D040 P011 | LA RENOVACION INSTITUCIONAL

Documentos Nuevo Liberalismo | Luis Carlos Galán

D040 P011 | LA RENOVACION INSTITUCIONAL

César Gaviria Trujillo

Hace dos años caía asesinado Luis Carlos Galán. Cuando con los brazos en alto, sonriente, saludaba a su gente con el símbolo de la victoria y de la paz, la violencia narcoterrorista truncó su vida. Al diluirse su último gesto de confianza en el futuro, de paz y de victoria, entre la angustia y el dolor del momento, el país sintió que la esperanza desaparecía para siempre. A la más infinita de las tristezas, se le sumó el desespero generalizado de los colombianos que veían cómo cobraba vida el tenebroso espectro del triunfo definitivo del narcotráfico, de los enemigos de la democracia y de la paz. Pero sobreponiéndose al desespero, el dolor y la tristeza, fue creciendo en los colombianos una férrea voluntad de recoger las banderas, de impedir que los ideales de Galán fueran arrollados, a sangre y fuego, por los violentos.

Qué equivocados estaban quienes pensaron que el magnicidio más vil y cobarde de nuestra historia podría acabar para siempre con las ideas de renovación y cambio del líder asesinado. Qué ciegos quienes creyeron que la soberbia de las armas podría impedirle a los colombianos construir esa Colombia Nueva que anhelara Luis Carlos Galán. Qué ingenuos pensar que un pueblo, un amante de la democracia se la dejaría arrebatar por una minoría criminal. Qué insensatos creer que la intimidación y la muerte podrían algún día derrotar a la voluntad popular. Qué torpes olvidar la lección de la historia que ha demostrado una y otra vez, como diría el propio Galán, que a los líderes se les puede asesinar pero a las ideas nó.

Hoy, dos años después del trágico episodio, las ideas de Luis Carlos Galán no sólo están más vivas y más vigentes que antes, sino que inspirados por su pensamiento y por su ejemplo, los colombianos las estamos haciendo realidad. Estamos asistiendo al histórico surgimiento de esa Colombia Nueva que soñará el líder desaparecido.

La Fundación Luis Carlos Galán ha hecho un atinado homenaje al inmolado líder liberal al escoger para este segundo encuentro los temas de la paz y la integración en América Latina. En lo interno, no tuvo Luis Carlos Galán mayor obsesión y mayor anhelo que alcanzar la paz. Toda su propuesta política, su forma de entender la democracia, giraba en torno a ese objetivo supremo. En el ámbito internacional, Galán figura hoy entre los líderes latinoamericanos más intensamente comprometidos con los ideales de la integración. La unidad de nuestra región siempre figuró entre los temas a los que asigno la mayor energía y atención. Además, Galán siempre entendió que uno y otro, la paz y la integración, estaban íntimamente relacionados.

* Intervención del Presidente de la República de Colombia, doctor César Gaviria Trujillo, en el acto de instalación del Encuentro.

La Fundación también ha escogido un momento muy oportuno para provocar esta reflexión internacional en torno al tema de la paz. En toda la región se consolidan, avanzan o se inician procesos que buscan darle una salida política, pronta y negociada, a los conflictos que aun desgarran a naciones enteras. La paz y la reconciliación ya no son ideales remotos, sino más bien objetivos viables y realidades tangibles. La discusión que hoy se inicia seguramente servirá para alentar aun más esa tendencia.

En Nicaragua, el afianzamiento de la democracia y la voluntad de paz de las naciones centroamericanas, ha permitido superar los tiempos de la confrontación armada. En El Salvador, el gobierno del Presidente Cristiani y el F.M.L.N. adelantan un diálogo de paz, apoyados por las Naciones Unidas, con el propósito de superar la guerra civil que ha desangrado inmisericordemente a ese país. En Guatemala, el gobierno del Presidente Serrano ha abierto las puertas del diálogo con la guerrilla para avanzar hacia la concordia nacional.

Al hablar del afianzamiento de la paz en Centroamérica no se puede dejar de hacer un sentido reconocimiento a uno de sus principales arquitectos, el doctor Oscar Arias, ex-Presidente de Costa Rica, Premio Nóbel de la Paz y gran amigo, que está hoy con nosotros.

En Colombia, ha culminado el proceso de reforma política e institucional más profundo en un siglo, con la participación activa de cuatro grupos que hasta hace poco empuñaron las armas y hoy buscan contribuir en la construcción de la Nueva Colombia. Además, próximamente se reanudarán los diálogos entre el gobierno colombiano y los grupos subversivos que aún persisten en su lucha armada contra el país.

Y más allá de nuestro hemisferio, en Afghanistán, Angola y Sur Africa, en el Líbano y Cambodia, a lo largo y ancho del planeta, surge una nueva voluntad de resolver los conflictos, superar las diferencias y encontrar salidas civilizadas a los enfrentamientos. Es como si de pronto, el mundo quisiera sepultar un pasado violento que ya lleva demasiado tiempo, para iniciar una nueva vida y encontrar por fin la convivencia pacífica.

¿Cuáles son las fuerzas que se esconden detrás de esta nueva y generalizada búsqueda de la paz? Sin pretender agotar un tema que sin duda será tratado con mayor conocimiento y experiencia por los ilustres conferencistas invitados, quiero hacer referencia a algunos de los factores que parecen estar animando esta incontenible corriente en favor de la paz.

El mundo ha vivido en la última década una revolución silenciosa. Una erupción ha sacudido las raíces más profundas del pensamiento político y de las formas predominantes de ver el mundo. A su paso todos los mitos, todas las ideologías, todas las creencias, se derrumban. Los sacerdotes y guardianes del viejo orden contemplan impotentes como se funden los ídolos y se desmoronan los templos. Han fracasado estrepitosamente las utopías de prosperidad y bienestar que esgrimen los violentos para justificar el uso de la fuerza. Las ideologías de la violencia han sido rechazadas en todo el mundo, incluso por los propios pueblos que pretendieron redimir.

Luis Carlos Galán, a comienzos de los ochenta, cuando apenas si se presentía el surgimiento de la crisis del marxismo y la nueva era que estamos viviendo, afirmaba que “La Nación no apoya la guerrilla y ésta se halla aislada con el respaldo de grupos pequeños en zonas determinadas pero sin posibilidad de conquistar el poder. El dogmatismo de la guerrilla y la dificultad para hacer autocrítica ha determinado el sacrificio de centenares de jóvenes idealistas convencidos de la lucha democrática. La justificación de todo tipo de armas y procedimientos para buscar la victoria mezcló a la guerrilla con la delincuencia común y le quitó la posibilidad de constituirse en alternativa para transformar el sistema político y a través de ellos cambiar la sociedad… Desde hace muchos años, en la izquierda internacional se ha discutido entre la vía armada y la vía democrática para transformar la sociedad. En Colombia, la vía armada ha fracasado y todo indica que fracasará siempre porque la Nación no acepta ni el extremismo ni el sectarismo”.

Una década después, las palabras premonitorias de Galán, mantienen toda su vigencia. La lucha armada en todo el mundo se ha convertido en un camino inaceptable que el pueblo rechaza abiertamente.

A los grupos guerrilleros —en Colombia o en otras partes de América Latina— que aún insisten en la anacrónica vigencia de la lucha armada los va a dejar el tren de la historia. Esperamos que en un acto de audacia y de reflexión, sobre lo que verdaderamente desea el pueblo que dicen defender, se acojan al signo de los tiempos y mediante el diálogo encuentren el camino de la reconciliación.

Otra fuerza que alienta esta incontenible marcha por la paz, es el resurgimiento de la democracia y la libertad en todo el mundo. Quienes vivían en el silencio gris de las dictaduras eternas, en Europa Oriental y en América Latina, hoy bailan irreverentes y jubilosos sobre las viejas murallas derruidas a golpe de democracia. La democracia, el pluralismo y la libertad florecen por todos los rincones y ya nadie los puede atajar.

Colombia no se ha quedado atrás. Aun cuando el carácter democrático de las instituciones colombianas tiene una vigencia de más de 170 años, el régimen político se había quedado resagado frente al vertiginoso proceso de transformaciones sociales que ha vivido el país. Había llegado la hora de realizar una revolución pacífica.

Rompiendo con el pasado, superando las limitaciones de unas instituciones desbordadas por los acontecimientos, desafiando la intransigencia y derrotando la estrechez de la democracia representativa, el pueblo abrió las compuertas al cambio, a la más profunda transformación política que viviera Colombia en el último siglo. Mediante un referendum y la posterior elección de la Asamblea Constituyente, el pueblo le definió nuevos rumbos a la nación.

La Nueva Constitución de 1991 recoge el anhelo de renovación institucional y profundización democrática del pueblo colombiano. La Nueva Constitución de 1991 sentó las bases para la justicia eficaz, el fortalecimiento del Congreso, la fiscalización real de la gestión pública, la depuración de las prácticas parlamentarias, la transparencia electoral, la participación amplia del país nacional y abrió nuevos caminos para la expresión de la voluntad popular. Eso era lo que quería Galán. Nuestra nueva Carta Política hace realidad el ideario del líder asesinado.

Es mucho lo que ha cambiado el panorama político colombiano. Podría extenderme en los distintos temas que contiene la Nueva Constitución, y que están vinculados estrechamente con la paz, como la vigencia de la democracia participativa, la consagración constitucional de la carta de derechos, las reformas a la justicia, las nuevas instituciones para proteger al ciudadano, el fortalecimiento de la capacidad de fiscalización del pueblo sobre los actos del ejecutivo, el estatuto de la oposición, en fin sobre tantos y tantos aspectos novedosos y relevantes. Pero prefiero no abusar de su generosidad y más bien alentarles a que examinen las grandes transformaciones políticas que está experimentando Colombia.

La necesidad de adelantar esta profunda reforma como mecanismo para aclimatar la paz fue reiteradamente defendida por Luis Carlos Galán. En 1980, el líder liberal afirmaba que “la lucha por la democracia plena es y sigue siendo lo realmente revolucionario del presente siglo. Los colombianos tenemos la ilusión de poseer una democracia, pero todavía nos falta mucho camino para alcanzarla… Tales reformas tienen directa relación con la paz porque no se puede invitar a los grupos que buscan el cambio a que lo intenten dentro de un sistema que no es completamente libre”.

Las cosas han cambiado. Hoy estamos ante una democracia abierta, libre, participativa, pluralista, respetuosa de los derechos colectivos e individuales. Se han quedado sin argumentos quienes encontraban en las limitaciones de nuestra democracia la justificación para la violencia. La revolución pacífica ha dejado sin piso y sin rumbo a la rebelión armada.

Quienes tuvimos el privilegio de conocer de cerca a Galán y a sus ideas, pudimos apreciar cuan profunda y arraigada era su pasión por la unidad latinoamericana. A comienzos de los ochenta, antes de que se hicieran evidentes las transformaciones que hoy observamos en el sisterna internacional, Galán decía “El mundo bipolar que salió de la Segunda Guerra Mundial, que creó dos grandes centros de poder en el planeta, sólo puede evolucionar hacia un mundo multipolar… Nosotros no tenemos otra posibilidad seria y concreta en materias internacionales que la que logremos merced a una integración real de América Latina. Para lograr cambios fundamentales en las oportunidades de nuestros países necesitamos formar esa conciencia, esa mentalidad latinoamericanista en nuestro país”.

Luis Carlos Galán nos daba así la respuesta a la pregunta inevitable que nos hacemos hoy sobre el camino que debe seguir América Latina, ante el nuevo orden mundial. La cuestión sobre cómo podemos contribuir a que el sistema internacional del mañana sea capaz de responder mejor a las aspiraciones de nuestros pueblos ya había sido contestada por Galán, una década antes, con una sola palabra: integración. Si América Latina quiere ser partícipe y protagonista en la construcción de las nuevas realidades mundiales, es indispensable abordar la integración como un misión impostergable.

Muchos son los factores que contribuyen a que ahora la integración tenga hoy una segunda oportunidad. América Latina ha vivido una silenciosa pero profunda revolución democrática. También las barreras proteccionistas que nos aislaron del mundo y de nosotros mismos se están derrumbando. Es en ese terrero abonado, por la internacionalización y la democracia, en que la integración puede florecer. Colombia no está dispuesta a dejar pasar esta ocasión histórica.

No puedo abandonar este tema sin recordar la afirmación de Galán cuando decía que la política internacional debe apoyar y reflejar la búsqueda de soluciones pacíficas, la voluntad de resolver los conflictos mediante el diálogo, el respeto al pluralismo, la defensa de los derechos fundamentales, el compromiso con los valores y principios de la democracia. Es por ello que nuestra política internacional va de la mano con nuestra política interna. La paz no es posible si lo que predicamos adentro lo traicionamos por fuera.

Cuando se estudian los problemas de la paz no se puede dejar de lado el narcotráfico. La droga es la mayor amenaza a la democracia, la integridad social, la paz y el bienestar en América Latina.

Yo quiero reiterar el llamado de alerta que Colombia viene haciendo hace muchos años. Nadie está inmune de las consecuencias del narcotráfico y la drogadicción. Aprender esa lección a los colombianos nos ha costado una generación de líderes, entre ellos el más grande, Luis Carlos Galán, de jueces, de policías, de ciudadanos, de mujeres y niños inocentes. Nadie debe olvidar que los narcotraficantes, para echar raíces, sólo necesitan un terreno abonado por la indiferencia y la pasividad.

Al tiempo que Colombia adelanta su lucha, ha pregonado la urgente necesidad de que todos los países conformen un frente común contra la droga, porque de lo contrario el crimen sólo cambiará de forma o de nombre para adaptarse a los esfuerzos aislados de uno u otro país. Por años hemos venido sosteniendo que el narcotráfico no es problema exclusivo de un solo país o incluso de un puñado de ellos.

De allí que tengamos que fortalecer la coordinación entre las autoridades de todos los países afectados o potencialmente víctimas del crimen organizado, para que el esfuerzo de unos no signifique, en el mediano y largo plazo, el desplazamiento del problema hacia otros. La única forma de derrotar a esa cadena criminal, que no tiene patria, y que posee la capacidad y los recursos para moverse por todo el planeta en busca de un terreno abonado para sus ilegales negocios, es enfrentarla con una cadena de solidaridad y cooperación internacional aun más fuerte.

Si hubo una lección que aprendimos de la época de las recriminaciones mutuas entre los llamados países consumidores y países productores fue que mientras batallábamos por quien hacia la denuncia más fuerte, los narcotraficantes avanzaban al amparo de la falta de diálogo y de acciones conjuntas. Los países latinoamericanos debemos iniciar un diálogo, antes de que sea tarde, para impedir la expansión y generalización del tráfico de drogas y sus actividades conexas en la región. La integración latinoamericana, también en la lucha contra la droga, es el camino correcto.

Apreciados amigos:

Hoy nos reunimos para hacer un sentido homenaje a Luis Carlos Galán. Aun cuando nos embarga la tristeza y la nostalgia de su ausencia, también hay motivos para la alegría. Las ideas de Galán han triunfado. Sus anhelos de un futuro mejor se hacen realidad. Sus luchas por la dignificación de la política se ven ahora recompensadas. Su aspiración de una justicia eficaz ha dejado de ser una utopía. Su esperanza de construir un país en paz está al alcance de la mano. A todos sus amigos, a todos los colombianos de bien, nos queda el consuelo de que su sacrificio no ha sido en vano.

Hoy, dos años después de su desaparición, Galán no sólo vive en sus ideas, sino que estará por siempre presente en las instituciones, en la democracia, en el bienestar del pueblo colombiano. En fin, Luis Carlos Galán, será siempre el inspirador y la fuerza detrás de esa Nueva Colombia que ya empieza a hacerse realidad.