e internacionales serán más profundos.