D037 P022 | Gran Diálogo Liberal

Documentos Nuevo Liberalismo | Luis Carlos Galán

D037 P022 | Gran Diálogo Liberal

PRESENTACION DEL DOCUMENTO NUMERO OCHO DE LA FUNDACION NUEVO LIBERALISMO PARA UNA COLOMBIA NUEVA

Julio 18 de 1985

Nos reunimos hoy para presentar el documento número ocho de la serie de publicaciones de la Fundación Nuevo Liberalismo para una Colombia Nueva. En esta oportunidad el documento recoge el itinerario de las principales reflexiones que hemos hecho para promover la renovación y el crecimiento de la democracia, así como nuestros motivos para proponer una nueva manera de hacer política.

Cuando la Nación prepara fundamentales decisiones sobre su porvenir, todos estos antecedentes merecen consideración. Gracias a ello se puede apreciar qué interpretación de las realidades nacionales ha guiado a cada sector político, cuál ha sido la fidelidad a determinadas ideas y qué grado de confiabilidad tiene la palabra de quien propone un camino para superar las encrucijadas políticas, sociales y económicas en que se halla Colombia.

Lo primero que demuestran estos textos es que nuestras opiniones sobre la necesidad de reconstruir a Colombia no han surgido en 1985, ni obedecen a una estrategia para aprovechar electoralmente los problemas del gobierno en una de las más agudas crisis económicas del siglo. Desde las primeras horas de nuestra presencia en la política nacional entendimos que ésta sólo tenía sentido y trascendencia si se concebía no simplemente como la búsqueda del poder sino como la responsabilidad que tenemos todos los colombianos de impulsar transformaciones profundas en las instituciones, en la mentalidad individual y colectiva frente a los asuntos públicos y en el conjunto de la organización social, como condiciones indispensables para vivir en paz y tener un papel en el mundo contemporáneo.

Precisamente porque estas tesis empezaron a ser planteadas por nosotros desde hace más de siete años, antes de la fundación del Nuevo Liberalismo, no podemos reconocer la coherencia de las palabras del doctor Virgilio Barco quien ahora habla con énfasis artificial y aparatosa publicidad sobre la necesidad de reconstruir a Colombia y proponer convergencias con nostalgias sectarias, pero durante casi todos estos años se marginó del debate político o se aproximó al mismo de manera fugaz, tan sólo cuando estuvo de por medio la expectativa de una candidatura presidencial que, por cierto, abandonó cuando se sintió invalido para enfrentarse a las maquinarias tradicionales.

 

UN VOTO MISTERIOSO

Se supo del Doctor Barco que ante los primeros obstáculos de la lucha en 1981 prefirió abandonar la contienda; se supo también que estuvo ausente y desconoció una convención idéntica a la que ahora señala como el fundamento de su personería; lo que nunca se supo es cómo votó en mayo de 1982. Si lo hizo por nosotros, sería inconsistente que ahora desconociera la validez de nuestra perseverancia; si lo hizo por el candidato surgido de la Convención que él mismo descalificó, carecería de toda lógica su posición en septiembre de 1981; si lo hizo por el actual presidente de la República resultaría interesante conocer la explicación de sus contradictorias posiciones políticas, como lo sería también en el caso de no haber votado por ninguna de las opciones presidenciales de aquel momento para volver tres años después a pedir con sorprendente humildad al investidura de candidato único oficialista con el visto bueno de López Michelsen y Turbay Ayala.

La confrontación de ideas y programas que ahora rehúye el doctor Barco después de proponerla, debe ser también una confrontación de actitudes para verificar la coherencia y la credibilidad de los planteamientos políticos. Hace pocas semanas al recibir unos cuantos desertores de la lucha me invitó en su discurso a “una cita histórica”, según sus palabras. Yo quiero decirle que tal como lo demuestra el documento número ocho esa cita no la puso él sino el proceso mismo de la sociedad colombiana desde hace más de siete años y él no la cumplió en las instancias previas y menos ahora pues sus asesores desconfían injustamente de la capacidad del doctor Barco para realizar un debate con armas iguales y leales.

 

LAS ALTERNATIVAS POLITICAS

Nos encontramos en un año preelectoral lleno, por lo tanto, de acontecimientos y responsabilidades políticas. En principio la Nación se halla ante tres alternativas fundamentales. La primera es renunciar al uso de la razón y convertirse en testigo impotente de decisiones impuestas por la fuerza, lo cual, además de ser absurdo por el sacrificio de vidas que implica, tiene un resultado conocido pues en América Latina la vía armada no es el camino y la violencia subversiva lo único que consigue es generar la violencia represiva. El segundo camino es permanecer dentro de las opciones simplemente partidistas, aun cuando también se sabe que allí no hay voluntad ni opción de cambio pues el poder popular ha sido usurpado por los gamonales que también en este gobierno han tenido el control de estructuras burocrático electorales, además los partidos carecen de programas alternativos y sólo representan métodos e intereses del pasado. La tercera posibilidad es que la Nación se exprese libre y directamente sobre sí misma y que las nuevas fuerzas sociales se atrevan a ser creativas para generar nuevas mayorías que no fundamentan su autoridad en glorias o en la simple inercia de los varones electorales confederados, sino en la interpretación de los múltiples movimientos sociales que han sido generados por la urbanización, la internacionalización y la modernización de Colombia. Se trata de darle fluidez a la política y a la comunicación entre los colombianos.

Nosotros estamos por ese tercer camino. Creemos en el poder de la razón y en la madurez de nuestro pueblo. Pensamos que los partidos son necesarios pero insuficientes inclusive en las democracias más avanzadas. Coincidimos con las fuerzas políticas tradicionales tan sólo en el repudio a la violencia, pero tenemos criterios distintos sobre lo que significa la participación popular. Ellos la proclaman ahora para reducirla a la participación electoral del pueblo, nosotros la propusimos desde nuestro nacimiento como el factor esencial de la modernización democráctica para que el pueblo se organice y tenga influjo eficaz, concreto y permanente en el manejo del Estado y en el control de sus determinaciones.

 

PRIMERO EL DIALOGO INTERNO

Para nosotros debe cumplirse un proceso realmente democrático si se quiere interpretar sinceramente al pueblo y no imponerle nombres o proyectos decididos por camarillas u oligarquías como ha sucedido casi siempre en Colombia. Ese proceso comenzó por el diálogo realizado dentro del propio Nuevo Liberalismo para escuchar todas las regiones, todos los sectores sociales y generacionales. Durante el último año oímos a los colombianos que viven en el exterior, a los que pertenecen a los núcleos indígenas, a los campesinos, los trabajadores, los profesionales, los jóvenes, los microempresarios, los pequeños y medianos industriales, los educadores, los jubilados, las mujeres, los autoconstructores, los líderes comunitarios y cívicos. Recogimos la experiencia de cuatro años de trabajo en todos los rincones de Colombia, revisamos nuestros diagnósticos, aportamos nuevos temas sobre el Estado y la sociedad. Este diálogo interno se hizo en torno de 310 ponencias y tuvo lugar en los grandes centros regionales del país. No culminó en Paipa y tampoco terminará en el Congreso Nacional que celebraremos dentro de dos semanas. Es el diálogo permanente entre nosotros mismos para identificar objetivos y circunstancias. Celebro que otros sectores políticos nos imiten, así sus criterios y propósitos sean diferentes. No importa. Los diez foros programáticos, de los cuales los periódicos apenas han hecho menciones fugaces y superficiales, han contribuido a cambiar la cultura política en el país, no sólo el comportamiento de los académicos, los científicos y los técnicos en los asuntos públicos que allá también han ido a escuchar y aprender sino la conducta de ciudadanos sencillos, comunes corrientes.

De estas reflexiones ha surgido la plataforma política que discutirá el Congreso Nacional del Nuevo Liberalismo. Nunca hubo en Colombia una experiencia semejante, lo decimos sin presunciones arrongantes pero convencidos de la validez democrática de estos procedimientos.

 

DE LA REFLEXION AL DIALOGO

Estas reflexiones nos han demostrado nuevamente que la Patria siempre estará por encima de los partidos y que todos tenemos el derecho y el deber de construirla gracias a las coincidencias y a veces también merced a los puntos de vista contradictorios que nos separan de otras fuerzas.

Precisamente por eso es menester, en una segunda etapa, dialogar con protagonistas y sectores diferentes del Nuevo Liberalismo. Hacerlo con todos los que acepten los principios fundamentales de la Constitución, reconozcan a la razón como el instrumento para manejar los conflictos sociales y tengan como objetivo fundamental la igualdad de los colombianos, el ascenso real de los sectores populares y la erradicación de la miseria.

El bipartidismo en Colombia se volvió una farsa. Ya no recoge espíritus definidos y todo se reduce a rótulos y denominaciones sin contenidos. Tampoco es cierto que el conservatismo que representa el doctor Alvaro Gómez Hurtado y el oficialismo liberal que proclamará al doctor Virgilio Barco Vargas sean “contendores naturales”. La verdad es que cada día se parecen más y se distinguen menos en sus conceptos, su lenguaje, su mentalidad y hasta en su organización y en sus tesorerías.

Pensar que hoy se interpreta a Colombia a través del supuesto conflicto liberal—conservador es negarse a reconocer la realidad. Ignorar los últimos 27 años de historia, es convertirse en estatua de sal por mirar hacia el pasado y dejarse aprisionar por él. Si el partido liberal quiere tener futuro tiene que ver la realidad que está fuera de él y escuchar y respetar a los sectores independientes, comunicarse con ellos y merecer su apoyo.

La perspectiva de nuestra época es mucho más amplia de la que inspiró el último cuarto de siglo. Empecemos por señalar que es internacional y latinoamericana. En este hemisferio fracasaron las respuestas totalitarias de quienes les encomendaron a los militares tareas que no son las suyas y fracasaron también los populistas al crear expectativas demagógicas sin comprometerse a fondo con el desarrollo de la democracia. Ante los sucesivos fracasos del militarismo y el populismo, asistimos a una nueva época de la democracia en América Latina en medio de una compleja crisis económica y social. En ese contexto está Colombia que si bien no se dejó precipitar en modelos antidemocráticos, vaciló en desarrollar nuevas etapas de evolución de la democracia por culpa de burocratismo, el gamonalismo y el clientelismo. Se puede decir, entonces, que lo suprapartidista es indispensable, entre otras razones, porque estamos en un ahora supranacional. Lo que América Latina espera de nosotros, de los colombianos, no es la voz envejecida de las camarillas sino el mensaje vibrante de un espíritu colectivo renovado por valores esenciales como la libertad, la igualdad y la responsabilidad.

El diálogo que deseamos adelantar no se dirige a la construcción de coaliciones tradicionales. Proponemos una apelación directa de los liberales al pueblo con espíritu suprapartidista. No se trata de hacer un simple proyecto electoral como los que pueden justificarse para tareas menores como las sugeridas en 6 o 7 departamentos por algunos oficialistas interesados en los comicios parlamentarios. Tampoco se trata de unir votos, pues no tenemos ni reconocemos electorados cautivos ni aceptaremos nada que vaya en contra de nuestras convicciones. Deseamos saber qué piensan las demás fuerzas presentes en la escena, otros partidos como los liberales independientes, los conservadores, Firmes, la Anapo, la Izquierda Democrática, la Unión Patriótica. Pero principalmente los grandes movimientos sociales que no aceptan afiliaciones pero desean influir en el proceso renovador. Desde hace varias semanas, en distintos recintos públicos, cada uno está presentando su propio programa. Así lo haremos nosotros el cuatro de agosto con absoluta libertad e independencia como serán libres y autonómas nuestras demás decisiones sobre las elecciones de marzo y mayo. Frente a los textos concretos se comprobará si las diversas fuerzas que por ahora coinciden en el escepticismo sobre lo que representan Barco y Gómez entendemos o no en términos afines el proceso de Colombia. Nosotros formulamos en Rionegro hace cuatro años un llamamiento abierto a todos los colombianos y ahora lo haremos de nuevo. No identificamos fuerzas autosuficientes en la escena política y creemos que está en curso una dinámica social que se frustraría en el espacio limitado de los partidos. Probablemente con algunos de estos interlocutores no se llegue a ningún acuerdo porque las ideologías y los valores resulten distintos, pero el diálogo significa ampliar la cultura política, enriquecer el pluralismo democrático y propiciar la controversia civilizada. Todos estos procesos se están debatiendo en el Nuevo Liberalismo y serán examinados en el Congreso de agosto.

 

CENTRO IZQUIERDA: LIBERTAD E IGUALDAD

Nuestro horizonte es una propuesta política de centro izquierda, primero porque en el propio Nuevo Liberalismo conviven las dos tendencias y saben que es su armonización lo que nos da mayor capacidad de interpretación de la realidad colombiana. El centro aporta el equilibrio que inspira la Constitución Nacional, la izquierda contribuye con el compromiso irreversible de defender las justas reivindicaciones populares. El centro se fundamenta en la libertad y la izquierda en la igualdad, su alianza genera la responsabilidad del gobernante y de la comunidad como garantía de supervivencia de la democracia.

Nuestro mensaje es de estirpe liberal por los ideales, no por las maquinarias. Sabemos que tenemos la responsabilidad de salvar para la historia de Colombia la vigencia del espíritu liberal y no lo confundimos con la confederación de usufructuarios del oficialismo donde se cerraron las puertas a la autocrítica y al libre examen.

Esta semana leí en “Nueva Frontera” una frase de don Manuel Azaña. Dijo aquel demócrata en 1924: “La piedra de toque de la libertad es el respeto que se tenga a la conciencia de los disidentes”. Disidentes fueron, son y serán todas las fuerzas renovadoras de la sociedad. Cuando las disidencias se vuelven mayorías los pueblos asimilan sus valores y reflexiones y gracias a ello continúa el progreso en el mundo. El doctor Virgilio Barco dijo que “es grave crear fantasías electorales con base en encuestas incapaces de medir la voluntad popular”. Curiosamente en esos mismos días su organización política recibía los resultados de la encuesta contratada por el doctor Barco con Invamer-Gallup. Esas encuestas empiezan a demostrar que la disidencia —como nos califican ellos en forma despectiva— avanza hacia la victoria para convertirse en mayoría. No hemos contratado ninguna encuesta. Todas las han contratado el doctor Virgilio Barco y el doctor Alvaro Gómez Hurtado y todas hasta la del último fin de semana han resultado favorables a nosotros. No saben que hacer con sus propias encuestas. Para utilizar el lenguaje ciclístico tan grato ahora para todos los colombianos por los emocionantes triunfos de Herrera y Parra, podríamos decir que ya el Nuevo Liberalismo dejó atrás al pelotón de las fuerzas del bipartidismo tradicional. Escalamos sin pausa ni reposo las alturas del suprapartidismo bajo el impulso de grandes fuerzas nacionales, mientras tanto, el doctor Alvaro Gómez Hurtado se protege cada día menos con el equipo de un conservatismo resquebrajado y al doctor Virgilio Barco le tocó irse pegado a la rueda voluminosa y pesada del turbayismo que le sirve en el terreno plano del clientelismo pero no le funciona en los premios de montaña de primera categoría. Es muy probable el retiro de uno de los dos o de ambos al pasar la meta volante de las elecciones parlamentarias. Los veo con dificaltades para quedar bien librados en el control de antidoping que verificará al final de la carrera la lealtad de los recursos utilizados en la competencia. Ya no soy el novato del año. Esta vez, compañeros, con ustedes y por Colombia, voy a ganar.