D039 P047 | Respuestas de la Educación a los Desafíos Científicos y Tecnológicos de los años 90’s

Documentos Nuevo Liberalismo | Luis Carlos Galán

D039 P047 | Respuestas de la Educación a los Desafíos Científicos y Tecnológicos de los años 90’s

Marco Palacios,
Director del ICFES. (Versión magnetofónica).

 

Doctor Luis Carlos Galán: En primer lugar debo decir que me sorprende que un grupo como éste se interese seriamente por la educación, porque la educación no es propiamente un tema de interés general, a pesar de que todos nosotros, en una o en otra época, como estudiantes o como padres de familia, privadamente nos preocupamos mucho por el tema. Pese a que de vez en cuando hay consideraciones de tipo filosófico que obligan a reflexionar sobre el papel de la educación en una sociedad determinada. Este, creo yo, no es un tema prioritario en la agenda de los gobiernos, de los partidos políticos, de los grupos empresariales o de la sociedad en general. Y cada vez me da la impresión de que es un tema menos importante para los miembros de la comunidad educativa y en particular de las universidades. Entonces, tener la oportunidad de reflexionar y hacer una serie de proposiciones de tipo general sobre estos temas, me parece muy importante.

La primera pregunta de tipo general es ¿qué tan autónomo es el sistema educativo en relación con el sistema social y global?, es decir ¿se puede hablar de un sistema educativo que tiene una dinámica propia independiente de la sociedad en general? Y en relación con la sociedad en general, si uno piensa que pueden haber unas determinadas políticas educativas, ¿cuál es el papel de esas políticas dentro de las políticas globales y de largo plazo de una sociedad?

Yo tengo la impresión de que en Colombia no disponemos de ningún diseño del futuro. En el sentido de que haya sido consentido por los colombianos o de que haya un consenso nacional en relación con el futuro del país.

Retóricamente hablamos del siglo XXI, que ya estamos a unos años, y decimos que debemos prepararnos para el siglo XXI. Hablamos de la ciencia y la tecnología porque es inevitable que estos dos elementos van a ser fundamentales al menos al comenzar el siglo XXI. Pero no sabemos las políticas estratégicas para que el país aborde el siglo XXI y acelere y complete los procesos modernizadores que colocarán al país en posibilidades reales y no retóricas de hablar de ciencia y tecnología.

Por ejemplo, uno se pregunta si la suma de todas las propuestas globales de los diversos segmentos del sector privado colombiano, si la suma de todas las propuestas de los gobiernos o de los partidos políticos, esa suma hace política general y plantea el tipo de sociedad en la que queremos vivir, siquiera una o dos generaciones después de nosotros en la medida ¿en que somos seres históricos que pensamos en esas proyecciones y dentro de eso, qué papel tendría la educación?

Sin ser pesimista, creo que la respuesta más honrada es que no hay ni lo uno ni lo otro. Que no hay diseño general de para dónde va la sociedad colombiana, o por lo menos a dónde debe ir y esto, en términos de que se pueden instrumentar los elementos que llevarían a ese puerto deseado. Ni tampoco existen los elementos en el sector educativo. Entonces, a mí me parece que para hablar de este tema hay que tener mucho cuidado, hay que ser muy cauteloso y una dosis de sano escepticismo es conveniente, una dosis de autocrítica y de ver que no disponemos todavía de la claridad conceptual y filosófica, ni de propósitos en relación con este tema.

Además, estamos muy sumergidos en un mundo que cambia demasiado rápido, que cambia a pesar de nosotros, que nos impone sus propios ritmos, que nos obliga de todas maneras a actuar en determinadas direcciones. No me refiero obviamente a temas de soberanía política, sino en general a concepciones globales de la sociedad, a preguntas fundamentales sobre la vida, sobre el propósito de las cosas y en general a nuestra participación real en una civilización cada día más planetaria y cada vez más dominada por la inteligencia, por el dominio ya del hombre sobre una serie de máquinas e instrumentos que le dan un poder liberador, que sería utópico hace 50 años, que sería fantástico hace 100 años pero que está ahí.

 

EDUCACION PERMANENTE

Y en esos cambios, una serie de conceptos básicos, tradicionales, que nos vienen quizá del Renacimiento o más acá; desde la Ilustración, desde la Revolución Industrial, comienzan a cambiar de sentido. Son conceptos como los de educación, trabajo, empleo. Y esos son elementos que forman las referencias de cualquier sistema educativo y en particular del universitario. Hasta hace pocos años y yo creo que todavía mucha gente supone que la educación está circunscrita a una etapa de la vida de la gente. Uno es estudiante de primaria, bachillerato y universidad. Termina esta etapa y entonces entra a desempeñar un trabajo o consigue un empleo y la educación es esa, parte de la vida de uno, esa fase de la vida. De hecho toda la revolución tecnológica y científica demuestra cada vez más lo contrario. Cada vez los conocimientos son más rápidamente obsoletos, cada vez lo que nosotros sabemos es mejorado, es transformado en nuevos conocimientos, en dimensiones diferentes, en perspectivas completamente distintas; cada vez más para ser un hombre educado hay que estar permanentemente educándose. Hoy en día ya se plantea con toda claridad que la educación no es un problema de edad, que el acceso a la educación superior, de la misma manera que cambió en términos del acceso por sexos o por condiciones sociales de una universidad que hasta hace muy pocos años en el mundo general era universidad para élites, para producir modelos elitistas, cada vez es más amplia y más abierta; de la misma manera que las mujeres participan cada vez más en la universidad y en una serie de tareas sociales cada vez más prestigiosas, inclusive.

Asimismo el tema de la edad comienza a ser cada vez más irrelevante. La educación está ligada más a la noción de permanencia y uno se tiene que educar permanentemente y ese es un proceso que se puede aprender en la educación primaria, secundaria y en la universidad. El aprendizaje autodirigido, la disciplina y la capacidad de aprender uno mismo es lo que sin duda tiene que revolucionar desde adentro la educación en Colombia. Porque en Colombia los modelos implícitos en nuestra educación no dan eso. Los modelos todavía son muy rígidos y plantean básicamente esquemas conceptuales que poco tienen que ver con el futuro que ya está presente en otras latitudes del planeta. Lo mismo ocurre con las nociones de trabajo, de ocio, de empleo. Para no jugar demasiado con la semántica, quiero contarles la frase de un científico colombiano de las nuevas promociones que en un homenaje que le hicieron hace poco dijo: “Que el sistema universitario colombiano debería producir en sus egresados gente para el trabajo y no gente para el empleo”. De hecho, en buena medida, el diseño tradicional también implicó cada vez más un tipo de formación para el empleo. Bien sea el empleo independiente, el de los profesionales liberales, o el empleo en la burocracia pública o privada, en la que se supone que el profesional maneja una serie de instrumentos de tipo formal, independiente de quién sea el empleador; así lo sea él mismo: se desempeña de una manera rutinaria y poco creativa; que simplemente con el dominio de una serie de cualidades, destrezas y conocimientos generales puede operar perfectamente y puede estar empleado, en la medida en que el trabajo y la noción de trabajo, esté ligada de una parte a ciertos elementos puramente manuales que se han subvalorado completamente en nuestra cultura desde el bachillerato clásico hasta la universidad. Unidos, por supuesto, a las nuevas concepciones que deban manejarse en términos creativos, porque el trabajo tiene esa connotación, de que es algo que crea, es un acto también humano y dentro de los límites humanos de creación, en esa medida esa distinción es importante y es importante para el sistema educativo.

 

NUEVAS OFERTAS EDUCATIVAS

Aterrizando un poco, además de proponer que el sistema educativo colombiano superior está bastante desligado de la sociedad en general, en los términos que se ha hecho la propuesta, creo que está muy desarticulado de dos elementos: del elemento de entrada al sistema o sea del bachillerato y del elemento de salida (para decirlo en forma convencional) al mercado de trabajo. De hecho hay una creciente brecha entre el tipo de secundaria y la universidad que reclama realmente el país. Y por el otro lado hay una desarticulación muy clara entre la cantidad y calidad de egresados universitarios según áreas del conocimiento y las demandas reales. A mi juicio si no se comienza a tratar con una terapéutica especial va a ser una crisis seria. Yo creo que el sistema no se puede sostener como se está sosteniendo de esa manera. Porque eso tiene una serie de implicaciones bastante graves porque de un lado es evidente, para decirlo en una frase fea, pero que es sintética: la producción de bachilleres va a seguir aumentando, digamos esa función de producción va para arriba y obviamente la demanda sobre el sistema de educación superior va a seguir creciendo. Pero las rigideces del acceso a la educación superior también van a crecer si el mismo sistema no cambia. De una parte los conocimientos básicos de una sociedad desigual como la nuestra van a gravitar tremendamente en las posibilidades de ingreso a las universidades. O sea que el origen socio-económico de los estudiantes va a pesar mucho sobre su ingreso a la educación superior y sobre todo a la educación superior de mejor calidad. Y en segundo lugar, el origen geográfico de los estudiantes.

Si uno mira el mapa de Colombia actualmente, se da cuenta de que hay un número considerable de los municipios por encima de 50.000 habitantes, que tienen una oferta de bachilleres suficientemente grande; sin embargo, no todos esos bachilleres están en condiciones para asumir los costos de la migración que implica trasladarse a los centros donde, para ellos se ofrece algún tipo de educación universitaria. En ese sentido tendría que pensarse en un esquema como el que se está tratando de hacer, creo yo, pioneramente y con todas las dificultades y probablemente algunos errores, en el Valle del Cauca, la Universidad del Valle. Yo creo que el modelo de municipalización de la educación superior que está llevando la Universidad del Valle es un modelo que hay que mirar. En todo caso es un modelo, una alternativa que no es hipotética, que está ahí y que se podría comenzar a pensar para el sistema educativo. Eso quiere decir que la universidad tiene que entrar un poco más en concordancia con el bachillerato.

Por otro lado, cualquier reforma universitaria o de la educación superior debe tener un prerrequisito fundamental que es un cambio en la secundaria. De hecho las evaluaciones recientes que se han hecho sobre la secundaria, un poco desalentadoras, porque más del 80% de los estudiantes siguen en lo que se llama el bachillerato clásico, a pesar de que en los exámenes de Estado del ICFES se muestra que ciertos bachilleratos como el industrial o los egresados del INEM, pueden tener puntajes sumamente altos, lo cual indica que de todas maneras su formación podría ser mejor. Valdría la pena mirar si una reforma del bachillerato que acentúe un equilibrio en la formación básica y la formación un poco vocacional que lleve a dos años posteriores pueda eliminar, lo que ahora se llama la modalidad tecnológica, que es la que está creciendo más. La modalidad tecnológica, a mi juicio, tiene varios problemas. El primero es un problema de nombre. Una serie de carreras intermedias y de instituciones a veces sumamente pequeñas, de miniinstituciones, para ganar estatus social, decidieron promover el nombre tecnológico que obviamente tiene mucho prestigio.

Tecnológico, en la educación superior de los Estados Unidos o de Europa es lo que va después; es la especialización de las ingenierías, es el Instituto Tecnológico de Massachussets. No son una cantidad de instituciones como las de la Avenida Caracas en Bogotá y de otras calles y avenidas del país, que de todas maneras cumplen la función social de ofrecer educación a quien la está buscando en esos niveles. Pero uno piensa, si en esos niveles estamos hablando realmente de educación superior o si eso no sería mejor una prolongación de un bachillerato que en algunas de sus modalidades sea terminal, es decir que el título de bachiller con unos dos años adicionales de trabajo vocacional o profesional le dé a la persona la posibilidad de ingresar al mercado de trabajo. Y si no haría eso mucho más flexible todo el sistema.

De hecho hoy en día el problema con el bachillerato es que, independiente del origen del bachiller, bien sea por el INEM, o por el bachillerato comercial, por el industrial o por el agrícola, etc., sigue todo el modelo del bachillerato clásico o sea no es terminal. El tiene que seguir o en la educación informal o en la del Sena o entrar a la Universidad. Y a mí me parece que aquí hay un problema que hay que resolver y hay que resolverlo pronto, porque repito, la masa de bachilleres va a seguir aumentando y en general la matrícula o tasa de escolaridad en secundaria va a seguir aumentando. Una de las cosas interesantes de los INEM y de los bachilleratos técnicos es que en las evaluaciones que he visto del Banco Mundial y en general de la educación en términos internacionales, encuentran valoración muy positiva en la mezcla de las habilidades manuales y las destrezas combinadas con una buena formación básica. Y sobre esto hay que recordar que hace un siglo, en la Universidad de Oxford, se libró uno de los debates más interesantes y más apasionantes sobre la universidad misma. Y era, si la facultad de medicina no hace parte de la universidad o si un cirujano es sólo un artesano que hace un oficio, sobre si la medicina es una ciencia de nivel universitario humanístico, si un médico se puede sentar en la mesa con los que están estudiando griego y latín, o no.

De hecho hay una forma de ver la educación nuestra sobre todo en este país, de subvalorar demasiado esas habilidades y esas destrezas inclusive en la educación, de separar profundamente el trabajo manual y el trabajo intelectual y de hecho esta nueva era en la cual el mundo se mueve hacia un dominio de la inteligencia, implica de todas maneras una serie de habilidades instrumentando los nuevos aparatos, por ejemplo, las máquinas de computación y entendiendo de qué se trata. Es decir, estos elementos comienzan a ser excesivamente importantes. Un astronauta tiene que tener una extraordinaria fineza de sus movimientos motrices, los desempeños en la electrónica, en todo este tipo de cosas; por ejemplo, lo que hace el doctor Patarroyo para no ir muy lejos. El es un hombre de una habilidad extraordinaria en términos manuales, eso tiene que volver, porque el hecho de que el dominio sea de la inteligencia, no quiere decir que la gente deba estar con las manos entre el bolsillo, y va a estar pensando, o la gente va a estar mirando, ¡no! La gente va a estar utilizando, al futuro, una serie de instrumentos y aparatos y eso comienza desde muy temprano en la educación y debe ir obviamente a la educación superior.

DESEMPLEO Y SUBEMPLEO PROFESIONAL

El otro problema de tipo social, muy claro, es el relacionado con el egresado mismo en términos de la sociedad. Hace unos años suponíamos, y esto era algo mundial, que el graduado de una universidad, una vez graduado iba a tener un desempeño que implicaba mayor responsabilidad, mayor autonomía personal, mayor estatus social, mayores ingresos, por supuesto, y seguridad social. Cada día que pasa eso es menos cierto para un número mayor de egresados del sistema universitario. Hay una cierta devaluación de los títulos pese a que de todas maneras un egresado universitario en este país tiene mayores posibilidades de conseguir empleo que un bachiller y de todas maneras lo que él va a ganar va a ser mayor que aquel que no ha pasado por la universidad. De allí que sigue existiendo la demanda. Pero tenemos que darnos cuenta, como dijo José Antonio Ocampo en un estudio magnífico sobre el empleo y el desempleo, que era algo inexistente para los profesionales hace algunos años, y ya no es un fantasma sino que está aquí delante de nosotros y en los 90 lo vamos a ver de una manera dramática: el desempleo y el subempleo profesional. De todas maneras la estructura de trabajo en este país de un lado es alentadora, porque la fuerza laboral está mejorando en educación, y eso es positivo en todo sentido porque en una sociedad donde mejor sea el nivel educativo general de su población pues está más propensa a manejar los elementos de la ciencia y la tecnología del mundo que viene.

Pero también muestra que es un mercado laboral extraordinariamente segmentado. El dice que hay un grupo proletario y otro elitista y a veces esto responde no sólo a los saberes porque ya no es sólo una cuestión de saberes, de ingresos, el saber de la medicina contra el saber de la contabilidad, ¡no!. Tiene que ver un poco por el tipo de instituciones y la calidad supuesta o real que el mercado le atribuye. Hay una clasificación previa de instituciones universitarias que en un mercado tan desigual y segmentado tradicionalmente como el colombiano vuelven a reproducirse. O sea, “dime de dónde eres egresado y te diré quién eres”, y eso, obviamente, es un problema que preocupa muchísimo.

En términos de ordenamiento del sistema hay varias fallas. A uno se le olvida que en 1950 en este país había unos 10.000 estudiantes matriculados en la educación superior y que hoy hay más de 460.000, o sea que esta segunda parte del siglo se ha multiplicado el sistema por 46. Y eso es un ritmo, sobre todo en los últimos 25 años, demasiado elevado, que ha llevado a unos desórdenes tremendos del sistema y a unas desigualdades patéticas. Quiero decir que a mi juicio, los elementos para los años 90, para ordenar un poco el sistema, tienen que ver con la calidad, eficiencia interna y externa del sistema y con la equidad social y regional.

Porque lo que tenemos en este momento es un sistema que tiende a bajar su calidad, que tiende a ser muy ineficiente interna y externamente y que tiende a profundizar las desigualdades sociales de este país.

Tenemos un problema de magnitudes, de manejar esas magnitudes y tenemos la idea, que hay que recordar, que la educación es una inversión social y como inversión social no la puede costear sólo el Estado, porque eso sería tremendamente injusto. La educación es un bien que se adquiere y que se debe pagar sobre todo en los niveles superiores; el que puede. Y yo creo que este planteamiento tiene no sólo una connotación de mayor racionalidad para el financiamiento al futuro, sino una connotación de mayor democratización real y rompe un poco con un tabú, con la dicotomía absurda y completamente ideológica —para los años que restan y el futuro—, entre universidad pública y privada. La universidad privada o la recuperación de costos privados incrementando las matrículas en las universidades públicas es inevitable si el sistema se quiere mantener de alguna manera. Hay que reforzar la universidad privada y darle a la buena universidad privada acceso a una serie de recursos que sistemáticamente se le han venido negando, de la misma manera que hay que darle a la universidad pública mayor flexibilidad en el uso de esos recursos y sobre todo la posibilidad de ser más equitativa socialmente.

El prejuicio fundamental de este país es que la universidad pública es popular y que la universidad pública es equitativa y que la universidad privada es inequitativa. Si lo miramos en términos de equidad social, eso es sólo cierto en términos regionales. El esfuerzo colombiano, considerable, ha sido localizar universidades en regiones apartadas del país donde el sector privado no va. Hasta ahí es cierto. Pero allí son excesivamente ineficientes por la politiquería y por la participación de la política municipal en los asuntos internos de esas universidades. De hecho, en este momento, hay 3 universidades con rectores que son funcionarios del ICFES: La Tecnología del Magdalena, la de la Amazonia en Florencia y la de la Guajira y hasta hace poco la de Sucre. ¿Por qué? Porque generan una serie de conflictos de tipo político que las hace costosísimas en términos de sus operaciones por egresado y por estudiante matriculado y a veces ofreciendo carreras que no son pertinentes para el desarrollo regional. Pero por lo menos la intención del Estado estuvo allá. Y al mirar todo esto desde el punto de vista del puro acceso económico y social, las buenas universidades públicas son demasiado selectivas y están implicando una redistribución negativa del ingreso nacional. Están implicando subsidios demasiado altos a clases sociales que no los necesitan, y en esas buenas universidades públicas debe pagar el que puede (en términos de equidad social), y el Estado tiene que generar unos fondos financieros de becas para los estudiantes que tengan los méritos y no pueden ingresar a esas universidades.

En estos momentos vemos que clases medias y altas se benefician de un tipo de educación altamente gratuita. Y aquí se ha confundido gratuidad o, mejor universidad pública sin darse cuenta de que la gratuidad perse ya está en contra de la equidad social y de alguna manera también en contra de la calidad. Y el de la calidad es otro tema preocupante. De otro lado, uno ve que las universidades privadas, en la medida en que llenan un mercado, una demanda privada por educación de baja calidad y muchas veces la gente quiere simplemente sacar su título, de todas maneras cumplen esa función social, dando algún tipo de educación. Allí de lo que se trata es de moralizar, de ordenar, hay una serie de desórdenes extraordinarios en ese tipo de universidades pero por lo menos ofrecen algo, que es muy típico del estudiante de nuestra época: es el estudiante de medio tiempo, el estudiante que trabaja, bien sea porque culturalmente debe trabajar, quiere trabajar o porque le toca trabajar.

La universidad pública está completamente desfasada de eso porque normalmente ofrece unos horarios a veces matutinos que no le dejan al estudiante la flexibilidad de trabajar y como los reglamentos de esas universidades son tan laxos entonces el tiempo de duración de un estudiante puede ser excesivamente prolongado. Además de que la laxitud también va a que las tasas de repitencia sean también sumamente elevadas. Eso a unos costos sociales demasiado altos, porque cada estudiante matriculado en una universidad pública le está quitando obviamente la posibilidad a otro estudiante y eso es un fenómeno que tiene que ver con la equidad social. En tanto que la universidad privada ofrece las jornadas nocturnas que le permiten a mucha gente poder hacer las dos cosas.

 

EFICIENCIA DE LA EDUCACION

En términos de la eficiencia de la educación, creo que hay un problema gravísimo también para las universidades públicas: En este momento si uno mira la matrícula universitaria general, el crecimiento de los últimos 10 años ha sido absorbido en su mayor parte en unos dos tercios, en un 75%, por el sector privado. La universidad pública tiende a ser mucho más rígida, mucho más selectiva.

Hay varios aspectos aquí: Uno no vislumbra hacia el futuro de los años 90 en este país que el Estado colombiano pueda seguir haciendo esfuerzos sostenidos, —como los que ha hecho en los últimos 20 años para mantener su participación en relación con el Producto Interno Bruto o con el presupuesto en términos reales—, en la educación superior. Y si va a aumentarse la matrícula, quiere decir que el costo por estudiante va a disminuir, lo cual puede ser bueno, pero también puede inducir a una baja en la calidad. La baja en la calidad de la universidad pública que, de paso sea dicho, todos los estudios lo muestran, financia a través de la “piratería” ala universidad privada.

De todas maneras, los incrementos en los costos de las universidades en los últimos años se han ido fundamentalmente en pagar nómina a los profesores más antiguos dada la tremenda estabilidad que hay allí. Pero hay un deterioro creciente de laboratorios, de aulas y de todos los elementos e imposibilidad financiera de adquirir nuevas tecnologías o de hacer planes para formar y capacitar al personal docente en esas nuevas tecnologías. Entonces lo que uno está viendo hacia el futuro es un gasto bastante rígido en relación con unas demandas demasiado fuertes que se van a ir básicamente en pagar unas nóminas. En este momento las universidades públicas tienen unos promedios de edad por encima de los 45 años y promedios de antigüedad que sobrepasan los 15 años, en las instituciones con unas tremendas cargas laborales y eso es lo que se está comiendo de alguna manera el incremento presupuestal y no se ve cómo el Estado, hacia el futuro, pueda continuar ampliando el financiamiento de esto. O sea, que estas universidades tienen también problemas de calidad. Porque si estuvimos diciendo que los conocimientos se hacen obsoletos muy rápido y tienen profesores que no están en un sistema competitivo, que no tienen que medirse, que no se evalúan porque forman externamente una serie de grupos de interés dentro de las universidades y que, para decirlo de alguna manera, tiene uno al profesor que desde hace 20 años está dando la misma clase de cálculo en el mismo salón a las 7:00 a.m., pues es muy difícil pensar en el desarrollo de la ciencia y la tecnología. Y aquí hay un problema gravísimo y es que no hay un relevo generacional. La nueva generación no se está viendo por ningún lado porque precisamente el presupuesto no permite reclutar sangre nueva a las universidades y se está consolidando un grupo de profesores bastante rutinizado que probablemente no le va a servir y va a entrar en conflicto. No sería raro que entre en conflicto con la nueva generación o con las nuevas generaciones de estudiantes y se genere un conflicto del tipo que no conocemos en este momento, probablemente por fuera de elementos puramente políticos y más en términos generacionales.

 

CIENCIA Y TECNOLOGIA

Por otra parte, cuando uno habla de Ciencia y Tecnología y estamos en el año de la Ciencia y la Tecnología, hay que compararse. En términos internacionales, en Europa uno se encuentra que las tasas de matrícula de los estudiantes en educación superior en tecnología y ciencias básicas (matemáticas y ciencias naturales que son las materias base de cualquier desarrollo científico y tecnológico), oscilan entre el 16 y el 35%. Realmente están descendiendo por problemas en los mismos cambios de la tecnología. En Colombia menos del 2% de los estudiantes en educación superior están matriculados en esos cursos. Y hay que decir todavía algo más alarmante en el estudio de las preferencias de los bachilleres por carreras, mirando como exitosa la afirmación de quien dice: Yo quiero estudiar medicina y termina estudiando medicina; el porcentaje más alto es en medicina: el setenta y pico por ciento, o sea que este porcentaje de estudiantes optaron en primera preferencia por ser médicos exitosos. En las matemáticas es el 11% o sea que ellos no querían ser matemáticos. Y lo que hemos encontrado con esta matrícula es que es ficticia, que los estudiantes ingresan a matemáticas para nivelarse en matemáticas y salir al lo. o 2o. semestre a estudiar ingeniería porque esa es una carrera con más prestigio, más rentable, etc. Es decir, en la cultura nuestra o secundaria no hay todavía el prestigio de la ciencia, no hay realmente forma para que desde la primaria o secundaria se fomente una auténtica y genuina vocación por la ciencia. Estamos muy mal realmente, eso habla mal de cualquier sistema, y por supuesto estas carreras en las ciencias naturales son muy costosas, pues una matrícula no podría pagarse privadamente y debe tener un subsidio, sólo se dispensa en las grandes universidades públicas y en muy pocas universidades privadas de excelencia. Y ahí tenemos de nuevo un problema y es la concentración geográfica. Ese fenómeno está en Bogotá y en unas pocas localidades, pero nosotros no estamos ofreciendo avisos de ciencias naturales o matemáticas en regiones donde hay una tremenda demanda y donde los estudios están demostrando el costo de la migración o la misma cultura hace que la gente no quiera salir.

 

CONCENTRACION GEOGRAFICA

Me quiero referir sólo en este aspecto a la terrible desigualdad en la participación educativa entre la Costa Atlántica y la región andina. La Costa Atlántica, en términos de su población, de su participación en el producto, del potencial agrícola y pecuario y los mares, no tiene en la educación superior el peso que le corresponde. Tiene una educación en realidad de baja calidad y en unas cantidades que realmente son preocupantes porque va a profundizarse de repente una mayor desigualdad regional. Y los bachilleres de la Costa Atlántica en general muestran muy poca propensión a salir de la misma región. O sea que la oferta universitaria en esa región tiene que tomar en cuenta fenómenos sociales o sociológicos de esa naturaleza para inducir un desarrollo más armónico de la educación superior.

Digo todo esto porque quizás frustré a quienes estaban esperando una disertación sobre ciencia, tecnología, etc., porque me parecía que era importante que un funcionario del Estado colombiano, que está al frente del ente que tiene que ver con la educación superior, contara un poco cuál es el entorno real, cuáles pueden ser las posibilidades. Yo creo que pueden haber muchas posibilidades, creo que hay conciencia, pero estamos muy atrasados: todavía no tenemos lo que se llama una masa crítica de científicos. Recuerdo que era una preocupación del doctor Eduardo Aldana, cuando era director de Colciencias, él lo va a comentar, cómo un inventario de nuestros recursos humanos en ciencia y tecnología nos lleva a la conclusión de que gran parte de esos recursos y de los más valiosos están en el exterior, están afuera porque aquí no encuentran el entorno ni el ambiente. Estamos invirtiendo en la formación de gente que tiene que salir. El problema es cómo creamos un ambiente real para que ellos y otros estén aquí.

Yo soy optimista por naturaleza; de hecho presento este panorama no porque no crea que se pueda transformar. La historia es una combinación muy interesante entre los escenarios, ciertos libretos que hay allá en el fondo y lo que nosotros queramos hacer. Creo debería haber una mayor conciencia política en términos políticos, estratégicos, del país y sus recursos. Estamos en ciencia y tecnología pero muy atrás de los venezolanos. Los venezolanos han formado muchísimos más científicos y tecnólogos de más alto nivel que nosotros.

Y por otro lado hay que reconocer un esfuerzo muy positivo del Estado colombiano por fuera de las universidades. Y aquí hay un toque optimista: no es en las universidades que se miran a sí mismas como el Centro del Universo, y los departamentos que creen que allí sobre ellos gravita todo el mundo, donde se está desarrollando en este país la ciencia y la investigación básica. Es en el ICA, es en Ecopetrol, es en la Armada Colombiana, que estudia los mares colombianos, es en la Federación de Cafeteros, en sus laboratorios de física y química de Bogotá, Servicafé de Chinchiná, es allí donde hay que mirar porque curiosamente allí de alguna manera el Estado colombiano y en muchas ocasiones el sector privado ha concentrado esfuerzos, gente (el ICA tiene 5 veces más doctorados en las disciplinas agropecuarias que todas las universidades colombianas juntas), laboratorios y sobre todo un entorno institucional más abierto y más conectado con la comunidad científica internacional. La universidad colombiana padece de un parroquialismo asfixiante, a veces suponen que el centro del universo está acá y son muy pocos nuestros investigadores y científicos que realmente quieren pertenecer a la comunidad científica internacional.

Yo creo que si algún sentido tiene economizar recursos escasos en América Latina, bien valdría la pena que los planes de desarrollo en Ciencia y Tecnología al futuro, además de formar por supuesto la gente, se lleven a cabo en un plano internacional con los venezolanos, con los mexicanos, con los brasileros, porque si no, no vale la pena reproducir a una escala muy pequeña, esfuerzos, experimentos, etc., que en otras partes ya se han hecho,y que implican unos costos nacionales muy altos. O sea, que esta era de ciencia y tecnología es antes que nada una era internacional e internacionalista. En ese sentido nos recuerda simplemente que es el hombre en el planeta y que es la unidad de la especie, la unidad del género humano y de eso fundamentalmente, creo yo, se trata la educación.