D038 P069 | Las Fronteras de Colombia, Polos de Desarrollo Nacional

Documentos Nuevo Liberalismo | Luis Carlos Galán

D038 P069 | Las Fronteras de Colombia, Polos de Desarrollo Nacional

SEMINARIO ORGANIZADO POR LAS FUNDACIONES COMUNICAR Y COLOMBIA EN ACCION

Bogotá, mayo 30 de 1989

Desde las primeras horas de nuestra independencia, con los elementos y las posibilidades de cada época y de cada generación, numerosos compatriotas han consagrado sus vidas o sus principales esfuerzos a trabajar por la presencia del Estado y la Nación en la totalidad del territorio de Colombia, especialmente en la zonas fronterizas. Lo han hecho en formas diferentes y complementarias: unos como estadistas y diplomáticos, al impulsar la definición de los límites territoriales, marítimos y espaciales de nuestro país; otros, como colonos y aventureros al extender espontáneamente las fronteras agrícolas o como gobernantes, soldados, empresarios, misioneros, pedagogos o trabajadores, al ejercer actos de soberanía o al invertir recursos públicos o privados para construir centenares de municipios, corregimientos y aldeas en los más variados lugares de nuestro territorio.

 

DOMINIO TERRITORIAL

A pesar de tantos, tan diversos y tan prolongados esfuerzos, después de siete generaciones la Nación y el Estado no dominan todavía el territorio de Colombia. Esta realidad implica para las actuales generaciones una responsabilidad especial, porque ahora existen nuevas posibilidades para lograrlo y según se tenga éxito en alcanzar este objetivo estarán asegurados tanto la integración nacional como el desarrollo de importantes recursos naturales, además de las condiciones administrativas, judiciales y policiales indispensables para alcanzar la paz en todos los rincones de la República.

A los ojos de cualquier observador son evidentes las dificultades del Estado colombiano para ejercer soberanía en zonas fronterizas como La Pedrera, el Guainía, Malpelo o el Darién, sin embargo, los problemas del dominio territorial comienzan más pronto y aparentemente más cerca de la capital de la República. Hay sectores inaccesibles de Sumapaz que pertenecen al Distrito Especial de Bogotá y veredas de Yacopí en el departamento de Cundinamarca, a las cuales sólo es posible llegar después de prolongados y difíciles viajes de muchísimas horas. Situaciones similares se repiten en Antioquía, Cundinamarca, los Santanderes y el Cauca.

Aun cuando este seminario está dirigido a reflexionar sobre nuestras fronteras donde se hallan nuestros principales problemas de integración nacional, deliberadamente he mencionado los obstáculos existentes en las regiones andinas para demostrar que nuestras dificultades de dominio territorial son más complejas de lo que normalmente se piensa y que al promover un seminario sobre las fronteras no se nos oculta el reto global que afrontan el Estado y la Nación para asegurar la plena integración física, económica, cultural y política del país.

 

OBJETIVOS DEL SEMINARIO

Este seminario ha sido convocado por las Fundaciones Colombia en Acción y Comunicar con el propósito de contribuir al esfuerzo de numerosos compatriotas por despertar la conciencia nacional acerca de la situación existente en las regiones fronterizas. Nuestra intención no ha sido la de reducirnos a determinadas fronteras sino promover una visión, así sea panorámica, de todas las regiones fronterizas, advertidos de los múltiples contrastes que hallaría el viajero al recorrer el perímetro de nuestra patria. Los miembros de las Fundaciones promotoras hemos pensado que esta reunión se realice en Bogotá porque queremos que en la capital de la República se escuchen claramente las aspiraciones, las necesidades y las posibilidades de las regiones fronterizas y que ello tenga audiencia no sólo en los niveles gubernamentales sino en los escenarios académicos, en los sectores empresariales, en los medios de comunicación y con la participación de todas las fuerzas sociales para que mejore el nivel de información de todos los colombianos sobre nuestras realidades territoriales y el tema de las Fronteras de Colombia sobresalga en el curso del próximo decenio como uno de los puntos de referencia fundamentales para el Estado, los partidos políticos y la sociedad civil.

 

DESCRIPCION GENERAL

Lo primero que salta a la vista en una mirada general a nuestras regiones fronterizas, es la diversidad de circunstancias geográficas y de condiciones sociales y económicas. En algunas de ellas, como el litoral Atlántico, Norte de Santander y Nariño existen importantes y crecientes niveles de desarrollo y los procesos históricos de las comunidades allí localizadas tienen remotos y significativos antecedentes. En otros casos se trata de regiones cuyo desarrollo es reciente, pero cuyas perspectivas son muy dinámicas a pesar de los problemas existentes, como ocurre con la Guajira, Cesar, Urabá, Buenaventura, Arauca, Putumayo, Tumaco y Chocó. Finalmente, hay otras regiones que presentan circunstancias muy peculiares, como sucede con la mayor parte de la región amazónica y de la Orinoquia, donde es frecuente escuchar a los expertos admitiendo que son más las preguntas que las respuestas que se pueden formular.

Si bien todas las regiones fronterizas están distantes de la capital, algunas se hallan virtualmente aisladas y otras no. En general todas presentan bajas densidades de población, salvo lo que sucede en Cúcuta, Ipiales, Maicao y Leticia. Existe un contraste radical en el desarrollo y las oportunidades de nuestros litorales en los dos Océanos. A pesar del esfuerzo de instituciones y personas todavía es incompleto el inventario de los recursos naturales que tienen Colombia en sus numerosas regiones fronterizas. Apenas en los últimos años supimos que había oro en el Guainía y otras zonas del Amazonas y en los últimos meses ha llegado la noticia de la localización de petróleo en el Chocó, así como de las exploraciones en búsqueda de hidrocarburos en Urabá.

La diversidad de todas las fronteras se acentúa al comparar las condiciones político-administrativas según pertenezcan a departamentos, intendencias o comisarías. Además los escenarios geográficos son muy variados y al recorrerlos es posible hallar toda suerte de climas y microclimas. El agua es el signo clave de la mayor parte de nuestras áreas fronterizas. Aparece en los ríos de los Llanos y las selvas que desembocan en el Orinoco y en el Amazonas; volvemos a encontrarla en las cuencas hidrográficas que se desprenden de la Cordillera Occidental para llegar al Océano Pacífico; también en los centenares de miles de kilómetros cuadrados de nuestros dominios marítimos y hasta en las lluvias cotidianas del Pacífico que convirtieron al Chocó en una de las regiones de mayor pluviosidad en el mundo. Por contraste, el agua es muy escasa en la Alta Guajira, lo cual condiciona también de manera decisiva la existencia de los compatriotas que allí habitan.

 

LAS PERSPECTIVAS DEL PROXIMO DECENIO

No es necesario mirar una bola de cristal para observar el inmediato futuro y hacer algunos pronósticos sobre las perspectivas que tendrán algunas de nuestras regiones fronterizas en el decenio de los años 90.

Es evidente que la internacionalización de la vida colombiana implicará numerosos cambios en todas estas zonas. En el caso de los dos litorales, Atlántico y Pacífico, será indispensable la modernización de sus infraestructuras físicas y sociales. Los diversos escenarios de la extensa frontera con Venezuela se transformarán bajo el influjo de nuevas corrientes de comercio y por el impulso de las explotaciones de carbón y petróleo. Algo semejante deberá suceder en la frontera con el Ecuador y en el caso de Urabá, en las proximidades de Panamá, todo indica que se triplicarán los niveles de desarrollo a pesar de los conflictos sociales y políticos existentes. Así mismo el Archipiélago de San Andrés y Providencia se consolidará como punto clave de la vida comercial y turística en el Caribe colombiano.

En el curso del decenio próximo se deben producir importantes novedades institucionales para mejorar la representación política de las intendencias y comisarías localizadas en zonas fronterizas. A juzgar por los diversos índices de crecimiento económico y de población es seguro que Arauca insistirá en su aspiración de convertirse en departamento, camino nuevo y lleno de responsabilidades como las que esperan más adelante al propio Putumayo.

Mucho antes de que termine el presente siglo habrá nueva y creciente inversión pública para impulsar varias carreteras vitales en las zonas fronterizas, entre las cuales cabe mencionar la Marginal de la Selva que comunicará a Arauca con el Puente sobre el Río San Miguel en la frontera con el Ecuador; las carreteras de integración con el Litoral Pacífico que deben unir en el sur a Tumaco, Pasto y Mocoa, a Guapi con el interior del Cauca, a Risaralda y el Chocó por la Panamericana y a Quibdó con Medellín; así como la carretera al Mar en Antioquia, la circunvalar en la Guajira y la vía entre el río Inírida y el Guainía.

 

EXPLORACION PETROLERA

Para la mayor parte de las regiones fronterizas tendrá especial transcendencia la política de exploración petrolera, no sólo por los yacimientos localizados en Arauca y el Putumayo, sino por las promisorias expectativas existentes en el Chocó, en Urabá y en el Cesar. En este decenio deberán redoblarse los esfuerzos para establecer las posibilidades mineras de la gran Orinoquia-Amazonia donde ya se ha probado la existencia de oro, cobre, bauxita y uranio, entre otros minerales.

La agricultura nacional en el próximo decenio presenta nuevas y especiales posibilidades por la palma africana en Casanare, el Meta, Putumayo y el Cesar; por el pino en el Vichada y por ciertas frutas tropicales como los cítricos y el borojó en los litorales Atlántico y Pacífico así como por los planes de desarrollo en el Orinoco. Casi todos los bosques naturales del país están localizados en las Intendencias y Comisarías o en el Litoral Pacífico, es decir, en zonas fronterizas donde se requieren cuidadosas políticas de preservación ambiental y oportunidades razonables de desarrollo. Todo ello tendrá trascendencia para el futuro de nuestro comercio exterior y la adecuada concepción de las políticas de desarrollo de estos territorios.

Un tema común y de la mayor importancia para numerosas regiones fronterizas es el de la pesca, porque definirá las principales oportunidades del litoral Pacífico y abrirá opciones de desarrollo tanto en el Atlántico como en la mayoría de las cuencas hidrográficas vinculadas a las zonas fronterizas. Baste decir que en el caso de los peces de agua dulce más del 80% de las especies conocidas viven en el Amazonas.

En el curso de este seminario que se iniciará con la intervención del señor Ministro de Relaciones Exteriores, Coronel Julio Londoño, cuya presencia es especialmente honrosa para nosotros, tendremos la oportunidad de escuchar a compatriotas ilustres que conocen nuestras principales realidades fronterizas y cuyas opiniones son fundamentales para concebir las mejores políticas nacionales en estas regiones durante los próximos años. Como simple preámbulo a lo que ustedes van a exponer, deseo hacer algunos comentarios sobre ciertas zonas donde están en curso los procesos más complejos y se requieren los esfuerzos más decisivos en el inmediato futuro.

 

URABA Y ARAUCA

En Urabá y Arauca, los colombianos hemos identificado dos regiones llenas de paradojas y conflictos. Ambas se han convertido en las novedades más importantes de nuestro comercio exterior durante el decenio que está a punto de terminar porque el banano en Urabá y el petróleo en Arauca han sido factores claves en la diversificación de las exportaciones colombianas. Las dos regiones se hallan azotadas por la violencia. Ambas han sido virtualmente invadidas por colonos provenientes de las más diversas regiones del país. Las dos carecen de estructuras politico-administrativas consolidadas y eficaces. Ambas están aisladas del interior por la ausencia total o la insuficiencia de sus vías de comunicación. Las dos presentan una pujanza admirable y ambas crecerán intensamente en el próximo decenio. Sin la menor duda el Estado debe intensificar en ellas los esfuerzos de integración al resto del país, en un caso con la construcción de la carretera ya mencionada que propusiera con sentido visionario don Gonzalo Mejía, desde 1926, para unir a Medellín con el mar; en el otro, no sólo con la marginal de la Selva también mencionada sino con las transversales que deben integrar Arauca con Santander y Boyacá. A todo ello deben agregarse planes de vivienda popular en los respectivos centros urbanos, infraestructura completa de energía y comunicaciones y las garantías legales para asegurar la convivencia y la solidaridad en estas comunidades formadas por los aluviones migratorios sucesivos.

 

EL LITORAL PACIFICO

En el Litoral Pacífico, a todos los colombianos nos espera una extensa agenda de trabajo para hacerles justicia a casi 800.000 compatriotas discriminados por motivos raciales, económicos y geográficos. Ellos habitan en 23 municipios que pertenecen a los jurisdicciones del Chocó, el Valle, Cauca y Nariño pero comparten una región cuya etnia es igual y cuyas condiciones climáticas son muy similares. Tienen los más bajos índices de calidad de vida del país y los peores niveles de analfabetismo. Para sobrevivir se han defendido con explotaciones madereras desordenadas y antitécnicas que ocasionaron el agotamiento de las maderas más finas y les dieron grandes utilidades a los comercializadores, pero pocos, muy pocos ingresos a los campesinos y trabajadores.

Para la población del litoral, agobiada por el desempleo, las decisiones más importantes del Estado serán las que determinen la organización de la pesca marina donde apenas hemos desarrollado una décima parte del potencial. Los puertos de Tumaco, Buenaventura, Málaga y Bahía Solano son fundamentales. En el próximo decenio deberá esclarecerse la suerte de la vía de comunicación interoceánica que construirá nuestro país, punto clave no sólo para los habitantes de esta zona sino para las orientaciones del desarrollo nacional en la perspectiva del siglo próximo. Allá están, también, los más grandes potenciales de desarrollo hidroeléctrico de Colombia por la riqueza hidrológica, la alta lluviosidad y las posibilidades topográficas.

Hace pocos días tuve oportunidad de escuchar en Bahía Solano a los líderes más sobresalientes de nuestro litoral Pacífico. Allí comprobé que éstas comunidades están despertando y que sus principales aspiraciones no sólo son justas sino inaplazables por lo cual es indispensable que la Nación comprenda la gravedad de su pobreza y atraso para que se asigne la prioridad debida a las inversiones físicas y sociales que requieren estos compatriotas cuya atención es elemento básico para la integridad nacional.

 

AMAZONIA Y ORINOQUIA

La colonización espontánea, la poca coordinación de las diversas instituciones estatales que trabajan en la Amazonia y la Orinoquia, los problemas de la infraestructura física y social, el costo y las dificultades del transporte, las limitadas comunicaciones, los precarios recursos energéticos, la insuficiente investigación científica y el escaso desarrollo tecnológico así como el lento aumento de la población y el bajo nivel de la vida de sus habitantes, son los principales temas del Vichada, el Guainía, el Vaupés, el Amazonas y el Putumayo, entidades político-administrativas que comprenden una buena parte del territorio nacional y no sólo están despobladas y aisladas sino que carecen, al menos actualmente, de la posibilidad de generar recursos propios para atender los costos de su propia administración y de satisfacer las necesidades fundamentales de sus habitantes.

En el presente decenio, durante las Administraciones Betancur y Barco, se han hecho en estas regiones los esfuerzos y las inversiones más elevadas de toda su historia. Antes de ello los Presidentes Rafael Reyes, Olaya Herrera, López Pumarejo, Lleras Restrepo y López Michelsen impulsaron en sus respectivos gobiernos nuevos programas e instituciones para defender la soberanía nacional en esta vasta zona de nuestro territorio. Sin embargo, todavía los estudios son insuficientes, las políticas inconstantes, la legislación inestable y los presupuestos desiguales, por lo cual el futuro de estos territorios plantea numerosas incógnitas a la Nación.

El punto fundamental es comprender que en estas zonas, los colombianos estamos especialmente obligados a ser creativos y originales para investigar las condiciones peculiares de estos territorios y sus potencialidades.

 

LAS FRONTERAS COMERCIALES

Durante los últimos decenios el tema dominante en el debate nacional sobre la situación en nuestras regiones fronterizas ha sido el de las sucesivas crisis comerciales en Cúcuta, Ipiales y Maicao como consecuencia de la inestabilidad cambiaria del bolívar y el sucre. Problemas similares han afectado a Leticia y crean realidades no previstas por las leyes ni las medidas gubernamentales en la mayor parte de los territorios de Frontera.

Las crisis comerciales afectan a los puntos más importantes en nuestras zonas limítrofes y su solución depende en primer lugar del progreso y la profundidad de los acuerdos de cooperación económica que hemos suscrito y podamos suscribir, en cada caso, con Venezuela y Ecuador. En segundo lugar, es necesario diversificar las alternativas económicas de estas regiones con la pequeña y mediana industria para disminuir su vulnerabilidad respecto de los factores externos.

Lo primero no es fácil debido al costo político y social que están pagando los dos países gran-colombianos por sus procesos de reajuste económico y lo segundo tampoco es sencillo porque la mentalidad de la economía fronteriza es más mercantil que productiva. A pesar de todo, en Cúcuta la constitución de nuevas sociedades comerciales continúa y las exportaciones se defienden en medio de tan adversas condiciones. No sucede lo mismo en Ipiales donde la recesión ha golpeado más severamente al comercio y el menor desarrollo relativo de Nariño no permite amortiguar fácilmente el impacto de estos problemas que tienen a ese departamento en una difícil situación social y económica que puede ocasionar serias tensiones políticas. Si bien Ipiales encabeza a la exprovincia de Obando donde existe una importante actividad agrícola y lechera, ello no compensa los desajustes ocasionados por el comercio fronterizo.

El futuro de estas regiones, las que rodean a Cúcuta, Ipiales y Maicao, está profundamente vinculado a la evolución que tengan el Grupo Andino y con él las políticas de integración económica en las cuales están cifradas tantas esperanzas, a pesar de los obstáculos y las frustraciones registrados en los 20 años de vigencia de los acuerdos de Cartagena. Sin pretender alcanzar en corto tiempo los niveles de coordinación cambiaria que han logrado los europeos, es evidente que en el próximo decenio será necesario avanzar en América Latina en la definición de políticas y acuerdos monetarios y comerciales que consideren las circunstancias especiales de estas zonas y fortalezcan las posibilidades de cooperación con los países vecinos en estas regiones que tan gráficamente denominara Uslar Pietri como “el tercer país”.

 

EL MAR

El último tema con el cual deseo terminar estas observaciones introducidas es el del Mar, la nueva frontera de Colombia delimitada en el curso de los últimos lustros y cuyas proyecciones apenas comenzamos a entender. Baste decir que en el presente año, por primera vez, irá un buque oceanográfico de nuestra Armada Nacional a explorar la Antártica y ello es consecuencia de los derechos que nos genera el ejercicio de nuestra soberanía en Malpelo. La investigación de nuestros recursos en los dos Océanos, el inventario de los mismos y la proyección de su desarrollo son otros elementos claves en la política integral de fronteras que estamos concibiendo los colombianos para dominar nuestro territorio y poder decir, como quisiéramos afirmarlo en su momento, que al completar el segundo centenario de nuestra independencia, dentro de 20 años, Colombia será una Nación desarrollada, que ejerce plena soberanía en todos los puntos de su territorio y ha integrado en forma armoniosa y equilibrada las diversas culturas y realidades humanas que conforman nuestra nacionalidad. Pero eso los hemos invitado a este seminario y por eso estamos tan profundamente agradecidos por su gentileza al participar en estas deliberaciones y aportarnos sus conocimientos y su patriotismo.