D038 P086 | Educar para una Nueva Colombia

Documentos Nuevo Liberalismo | Luis Carlos Galán

D038 P086 | Educar para una Nueva Colombia

PALABRAS DEL SENADOR LUIS CARLOS GALAN AL INAUGURAR EL SEMINARIO SOBRE LA EDUCACION EN LA DECADA DE LOS NOVENTA

 

Junio 21 de 1989

Quiero dar la bienvenida a todos los presentes y agradecerles su respuesta generosa al participar en las deliberaciones de este seminario sobre la agenda educativa de la década de los años 90 para construir la Colombia del Siglo XXI.

Quienes nos encontramos en esta reunión compartimos dos convicciones fundamentales: en primer lugar, la necesidad de destacar la importancia de la educación entre los temas que debemos atender cuidadosamente los colombianos en búsqueda de la superación de nuestros principales problemas nacionales y en segundo lugar, la urgencia de hacer un nuevo examen total de la educación colombiana para buscar su transformación en los términos más adecuados para el desempeño de nuestra Nación en el próximo siglo.

Es preciso destacar la importancia de la educación porque en nuestro país este tema vital parece relegado a un segundo plano respecto de otras preocupaciones colectivas. Hace muchos años que los más connotados dirigentes políticos nacionales no analizan el tema porque predominan otros afanes relacionados con los factores económicos, las angustias sociales o los debates acerca de la modernización institucional. Los problemas cotidianos de la lucha por el poder o por la superviviencia han abrumado en tal forma a los sectores dirigentes que infortunadamente no se ha atendido en el escrutinio de las necesidades prioritarias del país un factor tan estructural para la vida colectiva como es el progreso en el nivel de conocimientos y en la capacitación de nuestro pueblo.

 

LA RELACION CON EL PASADO

La importancia de la educación tiene múltiples aspectos. En primer lugar, como han observado ilustres pensadores, la educación es el instrumento a través del cual todo ser humano tiene acceso a la memoria de la especie, por ello, merced a la educación toda persona participa en la herencia colectiva depositada en la cultura. Gracias a la educación podemos relacionarnos con el pasado para conocerlo y atender los antecedentes de nuestra existencia como individuos, como integrantes de una Nación y como miembros de la especie humana. Independientemente de otras consideraciones filosóficas esta función de relacionar a una persona con el pasado tiene profunda trascendencia política y social, como elemento de unidad de una Nación o requisito necesario para interpretarla y para convocarla hacia objetivos comunes y comportamientos solidarios.

 

LA RELACION CON EL FUTURO

La educación, también, es factor esencial para relacionar al individuo y a la Nación con el futuro. Siempre se ha dicho que no se puede concebir un sistema educativo sin tener en cuenta una hipótesis de sociedad que oriente los contenidos y los métodos del aprendizaje y de la enseñanza. Si educar es preparar a los hombres del porvenir, ello supone plantear el problema de la sociedad en la que se quiere vivir e identificar las metas de la Nación, sus posibilidades y necesidades colectivas con perspectivas que vayan más allá de la próxima generación. Es decir, no se puede concebir la educación sin hacerse consideraciones que tocan con los más profundos valores políticos y sociales.

 

TODOS SOMOS EDUCANDOS Y EDUCADORES

Para todos los presentes resulta claro que cuando hablemos de educación no nos podemos limitar al sistema educativo y a la educación formal impartida en las aulas, con un sistema de evaluación y unos propósitos definidos desde la educación preescolar hasta la universitaria. En verdad nos referimos a todos los escenarios y las modalidades de aprendizaje pues si bien el primer educador es el núcleo familiar, luego, la sociedad entera cumple funciones educativas en los escenarios productivos y de servicios, en las múltiples relaciones sociales y por el influjo de los medios de comunicación social. Todos somos educandos y en cierta forma educadores. Los padres, los profesores, los periodistas, los empresarios, los líderes sociales, religiosos y políticos cumplimos constantemente acciones informativas que implican enseñanza orientadora o desorientadora.

El tema que nos convoca hoy es inagotable, entre otras razones porque el progreso de la civilización lo renueva constantemente y son tan grandes las expectativas y las necesidades de una Nación como la nuestra respecto de su educación que siempre habrá una distancia entre lo que quisiéramos alcanzar y lo que objetivamente logra una Nación con un sistema educativo.

En principio deseo subrayar algunas realidades y prioridades dada la perspectiva de la educación formal que conlleva algunas responsabilidades especiales para el Estado. Durante los últimos treinta años la educación formal ha vivido profundos cambios cuantitativos y cualitativos. Más significativos y tangibles los primeros que los segundos, pero, sería injusto desconocer que, así sea en términos relativos, la calidad de la educación formal existente en nuestro país supera ampliamente, en el promedio, la que existía en los años sesentas por el mejor nivel de los docentes, la diversificación de la enseñanza, el aumento de los conocimientos y las disciplinas científicas, el progreso de los elementos pedagógicos, así como las nuevas interrelaciones entre sociedad y escuela y entre educación y empleo. Lo más interesante para considerar ahora no es tanto lo que ha sucedido en estos años en la educación formal colombiana, como lo que debe ocurrir en el próximo decenio cuando tendremos la posibilidad de intentar un salto comparable al de los últimos veinte años si logramos conformar la voluntad política para ello y organizamos las metas, las estrategias y los instrumentos adecuados. Se necesitan esfuerzos cuantitativos y cualitativos. Evidentemente son más apremiantes los segundos, pero no podemos olvidar lo simplemente cuantitativo puesto que la población campesina y centenares de pequeños municipios todavía tienen problemas graves en su escolarización básica.

 

LA FAMILIA, LA NUTRICION Y EL APRENDIZAJE

Los esfuerzos que se deben cumplir para transformar la educación deben tener una perspectiva interinstitucional y multidisciplinaria. El punto de partida de las responsabilidades sociales en materia educativa -como nos lo ha revelado la ciencia moderna- ya no es ni siquiera el momento de la concepción del individuo sino la propia formación de los potenciales padres futuros y luego la garantía de la nutrición adecuada para proteger la calidad del cerebro del niño desde el vientre materno, es decir, condiciones que no dependen del sistema educativo propiamente dicho pero afectan decisivamente su nacimiento.

Los esfuerzos emprendidos para asegurar desde hoy la dieta correcta a todos los niños menores de seis años son definitivos para asegurar que todo lo que intentemos acerca del futuro de la educación colombiana tenga verdadero sentido para las generaciones que cursarán sus estudios en el próximo decenio y en la primera parte del siglo XXI. El objetivo es muy concreto: se trata de lograr que por primera vez en la historia del país haya una generación de colombianos que gracias a la nutrición suficiente y oportuna pueda empezar a vivir con la plenitud de sus facultades físicas y mentales. En siete generaciones transcurridas desde la fundación de la República todavía no ha sido posible lograr esta meta básica. Siempre una proporción que ha oscilado entre la cuarta y la quinta parte de la población ha padecido desde la infancia serios problemas de desnutrición que han comprometido su desempeño físico y mental. Esto significa, por ejemplo, que en la población actual de Colombia entre cuatro y cinco millones de personas sufren desventajas de esta naturaleza con las consecuencias que ello ocasiona en la calidad de su existencia y en las posibilidades económicas y sociales del país. No puede haber tarea más importante para un Estado democrático que la de cambiar esta situación y organizar los recursos disponibles para proteger a la niñez.

La segunda fase es la educación preescolar y con ella la necesidad de asegurar los estímulos afectivos que protejan el equilibrio síquico y la formación apoyada en estímulos apropiados para el desarrollo sicobiológico de cada niño.

 

EL APRENDIZAJE DEL IDIOMA MATERNO

Existe una primera herencia cultural que requiere la mayor atención. Me refiero al aprendizaje del idioma materno que es la primera herramienta de trabajo en el proceso general de aprendizaje. La buena comunicación verbal es un punto de especial interés en la sociedad moderna en la cual la información es el recurso más valioso para obrar. Nunca he olvidado los resultados de una investigación cumplida en 1971 en Bogotá entre niños de 8 años en tercer curso de primaria. Aquella investigación demostró que desde esa edad y como consecuencia de lo que había sucedido en el seno de la familia y en el ambiente inicial que rodeaba al niño ya existía una diferencia muy considerable en la cantidad de palabras que constituían el vocabulario de un niño formado en planteles privados y las que manejaba el niño de las escuelas públicas, lo cual demostraba la condición privilegiada de los unos y las desventajas de los otros.

En términos generales los colombianos hemos perdido calidad en el manejo del idioma, me refiero a la calidad de la expresión verbal y escrita. Esto se puede deducir, por ejemplo, de las pruebas del ICFES respecto de los funcionarios de la rama jurisdiccional a quienes se les presentan dificultades para apreciar el sentido de las leyes y los matices de los textos legales debido a las fallas que tienen en el dominio del idioma. Problemas semejantes se observan en las demás profesiones y actividades.

Esto no es un obstáculo fácil de superar y menos ahora cuando las expectativas de la internacionalización de la sociedad colombiana deben inducirnos a multiplicar el estudio de los idiomas para que aumente la población bilingüe y políglota que pueda fortalecer las relaciones de cooperación económica y cultural. En todo caso, esto no se contradice con la necesidad de prestar atención especial a la calidad de los estudios de castellano ni con una buena preparación literaria para darle fundamento a la propia formación humanística.

No podemos llegar los colombianos al final del Siglo XX con el lastre del analfabetismo, pues así se haya logrado una reducción relativa del mismo, en las regiones rurales que presentan mayores niveles de pobreza —especialmente en los dos litorales, Atlántico y Pacífico— los niveles de escolaridad corresponden hoy la situación que vivían Bogotá o Medellín hace cuarenta años. Es verdad que han surgido nuevas formas de analfabetismo y múltiples problemas y deterioros funcionales, sin embargo, la consigna de lograr nueve años de educación básica, gratuita y obligatoria debe garantizar que al menos en la población económicamente activa el analfabetismo haya sido totalmente erradicado antes de terminar el presente siglo.

 

LOS NUEVOS OBJETIVOS DE LA EDUCACION

Para la mayoría de la población colombiana estos problemas básicos que afectan a las minorías -como la desnutrición, el analfabetismo y el atraso en el aprendizaje del idioma- ya no tienen el mismo significado porque evidentemente grandes masas de población ya han superado estas limitaciones. En su caso los objetivos del sistema educativo han adquirido una nueva dimensión, como seguramente lo apreciaremos en el seminario de hoy, cuando vamos a involucramos más profundamente en la agenda de la educación colombiana en el decenio con el fin de preparar el comienzo del próximo siglo. Respecto de esta parte de la agenda resulta necesario subrayar que el sistema ya no sólo tiene que considerar los problemas de la educación intelectual, ética, física, emocional y estética, por ejemplo, sino ciertos problemas concretos de la sociedad colombiana como la necesidad de crear valores para superar los impulsos negativos y destructivos, la violencia individual y social, la injusticia, el atraso, la mediocridad, el aislamiento, la indiferencia por las responsabilidades familiares, el autoritarismo, la intolerancia, el escepticismo y la marginalidad frente a las cuestiones cívicas, la corrupción y la deshonestidad.

 

EDUCACION Y PAZ

En la lucha contra estas deficiencias de nuestro comportamiento individual y colectivo al sistema educativo le corresponde un papel de singular importancia. Por ejemplo, han señalado los sicólogos que el ser humano es agresivo cuando se siente inseguro o frustrado. Cabe preguntarse, en nuestro caso concreto como Nación, cuántos motivos de frustración y fracaso originan los sentimientos de hostilidad y despiertan el deseo de destrucción entre los colombianos, y si la dificultad en estar en paz consigo mismo -en lograr la paz interior por los complejos de inferioridad, es la antesala de la agresividad contra los demás. Resulta fundamental estudiar, en este sentido, la mayor o menor capacidad del sistema educativo colombiano de influir en el manejo de estos problemas como uno de los elementos básicos de una política integral para alcanzar la paz.

Necesitamos educar para la democracia. Educación para entender la política y educación para actuar en política. No puede haber una participación eficaz de los colombianos en las cuestiones que implican derechos y responsabilidades sociales si no buscamos que toda la población disponga de mejor formación en historia, en el conocimiento del sistema político expresado por las instituciones políticas, en economía para tener no sólo adoctrinamiento sino preparación para poder reflexionar cuando se actúa en los sindicatos, entre los empresarios, en los medios de comunicación, en las asociaciones profesionales y sobre los temas que interesan a los consumidores y a todos los trabajadores, sean ellos asalariados o independientes.

En todos los niveles del sistema educativo, incluidos los universitarios, es importante tener en cuenta algunos objetivos que hoy son reconocidos con especial interés en la modernización de la educación en las más diversas sociedades del mundo. Además de la adquisición de conocimientos es indispensable buscar la estructuración de la inteligencia y de las facultades críticas desde los primeros años de aprendizaje. También le corresponde al sistema educativo desarrollar la sensibilidad individual para una participación responsable en sociedad y para el desarrollo del conocimiento propio. De una educación buena depende el interés por tener una visión personal de la vida y el sentido de la originalidad para obrar. Así mismo, en la perspectiva de la sociedad moderna es necesario aprender a comunicarse y estimular desde las aulas un continuo despertar de las facultades creativas y de la imaginación de cada persona. Hoy no se prepara bien una persona para desempeñarse en las condiciones de nuestra época si no tiene capacidad de adaptación para el cambio y si no adquiere una visión global del mundo.

 

POR UNA REVISION GENERAL DEL SISTEMA EDUCATIVO

Nada de esto será posible si los colombianos no superamos la resistencia y la incapacidad para analizar y buscar soluciones con una perspectiva a largo plazo. Mientras las personas con responsabilidad directiva estemos más preocupados por los asuntos a corto plazo no cambiará el sistema educativo ni las estructuras mentales que constituyen la primera causa de nuestro atraso y subdesarrollo. Personalmente veo con preocupación que cuando nos acercamos al tema educativo, así se trate de cualquiera de los niveles del sistema, incluida la universidad, el preescolar o los post-grados, tenemos la tendencia a hacer simples ajustes, reformas superficiales, o a creer que basta incrementar los recursos financieros o hacer algunas adaptaciones. Ante el siglo XXI, por el atraso que ya tenemos frente a otros pueblos del mundo y por el que puede afectarnos en los próximos años, lo que se necesita es una revisión general de los sistemas de enseñanza y su transformación para que influyan profundamente en la evolución sociocultural y en la modernización de los valores de la comunidad. Cualquier reforma de los sistemas de enseñanza debe elaborarse en términos de generaciones para poder conseguir un cambio general, desde la educación preescolar hasta los postgrados y las diversas modalidades de educación permanente, incluyendo la formación de profesores, la producción de textos y de nuevos materiales de enseñanza. Siempre me he identificado con las personas que creen que para transformar un sistema educativo es necesario un plazo mínimo de quince a veinte años. En el año 2010, es decir, dentro de dos décadas, conmemoraremos al segundo centenario de nuestra Independencia y del nacimiento de nuestra República. Será la mejor hora para apreciar las verdaderas consecuencias de lo que hagamos ahora por transformar la educación colombiana

 

EL POTENCIAL HUMANO

Mis responsabilidades públicas me imponen la tarea de recorrer el país constantemente. Así lo he hecho siempre, pero de manera especial durante los últimos trece años. Estoy convencido que el mayor despilfarro de los colombianos es el que tiene lugar en los recursos humanos. Estamos obsesionados por las políticas macroeconómicas y empezamos a interesarnos por mejorar la productividad en relación con la tierra, las minas, las máquinas, los productos, los procesos fabriles y últimamente la administración, sin embargo, entre uno y dos millones de colombianos pertenecientes a la población económicamente activa todavía son analfabetas y en el resto de la población aún existe una utilización racional mínima del potencial humano. A pesar de los grandes avances de la ciencia y la tecnología incluyendo la inteligencia artificial, la neurofisiología y la sicopedagogía todavía sabemos muy poco sobre las funciones relacionadas con los procesos de aprendizaje. No hemos comprendido que si evolucionamos hacia una sociedad del conocimiento tenemos que incorporar en nuestra Nación la ciencia y la tecnología en forma profunda y creciente como garantía de nuestra inserción en la sociedad internacional, pero no sólo debemos hacerlo para producir más y mejores bienes y servicios o para aprovechar los recursos naturales disponibles. Es necesario que impulsemos la investigación en el campo de la enseñanza para conocer más y mejorar el propio proceso de aprendizaje.

 

UNA NUEVA CLASE BAJA EDUCATIVA

Investigaciones de esta naturaleza nos pueden indicar cambios importantes en las realidades sociales generadas en parte por la educación formal y en parte por otros factores independientes de la misma. En las zonas urbanas y suburbanas están surgiendo formas de desempleo y subempleo de profesionales y bachilleres y existe una tendencia un tanto superficial a descartar la conveniencia de mayores niveles de escolaridad porque se teme que esto determine nuevas y crecientes frustraciones. En verdad ya se habla en algunos países de la emergencia de una nueva clase baja educacional y esto corresponde a otros ángulos del problema.

La nueva clase baja educacional es una pequeña minoría y no una mayoría. En Colombia está constituida por personas procedentes de hogares pobres que están en desventaja desde que entran a las aulas, porque tienen atrasos sicológicos y no han contado con los mejores estímulos. Se puede afirmar que desde el mismo día en que ingresan a las aulas ya no pueden corresponder a las expectativas de los profesores. Cuando entran en la enseñanza secundaria tienden a sentirse en la escuela como en una prisión, la soportan con tal de alcanzar el título de bachiller y luego buscan salida en alguna de las instituciones que imparten enseñanza postsecundaria sin mayores exigencias académicas. Más tarde nadie debe sorprenderse si esta clase de bachiller o profesional tiene problemas para integrarse al mundo laboral.

 

LA INVESTIGACION DE LA ENSEÑANZA

Esto es apenas un ejemplo de las realidades que deben investigarse con la mayor objetividad. Al lado de ello menciono también la sobrecarga en los planes de estudio de secundaria, las consecuencias de las medias jornadas establecidas desde hace cerca de 25 años, los resultados de la capacitación de los docentes, los sistemas de admisión a las Universidades, los métodos de reciclaje en las diversas ramas profesionales, la tendencia de las personas de la tercera edad a continuar y completar sus estudios, las necesidades educativas de las minorías étnicas y en términos globales nuestro nivel de educación ante la inminencia de inserción de Colombia en la economía y la sociedad internacionales.

 

LOS EDUCADORES

Una observación final. Me refiero a la importancia que tiene para la renovación de la educación colombiana cuanto podamos hacer por el maestro. A pesar del significado de los demás factores que sirven a la modernización de las técnicas educativas y aun cuando algunos piensan que el papel del maestro tenderá a ser el de las tareas de supervisión, en el siglo XXI continuará siendo indispensable disponer de educadores, individuos dedicados profesionalmente a la enseñanza que mantienen contactos personales con sus alumnos. El número de los educadores seguirá creciendo porque así lo requieren tanto el incremento de los contenidos de la enseñanza como la prolongación de los períodos educativos y la mayor escolaridad. Por lo tanto, tiene que ser reconocida como cuestión de máxima prioridad que los educadores, además de estar bien preparados para cumplir sus tareas, estén bien motivados al escoger su profesión y la ejerzan con satisfacciones y estímulos suficientes para consagrarse verdaderamente a ella.

Ni el sistema de reclutamiento ni las condiciones fundamentales del desempeño del educador son satisfactorias. Se debe defender el prestigio social y la dignidad económica del educador. Insisto en el tema porque comparto el criterio de que el mayor problema que tiene y tendrá la educación colombiana será asegurar un contingente adecuado de hombres y mujeres altamente calificados que estén dispuestos a consagrarse a la enseñanza y logren en ello las mejores gratificaciones espirituales y la justa compensación económica.

Al instalar este seminario sobre la educación colombiana les agradezco su atención al escucharme, les ruego entender mis palabras apenas como una invitación a que más allá de nuestro trabajo en el diálogo de hoy perseveremos en el empeño de despertar la máxima atención de los colombianos por los problemas de la educación nacional y de conseguir que en la orientación del Estado este tema cuente con el apoyo político y los recursos necesarios para impulsar las transformaciones de un sistema educativo que a pesar de su crecimiento y progreso hoy no satisface las aspiraciones fundamentales de Colombia como Nación democrática y moderna que debe estar integrada a una gigantesca sociedad mundial pluralista, multirracial y multicultural.