D039 P026 | La Discrepancia como un Valor Positivo

Documentos Nuevo Liberalismo | Luis Carlos Galán

D039 P026 | La Discrepancia como un Valor Positivo

Comentarios del Doctor Jorge Aurelio Díaz (Vicerrector del Colegio Mayor del Rosario) a la exposición del Doctor Rodrigo Escobar Navia. (Versión magnetofónica.)

 

Dado la avanzado de la hora, comienzo prometiéndoles una intervención muy corta y, por lo tanto, muy esquemática.

Sólo me propongo retornar a algunos tópicos de la ponencia del doctor Rodrigo Escobar Navia, para subrayar que considero tres aspectos muy importantes en el momento de esbozar un plan educativo.

En primer lugar, dentro de un programa orientado por ideas realmente liberales, la educación en Colombia debería promover la discrepancia como un valor positivo ya que ella hace posible una pacífica y fértil convivencia.

Educados en una fuerte tradición católica que subraya los valores de la unanimidad y desconfía de quienes ostentan creencias divergentes hemos trasladado a la conveniencia social y al campo de la política un dogmatismo excluyente que, en el mejor de los casos, se contenta con tolerar al adversario como un mal inevitable o un mal menor.

Es necesario aprender, desde la escuela y en las universidades, que no es cierto que para cada situación política exista una única solución acertada. Por el contrario, solamente con la integración de perspectivas diferentes resulta posible la aparición de proyectos dinámicos que vayan adaptándose a las circunstancias de una sociedad que no se detiene en su evolución. Para ello los programas educativos tienen que fomentar los procesos de búsqueda, despertar la curiosidad e incentivar la duda antes que ofrecer soluciones prefabricadas.

No basta practicar la tolerancia frente a quien sostiene posturas divergentes, o se rige por criterios diferentes a los nuestros, o propone soluciones incompatibles con nuestros proyectos.

 

EL RESPETO A LAS REGLAS DE JUEGO

Es necesario que aprendamos a desenvolvemos con seguridad y con soltura en una sociedad donde la unanimidad y el conformismo ya no son las normas fundamentales de comportamiento y de pensamiento. Para ello resulta indispensable que se logre un acuerdo sobre el respeto a las reglas de juego democrático de modo que aprendamos a utilizar los múltiples y complejos mecanismos indispensables para zanjar pacíficamente las disputas. Sólo así haremos posible la construcción de una verdadera sociedad democrática.

En segundo lugar, y atendiendo a la coyuntura nacional que vivimos de cara a los años 90 considero conveniente la necesidad de disminuir el tono excesivamente moralizante con el que enfrentamos nuestros problemas sociales y políticos. No podemos fundamentar nuestra educación sobre una búsqueda obsesiva de los culpables que termina con demasiada frecuencia en un injusto señalamiento de chivos expiatorios.

Precisamente, uno de los objetivos de la educación es dotar a la persona con los mecanismos y los instrumentos que permitan analizar serena y desapasionadamente los problemas ante los cuales se ve confrontada.

El acudir de manera apresurada al señalamiento de culpables y el descargar irresponsablemente culpabilidades supuestas sobre las personas o los grupos en conflicto, pueden ser maneras expeditas de salir del paso, pero sin que con ello vayamos realmente a las raíces de donde brotan tales conflictos. Es que se debe educar para asumir libre y responsablemente el compromiso con la propia conciencia, debemos ser extremadamente parcos en el juicio moral de quienes nos adversan; antes de llegar a una condena moral es indispensable agotar todas las instancias de comprensión racional de los intereses en conflicto y de los verdaderos motivos y las fuerzas que los impulsan.

Con ello no estamos neutralizando una adecuada intervención de la autoridad y de su poder coercitivo sino, por el contrario, llevándola a intervenir en el sitio y en la dirección que más conviene a la convivencia pacífica y democrática.

Así la educación moral debe orientarse hacia una ética de responsabilidad a expensas de la tradicional ética de las normas, con lo cual dejaremos de escudamos fácilmente en subterfugios moralizantes que nos ahorran la difícil y necesaria tarea de comprender realmente lo que sucede a nuestro alrededor.

Finalmente, quiero resaltar un aspecto importante de la labor educativa: la relación que existe entre las tareas urgentes que debe resolver toda sociedad, y las tareas realmente importantes que tiene entre manos.

Tendremos que aprender a distinguir cuidadosamente unas de otras, en la medida de lo posible, no descargar sobre el aparato educativo responsabilidades que no le competen y que distorsionan peligrosamente sus objetivos primordiales.

 

ORIENTACION HACIA EL FUTURO

Es cierto que la educación debe adecuarse a las condiciones reales de la sociedad en la cual se imparte. Pero esa necesaria adecuación no puede confundirse con un servilismo por el cual se somete la educación a las urgencias inmediatas que afligen a una sociedad apartándola de su responsabilidad ante las tareas fundamentales que deben realizar. Esto tiene múltiples consecuencias para la elaboración de una acertada política educativa, de las cuales sólo voy a señalar una: al estudiante no se le debe preparar para responder a un inmediato presente sino para orientarse y buscarse caminos en un complejo y cambiante futuro.

Es este el verdadero sentido de una educación crítica. No se trata con ello de educar para el descontento, la constante inconformidad y resentimiento; sino, por el contrario, de salvar la indispensable distancia ante el presente inmediato, para saber proyectar, orientarse y acceder a nuevos horizontes. Antes que enseñar a repetir lo ya sabido y a ejecutar lo que se ha venido haciendo, la educación debe otorgar a cada quien la posibilidad de trazar su propio camino y de avanzar hacia posiciones aún no alcanzadas.

Con esas tres consideraciones, que de una u otra forma se encontraban ya en la exposición del doctor Rodrigo Escobar, sólo he pretendido dar ocasión a un fructífero intercambio de opiniones, como espero que se llevará a cabo esta tarde.

Expresamente he querido mantenern e en el nivel de los conceptos no solamente de formación profesional, porque considero que el tema señalado: La educación deseable para la sociedad deseada, apuntaba al esbozo de líneas fundamentales que serán luego precisadas y llevadas a lo concreto por las exposiciones de quienes hablarán a continuación.