D039 P055 | Universidades con Programas Doctorales

Documentos Nuevo Liberalismo | Luis Carlos Galán

D039 P055 | Universidades con Programas Doctorales

Comentarios del Doctor Eduardo Aldana (Director Ejecutivo de la Fundación para la Educación Superior FES, Regional Bogotá) a la intervención del Doctor Marco Palacios. (Versión magnetofónica).

 

Agradezco a los organizadores de este Seminario la oportunidad de comentar sobre las interesantes reflexiones del doctor Marco Palacios, así como su acertado análisis sobre buena parte de la problemática de la educación superior en el país. Primero voy a tratar de hacer algunas reflexiones generales relacionadas con el papel de la educación en el desarrollo de la ciencia y la tecnología y después haré unas muy breves reflexiones en torno a algunos de los puntos tratados por el doctor Palacios.

El primer punto de partida es sobre algo que el doctor Rodrigo Escobar citaba, y es el hecho de que nuestro concepto común y popular de cultura excluye el componente de ciencia y tecnología. Realmente cuando a alguien le preguntamos por lo que él considera que es cultura en Colombia, nos va a hablar de manifestaciones que tienen muy poco que ver con esa tremenda contribución de la cultura que se refleja en el mundo creado por el hombre y es realmente allí donde éste hace su aparición dominando con su presencia la naturaleza utilizándola y conviviendo armónicamente con ésta; porque esa convivencia armónica no se va a lograr, como creen algunos conservacionistas, eliminando la tecnología, sino utilizándola cada vez más y mejor, es decir, siendo capaz de adaptarse a las condiciones del mundo.

Partiendo de este punto se debe contrastar con lo que Darío Abad decía en alguna ocasión: “¿Cuál es la diferencia entre los países pobres con gente rica y los países ricos con gente pobre?” Y si lo miramos en ese contraste, veremos con certeza que esa diferencia está en la capacidad de dominio de la ciencia y la tecnología, porque países pobres con gente rica son, por ejemplo el Japón e Israel; y países ricos con gente pobre son Arabia Saudita y probablemente Colombia, porque al negarnos a incluir la ciencia y la tecnología dentro del componente del cultura, nos hemos negado a participar en esa actividad del hombre creando y avanzando en armonía con la naturaleza.

 

TECNOLOGIA Y CULTURA POPULAR

Este punto de partida plantea varias reflexiones: La primera es que uno de los desafíos más grandes es la integración de la tecnología tradicional con la nueva tecnología, porque no es cierto que no exista tecnología, que el colombiano no la maneje aun en los niveles más bajos. Es impresionante la capacidad del colombiano para sobrevivir en ambientes muy difíciles y eso representa el haber desarrollado una cultura tecnológica de sobrevivir, de crear, en estos ambientes.

En un programa iniciado por Colciencias que se llamó “Regionalización de la ciencia y la tecnología”, se colocaron recursos de varias regiones del país para que fueran manejados en su asignación por organizaciones campesinas ayudadas por las entidades de desarrollo tipo Sena y asistí en alguna ocasión a la identificación de los problemas tecnológicos que hacían los campesinos y no se equivocaban en identificarlos y en determinar qué se debía hacer, y entonces los recursos eran para contratar con las universidades y centros de investigación para que les resolvieran esos problemas que ellos estaban identificando. Y creo que buscar crear esos mecanismos que permitan integrar esa tecnología que existe entre los campesinos, entre los trabajadores artesanales, con las nuevas tecnologías, puede ser una estrategia importante donde empiece a integrarse la ciencia y la tecnología dentro de la cultura popular.

 

LA CULTURA DE LAS CAJAS NEGRAS

El otro gran componente que interviene en la carencia de tecnología en la cultura es la introducción de esa variable científico-tecnológica en la educación formal. Es una característica del colombiano y probablemente del subdesarrollo, que manejamos cajas negras, es decir podemos utilizar productos de la tecnología sin entender cómo funcionan. Yo utilizo la radio, la T.V., el teléfono como cajas negras porque no sé qué está pasando por dentro. Y mientras estemos educando nuestra juventud desde las más tempranas edades, desde los primeros niveles, acostumbrándola a tratar con la tecnología como cajas negras, la estamos condenando a no aprender esa tecnología y a no poder desarrollar nuevos usos y aplicaciones adecuados a su medio ambiente. Aquí quiero citar un ejemplo; el programa excelente de introducción de la microelectrónica en la escuela primaria y secundaria que es el programa inglés.

A Inglaterra se le puede criticar por muchas cosas pero no por no ser seria en la educación. Si hay un país que haya sido fundamentalmente serio en sus enfoques educativos ha sido Inglaterra. De ahí que la universidad abierta sea famosa en el mundo no porque no existiera antes el concepto de universidad abierta; es porque cuando Inglaterra la acogió y la expandió lo hizo con seriedad y la convirtió en modelo para el resto del mundo. Y lo mismo ha hecho en esta introducción de la tecnología microelectrónica en su escuela primaria y secundaria; no pretendió entregarles a sus estudiantes cajas negras para que las usaran, porque sino les reafirmaba esa cultura de caja negra; les entregó conjuntos armables de componentes microelectrónicos muy sencillos para que ellos en primaria armaran algún pequeño equipo de control y en la secundaria ya pudieran armar un pequeño computador. Y por eso la vez que nos demostraron en Europa que los estudiantes de secundaria le habían agregado a un computador un interfase y un sensor, hacían su tarea de ciencias midiendo la contaminación de un río, era porque entendían para qué sería toda esa microelectrónica.

Si nosotros le ponemos a cualquiera de los estudiantes egresados de los mejores programas de sistemas del país a que resuelva ese problema, no lo saben resolver porque la mayoría están utilizando el computador como una caja negra. Y así estamos condenados a seguir separándonos de ese componente valioso que es la ciencia y la tecnología.

En este sentido es muy importante el apoyo de los medios de comunicación con programas como los que tuvieron alguna vez Colciencias e ICFES mostrando el papel y los éxitos de los colombianos en ciencia y tecnología. Es una lástima que estos éxitos hayan pasado a lugares secundarios en la T.V. pudiendo ser unos elementos muy persuasivos para que entremos en estos campos con pleno vigor.

 

LA CASA DE SALOMON

Pero me quiero referir a un segundo punto: En 1600, Bacon, quien fue la persona que en el mundo occidental creó el concepto de tecnología, dijo que la ciencia debía ser no sólo para avanzar en conocimiento sino para serle útil a la gente, entró en una gran polémica con los científicos de su tiempo, que estaban más interesados en la ciencia por la ciencia, en el conocimiento por el conocimiento así fuese sin ninguna importancia y él les quiso mostrar una utopía, que significaba la aplicación de la ciencia, y creó una isla imaginaria que él describe en su utopía como la Nueva Atlántida inmensamente desarrollada para su tiempo -creo que hablaba de teléfonos, de aviones, de medios de comunicación, transporte- y la explicación que dio Bacon para el desarrollo de esa isla la encontró en una casa que estaba en todo el centro de la estructura de gobierno de la isla. Se llamaba la Casa de Salomón y esa casa contrataba a unos individuos que se denominaban mercaderes de luz que viajaban por todo el mundo buscando conocimientos científicos y nuevas tecnologías disponibles en el mundo llevándolas a la isla donde eran analizados críticamente y aquellos que se encontraban adoptables se incorporaban a los sectores productivos y a la manera de manejar y gobernar la isla.

Yo creo que, como el doctor Palacios lo enunciaba, el conocimiento es universal y se está produciendo en todas partes del mundo, y si nosotros tuviéramos el mejor sistema nacional de ciencia y tecnología creo que no llegaríamos a producir una parte en 10.000 del conocimiento que se produce anualmente. De manera que necesitamos mercaderes de la luz, es decir, formar colombianos que estén pendientes de lo que sucede en el mundo y lo incorporen a nuestro desarrollo industrial y agrícola. No podemos pensar que somos autosuficientes en ciencia y tecnología. Por supuesto que la incorporen dentro de esa filosofía de analizarla críticamente, porque no toda la ciencia y la tecnología producida en el mundo es apropiada para nuestras circunstancias. Pero que sí estén pendientes para esas actividades.

Dentro de esta idea viene un punto adicional: Es al que creo estamos enfrentados a desarrollar, un programa de emergencia en la formación de talentos colombianos para recuperar el tiempo perdido.

 

NECESIDAD DEL POSGRADO

Hacia los años 50 la Universidad de los Andes formó unos 500 ingenieros en sus programas compartidos con las universidades de los Estados Unidos. Ese programa de Los Andes causó un gran impacto en el país, como que transformó la misma educación. En ingeniería los programas de las universidades públicas colombianas viraron a adoptar algunos de los planteamientos de Los Andes hechos en ese programa de intercambio; empresas muy importantes del país como Ecopetrol, que nacía en ese momento, se beneficiaron de un grupo de ingenieros formados en las más diversas áreas de las ingenierías que no existían en ese momento. Lo menciono sólo para mostrar que un programa pequeño que llegó oportunamente, que trajo nuevos conocimientos y especializaciones en la ingeniería, desempeñó papel importante.

En la década de los 70 Venezuela envió al exterior a unos 35.000 estudiantes. De éstos algunos no fueron exitosos en un buen porcentaje pero otros estudiaron con entusiasmo y regresaron con posgrados muy firmes, una buena proporción con doctorado. Si hoy uno examina las universidades, la industria venezolana, los centros de investigación, están en situación superior a muchas de nuestras instituciones colombianas como por ejemplo: el Instituto Venezolano del Petróleo le lleva años al Instituto Colombiano del Petróleo gracias a ese influjo de personal calificado que está produciendo una alta tecnología para la solución de los problemas de la industria petrolera venezolana. Aquí hasta hace pocos años se inició el Instituto Colombiano del Petróleo y no posee la centésima parte de los profesionales que tiene el Instituto Venezolano del Petróleo.

Traigo a colación estos dos ejemplos, para mostrar el impacto de unos programas hechos con una creencia firme en el papel que pueda desempeñar una buena educación de posgrado a los niveles doctorales, en un país que se está enfrentando a la situación moderna de la ciencia y la tecnología.

Y creo que Colombia debía proponerse realizar un programa similar al de Venezuela en sus propósitos; que forme unos 100.000 profesionales en la década de los años 90 a nivel de posgrado y acentuando el nivel doctoral. Parece un gran desafío pero creo que lo podemos y lo debemos hacer. Empezaré por qué lo debemos hacer. Hasta la mitad de este siglo la tecnología se adelanta a la ciencia. La tecnología era el resultado de una mente ingeniosa y creativa; la máquina de vapor se inventó antes de conocer las reglas de la termodinámica, la radio se inventó antes de tener los conocimientos científicos sobre las ondas hertzianas. La tecnología podía salir naturalmente, era el producto de una mente creativa y disciplinada. Desde la mitad de este siglo y por uno de los descubrimientos más trágicos de la humanidad, se cambió esa relación. El descubrimiento de la bomba atómica, un resultado tecnológico, ya no es de una mente intuitiva, es el resultado de un largo proceso de investigación sobre el átomo. Y de ahí en adelante se cambió la relación totalmente.

El transistor es el resultado de una larguísima investigación sobre los sólidos y sus defectos; y todas las nuevas tecnologías -la microelectrónica, la biotecnología, los nuevos materiales- son el resultado de un profundo esfuerzo de investigación científica. Ciencia y tecnología se unieron precediendo la una a la otra pero muy cercanas. Eso ha llevado a que la ciencia no sea de conocimiento público, a que la ciencia ya sea secreta, a que la ciencia se haya privatizado en el mundo. Antes, cuando no había mucha relación o no era muy directa entre la ciencia y la tecnología, el secreto estaba en la tecnología, lo patentable era la tecnología, lo privatizado era el conocimiento tecnológico. Hoy en día la privatización, el secreto, la patente está sobre la ciencia. Debemos hacer un esfuerzo considerable en la formación de cien-tíficos, de individuos que impulsen el conocimiento.

Es bastante exagerado decir que una universidad nuestra, sin programas doctorales, hace avanzar el conocimiento científico. Las universidades del mundo que contribuyen al conocimiento son universidades que tienen programas doctorales. De ello deriva la necesidad de introducir estos programas en nuestra universidad, para formar científicos que creen la tecnología a partir de los conocimientos científicos básicos y que aprendan esa ciencia porque nos vamos a quedar regados, atrasados, dominados por el conocimiento científico que está creando la tecnología en nuestros días.

 

ESTABLECER DESAFIOS

La posibilidad de hacerlo, se puede mostrar con varios ejemplos. Primero, creo que las universidades colombianas que podrían entrar en este nivel -fundamentalmente las públicas y algunas privadas- no son tan productivas como solemos decir. Si examinamos la relación estudiantes por profesor vemos que hay una relación que sería envidiada por el Instituto Tecnológico de California, que tiene menos profesores por estudiantes que las universidades nuestras y esa es una universidad que hace una gran cantidad de investigación. De manera que la capacidad, el recurso subutilizado de nuestras universidades deja espacio para buscar ese desarrollo. Aún más, tenemos departamentos excelentes. Recuerdo, porque fue el primer programa que traté de impulsar desde Colciencias, el departamento de física de la Universidad Nacional con algo así como 22 personas a nivel doctoral, 40 personas a nivel de magíster y un profesorado con 90 miembros. Este departamento es más grande que el departamento de física de una de las universidades más poderosas en física de los Estado Unidos.

De manera que tenemos los recursos; lo que hay es que establecerles desafíos. Desafíos equivalentes a los que enfrentamos hace 25 años, cuando, por ejemplo, se hizo la expansión por completar las carreras de ingeniería en muchas especialidades que no existían en el país. Tal vez un poco más; 40 años en la UIS cuando empezó sus nuevos programas y 30 años en Los Andes cuando diversificó y completó sus carreras en Colombia. Son desafíos comparables. Ahora se pueden hacer, no en la forma tradicional como se han concebido los programas de especialización en el exterior, donde el estudiante viaja por 2 o 3, 4 años, y hace la investigación en esas universidades de esos países y por consiguiente no nos favorece a nosotros. Lo podemos hacer en programas compartidos, en los cuales aquí se curse una parte de la carrera, los cursos básicos fundamentales que los podemos enseñar; y viajen no solamente a los países de Europa, a los Estados Unidos y al Japón, sino a una gran cantidad de países latinoamericanos que ya han llegado a los niveles doctorales. Brasil tiene 200 programas doctorales, Venezuela tiene más de 20 programas doctorales, México tiene un número considerable de los mismos. De manera que mientras todos esos países han venido montando ese nivel, nosotros no lo estamos haciendo y podríamos compartirlo y ellos están interesados en colaborar. Después los estudiantes regresarían a hacer la investigación bien sea en las propias universidades o, como lo mencionó el doctor Palacios, en los institutos que hoy están haciendo investigación en el país. Los que vayan a estudiar ciencias agrícolas pueden venir a hacer su investigación en el ICA, en Servicaña, en Servicafé, donde hay cantidad de personas que los pueden llevar adelante. De manera que podemos mostrar que es posible hacerlo.

Es que tal vez lo que se requiere es decisión, pero tenemos que iniciar un programa de esta naturaleza.

 

EL ANALFABETISMO FUNCIONAL

Quisiera ahora hacer un par de comentarios en torno a ciertos temas tratados por el doctor Marco Palacios. Uno de ellos es un desafío para las universidades que me parece importante vislumbrarlo. A grandes rasgos, de cada 100 colombianos que nacen en un momento determinado, me dicen que apenas 60 terminan educación primaria, y 20 secundaria; 12 o 15 entran a la educación superior y probablemente se gradúan. Esas son cifras dramáticas porque indican que cada día estamos dejando como analfabetos funcionales a algo más de la mitad de la población colombiana. Indican que apenas una quinta parte de los colombianos se está preparando para vivir en una sociedad urbana compleja en donde se necesita manejar relaciones de toda índole. Indican que apenas a 6 o 7 colombianos los estamos preparando para ser ciudadanos medios, y lo contrastante, lo dramático, es que la educación superior está recibiendo a 12 o 15 colombianos de los 100 que nacieron. De manera que por una cuestión de supervivencia podemos afirmar que son lo mejor, entre comillas, de los colombianos: los de mejor talento, resistencia, porque lograron sobrevivir de alguna manera, prepararse y sortear con éxito hasta entrar a la educación superior.

Y todavía la educación superior se da el lujo de hacer fracasar a la mitad de esos colombianos. A mí me parece que aquí nace un gran desafío y que nace de la concepción errónea que tenemos de la calidad de la educación superior. Creemos que consiste en rajar estudiantes. Los programas son inflexibles, no reconocemos la gran heterogeneidad de los que entran a la universidad, no reaccionamos como reaccionaría un entrenador de salto alto que le tocase recibir a un grupo de muchachos para enseñarles a saltar. Seguramente, lo primero que haría sería ponerlos a saltar para ver cuánto saltan y a los que saltan 40 cm les pediría que al cabo de unos meses estén saltando 60, los que salten 80 que salten el metro y los que salten 1.20 que salten 1.40. No, nuestra universidad recibe a individuos que salten 40, 60, 1.20, 1.40 y a todos les pide que salten 1.60 metros, porque no les da suficiente desafío para seguir adelante. Y me parece que aquí hay un punto sobre el cual debo hacer alguna reflexión que es, la interpretación y controversia que ha existido, sobre los exámenes de Estado.

Las pruebas que hace el Servicio Nacional no son otra cosa que ese ejercicio inicial de saber cuánto salta una persona. Y son muy importantes en eso porque lo que debería hacer la universidad es saber cuánto le saltaron en esos exámenes y adecuar su programa para que pudieran seguir adelante, para que pudieran progresar desde el punto de entrada. He oído, sin embargo, el comentario de que lo que se va a hacer es estandarizar de otra manera los exámenes de Estado para que a quienes les vaya mal resulten con un puntaje mejor. Me parece que eso sería como tratar de cambiar un termómetro para que no refleje adecuadamente la fiebre que se está presentando en ciertas partes del país.

También me quería referir al bachillerato y encuentro, como decía Carlos Lemoine, que la educación debe desarrollar todo tipo, inclusive las destrezas de comprender las tecnologías y el manejo físico de los objetos, las manuales. Creo que ese es un buen camino. Pero yo tendería a pensar que más que tratar de especializar a un nivel muy temprano a los estudiantes, me parece más adecuado que el Sena desarrolle la capacidad de darle un entrenamiento profesional técnico a aquellos, que por cualquier motivo abandonan la educación formal, pues sale muy costoso enseñar profesiones técnicas de nivel intermedio a nivel de bachillerato. Y ese fue un hallazgo que siempre se encontró en todos los intentos de diversificar el bachillerato; que si bien ahora último cuando uno compara los costos no se ven tan diferentes porque no se han vuelto a incluir partidas para mantenimiento y renovación de los equipos. Además sigue siendo costoso hacer esa diversificación.

Es una hipótesis de trabajo que merece ser examinada y por supuesto las críticas y observaciones a estos comentarios un poco desorganizados son bienvenidos porque se hacen fundamentalmente con el propósito de despertar inquietudes en temas que para todos nosotros son de gran importancia en el futuro del país.