D036 P051 | Combustibles Líquidos

Documentos Nuevo Liberalismo | Luis Carlos Galán

D036 P051 | Combustibles Líquidos

Distribución al por mayor

Por Ricardo Sala

INTRODUCCIÓN

Los muchos factores que entran simultáneamente en juego en la determinación del precio de venta de los combustibles hacen que ésta sea una de las decisiones más difíciles para el gobierno. Los costos de obtener el combustible, bien por producción propia o por importación, los costos de transporte y distribución y los impuestos que gravan las distintas etapas aparecen como las principales variables directas a tener en cuenta. La sola consideración de cada una de ellas implicaría de suyo una compleja labor si se desea equilibrar lo que recibe cada agente económico con lo que realmente le cuestan sus actividades del presente, sumado a lo que requiere para mantener su operación en el futuro. A lo anterior hay que agregarle la evaluación del impacto real que los incrementos en el precio de los combustibles tienen sobre la actividad económica del país, y muchas veces el aspecto más observado entre todos, la reacción que puede producirse en la comunidad.

Desde hace ya varios lustros la estructura de precios de los combustibles líquidos contempla cuatro componentes principales, a saber: pagos a Ecopetrol, impuestos, remuneración al distribuidor mayorista y remuneración al distribuidor minorista. Ecopetrol recibe dos tipos básicos de ingreso, uno por el producto propiamente dicho y otro por el valor del transporte por el poliducto. Los impuestos tienen varios destinos, de los cuales el más conocido e importante por su magnitud es el del Fondo Vial Nacional, junto al cual figuran el IVA, el del consumo y el subsidio a la gasolina. Los distribuidores reciben como remuneración principal el llamado margen. Una resolución del Ministerio de Minas y Energía fija los precios de venta en las distintas etapas, desde la refinería hasta el usuario final y establece los valores de cada componente del precio.

El presente artículo no tiene pretensión distinta a la de describir brevemente los principales componentes y participantes de la distribución de combustibles líquidos y formular algunos comentarios sobre la operación de todo el proceso, especialmente en Io relacionado con los resultados económicos de la actividad de distribución al por mayor. Estos últimos han sido analizados en numerosas ocasiones, algunas de ellas en evaluaciones relativamente simples o carentes de la debida información. Con alguna simplicidad parece concluirse que se trata de un excelente negocio, libre de la necesidad de creatividad o de inversiones de importancia. Como es apenas lógico, el monto del margen reconocido a los mayoristas es fundamental en los niveles de rentabilidad de esa actividad económica. La determinación de ese margen, así como el de los minoristas, es crucial si no se desea debilitar la salud económica de los distribuidores, pero tampoco se desea propiciar un enriquecimiento sin justificación. Los costos de producción de los productos vendidos por Ecopetrol son relativamente fáciles de estimar y lo mismo puede ocurrir en el caso de su transporte a través de la red. El gobierno cuenta además con todas las fuentes de información a su disposición para determinar el grado de precisión con el que establece los precios a serle pagados a Ecopetrol. En el frente de los impuestos lo que prima son los recursos fiscales que el gobierno aspira a recaudar. Aunque existen teorías y modelos relacionados con los niveles “óptimos” de tributación, en la práctica lo prioritario es el intento por balancear las cuentas de ingresos y gastos del fisco.

Resulta claro, entonces, que si la determinación de los precios no se deja al libre juego de las fuerzas del mercado y simultáneamente se desea mantener una situación de equilibrio para los distintos agentes económicos, los márgenes de los distribuidores son fundamentales tanto en la operación de los mayoristas como en las decisiones sobre precios al público.

 

EL PROCESO

Los cientos de miles de conductores de vehículos, tanto de servicio público como privado, constituyen el grueso de los compradores de combustibles líquidos en el país. Para muchos de ellos lo único notorio de todo el proceso es la estación de servicio donde se surten del fluido. Detrás de esa cara hay, sin embargo, una compleja estructura física e institucional que se inicia con la exploración en busca del petróleo crudo y termina con la combustión de los productos. La producción y venta de los combustibles líquidos es un monopolio de Ecopetrol, que entrega producto idéntico a cualquiera de los distribuidores mayoristas. Se exceptúa el caso de los productos de aviación, segmento atendido únicamente por algunos mayoristas, donde el distribuidor tiene la posibilidad de modificar ligeramente algunas características del producto.

Cuando se trata de la distribución de combustibles distintos a los de aviación las tareas entre mayoristas y minoristas están claramente definidas. En el segmento de los productos para aviación las actividades del minorista, es decir las relacionadas con la entrega del combustible al usuario final, las cumple el mismo mayorista. Los precios máximos de venta del combustible para aviación están limitados por el gobierno nacional, pero los precios reales al usuario pueden ser inferiores a los topes, como resultado de descuentos por volumen vendido al mismo cliente. Esto, aunque también ocurre, es una excepción en el caso de los demás combustibles.

Es pertinente señalar que la situación de los lubricantes es muy distinta a la referida arriba. Tan sólo las bases de los productos son similares mientras que los aditivos y complementos difieren entre cada una de las muchas marcas disponibles en el mercado. Los precios no están controlados y se desarrolla una competencia muy intensa que incluye abundante publicidad y promoción. Todos los mayoristas de combustibles líquidos participan activamente y con buen éxito en el mercado de los lubricantes.

En la distribución de los combustibles líquidos se pueden distinguir tres etapas principales: desde la refinería hasta las plantas de abasto, desde éstas hasta la estación de servicio y, finalmente, la entrega del producto al consumidor final. El producto refinado, propiedad de Ecopetrol, les es entregado diariamente a las empresas distribuidoras mayoristas. Las entregas se hacen bien a través de la red del poliducto, desde Galán en las cercanías de Barrancabermeja y en Cartagena, o en la planta de Buenaventura, abastecida mediante el sistema de cabotaje desde Cartagena. La venta se considera realizada en el momento de hacer disponible el producto para que el transportador lo lleve hasta su destino inicial en las diferentes plantas de abasto. En general una vez al mes los mayoristas y Ecopetrol establecen las necesidades de los diferentes productos para los dos meses siguientes. Con base en esa información se procede a programar la operación de las refinerías y, eventualmente, las adquisiciones en el mercado internacional.

El mayor volumen de los fluidos se transporta por la red de poliductos, propiedad de Ecopetrol, de manera que en la práctica al momento de la entrega no se produce transferencia física de los productos a los mayoristas. Ecopetrol le asigna a cada compañía una cierta cantidad dentro de cada lote de entregas y al elaborar la facturación respectiva les informa sobre el volumen finalmente asignado. Los combustibles son conducidos por la tubería hasta puntos intermedios de almacenamiento, como el de Mansilla en la región próxima a Facatativá, o hasta las plantas de abasto, como las de Puente Aranda en Bogotá o la de Baranoa cerca de Barranquilla.

Dentro de sus objetivos institucionales Ecopetrol busca un abastecimiento permanente y continuado de combustibles en todo el país, para lo cual, entre otros, señala los niveles mínimos de inventarios que se deben mantener en cada región. En la actualidad éstos se sitúan alrededor de quince días de consumo. Cada mañana, a primera hora, los mayoristas le informan a Ecopetrol sobre el volumen de existencias en sus tanques, de manera que las entregas en cada planta se hagan libres de riesgo de derramamientos o pérdidas de combustible. Tanto el producto almacenado en los tanques intermedios como el que está en la tubería son de propiedad de los mayoristas desde cuando entran a la red. Por lo tanto, el nivel del inventario en cabeza de cada mayorista depende de la interacción entre las cifras de existencias físicas suministradas por cada distribuidor y de las entregas hechas por Ecopetrol según su programación y existencias. Almacenado el combustible en las plantas de abasto queda disponible para la venta y entrega a los minoristas. El transporte hasta los puntos de venta al público generalmente se hace en camión-tanque, que puede o no ser de propiedad del mayorista.

Las características físico-químicas de los combustibles líquidos hacen que su manejo sea complejo y que se presenten variaciones en los volúmenes como efectos de la temperatura ambiente, la sensibilidad de los sistemas de medición y la manipulación de los fluidos. Para absorber los costos de las variaciones que pudiera ocasionar el transporte hasta las plantas de abasto se concibió la llamada tolerancia volumétrica, que con el correr del tiempo se ha convertido en un elemento más del costo de transporte del producto.

Papel fundamental en los resultados económicos de los distribuidores, mayoristas y minoristas, lo desempeña la diferencia de temperatura entre aquella a la cual Ecopetrol liquida la venta del producto y aquella a la cual se le vende al consumidor. En la mayor parte de los casos la temperatura ambiental al momento de la venta al usuario es superior a la temperatura aplicada para liquidar las compras de los mayoristas, por lo que éstos cuentan con la posibilidad de vender cantidades de combustibles superiores a las adquiridas al refinador. El efecto neto del cambio en volumen resulta de la expansión volumétrica propiamente dicha y de las pérdidas por manejo y evaporación. Las resoluciones que fijan los precios establecen para los minoristas un reconocimiento explícito a las pérdidas por evaporación, pero no hacen referencia a la expansión volumétrica.

Frente a la distribución de combustibles líquidos Ecopetrol cumple entonces una función múltiple. Como vendedor único recibe el precio en refinería y recauda los impuestos vial y de ventas, así como el valor del subsidio a la gasolina. Como transportador recibe en dinero el valor de la tarifa de transporte, manejo, trasiego y despacho, además del cargo por tolerancia volumétrica. Como mayorista cumple el papel de importante socio de todos los Terpeles.

En el país hay diez distribuidores mayoristas. Tres de ellos, Codi-Mobil, ESSO y Texaco, tienen presencia en buena parte del territorio nacional, mientras que los otros siete, los Terpeles, atienden mercados regionales. ESSO y Texaco son 100% filiales de sus casas matrices internacionales, mientras que en Codi-Mobil un pequeño porcentaje de accionistas colombianos acompaña la participación mayoritaria de la casa matriz internacional. En los Terpeles hay participación de capital estatal y privado; en todos está presente Ecopetrol y en algunos hay otras entidades públicas. La participación privada es variable, desde casos relativamente concentrados como en Terpel del Norte hasta otros muy democratizados como en Terpel del Sur. Los siete Terpeles son: de Antioquia, Bucaramanga (atiende los Santanderes y parte de los Territorios Nacionales del oriente del país), del Centro (atiende la región del Viejo Caldas), del Norte, del Occidente (principalmente Valle, Cauca y Nariño), de la Sabana (atiende la Sabana, parte del altiplano boyacense, parte del Dpto, de Cundinamarca y las regiones de Aguazul, Aguaclara, Puerto Inírida, Puerto Carreño y San José del Guaviare) y del Sur (atiende el Huila, Tolima y Caquetá).

Para una mejor comprensión del proceso es conveniente señalar que los mayoristas no operan las estaciones de servicio. Estas son administradas por los minoristas según una de varias modalidades. De un lado, la estación puede ser de propiedad del minorista, quien luego de una especie de afiliación al mayorista le adquiere a éste sus productos. El mayorista puede o no colaborar en la financiación de los costos de montaje o renovación de la estación. En ocasiones el terreno donde está ubicada la estación es de propiedad del mayorista, quien puede o no haber construido las instalaciones y puede haber vendido la estación o simplemente la alquila. Otra posibilidad se da cuando la estación es de propiedad del mayorista, quien la alquila o la entrega en administración al minorista.

El margen real del negocio se ve afectado por el valor real del efecto neto del cambio en volumen. Los resultados económicos de un distribuidor dependen de múltiples factores entre los cuales se pueden señalar los siguientes: margen explícito establecido en la resolución de precios; fechas reales de pago de los diferentes cargos por el producto y los impuestos que lo gravan; el costo de su transporte; las fechas de recaudo de los ingresos por ventas; el nivel de inventarios mínimos establecido por Ecopetrol; el volumen de ventas; la capacidad de almacenamiento y las condiciones de las plantas de abasto; la existencia de estaciones de servicio propias; la propiedad de los lotes de terreno de las estaciones de servicio; el acceso al mercado de los combustibles de aviación; el factor real de expansión volumétrica en cada venta; la evaporación del combustible durante su manejo; la disponibilidad de equipo propio para transporte del combustible hasta los minoristas; el nivel de costos fijos e indirectos de operación; la antigüedad del personal al servicio del distribuidor y el grado de competencia existente con otros distribuidores. Como es obvio, el Estado no puede establecer sino un precio único aplicable para todos los mayoristas por igual en cada una de las regiones. La consideración de costos promedios para la actividad de distribución al por mayor, es entonces definitiva y requiere de una metodología válida, alimentada con información oportuna y confiable.

 

COMENTARIOS Y SUGERENCIAS

En esencia la distribución de combustibles es un servicio público. El Estado debe entonces velar por su adecuado manejo y ejercer vigilancia permanente en todos los frentes de la prestación del servicio. Sin embargo, el monopolio en esta distribución no parece sano para el mejor interés colectivo.

Un examen de las condiciones económicas de la operación, así como de la tecnología involucrada y de la estructura del mercado, da pie para recomendar que se mantenga una estructura de competencia entre distribuidores con capital estatal y otros netamente privados. Múltiples experiencias en diversos países permiten señalar que un mercado atendido únicamente por entidades estatales o mixtas podría conducir a deterioros en la calidad del servicio, ineficiencias en los costos de operación o manipulación política de los márgenes y precios. La presencia exclusiva de mayoristas con capital privado podría generar oligopolios u oligopsonios no necesariamente motivados a prestar el servicio en todos los casos que el bien común demanda. El usuario final se beneficiará más de un esquema donde haya presencia balanceada de los dos tipos de propiedad compitiendo entre sí. La práctica colombiana muestra cómo la presencia estatal ha hecho que el sistema opere con mayores criterios de beneficio colectivo y que se conozca mejor un sector tan importante para la adecuada operación de la economía del país; por su parte, la participación de accionistas privados junto con el capital público le ha hecho mantener a éste último criterios de eficiencia no siempre observados, así como parece haber influido para que el negocio en general. no muestre la injerencia de la política partidista, tan común en otros frentes.

La naturaleza de la intervención del Estado en el sector aún no parece estar suficientemente aclarada, por Io que sería muy conveniente para todas las partes que, con base en el Artículo 32 de la Constitución, se expidieran las normas pertinentes. Debería quedar totalmente claro cuáles temas son propios de la intervención estatal, regidos por el principio de autoridad, y cuáles son materia de contratación, con campo para la expresión de las ideas de las partes.

El objetivo de Ecopetrol de lograr para el año 2000 una participación de los Terpeles alrededor al 50% del mercado, cuando actualmente ésta se aproxima al 22%, demandará un enorme esfuerzo en muchos frentes, especialmente en el financiero. Para lograrlo de manera sólida se requiere que más allá del corto plazo la distribución de combustibles produzca rendimientos acordes con los niveles de inversión requeridos. En el fondo, a los mayoristas más que el porcentaje de participación en el mercado les interesa la rentabilidad de su operación. Asegurar una razonable está en el mejor interés de todos los participantes si se desea que la actividad no termine generando costos o injusticias sociales.

En procura de lo anterior debe reconocerse la existencia de distintas medidas de rentabilidad propias del negocio. Uno es el caso del margen simplemente dicho, tal como resulta del contenido de la resolución de precios; otro el margen comparado con los niveles de inversión requeridos para prestar el servicio, y otro diferente el margen cuando al resultado económico se le incorpora el efecto de las valorizaciones netas de los activos fijos vinculados al negocio. La disponibilidad de una adecuada base de datos que permita en forma permanente conocer los niveles de las distintas medidas de rentabilidad debería convertirse en un propósito del gobierno. Con esa información y una metodología aceptada por las partes se evitarían las frecuentes discrepancias entre autoridades y agentes económicos.

Mención especial merece el rendimiento financiero que parece producirse por el manejo de los inmensos volúmenes de dinero asociados con la actividad de distribución, que en 1989 llegaran a cerca de $400 mil millones. Dependiendo de los momentos en los que se reciban y paguen las sumas involucradas habrá lugar a la posibilidad de generar dichos rendimientos. La actual cronología del flujo de caja del negocio no da campo para que los mayoristas logren obtener ingresos financieros sobre el volumen del dinero que manejan y, por el contrario, implica una pérdida financiera para los mayoristas. Debe, sin embargo, advertirse que los resultados muestran gran sensibilidad al momento en que se realizan los movimientos de caja. Unificando en un solo día los pagos a Ecopetrol se lograría introducir mayor simplicidad a los trámites administrativos de todos los agentes económicos con la consiguiente ganancia de eficiencia tanto estatal como social. La selección de ese día debería ser tal que el resultado financiero del negocio de distribución al por mayor fuera neutro.

No menos importante que el punto anterior es el de la definición del volumen mínimo de inventarios requerido en el conjunto del país y en cada una de las regiones. Debe buscarse equilibrio entre las necesidades derivadas de la seguridad nacional, vinculadas con la marcha normal de las actividades económicas y sociales, y los costos particulares y sociales de mantener un cierto volumen de inventarios. Definidos dichos niveles serán más sencillas la programación de las solicitudes de abastecimiento y las entregas que haga Ecopetrol. Se requiere diseñar mecanismos de control estadístico de los niveles reales de inventarios almacenados por los mayoristas en sus distintos tanques.