D037 P089 | Sin Libertad de Prensa la Democracia no Sobrevive

Documentos Nuevo Liberalismo | Luis Carlos Galán

D037 P089 | Sin Libertad de Prensa la Democracia no Sobrevive

4a. ASAMBLEA GENERAL DE LA SIP
DERECHO A LA INFORMACION

Saludo a los asistentes a la Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa y en forma especial a quienes en este auditorio han expresado su preocupación por la libertad de prensa desconocida o amenazada por diversos motivos en numerosos países de América Latina. Pienso como ustedes que sin libertad de prensa no existe o no sobreviviría la democracia. Me identifico con quienes denuncian no sólo la censura directa de las autoridades sino los instrumentos del Estado para condicionar a la prensa mediante restricciones administrativas, monopolios de papel, gravámenes tributarios o la adjudicación discriminatoria y con favoritismos de los presupuestos de publicidad en las instituciones estatales y paraestatales. Comparto también la opinión de quienes señalan los peligros de autocensura por parcialización política de los periodistas o por el temor a mortificar poderes económicos que puedan ser determinantes en la pauta publicitaria. Estoy de acuerdo con quienes sostienen que es tan válida la defensa de la libertad de prensa desde la perspectiva del empresario periodístico, como desde el punto de vista del periodista asalariado, por la cual deben armonizarse los derechos y deberes del uno y del otro. Condeno toda violencia o intimidación contra los periódicos, los periodistas y en especial la que provenga de autoridades o de la delincuencia organizada, tal como lo desmuestran las dolorosas experiencias de periodistas que se han enfrentado al narcotráfico. Veo con preocupación, el debilitamiento económico de los periódicos medianos y pequeños, que los exponen a desaparecer o los hace más vulnerables frente a las presiones de quienes tienen poder político, económico y social.

Observo que la crisis económica internacional ha puesto en graves dificultades a los periódicos que para modernizar sus equipos y para adquirir buena parte de sus insumos, contrajeron cuantiosas obligaciones en dólares y sufren las consecuencias de los problemas cambiarios. Considero peligroso que los altos precios de los periódicos, los vuelvan inaccesibles para los estratos populares. Soy partidario de promover el inventario y la denuncia permanente de los peligros internos y externos que amenazan la libertad de prensa, para que exista una conciencia colectiva en todos nuestros países sobre lo que significa esta garantía indispensable de la democracia y para que los periodistas ejerzan sus derechos y cumplan sus deberes con sentido crítico y autocrítico sobre todo lo que influye en la libertad de prensa y en el derecho de información.

 

LA POLITICA INTERNACIONAL

Después de cuarenta años durante los cuales el eje de la vida colombiana y de América Latina giró en torno del proceso de urbanización, en lo que resta del siglo y en la primera parte de la próxima centuria girará alrededor del proceso de internacionalización como principal factor de los acontecimientos políticos, económicos y sociales.

El mundo bipolar de las grandes superpotencias que reemplazó al terminar la segunda guerra al viejo mundo eurocéntrico, será sustituido por un mundo multipolar que deberá conformar nuevos equilibrios políticos y económicos en el planeta. Para tener acceso a ese mundo multipolar, Colombia y todos los países de América Latina necesitamos reorganizar nuestra capacidad negociadora, construir nuevas instituciones regionales y revisar la filosofía y los instrumentos de nuestras políticas internacionales. Estas políticas internacionales no deben ser concebidas dentro del plazo estrecho de un gobierno, sino que deben interpretar las necesidades y expectativas de un período más prolongado, porque lo que vivimos no es simplemente la suma de episodios aislados e importantes, sino una época histórica.

La crisis actual de América Latina es muy positiva, porque está suscitando reflexiones y contactos que de otro modo no se hubieran dado aun cuando vivimos y viviremos años difíciles porque se han agudizado las contradicciones políticas, sociales y económicas, este sacudimiento es indispensable para que se transforme la conciencia de los latinoamericanos sobre lo que somos y lo que deberíamos y podríamos ser. Mientras no haya verdadera independencia latinoamericana, y mientras subsistan las desigualdades entre los sectores privilegiados y los desposeídos y marginados en nuestros países habrá conflictos profundos e inestabilidad. La actual organización política, económica y social ha resultado impotente para satisfacer las necesidades básicas de la población, por lo tanto, es y será cuestionada por nuestros pueblos que no pueden aceptar un orden interno injusto, ni un sistema internacional discriminatorio que nos condena a posiciones subalternas.

Los países latinoamericanos tenemos que diseñar y establecer instituciones que concilien la libertad y la justicia, sin limitarnos a copiar las fórmulas europeas, norteamericanas o soviéticas. Debemos interpretar nuestras propias realidades, para concebir nuestras propias creaciones políticas.

Debemos ser amigos de todos los pueblos del mundo y en especial de las grandes potencias, pero esto no significa que aceptemos la dependencia de cualquiera de ellas. Compartimos con los Estados Unidos un continente y valores como la libertad y la democracia. Sin embargo, el sistema interamericano tal como fue concebido a lo largo del presente siglo, ya se agotó y requiere una reorganización total en sus elementos políticos, económicos y de seguridad. Un nuevo y verdadero sistema interamericano debe incluir a Canadá, Cuba y a los países del Caribe que se independizaron de las metrópolis europeas. Ese sistema debe respetar y fortalecer, como uno de sus elementos fundamentales, la organización regional de América Latina con su propio foro político.

Una verdadera comunicación entre los latinoamericanos y los estadounidenses es indispensable para superar los prejuicios recíprocos que mantienen paralizados, tanto al norte como al sur de América dentro de estereotipos y prevenciones. Los latinoamericanos que viven en Estados Unidos y sus descendientes ejercerán poco a poco una influencia política importante para cambiar estos prejuicios. Los valores de la sociedad en Estados Unidos son distintos de los nuestros, pero son más complejos y respetables de lo que piensan los partidarios de una política de ruptura. Los valores de América Latina y la riqueza de nuestros elementos culturales desbordan ampliamente los esquemas simplistas de quienes en los Estados Unidos sólo piensan en América Latina cuando advierten riesgos para su propia seguridad. Ellos y nosotros necesitamos nuevas formas de cooperación en términos de solidaridad y dignidad, lo que significa cambiar las categorías y las instituciones del sistema interamericano, que ha resultado impotente para resolver las últimas crisis, especialmente la Centroamericana.

Contadora es una vía acertada para buscar soluciones pacíficas y políticas en Centroamérica y un antecedente significativo para la organización regional de América Latina. Su presencia y su labor se deben a la ineficacia de la OEA en promover la paz y la seguridad regionales. Contadora ha llenado un vacío y así se trate de un esquema provisional, representa una experiencia positiva que, además, ha propiciado constructivas opiniones y contribuciones europeas y españolas en el manejo de un problema de América.

Después del fracaso de los gobiernos militares y de los populistas en América Latina, a la democracia se le presenta una nueva oportunidad para demostrar que nuestros países se pueden transformar sin violencia. Es necesario que haya solidaridad entre los países que tienen o han recuperado instituciones democráticas y en especial con los pueblos latinoamericanos que buscan liberarse de dictaduras y gobiernos totalitarios. Los partidos políticos de los países de América Latina deben multiplicar los contactos y reuniones sin dejarse alinderar por las organizaciones politicas europeas, considerando que antes de afrontar las contradicciones entre liberales, conservadores, social-demócratas o demócratas cristianos en América Latina, se debe superar el conflicto entre la democracia y la dictadura, por lo cual mientras no esté superado este conflicto, es secundaria cualquier confrontación entre las distintas alternativas de la democracia representativa. El diálogo entre los partidos politicos de América, debe incluir a los partidos de los Estados Unidos y Canadá. Esta es una hora supranacional y, por ello, también esta es una hora suprapartidista.

En América Latina se debe impulsar una política radical de desarme, para lo cual es necesaria la promoción de soluciones jurídicas y políticas a los diversos problemas limítrofes, que si no son resueltos en el corto plazo, se deben congelar para que no perturben el desarrollo de la reorganización regional y la articulación de políticas comunes y complementarias. En la medida en que prospere un proceso de integración, todos estos problemas limítrofes se redimensionarán y se volverán obsoletos.

 

LA DEUDA EXTERNA

El problema de la deuda externa ha cambiado y cambiará la vida de América Latina en forma más profunda y definitiva que cualquier otro hecho de su historia. La carga económica y financiera de la deuda de los países latinoamericanos ha aumentado, no sólo por la magnitud misma de las obligaciones sino por el cambio estructural debido a la acumulación progresiva de deudas privadas sin garantía y de deudas a corto plazo contratadas en condiciones comerciales y a intereses elevados y variables. Todo ha empeorado: las condiciones financieras de los préstamos obtenidos por América Latina son más onerosas que los contratados por el resto de los países en desarrollo; cambió radicalmente la composición del financiamiento exterior de los países latinoamericanos; aumentó el coeficiente entre la deuda pública y el producto interno bruto; empeoró la estructura de los vencimientos en plazos menores de cinco años; igualmente, es ahora más gravosa la relación entre pagos de intereses y servicio de la deuda y ha subido en forma dramática la que existe entre intereses y exportaciones. Por todo esto América Latina pasó a ser exportadora de capital a las naciones industrializadas.

El cuadro económico y social de América Latina es bien conocido por ustedes y Colombia inevitablemente se halla dentro de su contexto. Si América Latina debe crear, en lo que resta del siglo, 100 millones de empleos nuevos, a Colombia le corresponderá crear cerca de 12 millones entre hoy y el año 2000.

Esta tarea debe realizarse a pesar del difícil manejo de la deuda, los bajos precios para la exportación y los problemas fiscales.

Lo que tenemos ante nosotros con la deuda externa, como se ha dicho desde hace varios años, es un problema político cuya solución debe ser concertada entre deudores y acreedores considerando, entre otros elementos fundamentales, la reforma del sistema monetario internacional, la reorganización del Fondo Monetario Internacional y nuevas políticas comerciales para dar oportunidades a los países en desarrollo.

 

REFORMA DEL COMERCIO MUNDIAL

La reorganización del comercio mundial supone una nueva perspectiva sobre el valor de los productos primarios. Durante muchos años los países industriales han sostenido que los bienes manufacturados deben tener precios más altos porque incluyen mayor valor agregado. Incorporan entre ese mayor costo los salarios y los rendimientos del capital que son trasladados a los consumidores de los países en desarrollo. En contraste, afirman que los productos básicos por ser extraídos de la tierra no tienen valor agregado. Es necesario señalar que los productos básicos —cuando se trata de recursos naturales no renovables— tienen un valor especial que es la no renovación del recurso. Por lo tanto, la ley de la oferta y la demanda no puede operar en el caso de estos bienes porque no remunera todos los factores de producción de los mismos.

Por otra parte, los precios de los productos básicos han sido gravemente afectados por la fuerte valorización del dólar. En términos reales los precios de los productos básicos bajaron un 44% entre 1979 y 1982. Ese es el deplorable balance de la carne, el banano, el azúcar, el cacao, el algodón, el mineral de hierro y el cobre.

El problema del proteccionismo es tan grave que algunos economistas calculan que un aumento del proteccionismo lo suficientemente grande para producir un deterioro del 10% en la relación de intercambio de América Latina costaría a la región tanto como el costo real de los intereses sobre la totalidad de su deuda. Las restricciones a las importaciones de acero en Japón, Estados Unidos y la Comunidad Económica Europea afectan a sus exportaciones mutuas, pero también a las de Corea, Brasil y México, es decir, tres de los principales deudores entre los países en desarrollo. Las limitaciones aplicadas al azúcar importada en Europa, Japón y los Estados Unidos afectan a América Latina y Filipinas. Las barreras a las importaciones de carne de vacuno en Japón y la Comunidad Económica Europea menoscaban la relación de intercambio de Argentina y Uruguay. Estos son apenas algunos ejemplos pero la lista es larga y crece cada vez más.

Es muy significativo como demostración de las discriminaciones existentes en el comercio mundial, en contra de los países en desarrollo, que si bien las reducciones arancelarias de la ronda de Tokio rebajaron los aranceles los correspondientes a productos de interés para los países en desarrollo se han rebajado menos que el promedio.

Un peligro muy serio para las exportaciones de los países en desarrollo es el creciente uso de las barreras no arancelarias. Se estima que el alcance de las barreras no arancelarias entre 1980 y 1983 aumentó a más del doble en los Estados Unidos y en 38 por ciento en la Comunidad Económica Europea. De las importaciones hechas por los países industriales está sujeta a barreras no arancelarias una proporción de productos de los países en desarrollo mucho mayor que de artículos provenientes de países industriales. En 1983, el 29% de las exportaciones de productos agropecuarios resultó afectado por las barreras no arancelarias. En el caso de las exportaciones de manufacturas la proporción fue del 18%. Los aranceles y las barreras no arancelarias utilizados para proteger a los productores de azúcar en los países industriales causan pérdidas de ingresos a los exportadores de azúcar que equivalen a cerca del 10% de toda la ayuda prestada por los países industriales a todos los países en desarrollo. La pérdida de ingresos de exportación se estima en casi el 30% del monto total de la ayuda. La ley de comercio de los Estados Unidos es otra demostración de la tendencia mundial a conformar un nuevo tipo de comercio administrado. Es una ley potencialmente peligrosa para América Latina porque expresa las intenciones de los Estados Unidos de adquirir poder negociador para la nueva etapa de desarrollo de ese país en la cual tendrán peso decisivo los servicios, la alta tecnología y la pro-piedad intelectual.

En el fondo ninguna de estas afirmaciones sobre la importancia de la reorganización del comercio para los países en desarrollo es nueva. Desde hace por lo menos veinte años todo esto se repite y agudiza en forma permanente e inevitable. Es probable que una crisis tan profunda como la que hoy amenaza el sistema financiero mundial determine, por fin, una reforma del comercio sin la cual resulta imposible que los países en desarrollo puedan pagar la deuda. Infortunadamente la ley de comercio de los Estados Unidos no da mucho margen para el optimismo.

 

UN NUEVO SISTEMA MONETARIO

Otro elemento fundamental para superar la crisis actual debe ser la reforma del sistema monetario internacional. Esa reforma debe inspirarse en dos propósitos: regular las corrientes financieras entre las economías para evitar las corrientes especulativas y regular el proceso de generación de la liquiedez internacional. Los dos temas tienen directa relación con lo que ha sucedido en la economía de los Estados Unidos porque las altas tasas de interés establecidas por los Estados Unidos crean problemas al atraer la liquidez internacional para financiar su déficit y captar de esa manera el ahorro del mundo. Mientras los Estados Unidos no ajusten su política económica a las necesidades de equilibrio del mundo seguirán siendo desestabilizadores del sistema y será imposible hallar una solución al problema de la deuda externa. Esta opinión no es sólo latinoamericana, sin duda alguna la comparten los europeos.

 

LA REFORMA DEL FONDO MONETARIO

En estrecha relación con el punto anterior debe pensarse en una reforma del Fondo Monetario Internacional tanto en su estructura de poder como en los conceptos y herramientas que constituyen su modelo de ajuste. Se necesita la reforma de la estructura de poder porque mientras la votación dependa de la cuota, los Estados Unidos y los países industriales tendrá poderes decisorios en perjuicio de las necesidades y posibilidades de los países en desarrollo. Es preciso, por lo tanto, que se concilie esa estructura de poder con la democratización de las decisiones. Así mismo, es indispensable que el modelo de ajuste económico y las consultas no sólo sean obligatorias para los países en desarrollo sino para todos los países miembros del Fondo.

Las fórmulas de ajuste en el Fondo Monetario son todas de índole coyuntural e ignoran características sociales en el funcionamiento de las economías. Las recetas del fondo desconocen los problemas de la oferta de bienes y servicios; ignoran las limitaciones y atrasos en la capacidad de respuesta de los ajustes económicos; imponen reducciones generales e indiscriminadas en el gasto público que afectan sectores vitales de la actividad estatal con resultados contraproducentes porque impiden el desarrollo de la infraestructura; el déficit fiscal es considerado desde el ángulo monetarista sin tener en cuenta sus raíces estructurales. Todo esto convierte el proceso de ajuste impuesto por el Fondo en factor recesivo y regresivo de la economía, por lo cual se agudizan los problemas del mercado de la fuerza de trabajo y todo lo relacionado con la distribución del ingreso.

El Fondo Monetario es una institución diseñada para actuar en situaciones de crisis conyuntural del sector externo de la economía pero está seriamente limitado para contribuir con efectividad a su oportuna prevención. Es inútil e injusto que cuando se requieren drásticos ajustes en el conjunto de la economía internacional, la carga del ajuste recaiga sobre países no industrializados, especialmente América Latina.

 

LA INTERDEPENDENCIA

Vivimos en un mundo cada día más interdependiente. No hay un conocimiento amplio de la medida en que los países industriales resultan afectados por lo que sucede en el mundo en desarrollo. Aproximadamente el 30 por ciento de todas las exportaciones de los países industriales en 1983 se dirigió a los países en desarrollo. La disminución en un 48% de la exportación estadounidense a los cinco principales prestatarios latinoamericanos entre 1981 y 1983 fue un factor importante del deterioro de la balanza comercial de los Estados Unidos durante ese período. Es evidente que los bancos de los países industriales se exponen a riesgos muy considerables cuando las naciones en desarrollo deudoras tienen dificultades de servicio de la deuda. Tal como lo recordaba aquí mismo en Cartagena hace dos años el secretario del SELA “cuando la gran crisis de los años 30, prácticamente todos los países latinoamericanos cesaron el pago de su deuda externa y el mundo apenas si se enteró. Hoy el cese de pagos de uno solo de ellos haría tambalear el sistema financiero mundial”.

Es innegable que los latinoamericanos tenemos derecho a esperar una fórmula concertada a nivel mundial para manejar el problema de la deuda, dentro de la cual tendrán que establecerse tasas de interés reducidas y fijas y plazos más largos que incluyan períodos de gracia más amplios. Así mismo, es lógico que tal como se propuso en Quito en enero del año pasado, se transforme una porción considerable de la deuda acumulada en obligaciones de corto plazo. A esto equivale lo que acaba de plantearse en Seúl cuando se ha mencionado que el Banco Mundial debe comprar obligaciones para convertirlas en deudas de largo plazo e intereses fijos y que el Banco debe convertirse en garante de ciertas operaciones de países en desarrollo. Resulta positivo que se reconozca estas posibilidades, aun cuando las sumas mencionadas son muy modestas frente al problema.

 

REFORMAS ESTRUCTURALES INTERNAS

No sería objetivo examinar las fórmulas para manejar esta situación sin incluir las medidas nacionales y regionales que dependen de los propios latinoamericanos. A pesar de nuestras dificultades y problemas de la defensa de la soberanía de nuestros países nos impone el deber de fmanciarnos también con nuestros recursos y esfuerzos propios. Dentro de un margen razonable de reformas en la economía mundial, América Latina tiene el potencial para reiniciar el crecimiento, afrontar sus más urgentes problemas sociales y volver a los mercados internacionales siempre que hagamos reformas estructurales. El Estado puede y debe ser más eficiente, si se descentraliza y si se somete a planes de desarrollo económico y social para asignar los recursos disponibles a las necesidades verdaderamente prioritarias. Nuestros países requieren nuevas políticas fiscales para modernizar los sistemas tributarios, transformar su administración, racionalizar el gasto público en función de las necesidades fundamentales de la población y poner en orden las empresas de servicios públicos.

 

LA INTEGRACION

Se debe iniciar una nueva etapa en los procesos de integración regionales para buscar una sustitución de importaciones a escala latinoamericana o por subregiones. Lo que fracasó en América Latina en los años 70 y se desplomó en los 80 no fue la idea de la integración, sino una modalidad de integración, de índole tecnocrática, diseñada por economistas que con la mejor intención se inspiraron en el modelo europeo pero no tuvieron en cuenta las enormes diferencias políticas entre Europa y América Latina. Todos los esquemas de integración tenían demostrada su viabilidad económica, pero ninguno se preocupó por saber si eran políticamente viables y todos se frustraron por haber descuidado los factores más importantes de poder. La crisis económica internacional puso al descubierto las debilidades del proceso de integración en América Latina y su postración comprobó la falta de apoyo político.

 

EL TERRORISMO

La agenda propuesta por la SIP incluye consideraciones sobre el terrorismo y pienso que el tema también se relaciona con otros flagelos sociales. Entre las diversas formas de violencia de nuestro tiempo ninguna es más inhumana y más difícil de afrontar que el terrorismo. No corresponde a un proyecto político alternativo, se trata de la violencia extrema y desesperada de los impotentes que buscan o la anarquía o el descrédito del sistema de instituciones nacionales e internacionales.

El terrorismo, paradójicamente, es el arma extrema de los débiles, de quienes se sienten sin posibilidad alternativa para plantear sus reclamos y aspiraciones. Es hijo del fanatismo y del odio. Para defenderse del terrorismo es preciso demostrar su inutilidad. En la medida en que las sociedades no cedan a la presión ésta no tendrá estímulos para crecer. En este caso, como en todos los delitos que trascienden las fronteras se necesita la cooperación internacional para su control y destrucción. En América Latina el terrorismo no ha definido límites con las guerrillas que en principio expresan otro tipo de violencia que se proclama inspirada en proyectos políticos específicos. Tampoco están claros los límites del terrorismo y el narcotráfico que invadió varios de nuestros países y amenaza a los demás porque se ha apoderado de factores reales de control social, incluido su influjo en los propios medios de comunicación, en las autoridades y en las instituciones.

Vivimos crisis acumuladas que han golpeado gravemente los valores éticos. En su defensa y reconstrucción todos tenemos responsabilidades, tanto mayores si participamos en los procesos de formación de la opinión pública como sucede con los periódicos y los partidos políticos. La prensa tiene en estas horas de crisis una misión especial. Le corresponde influir en sus respectivas regiones para defender el bien común con toda la fuerza de su poder moral. Los enemigos son crecientes y cada día más peligrosos: el narcotráfico, la violencia en todas sus manifestaciones, el tráfico de armas, el secuestro, la extorsión, el terrorismo nacional e internacional, las corruptelas políticas, el tráfico de influencias y los negociados con recursos públicos.

Interpretar las complejas transformaciones de la sociedad es un reto permanente para los medios de comunicación y orientar a la sociedad para que se guíe por valores éticos, una tarea gigantesca y aparentemente abrumadora. Si la prensa preserva su credibilidad por su comportamiento objetivo y profesional, si denuncia e informa sin dejarse amordazar por censuras y autocensuras, su influjo es decisivo. En la medida en que merezca la confianza pública cumplirá una misión esencial, de lo contrario, un periódico en nuestros países puede ser una buena empresa comercial, rentable en sus libros de contabilidad, pero infecundo y negativo para las necesidades y los intereses de la sociedad que se deben apoyar en una prensa libre, objetiva, responsable y valerosa.