D038 P017 | En Busca de la Unidad Liberal

Documentos Nuevo Liberalismo | Luis Carlos Galán

D038 P017 | En Busca de la Unidad Liberal

PRIMER ACTO DEL NUEVO LIBERALISMO CON EL OFICIALISMO

Popayán, agosto 15 de 1987.

Primera Reunión Conjunta del Nuevo Liberalismo con un Sector del Oficialismo del Cauca. Adhesión del Ex-presidente del Congreso, Senador Humberto Peláez Gutiérrez.

Quiero en primer término saludar a todos los presentes, manifestarles mi gratitud por su asistencia a esta reunión y expresar mi reconocimiento a quienes a través de la radio, van a escuchar estas reflexiones sobre la política caucana, la política nacional y el futuro del país. Saludo a todos los caucanos hoy en un día tan especial en el que se conmemoran 450 años de la fundación de Popayán, una de las primeras ciudades en la historia colombiana y uno de los centros fundamentales de los grandes procesos políticos, económicos y sociales de nuestra Nación durante todos estos años.

Para mí es muy grato estar hoy en Popayán manifestando mi afecto a esta ciudad, mi amistad y gratitud hacia las gentes del Cauca que durante estos años han compartido nuestras tesis o las
han seguido con respeto, independientemente de sus consideraciones políticas.

Hoy tuve oportunidad de asistir a varios de los actos más importantes, y como lo expresé a la radio, al medio día, espero que así como hoy registramos con inmensa complaciencia la reconstrucción de varios de los más importantes edificios con significado histórico en la vida de la ciudad, podamos más adelante registrar con igual y mayor complacencia la realización de todas las obras indispensables para que los sectores populares de Popayán y las gentes que en los asentamientos y en los barrios humildes esperan la respuesta definitiva a sus inquietudes y aspiraciones a raíz de los acontecimientos de 1987. Quiero hablar hoy de tres cosas fundamentales, además de estas palabras de sincero y sentido homenaje a Popayán. Quiero hablar del Cauca, quiero hablar del liberalismo colombiano y en tercer término voy a referirme a las elecciones de 1988.

Durante los últimos 12 años, desde la primera vez que legué a Popayán en plan de trabajador político en 1976, he podido volver en muchas oportunidades y he estado en los grandes rincones del Cauca hoy mencionados por los dirigentes que hablaron hace pocos minutos, encabezados por el Senador Humberto Peláez, he estado en el sur del Cauca, en el occidente en la Costa Pacífica, en el oriente, en las proximidades del Huila, del Putumayo, en el norte en las vecindades del Valle y en el centro. Creo conocer al Cauca y sobre todo deseo entenderlo y contribuir a la interpretación y solución de sus problemas. Sé por ello que este departamento tiene problemas estructurales. Su unidad aún no ha sido realmente obtenida porque ese departamento en sus múltiples sectores sociales aún no encuentra los elementos comunes de convivencia y coordinación de los procesos políticos, sociales y económicos.

 

CULTURA INDIGENA

Los indígenas luchan por un porvenir digno para sus culturas propias, para su identidad a la que tienen derecho y la que deben preservar sin aislarse del conjunto de las demás fuerzas sociales ni de la Nación, pero defendiendo con dignidad, responsabilidad y seriedad los valores que heredaron de sus antepasados y el derecho a su identidad como organizaciones indígenas y específicas. Las gentes del norte y de la costa con problemas muy graves, en el acceso no sólo a la tierra, sino a los intrumentos en los cuales en el orden tecnológico, en la comercialización yen las garantías económicas y sociales; no es posible el desarrollo de la vida rural. Gentes que esperan aún una organización social que les permita desarrollar su existencia con dignidad, la de sus familias, la de las comunidades a las que pertenecen y miles de caucanos que no están satisfechos con la estructura de su departamento, que ven cómo día tras día se hace mayor la distancia entre sus niveles de ingreso, sus oportunidades de trabajo y las que existen en otras regiones del país. El Cauca, como bien se observó hoy, necesita atenciones públicas especiales, necesita desarrollar el potencial de sus habitantes y de sus recursos naturales. Necesita, sobre todo, renovar la mentalidad de su organización política para que ese futuro, que el Cauca anhela, sea posible con el concurso solidario y coordinado de todos sus habitantes y se superen los conflictos, las contradicciones, la violencia, la intimidación que hoy están frustrando en alto grado el porvenir del departamento. No creo que la Nación tenga una idea clara de lo que aquí ocurre y de la necesidad de buscarle respuestas eficaces y oportunas a éste departamento. Tenemos que buscar esos caminos integrando al Cauca al resto de la Nación, como es preciso integrar varias regiones del país que sufren atrasos originados en la desigualdad de oportunidades y en otros problemas acumulados por procesos y circunstancias históricas. Todo esto nos lleva a otro tema muy importante: el liberalismo colombiano. Esta reunión, amigos, es de inmenso significado. Desde hace casi 7 años no teníamos ningún encuentro con miembros de otros sectores del liberalismo. Esta es la primera vez que nos reunimos con liberales pertenecientes a otras vertientes.

 

RECIENTE HISTORIA DEL LIBERALISMO

La última vez que nos reunimos fue en diciembre de 1980 en una convención que tuvo lugar en el Capitolio Nacional, en la cual el liberalismo, con todas sus vertientes sin excepción alguna, estuvo unido y eligió como Jefe del partido a Alberto Lleras Camargo, Carlos Lleras Restrepo y Alfonso López Michelsen. Nosotros estuvimos en esa convención y el Nuevo Libealismo había cumplido un año de existencia. Durante ese año habíamos expresado nuestras inquietudes, diagnósticos y preocupaciones sobre lo que iba a ser o podía ser la suerte del liberalismo colombiano. Personas muy respetables del liberalismo nos manifestaron la invitación a esta convención “para que dentro del partido expresen sus aspiraciones, continúen su lucha por los mismos ideales y vean una respuesta positiva para sus anhelos”. Infortunadamente no ocurrió así. A los pocos meses de haberse conformado esa directiva, muy respetable ustedes lo saben al recordar los nombres de quienes la integraban, entró en crisis y por diversas contradicciones fundamentales de orden ideológico y político se desintegró.

El liberalismo en 1981 entró en la evidencia de una crisis muy compleja que no comenzó ese año sino que tenía y tiene múltiples e inclusive remotos antecedentes. Deseo hablar sobre esto precisamente, porque le atribuyo inmenso significado al encuentro de hoy en el cual culmina una separación radical de 7 años y se reinicia un diálogo para ver si podemos encontrar, en medio de esta crisis tan compleja que vive la Nación, elementos claros y serios para reconstruir la primera fuerza popular de Colombia que ha permanecido en crisis durante muchos años, ha tenido frustraciones acumuladas que por presentarse en el primer partido del país, en la fuerza política más grande de la Nación, han influido también en la crisis de la Nación. Para hablar con sinceridad como debemos hablar, con lealtad como debemos hablar, precisamente porque son muy grandes las responsabilidades que tenemos en un momento tan importante de la vida nacional, el liberalismo, bien lo sabemos todos, durante más de un siglo y medio ha sido la primera fuerza creativa de esta sociedad. No hay momento estelar de ésta Nación, momento importante de cambio de la conciencia colectiva, de desarrollo de valores superiores en búsqueda de la libertad, la justicia, la democracia en donde no esté presente el testimonio liberal. Sin embargo, el liberalismo vivió a mediados de siglo, como vivió la Nación, una inmensa tragedia, un terrible holocausto en el cual se desbordaron las pasiones, se enfrentaron los partidos con sectarismo, con odio primitivo y murieron más de 300 mil colombianos. Después de la revolución mexicana, de comienzos de siglo, no hay en ihistoria de América Latina de este siglo una cifra igualmente elevada y dramática.

 

RECONCILIACION NACIONAL

El Nuevo Liberalismo propuso, aceptó y defendió los principios del Frente Nacional como una fórmula transitoria para reconstruir las instituciones, para cerrar las heridas, calmar los odios y darle otra perspectiva a la Nación. Fue una gigantesca reconciliación nacional la que se produjo. Las personas mayores de 40, 45 años, tienen presente ese proceso. Las nuevas generaciones ya empiezan a enterarse de ello por testimonios de quienes lo vivieron. Fue un proceso fundamental. El liberalismo lo aceptó, lo propuso, con lo bueno y lo malo porque no hay fórmula política perfecta. Lo importante es que la Nación superó la barbarie de mediados de siglo aun cuando no superó muchos de los más importantes problemas sociales y económicos. Al terminar el Frente Nacional el liberalismo tenía que mirar hacia el porvenir y tomar la iniciativa de nuevas fórmulas políticas porque es lo propio de su naturaleza; de fuerza progresista y renovadora y tiene obligación de ser el abanderado de una nueva época. Apareció la crisis porque no le ha sido fácil al liberalismo identificar ni ideológicamente, ni en la organización, ni en el comportamiento esa nueva época para decirle a la Nación éste es el camino ahora. Las fórmulas que hemos usado eran necesarias en determinada época pero no podemos permanecer en ellas. Comencemos otra época de desarrollo de la democracia, démosle otra dimensión a la política, abramos caminos para que los sectores atrasados, marginados y humildes encuentren el acceso a sus derechos y a sus oportunidades fundamentales. Reorganicemos la sociedad y el Estado con ese tipo de criterios.

El liberalismo se encontró ante tres crisis simultáneas: una en las ideas; una segunda en la organización y la tercera en el comportamiento. En las ideas porque la sociedad había cambiado, porque Colombia en los últimos 25 años ha vivido modificaciones muy importantes, incompletas sí, pero muy importantes. Pasamos de una Nación de 13 millones de habitantes a una Nación que ya se aproxima a los 30 millones de habitantes. Surgieron los grandes centros urbanos. Bogotá estaba en 800 mil habitantes cuando nació el Frente Nacional, hoy es una ciudad que llega a 5 millones y en forma similar Medellín, Cali, Barranquilla, Cartagena, Bucaramanga. Múltiples centros urbanos del país crecieron; la mujer que no había tenido mayor oportunidad educativa entró a todos los niveles del sistema educativo, a la universidad y al mundo del trabajo en condiciones completamente diferentes del pasado. La familia se transformó, cambió su tamaño; cambiaron los factores de producción; surgieron nuevas áreas industriales; aparecieron los medios de comunicación creando elementos de movilización de ideas mucho más importantes que en el pasado; millones de jóvenes, diría que más de 7 millones hoy, que tienen entre 14 y 25 años de edad, aparecieron como resultado de este proceso preguntándonos qué es esta sociedad, cuáles son mis derechos en ella, cuál es mi futuro, cuál es mi oportunidad de trabajo, cuál es mi oportunidad educativa, cuáles son mis perspectivas para formar mi propio hogar con dignidad, cuál es el horizonte que me da esta Nación y no encontraron satisfactorias respuestas. En esos cambios inmensos, los más grandes quizás que se hayan dado relativamente desde la propia independencia, los partidos se quedaron atrás, perplejos, sin poder interpretar esa nueva sociedad, sin poder canalizar esas nuevas energías, buscar objetivos colectivos, entrar en una nueva época no sólo dentro de la dimensión colombiana sino con la perspectiva internacional, latinoamericana sin la cual hoy Colombia no tiene destino alguno.

Los partidos asustados se refugiaron en la burocracia y en la manipulación del electorado teniendo miedo a la batalla de opinión. En cambio de buscar al pueblo para convocarlo para un destino superior prefirieron someterlo y dominarlo con herramientas derivadas de poderes burocráticos y clientelistas.

 

CRISIS LIBERAL

Hubo una crisis ideológica que creó esos destinos y una crisis de organización. Los grandes centros urbanos desbordaron a los partidos que no sabían cómo movilizar al electorado. Ya no era válido el viejo argumento sectario. Entonces el refugio era la necesidad de la gente angustiada por la beca, por el empleo para condicionarle su conciencia cometiendo un tremendo error sobre todo los liberales que ante todo debemos respetar la libertad de conciencia y la dignidad humana si en verdad queremos construir una sociedad respetable.

Se presentó la crisis de comportamiento grave. Aparecieron problemas sociales que no nos imaginábamos; surgió la pesadilla universal de la producción, la distribución y el consumo de drogas y narcóticos movilizando grandes capitales que en búsqueda de la impunidad penetraron en todos los escenarios sociales a condicionar a los políticos, a los periodistas, a comprar a los jueces y a condicionar a las propias fuerzas de seguridad, buscando ellos el predominio, la impunidad y el control de los factores de decisión en el país y es una crisis de la cual todavía no tenemos conciencia clara los colombianos a pesar de sus terribles y evidentes manifestaciones.

Se ha planteado una encrucijada general para Colombia, en su organización política, económica, social, en el funcionamiento de la justicia y en el respeto de valores fundamentales de convivencia en las relaciones internacionales. También en el gran marco de América Latina que a su turno vive similares a proporcionales pesadillas, golpeada por el desempleo por la deuda externa; en muchos escenarios por la violencia y en la mayoría de ellos por los intereses de la delincuencia organizada.

¿Cómo salimos de esta encrucijada? No puede ser la obra ni de un hombre ni de un partido. Tiene que ser la obra de todos los colombianos. En ese proceso debemos avanzar en la construcción de una democracia pluralista en la cual debe haber contradicciones, discusiones propias de una sociedad libre sin perder de vista las labores fundamentales de la unidad nacional y de lo que significa la patria. Cuando hablo del suprapartidismo no hablo en contra de los partidos, sino de la necesidad de recordar que hay esa noción superior de la patria por encima de todo y no podemos olvidar, y menos en un momento en el cual hay tantas contradicciones internas, tantas violencias y tantos riesgos, que fuerzas extremistas caigan en la tentación de pensar que sólo por el extremo de la izquierda o por el extremo de la derecha se va a defmir el destino del país; cuando la inmensa mayoría de los colombianos repudiamos la violencia, rechazamos esos procedimientos y creemos que es a través de la libertad política expresados en procesos democráticos de elecciones libres, respetables y serias como se legitima la autoridad, se construye el orden nuevo que tenemos que buscar entre todos los colombianos.

En el curso de este proceso hay riesgos y problemas prioritarios. El primero es el de la violencia y muy cerca de ella el narcotráfico. Es fundamental que esté claro que los liberales y los demócratas no estamos de acuerdo con la violencia ni de la extrema izquierda, ni de la extrema derecha. Creemos en la democracia, perseveramos en el esfuerzo de construirla para volverla sincera y eficaz y, sobre todo, es fundamental que los liberales y los demócratas marquemos fronteras insuperables e infranqueables con la delincuencia organizada. Que esos valores estén fuera de toda discusión entre los liberales y entre los demócratas y que ello se demuestre en todas nuestras acciones, si es que en verdad queremos merecer el derecho a orientar el porvenir de este país, a interpretarlo, a servirlo y a organizarlo en uno de los momentos más delicados de toda su existencia.

 

RETOMAR EL IDEARIO LIBERAL

Vamos a luchar por los mismos ideales que han inspirado al liberalismo siempre, pero vamos y debemos hacerlo con inmensa sinceridad y coherencia. A luchar para que haya un sistema electoral transparente en el cual no haya fraudes ni compraventa de votos, ni acondicionamientos abusivos o privilegiados en el proceso de expresión de la voluntad popular. Vamos a luchar porque el Estado se modernice en su administración, para que exista un servicio civil en Colombia de modo que quien tenga un empleo público llegue a él porque reúne la calidad de formación y la capacidad de servicio a toda la comunidad; no porque sea el instrumento de ningún poder burocrático electoral privilegiado, ni el esclavo de ningún dirigente político. Un servicio civil que nos garantice una administración imparcial e independiente para que la política vaya a los terrenos donde debe ir; para que esos 8 millones de ciudadanos que hasta hoy no han querido participar en el proceso de decisión, porque no creen en este sistema político, porque no lo entienden o se sientan marginados del mismo, se incorporen a ese sistema, voten, se pronuncien, tengan acceso a la democracia política. Vamos a luchar porque haya condiciones económicas fundamentales dignas y justas para todos los colombianos.

Esta semana fueron reveladas estadísticas sobre la distribución del ingreso en el país. ¿Qué dicen esas estadísticas? Dicen que en 15 años, desde 1972, al comparar la manera como se distribuye la riqueza nacional entre todos los colombianos estamos prácticamente en la misma situación; la misma concentración de riqueza en unas minorías, la misma angustia, desesperación y pobreza en inmensas mayorías. Se necesita un esfuerzo claro y definido por cambiar esa estructura injusta. No se puede seguir con la idea de que esperemos a que crezca la riqueza para repartirla porque con ese mismo argumento han pasado ya muchos años durante los cuales ha crecido y no se ha hecho ese reparto. Se empezaron a formar clases medias en el país pero aún no en la proporción de vida. El campesino colombiano sigue atrás, marginado y discriminado. Se ha hecho un examen de los últimos 30 años del total de inversión del Estado, y se encontró en él que el 95% de la inversión se fue para los centros urbanos y tan sólo el 5% para la población rural. Allí está una de las más claras explicaciones de estos procesos de violencia, de inconformidad y de contraste entre la Colombia campesina y la Colombia urbana. La reforma agraria y con ella la modernización del agro colombiano son responsabilidades inaplazables, pero no van a llegar si el pueblo no se organiza para conseguirla, porque puede haber muchas promesas, muchas menciones del tema y sólo habrá en verdad una transformación de la vida del campesino colombiano cuando él se organice, identifique con claridad sus derechos y adquiera la conciencia política indispensable para defenderlos. El liberalismo, si es en verdad hoy como se proclamó durante mucho tiempo la voz de los humildes, de los desheredados, de los pobres, tiene que aplicarle a la organización campesina todas las energías, y los esfuerzos necesarios.

 

TRANSFORMAR CLASES SOCIALES

Se necesita la transformación de las clases sociales, de la educación que en los campos sigue siendo discriminada. Mientras que un habitante del centro urbano llega a tener entre 4 y 5 años como mínimo, en la vida, en promedio, el campesino colombiano escasamente logra un poco más de un año de estudio en esas modestas escuelas rurales, generalmente aisladas, sin recursos y sin instrumentos de formación. En ese diálogo abierto que debemos adelantar entre liberales a la consideración de los derechos de todos los colombianos debe haber el aporte de un departamento como el Cauca tan íntimamente vinculado al proceso rural, relacionado con todos los problemas y condicionamientos de la Colombia rural. No sabemos qué ocurra en la política colombiana en los próximos años porque está en curso un proceso complejo e intenso en donde hay múltiples retos.

Quiero expresar mi gratitud al doctor Humberto Peláez por el ejemplo de carácter y decisión que tuvo al manifestar su solidaridad y su identificación con la posibilidad que dentro de unos años me sea confiada por el pueblo colombiano la dirección del Estado. Sé que se requería entereza y valor para hacer una declaración de esta naturaleza como la que él hizo hace unos pocos meses, encontrándose, como él se encuentra, dentro de otro sector del liberalismo pero consciente como él está de que en este momento de la vida del país debemos dialogar los liberales y los colombianos, los que creemos en valores democráticos, en principios de libertad y de justicia sobre los caminos para encontrar el porvenir del país y defenderle a Colombia derechos y perspectivas hoy comprometidos en esta tremenda encrucijada nacional.

El Nuevo Liberalismo, bien lo saben ustedes, es una organización política autónoma que surgió del liberalismo colombiano. El propio nombre de nuestra organización indica el espíritu que nos inspira: Nuevo Liberalismo. Nuevo, porque sentimos la urgencia de un espíritu renovado en el país y en el Liberalismo. Liberalismo, porque no renunciamos ni mucho menos a esos ideales que sabemos han sido fundamentales en la historia del país y no sólo no renunciamos sino que honestamente hemos querido defenderlo dentro de nuestra perspectiva con la esperanza de que con el paso del tiempo fuéramos comprendidos en otras vertientes del partido y se produjera un eco necesario para un cambio dentro del propio liberalismo, que es condición indispensable para el cambio general en el país. Porque un partido, hemos dicho muchas veces, no le puede prometer a una Nación lo que primero no es capaz de conseguir para sí mismo: no le puede decir a una Nación yo le voy a construir la democracia si primero dentro de él no hay democracia; no le puede decir yo la voy a conformar como una Nación integrada por seres libres de capacidad analítica y crítica y de conciencia social, si primero dentro de ese partido no hay verdadera capacidad analítica y crítica con conciencia social. La experiencia del proceso nos deja lecciones a todos: a quienes no comprendían para que ahora aprecien la honestidad de estos ideales y la sinceridad en esta lucha y a nosotros también los años nos van indicando cuántos factores se atraviesan en el proceso de la modernización política, qué circunstancias se deben considerar para que un cambio sea viable, sea factible y cómo se debe producir una convocatoria de fuerzas que puedan entender ideales comunes, construirlos con sinceridad y decisión para este momento del país.

 

¿Y LOS MUNICIPIOS?

Llegamos al tercer tema, el de las elecciones de 1988. No van a ser elecciones comunes y corrientes sino históricas. Bien lo sabemos porque por primera vez el pueblo escogerá en cada municipio su alcalde, pero no sólo eso sino que, por una vez en cuya concepción tuvimos una misión y un papel muy concretos entre 1983 y 1986, se ha ordenado al Estado colombiano transferir a los municipios dineros que jamás conocieron en el pasado y que ahora van a significar un cambio radical en la vida de los municipios. El sistema de transferencias de los dineros del impuesto a las ventas de la Nación a los municipios va a modificar todos los presupuestos de ellos, sobre todo de los que tienen menos de 100 mil habitantes, prácticamente todos, excepto Popayán en el caso del departamento del Cauca. Propusimos que se distinguiera entre municipios de más de 100 mil porque los primeros tienen ya una vitalidad que se las da su propia dimensión: su comercio, su industria, su realidad humana; mientras que los pequeños de 80 mil, 20 mil, 10 mil no tienen las mismas posibilidades de desarrollo y por eso carecen de acueductos, de alcantarillados, no han pavimentado sus calles, tienen precarios servicios de salud y de educación, no cuentan con instalaciones deportivas, no poseen adecuados caminos vecinales, tienen al campesino en condiciones de atraso y dependencia crónica.

Si ustedes van al concejo municipal de su respectiva localidad y examinan el presupuesto del año pasado, el de este año y preguntan por el del año entrante y por las proyecciones para 1990 y 1992 se van a encontrar con que esos presupuestos se están multiplicando por 3, por 5, por 10 veces las cantidades anteriores y esos recursos pasan a crear una responsabilidad hasta ahora no vivida en los municipios. Los futuros concejales y alcaldes van a tener en sus manos aquí en Cauca, herramientas que jamás habían tenido para organizar soluciones a problemas, necesidades e intereses de la comunidad en todos los órdenes. El pueblo debe ser informado sobre esa realidad para que esos dineros no sean malgastados, no haya despilfarro y se apliquen a programas de inversiones que consulten las necesidades objetivas de las gentes. La Ley ordena que en los municipios en donde la mayor parte de la población vive fuera de la cabecera por lo menos la mitad de la inversión pública tiene que hacerse fuera del casco urbano para que el dinero llegue a los campesinos, a los corregimientos, a las inspecciones de policía, a los caseríos y en verdad haya descentralización.

 

ALCALDES DE UNIDAD

Siendo tan importante el proceso del año entrante y con el interés, además, de que esté presidido por un liberal muy respetable, el doctor Barco, no se vaya a debilitar en las elecciones del año entrante; hace 10 días manifesté disposición del Nuevo Liberalismo a dialogar con el resto de las fuerzas liberales para que consigamos la elección de los mejores alcaldes en las Capitales y en los municipios. No vamos a hacer acuerdos burocráticos, no vamos a auspiciar maniobras para que haya repartos de puestos simplemente, sino que vamos a plantear nuestras convicciones sobre lo que debe ser la nueva vida municipal para que se elija a los mejores alcaldes, a los hombres más capaces, más serios, más respetables dentro de las comunidades y para que se acompañe con concejales que igualmente se comprometan con programas de fondo porque eso es lo que garantizará la democracia local. No hay, no puede haber democracia en los municipios si no se aprovecha con espíritu de responsabilidad y patriotismo la oportunidad política que se ha planteado para el año entrante. En los municipios que están localizados en zonas afectadas por problemas de violencia con mayor razón debemos hacer un análisis desprevenido, sereno, con espíritu liberal y democrático sobre las mejores soluciones.

No vamos a auspiciar actitudes maniqueas contra otras fuerzas políticas, vamos a buscar que haya un espíritu de respeto recíproco, democrático donde el partido conservador se merezca los alcaldes en juego limpio y democrático, y donde los merezca la Unión Patriótica sin intimidar a nadie, sin extorsionar a nadie pues que tengan también sus alcaldes. Estamos seguros de que la inmensa mayoría de los alcaldes van a ser liberales, especialmente los de las capitales de departamentos. Pero no queremos que ello tenga lugar con un espíritu de triunfalismo sino que por el contrario el año entrante logremos la más alta votación de la historia nacional. Ojalá superemos todas las fuerzas políticas los 8 millones de votos para que se indique así que el pueblo comprende la institución que nace, la desea, la fortalece, la utilice y la política va a cambiar profundamente.

Es necesario que a los concejos vayan al lado de gentes autorizadas, experimentadas, y serias; que vayan jóvenes que empiecen a conocer la vida municipal, a formarse políticamente, a entender los problemas concretos porque con esa pedagogía política en el próximo decenio y en la primera parte del siglo próximo, que tampoco está remota, tendrá Colombia otro tipo de dirigente político formado con una mentalidad más completa, más seria y más profunda sobre los problemas sociales.

Esos son algunos de los caminos de inmediata acción. No tenemos necesidad de esperar al 90, ni mucho menos, para cumplir nuestro deber con la democracia colombiana. Hay que hacerlo de inmediato y por eso en una reunión, que como dije al comienzo, tiene para mí tanto significado porque representa el primer encuentro después de 7 años, es fundamental que tengamos claro que en estos meses debemos movilizar en el Cauca y en Colombia entera la más intensa participación política por el debate más libre, civilizado, más responsable que consolide en cada municipio del país los valores de la democracia, que edifique otros principios con la certeza de que a partir de esas bases, en la inmensa tarea que nos espera, para la década próxima en cualquier responsabilidad que nos asigne el pueblo colombiano.