D038 P079 | Tareas para el Futuro Inmediato

Documentos Nuevo Liberalismo | Luis Carlos Galán

D038 P079 | Tareas para el Futuro Inmediato

DISCURSO DEL SENADOR LUIS CARLOS GALAN EN EL ACTO ESPECIAL DEL CENTRO DE ESTUDIOS DEL NUEVO LIBERALISMO DE BOGOTA

 

Hotel Tequendama, junio 16 de 1989

Al regresar de un corto viaje al exterior he encontrado algunas novedades políticas de inmediata significación a las que debo referirme antes de analizar las perspectivas del Partido Liberal para el último decenio del presente siglo.

Haciendo alusión incompleta y subjetiva a unas declaraciones mías en Neiva sobre las alternativas existentes para la construcción de una o varias refinerías de petróleo, el doctor Hernando Durán Dussán resolvió utilizar un lenguaje descomedido sobre mis actuaciones políticas. Como esta actitud del doctor Durán puede causar daño a las buenas relaciones entre los liberales, considero mi deber precisar las cosas con el respeto que merece el doctor Durán Dussán y aprovechar esta oportunidad para reiterar los criterios con los cuales pienso obrar en el proceso político que se avecina.

Me explico la equivocación del doctor Durán Dussán porque sé que ha hecho sus declaraciones sin conocer plenamente la pregunta y la respuesta que se dieron en el diálogo que sostuve con doscientos profesionales del Huila acerca de un tema que tiene tantas implicaciones para toda Colombia por lo que representa en la política petrolera, en la orientación de la inversión pública, en la deuda externa, en el desarrollo tecnológico, en las condiciones ambientales, en el comercio exterior y en las opciones de desarrollo de las diversas regiones del país directamente interesadas en la producción, transformación y distribución de hidrocarburos.

El doctor Durán ha dicho que tiene sus propias opiniones sobre estos temas. Es interesante conocerlas y cuando lo haga con un espíritu liberal —o sea, dispuesto a convencer y a dejarse convencer en un examen objetivo de la materia— yo no tendré problema alguno para analizarlas y atenderlas a la luz de las conveniencias nacionales pues, como lo expresé en Neiva, son muchas las consideraciones que se deben hacer al decidir una opción definitiva sobre la construcción y localización de una o varias refinerías.

Mantengo mi convicción que en el mundo contemporáneo ya no se movilizan las regiones para pedir que les asignen refinerías sino, al contrario, por las refinerías y por las centrales nucleares se producen movilizaciones de los ecologistas para impedir que su localización comprometa la calidad ambiental de los asentamientos humanos. Creo, por lo tanto, que una vez se decida la localización que más convenga a la Nación entera, las diversas regiones productoras de petróleo, como el Huila, Meta, Casanare, Putumayo, los Santanderes, Tolima, Antioquia, Chocó y probablemente el Cesar y otros departamentos según el ritmo de las exploraciones, tendrán derecho a proteger sus verdaderos y legítimos intereses que no son necesariamente los de construir una refinería en su suelo, sino los de formar abundantes recursos humanos calificados para participar en todos los niveles del desarrollo petrolero en cualquier lugar del país, contar con materias primas para diversificar su economía según las posibilidades del mercado petroquímico nacional e internacional e invertir con el mejor criterio las regalías provenientes de esta privilegiada riqueza natural.

No expresé en Neiva que yo descartara a priori la construcción en el próximo decenio de dos refinerías, sólo manifesté a los huilenses, como se lo diré mañana a los llaneros con el mismo respeto y cordialidad, que este tema no justifica cruzadas de sabor regionalista puesto que sus ventajas son relativas y no sólo tienen relación con los intereses de una zona del país sino con las necesidades de la Nación entera.

Espero eso sí que las decisiones de Ecopetrol no se aplacen más con nuevas e interminables polémicas pues, como lo he dicho en el Senado y en múltiples auditorios durante los dos últimos años, ha sido muy costosa para el país la demora en definir la estrategia que permitirá sustituir las importaciones de gasolina, las cuales significarán, por lo menos hasta 1996, la reducción de los ingresos en divisas del país en proporciones próximas a los 2.000 millones de dólares.

Este planteamiento mereció el aplauso entusiasta de huilenses, lo cual exalta a estos colombianos que demuestran así su patriotismo e inteligencia para entender el proceso de desarrollo nacional y sus propias y legítimas oportunidades.

En este nivel intelectual y sin sentirme agraviado porque otros dirigentes liberales tengan opiniones diferentes de las mías, estoy dispuesto a participar en el gran escrutinio de los problemas colombianos que todos debemos hacer para que la Nación decida ya no el problema de localizar una o varias refinerías sino a quién se le otorga la responsabilidad de dirigir el Estado que pertenece y representa a todos los colombianos. Me abstengo por lo tanto de participar en campeonatos de agravios con el doctor Durán Dussán y lo invito cordialmente a demostrar su inteligencia y carácter en esta campaña como buen llanero, es decir, sin perder los estribos. Al fin y al cabo quien no sea capaz de trabajar por la paz entre los liberales, menos puede prometer que logrará la paz para todos los colombianos.

 

LOS PELIGROS PARA LA LIBERTAD

Hablemos ahora del futuro y tal como lo he propuesto para promover una interpretación de la vida nacional con la perspectiva de los próximos diez años, hablemos de las tareas y las oportunidades que le esperan al Partido Liberal en el último decenio del presente siglo, período en el cual las gentes de nuestra generación tendremos especiales responsabilidades.

La libertad de los colombianos es el ideal supremo que ha inspirado y debe inspirar al Partido Liberal. Es necesario recordarlo ahora cuando la libertad ha sido amenazada y está a punto de ser destruida por nuevos factores y protagonistas que han adquirido poderes decisivos en la vida de los colombianos.

Los ejemplos de la pérdida creciente de libertad son muy concretos y tienen graves consecuencias para la Nación. Los gobernantes, los jueces, los legisladores, los periodistas de Colombia y, por consiguiente, todos los colombianos, hemos perdido libertad para obrar como nos lo indica la conciencia debido a la acción corruptora e intimidatoria de las nuevas formas de delincuencia internacional relacionadas con la producción, distribución y consumo de estupefacientes.

Colombia también ha perdido libertad para trazar sus políticas económicas porque el servicio de la deuda externa ha comprometido una parte considerable del ahorro y los ingresos de la Nación, de manera que dependemos del consentimiento de poderes e intereses financieros internacionales que han limitado nuestra autonomía económica.

Las instituciones políticas se han debilitado y aun cuando tienen el apoyo fundamental de la Nación no han sido eficaces para ordenar la vida colectiva y defender los derechos esenciales de todos los colombianos. El deterioro de las instituciones, la corrupción en diversos niveles del Estado, la renuencia a reconocer que el patrimonio público debe estar al servicio de los intereses de toda la comunidad y las dificultades existentes para transformar la organización política han reducido también la libertad de los colombianos.

Estos desafíos que amenazan el destino de Colombia se presentan, sin embargo, cuando la Nación ha cambiado sus dimensiones demográficas, sociales y económicas pues ya Colombia tiene treinta millones de habitantes, está a punto de completar ochocientas mil personas con estudios universitarios, gradúa casi un millón de bachilleres en un período presidencial y ha diversificado tanto sus exportaciones que ya suman nueve o diez veces los registros de la época en que comenzaba el Frente Nacional.

 

LA ENCRUCIJADA NACIONAL

Nunca los retos y los peligros fueron mayores para el pueblo, pero tampoco las oportunidades y los instrumentos para transformar a Colombia fueron nunca tan grandes y decisivos. En una encrucijada de esta naturaleza le va a corresponder a una nueva generación la tarea de dirigir a Colombia. Es la generación que se formó en el espíritu del Frente Nacional y ahora encuentra que la contradicción principal ya no es entre liberales y conservadores sino entre los partidarios de un sistema político democrático y los que quieren destruirlo sin explicar los valores e instrumentos del sistema alternativo. La misma generación que ha vivido la mayor parte de su existencia en el marco de la guerra fría entre las dos superpotencias que surgieron de la Segunda Guerra Mundial y ahora contempla la crisis de los totalitarismos de derecha a izquierda y el renacimiento de la democracia en los países socialistas. La generación que vio desmoronar los imperios coloniales europeos en los años cincuenta y sesenta y ahora vive las consecuencias y la dependencia de la deuda externa latinoamericana. La generación que vio marchar a muchos de sus contemporáneos hacia la guerrilla en los últimos 25 años y ahora no logra separar las justificaciones ideológicas de la lucha subversiva y las acciones promovidas por la delincuencia común que asesina, secuestra o extorsiona seres inocentes en una dramática degradación moral. La generación que vivió los cambios radicales de los años sesenta y nunca imaginó que las visitas de los hippies y los adolescentes norteamericanos que vinieron a servir con altruismo y filantropía las aldeas rurales iban a desencadenar la demoledora influencia del narcotráfico en todos los centros vitales de la sociedad. Por todo lo que ha vivido, esta generación se ha vuelto un tanto escéptica, pero, simultáneamente, es más madura para confiar en sus propias capacidades y más realista para no dejarse llevar por ilusiones y fantasías ni tenerle miedo a las transformaciones que se deben impulsar en la Colombia contemporánea.

 

LA AGENDA VIEJA Y LA AGENDA NUEVA DE LA LIBERTAD

Los liberales tenemos una agenda antigua derivada de los problemas básicos todavía no resueltos por nuestra sociedad como el hambre que ha causado la desnutrición severa de cinco millones de colombianos, el analfabetismo y el desempleo que oprimen a un millón de compatriotas y una agenda nueva que ha surgido en el curso de la última generación y se complementará con los problemas y las oportunidades que generará la internacionalización de la vida colombiana. La una y la otra conforman el sentido de las acciones que debe cumplir el Partido Liberal por el liderazgo que se deriva de su condición de primera fuerza popular de Colombia y en coordinación con todos los demócratas.

Desde el punto de vista institucional, además de reconstruir la rama jurisdiccional y modernizar los instrumentos que garantizan el orden público y la vigencia del estado de derecho, el objetivo del Partido Liberal debe ser la gestión simultánea del proceso de descentralización para repartir poder y responsabilidades en un nuevo sistema de administración territorial y el proceso de internacionalización, como consecuencia de las nuevas relaciones culturales, políticas, económicas y sociales de Colombia con el resto del mundo. Los poderes del Estado han cambiado más por razones económicas que políticas y si estos poderes no son realmente controlados por el pueblo e inspirados por el servicio a los más débiles y a los más pobres serán aprovechados por los grupos más organizados y con mayor capacidad de presión en beneficio de sus intereses. Estos temas, obviamente, son fundamentales para defender la libertad de los colombianos y su evolución democrática dependerá de lo que haga el Partido Liberal.

La justicia social, aplicada ya no sólo a los individuos sino a las regiones, demandará del Partido Liberal un esfuerzo especial para promover inversiones públicas y privadas en las dos costas, Atlántica y Pacífica, donde están localizados los mayores problemas de miseria así como en las zonas rurales atrasadas en el resto del país. Cumplir esta tarea es indispensable para liberar a quienes están oprimidos por la pobreza, la discriminación racial y múltiples prejuicios sociales que los colombianos aún no hemos reconocido con sinceridad.

Hemos llegado a un momento especial en nuestro desarrollo científico y tecnológico. Por consiguiente, las estrategias para impulsarlo se deben convertir en preocupación prioritaria del Estado sin lo cual es imposible transformar el país, modernizarlo en todos los aspectos y colocarlo en condiciones competitivas con los demás pueblos del mundo. La ciencia y la técnica son instrumentos de la libertad y la igualdad social sobre los cuales los colombianos no hemos tenido una firme y coherente convicción. Debemos conseguir que la Nación le reconozca al desarrollo científico y tecnológico la profunda trascendencia política que tiene hoy en una sociedad planetaria en la cual el atrasó en estos campos significa dependencia, pobreza y opresión.

 

POR UNA NUEVA RELACION ENTRE EL PAIS POLITICO Y EL PAIS NACIONAL

Para cumplir estas tareas el Partido Liberal debe continuar el proceso de renovación que permitió la unidad del Liberalismo y en cuyos elementos principales deseo insistir.

Colombia necesita un replanteamiento de las relaciones entre lo que comúnmente se denomina el país político y el país nacional. Los vínculos entre los dos son mayores hoy de lo que eran en la época de Gaitán porque la mejor organización y el desarrollo de las diversas fuerzas sociales debido a la urbanización ha multiplicado los factores de poder y el acceso a los centros de decisión del Estado a diversos sectores de la comunidad. Sin embargo, aún falta un largo camino para llegar a una interrelación más directa y eficaz entre el pueblo y sus representantes o intérpretes. La clase política empezó a evolucionar por el más alto nivel de escolaridad nacional y de los miembros de las corporaciones públicas; por el influjo de la democracia local que será la escuela donde se habrá formado la mayoría de los miembros del Congreso a fines del siglo; por la creciente transparencia de la vida política garantizada por los medios de comunicación; por la multiplicación de las relaciones internacionales y por la dialéctica nueva que determina el esquema gobierno oposición al definir las responsabilidades de cada partido político e imponerle a sus integrantes un comportamiento distinto.

Para afrontar la presente crisis histórica colombiana es indispensable promover una nueva relación entre el país político y el país nacional, dejando atrás la contradicción que planteaba Gaitán en los términos de su época, pues si se piensa o se quiere que esa separación sea insuperable lo único que se logra es paralizar al país o sumirlo en la anarquía. Una clase política aislada en un ghetto, reducida a sus propios intereses y limitada por un lenguaje de secta que sólo le permite comunicarse entre sí, termina por corromperse y por perder toda capacidad de convocatoria y liderazgo.

Aquí es oportuno recordar una anécdota ilustrativa que he referido varias veces. Hace cien años, Fortunato, un político italiano, le respondió a una persona que cuestionaba la representatividad del Parlamento de su país lo siguiente: “El Parlamento está integrado, en un 15%, por la mejor gente que usted puede encontrar en la vida, en otro 15%, por la peor que usted pueda conocer y el 70% restante, por la que normalmente usted se encontrará en su vida”.

Algo semejante sucede con la clase política colombiana. Dentro de ella hay un mosaico de protagonistas que reflejan las características de la Nación, de sus regiones y de sus generaciones. Si bien el Partido Liberal no puede contemporizar con quienes han convertido la política en el instrumento de actividades delictivas y antisociales, en el servicio público debe buscarse una nueva manera de hacer política y de orientar los valores de solidaridad social y la mentalidad democrática de numerosos dirigentes políticos que hoy malgastan sus energías y sus posibilidades creativas en la simple manipulación burocrático-electoral que a pesar de su talento termina por frustrarlos y oprimirlos.

 

LAS TAREAS PENDIENTES DEL SIGLO XX

Los problemas de la evolución de las costumbres políticas han sido felizmente resueltos por otras sociedades a través de la adopción decidida de la carrera administrativa, la profesionalización del servicio civil, la transformación técnica y política del sistema electoral para garantizar la libertad y el secreto del voto, las normas sobre financiación de las campañas políticas y el control de gastos electorales, así como la modernización de los sistemas de aprobación y ejecución del presupuesto nacional. Casi todos estos temas han figurado en las plataformas del Partido Liberal durante el presente siglo, sin embargo, cuando se avecina el final de la centuria y antes de pensar en lo que haremos en el año 2000 es necesario que completemos estas tareas inconclusas cuyo retraso y omisión es motivo de vergüenza para cualquier demócrata auténtico.

 

LA FORMACION DE UN PUEBLO LIBRE

En lo que comúnmente se conoce como el país nacional hay grandes fallas que deben ser superadas para conseguir el desarrollo político que necesita Colombia. El abstencionista es también responsable de lo que sucede en el país. Para crear conciencia de los derechos y deberes políticos necesitarnos una mayor formación histórica que permita a cada colombiano comprender el itinerario de la Nación y las metas que deben orientar su destino. Es urgente recuperar la formación cívica que le preocupó tanto a Francisco de Paula Santander desde los albores de la República cuando ordenó en 1826 que en las escuelas primarias enseñaran los principios político constitucionales, como lo ha recordado recientemente Pilar Moreno de Angel en su completa y documentada biografía del Hombre de las Leyes. Se trata de formar al ciudadano sin el cual la democracia no puede existir y la libertad política es un espejismo. El primer deber del Partido Liberal sigue siendo elevar el nivel político de la Nación para que afrontemos solidariamente los problemas contemporáneos y entremos al siglo próximo organizados en una sociedad de hombres y mujeres verdaderamente libres. Seres con mentalidad analítica y crítica y con sentido de solidaridad social como lo recomendara Eistein quien fuera siempre enemigo de proponer dogmas y catecismos políticos.

 

LA CONSULTA DEL PAIS POLITICO Y EL PAIS NACIONAL

En la búsqueda de esta evolución del país político y el país nacional hacia una nueva relación que unifique a los colombianos en las cosas fundamentales, es muy importante la experiencia que vivirá el partido Liberal con la consulta popular. El pueblo liberal en las urnas con voto directo y libre y la clase política reunida en convención van a tomar conjuntamente la decisión de escoger al próximo candidato del Partido Liberal. Este procedimiento, el más democrático, permitirá por primera vez una integración auténtica entre el país nacional y el país político lo cual debe facilitar la superación de esta contradicción o por lo menos las diversas incomunicaciones que han impedido a los gobernantes y a los gobernados, a los políticos y al pueblo unir esfuerzos, compartir objetivos y complementar tareas dentro de un sistema de instituciones reales y eficaces tal como sucede en las democracias modernas y evolucionadas.

Pero no sólo le espera al Partido Liberal una experiencia profundamente renovadora en su ideología, su organización y su comportamiento, gracias a la consulta popular, sino una decisión importante en la concepción de sus relaciones internacionales. Me refiero a la determinación de buscar el ingreso a la Internacional Socialista.

 

LA INTERNACIONAL SOCIALISTA Y LA DEMOCRACIA EN AMERICA

Esta determinación es útil para el Partido Liberal, así se reduzca su papel inicial al de simple observador. La internacional socialista es un buen escenario para buscar solidaridad, respeto y apoyo de los partidos progresistas en el manejo de la crisis estructural que vive la democracia colombiana. Sin embargo, es importante que quienes adelantan diversas gestiones en el exterior para lograr el ingreso le expliquen a los miembros del partido las incidencias de las mismas. Si es verdad o no que la Internacional Socialista preferiría que el Partido Liberal, después de 160 años de existencia, cambie de nombre. Si es verdad o no que el Partido quedará en una lista de espera que no resulta muy digna para el Partido Liberal Colombiano, el cual con todas sus fallas y defectos tiene una hoja de vida respetable para los demócratas de Latinoamérica.

Pero lo más importante no son las relaciones con los miembros de la Internacional Socialista que tienen sus raíces en las ideologías europeas sino la coordinación y el diálogo con todos los partidos que en América luchan por la libertad y la democracia frente a los gobiernos totalitarios de derecha e izquierda. Con los partidos latinoamericanos tenemos intereses políticos y económicos fundamentalmente comunes, lo cual no sucede en la misma forma con los partidos europeos ocupados en las metas de la unificación de la CEE en 1992.

Los liberales no podemos guardar silencio sobre la tragedia del pueblo panameño sometido a una dictadura que le arrebató de las propias urnas el derecho a expresar su voluntad soberana. Los liberales debemos estar al lado de los paraguayos que viven el renacimiento de su democracia después de más de treinta años de tiranía. Los liberales no podemos olvidarnos de Haití donde le entregaron a Bolívar armas y apoyo económico y moral para emprender la lucha por la emancipación. Los liberales tenemos que estar al lado de los demócratas de Chile y ser solidarios con las angustias y sacrificios de los ajustes económicos que afrontan Venezuela, Ecuador, Argentina, Bolivia y Perú. Los liberales debemos respaldar la autodeterminación de Nicaragua y la evolución de ese país y de Centroamérica y el Caribe hacia la verdadera democracia.

Si bien los colombianos podemos señalar la mejor condición relativa de nuestra economía en comparación con la de otros países latinoamericanos, nuestros indicadores sociales son inferiores y en materia de desarrollo político tenemos ventajas y desventajas, todo lo cual debe inducimos a una razonable discreción y especialmente a una búsqueda decidida y creciente de solidaridad y cooperación con el resto de América Latina.

Así se alivien los mayores gravámenes de la deuda externa cuando se concreten las expectativas del Plan Brayde, la suerte de nuestro hemisferio no será fácil y después de que casi todos los países de América Latina, excepto el nuestro, retrocedieron a los niveles de ingreso per cápita de 1978, todo indica que la región, en su conjunto, apenas puede esperar una relativa recuperación para el próximo decenio, por lo cual debemos estar preparados para otro período de tormentas e inestabilidad política y social en América Latina donde se cayeron cerca de diez gobiernos militares durante la década que termina no tanto por el crecimiento de la conciencia democrática sino por el impacto de la crisis económica y la impotencia de las dictaduras para controlar la inflación y pagar la deuda externa.

Ante un panorama, así, el Partido Liberal debe reconocerle a sus relaciones con todos los partidos democráticos de América Latina una importancia fundamental porque aquí están algunas de las claves de nuestro destino y de nuestras responsabilidades en la defensa de la democracia y la libertad. No debemos romper o evitar relaciones con los partidos democráticos latinoamericanos que no pertenecen a la Internacional Socialista porque si bien en Europa resultan lógicos los alineamientos entre los conservadores, los liberales y socialistas que allí inspiran las diversas internacionales políticas, puesto que ellos vencieron al fascismo en la Segunda Guerra Mundial y definieron su situación frente al comunismo en Europa del Este, nosotros, los latinoamericanos, todavía estamos amenazados por los extremistas de izquierda y derecha que son los adversarios comunes a todos los demócratas y mal haremos si nos separamos en los compartimientos trazados por Europa, cuando nuestra realidad política y nuestros intereses económicos son diferentes de los del Viejo Continente.

En fin, amigos liberales y compañeros del Centro de Estudios del Nuevo Liberalisido de Bogotá, ya habrá oportunidad de continuar y completar este escrutinio sobre el futuro del Partido Liberal, hoy permítanme expresarles mi profundo reconocimiento por la labor cumplida en estos años bajo la dirección eficaz y permanente de Rafael Amador y agradecerles esta oportunidad de expresar el espíritu de discusión liberal y el ánimo constructivo que nos inspira para servir a la República así como la ocasión de comentar los principales aspectos de la tarea que nos espera en el próximo decenio a todos los liberales de Colombia.