D040 P030 | INTEGRACION CON SELLO LATINOAMERICANO*

Documentos Nuevo Liberalismo | Luis Carlos Galán

D040 P030 | INTEGRACION CON SELLO LATINOAMERICANO*

❑ Pompeyo Márquez

Antes que nada voy a destacar la feliz coincidencia de tener el derecho a la palabra inmediatamente después de haberse suscrito una iniciativa tan interesante, como la encabezada por el Gobernador del Norte de Santander y los rectores de las universidades fronterizas, con los cuales mantengo una estrecha relación, dado que el Norte de Santander y Santander, son unos de los puntos de mayor confluencia en las relaciones colombo-venezolanas.

Me tocó en surte conocer personalmente a Galán; participamos en Colombia y en otros paí-ses latinoamericanos en numerosos foros, seminarios, en los que estos temas de la paz, de la democracia, de la integración, nos hacían converger.

Incluso en su última visita a Caracas, días antes de su brutal asesinato, tuvimos una reunión con el Comité Ejecutivo del MAS, de la cual fue testigo nuestro fraterno amigo, el doctor Gustavo Gaviria González. Allí habló, así lo sentimos, el virtual Presidente de Colombia, allí se expresó en torno a los problemas de América Latina y, con especial énfasis, sobre los de Venezuela y Colombia, que seguía con bastante atención. Pero en esa reunión, observamos a una personalidad que serenamente, con la mayor tranquilidad, no sólo expuso su pensamiento político y social, sino que además veía la muerte, a la cual desafiaba sin temores. Lamentablemente se nos extravió la grabación que hiciéramos de esas últimas palabras suyas en Venezuela, en las que yo le daba la bienvenida y luego la despedida.

Y no resisto contar que le rogué, literalmente hablando, que se quedara unos días más, para que interviniera en una reunión muy importante, convocada por la Junta del Acuerdo de Cartagena y el Parlamento Andino, llamada Cumbre Política Andina, y la cual tenía como eje la integración como un gran proyecto político, tema sobre el cual habíamos hablado en otras ocasiones, especialmente en una reunión convocada por el Presidente Alfonsin en Buenos Aires. En esta última se planteó que la integración no podía seguir siendo un problema exclusivamente económico, visto a través del lente del comerciante o del industrial, sino que había que concebirla de una forma integral, global, y esa globalidad e integridad la daba justamente la connotación de un proyecto político.

* Palabras del Senador de la República de Venezuela, doctor Pompeyo Márquez.

Allí se planteó también que el tema debía incorporarse a los programas de los partidos, que debía estar presente en las campañas políticas, e internalizarse en la mente de los principales dirigentes de nuestros países. Sólo así dejaría de ser un asunto para que los cancilleres o las cancillerías lo utilizaran como simple retórica.

Se trataría en síntesis, de convertir la integración en un fenómeno de masas, en un fenómeno político, en un cambio cultural, que pudiese integrar los liderazgos político, económico, social; que incorporase a las universidades y que se tratase este tema como una de las soluciones que tienen nuestros países, nuestros pueblos, para salir de la crisis profunda en la cual se debaten.

Este era un pensamiento que estaba plasmado en una ponencia de esa reunión de Buenos Aires. Como lo dije ya, le rogué a Galán que se quedara pues veía que era indispensable su participación en ese evento, al que iban a concurrir más de 80 personalidades de aproximadamente 14 países latinoamericanos. Pero se excusó porque tenía justamente ese acto, donde iba a ser vilmente asesinado.

La noticia nos llegó el día de la clausura del evento, y desde ese momento se llamó, “La cumbre política por la integración Luis Carlos Galán“. A estas alturas, después de dos días en este Encuentro en el que se ha dialogado y analizado su pensamiento, es difícil no repetir. Pero yo quisiera subrayar lo que han dicho otros compatriotas latinoamericanos que han intervenido sobre la universalidad del pensamiento de Galán. Tenía una mente organizada, con ideas muy claras, muy definidas, y por ello sabía comunicar su pensamiento en forma clara, sin retórica. Pensamiento que podríamos calificar como de profundidad democrática, nacionalista, latinoamericana, que tomaba en consideración el hecho de que nuestros países, tenían que enfrentar esa crisis a la que hemos hecho mención todos los que hemos hablado en estos dos días.

Galán entendió a profundidad los males de América Latina. Si algo nos acercó, y salgo del marco personal para decir ésto porque fue al MAS al que se acercó el Nuevo Liberalismo desde su nacimiento, fue la forma de entender la búsqueda de una salida para esta crisis. Comenzamos por el descarte: la salida no está en los golpes de Estado. América Latina sería ejemplo elocuente si se tratase de solucionar esos problemas por la vía de los golpes de Estado; América Latina no tendría ningún problema, puesto que si algo la ha azotado es la dictadura militar. En ese sentido fue muy importante lo que dijo esta mañana el expresidente de Costa Rica, doctor Arias.

Igualmente, en la década de los setenta y más tarde, en la década de los ochenta, cuando ya se ha consolidado el MAS en Venezuela, el cual nació en 1970 después de haber recorrido algunos de nosotros la línea insurrecional, y cuando nace el Nuevo Liberalismo en 1980, era claro que tampoco la salida estaba en la lucha armada, ni en la lucha guerrillera, las cuales ya se habían agotado. No hay que ser dogmático, y por éso no digo que se hayan agotado para siempre, pero desde el punto de vista histórico lo están hoy.

Como entendimos también que está agotado cualquier esquema de funcionamiento que conduzca a la subordinación frente a un bloque de poder. Cualquier proyecto político que quiera avanzar en nuestros países, tiene que hacerlo con independencia, con libertad de pensamiento, y asumiendo una responsabilidad en la elaboración de las proposiciones y mensajes que se les hace llegar a las respectivas sociedades.

El camino para lograr los cambios puede estar por los lados de las luchas cívicas, populares, nacionales y por la vía de la integración. Y eso brota de las palabras de algunos de los que han intervenido en este Encuentro y muy especialmente de nuestros dos fraternos amigos cancilleres: el cambio y la forma de lograrlo tiene que tener un sello legítimamente latinoamericano.

Si algo ha fracasado en América Latina es la copia de experiencias extranjeras. Hemos luchado contra el coloniaje, pero todavía tenemos un cierto coloniaje mental, con el cual debemos romper para encontrar la fuerza en la propia América Latina, y desde ella trazar las vías que deben conducirnos a una integración latinoamericana. Esa integración va a seguir muchos vericuetos; habrá integraciones subregionales, se harán por la vía bilateral o trilateral. Resumiríamos diciendo que la integración es una necesidad y una urgencia y, cuando está planteada una necesidad en el seno de una sociedad, ella se abre paso de distintas maneras.

Y así tenemos que todos esos organismos, que en las esferas política, cultural y económica están apareciendo, son pequeños arroyuelos que irán convergiendo en el gran torrente integracionista. Ahí el Pacto Andino, con su Corporación Andina de Fomento y su Fondo Andino de Reservas y su Convenio Andrés Bello y su Convenio Hipólito lnanue, buscando la manera de establecer programas de integración regional.

Y aparecen Mercosur y el Grupo de los Tres. Paradójicamente, cuando estamos hablando de una década perdida desde el punto de vista económico, cuando constatamos que la involución latioamericana nos hace retroceder a 1968 en términos de niveles de vida, aparecen soluciones latinoamericanas para problemas latinoamericanos, corno es el caso de Contadora y del Grupo de Apoyo, que luego se transformara en el Grupo de Río, y el Grupo de Río nace del Grupo de los Ocho, y éste se transforma en el Grupo de los Catorce. Las anteriores iniciativas buscaban reemplazar al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, el cual sucumbe con la guerra de las Malvinas, lo que revela con claridad que no era ese el sistema para América Latina, porque históricamente hablando ese tratado surgió dentro de los marcos de la guerra fría.

En ese sentido, valdría la pena recoger mucho del pensamiento de Galán y analizar los cambios y la manera como se comenzaron a plantear. La crisis, lejos de solucionarse sigue creciendo, porque a finales de los 70 se presenta el problema de la deuda, que no será el único porque sigue el problema de los intercambios desiguales, que ahora se agudizan, y viene la sustitución de las materias primas, los avances tecnológicos que reducen las ventajas que podríamos tener, gracias a una mano de obra barata. Todo ello nos obliga a revisar el conjunto de planteamientos en los cuales se basaban algunas de nuestras estrategias.

Nos planteamos en lo interno el funcionamiento de nuestros Estados, y la reforma del Estado se coloca en un primer plano. Los primeros seminarios que “Prodemocracia” comienza a realizar tocan el tema: estos Estados centralistas, burocratizados, clientelistas, corruptos, ineficaces e ineficientes, reclamaban modificación. Se veía también la necesidad de romper el centralismo, de ir a una descentralización administrativa, a una desconcentración del poder político, a la creación de poderes regionales, de poderes locales.

Se aprueba también en mi país, la elección popular de alcaldes, lo cual genera un nuevo tipo de gobierno municipal, ante la crisis de la democracia representativa, que demuestra la necesidad de una democracia participativa. Pero esa participación no puede darse si no se crean los canales para que sea efectiva.

La manera de crear esos canales de participación se encuentra en la organización de los gobiernos locales, porque es a través de ese gobierno local, cercano al ciudadano, como se puede lograr, gracias a su colaboración y participación, la solución de los problemas y el mejoramiento de las condiciones de vida.

Y este es un tema que hoy se ha convertido en la clave para el desarrollo democrático en todos nuestros países. El futuro de la democracia depende de que se pueda avanzar con éxito hacia esa descentralización, hacia esa desconcentración, hacia la participación, hacia la creación de poderes vecinales y de poderes locales desde el punto de vista administrativo.

Ha habido en las últimas décadas en nuestros países, un desarrollo sin lugar a dudas, pero a qué costo social se ha hecho: a un costo verdaderamente inhumano, hasta el punto que Naciones Unidas, cuando hace el estudio sobre nuestros países, acude a una frase muy hermosa: “el ajuste con rostro humano”. Pero es a otro tipo de ajustes a los que hemos estado sometidos y que han dado a la pobreza varios apellidos. Antes se hablaba de los pobres, hoy se habla de pobreza absoluta, de pobreza relativa, de pobreza crítica y ahora apareció un nuevo apellido: la pobreza moderada, que es la de las capas medias, arruinadas por todas estas políticas de ajustes que se están adelantando en nuestro país.

Conversamos justamente sobre cómo enfrentar el problema de América Latina. El cual tiene que ver con la situación social. No puede haber ningún sistema que merezca el calificativo de justo, cuando existe una injusticia representada fríamente en esas cifras que se encuentran en el informe sobre la pobreza del Banco Mundial.

Hablaba nuestro compañero de exposición sobre un desarrollo separado de lo social, en el que privan la tecnocracia y los índices económicos de crecimiento. Pero, ¿la gente dónde está? Revisemos el pensamiento de Galán y encontraremos un pensamiento dirigido a la gente, que toma en cuenta a la gente. Y esto es para mí uno de los aspectos más interesantes.

Para resumir, podríamos decir lo siguiente: hay que cambiar, hay que atreverse a cambiar, hay que desarrollar la democracia, pasar de lo representantivo a lo participativo. Pero no podemos quedarnos en las palabras, hay que trabajar en el diseño de nuevas sociedades, y en el marco teórico instrumental con que vamos a trabajar. No se han acabado las teorías, ni se han acabado las ideas, dicen los pragmáticos, los que quieren justamente despojarnos de ideas. Pero no puede haber ningún movimiento, ni ninguna perspectiva, ni puede llevarse a una sociedad hacia una dirección, si no es con una idea, con una plataforma, con un proyecto.

Saber hacia dónde vamos es el gran desafío que tenemos. Hay una frase que a mi me gusta mucho citar, una frase que deberíamos estampar en todos nuestros actos, “o inventamos o erramos”.

Nosotros tenemos que inventar. Nuestros Libertadores cuando copiaron, nos llevaron a la República Boba de 1811. Cuando comenzamos a crear, encontraron cómo comunicarse con las masas populares que seguían a los realistas y no seguían a los patriotas. Para ello tuvieron que inventar caminos que no existían. A nosotros nos corresponde inventar también los caminos. Porque se hundió el socialismo totalitario, con el cual en nuestro caso, rompimos en 1969, a raíz de la intervención soviética en Checoslovaquia, y rescatamos el contenido democrático del socialismo. Pudimos soportar todos los epítetos posibles hace 22 años cuando formamos nuestra organización, precisamente buscando la independencia, y buscando inventar.

¿Cómo está la inmensa mayoría de la humanidad, cuál es su estado, cuál es su situación? Diversos analistas de la situación mundial examinan los tres bloques de poder que están creados, el bloque asiático, el bloque europeo, y el bloque norteamericano-canadiense, y advierten algunas tendencias, no cristalizadas todavía, sobre la conformación del llamado Grupo de los Siete contra el mundo restante.

¿Qué va hacer el mundo restante? Se nos oye por separado. Por ello estamos obligados por una u otra vía, a unirnos, a integrarnos, a interrelacionarnos.

Las ideas sobre esa integración están aquí. Las tiene Galán, podría citar algunas que he escogido en las que se plantea que América Latina no tiene por qué esperar que vengan de fuera a darles lecciones de libertad, o a mostrarle los caminos de la libertad. América Latina no puede esperar que su redención provenga de la ayuda de alguna potencia extranjera, ni antigua, ni nueva en su influencia dentro de la región.

Nuestra transformación y nuestro progreso son metas que sólo pueden obtenerse gracias a nuestros propios esfuerzos y a nuestra capacidad para organizarnos políticamente y para darle otro rumbo a nuestras economías: esto lo dijo Galán en 1987, hace cuatro años.

Pero para ello tenemos que romper el colonialismo mental, porque nosotros pensamos en tecnologías e inmediatamente miramos a Estados Unidos, Japón y Europa exclusivamente. El desarrollo tecnológico medio existe aquí en nuestros países, donde tenemos ya una pléyade de científicos y técnicos, formados en las universidades de esos países, dentro del conocimiento universal, pero son latinoamericanos, son indios, mestizos, y conocen nuestras realidades. Este es el espíritu con el que tenemos que trabajar. Por eso encuentros como éste van contribuyendo a crear conciencia. Y la conciencia, repito, no se forma sino a base de ideas.

Finalmente, yo quisiera como ya lo hicieron nuestro amigo el Canciller de Colombia, y el gobernador de Santander, referirme al pensamiento de Galán sobre la frontera. El era un hombre de frontera, era de Santander, y en el siglo pasado y a comienzos de éste, los Santanderes negociaban a través justamente, de los Andes del occidente venezolano.

Es básico el pensamiento de Galán sobre esta materia. El habló de una integración que tiene un punto de confluencia en la frontera. La frontera no es para mantener tensiones, ni para tenerla armada; la frontera no es sólo para ejercicios militares, una cosa es límite y otra cosa es frontera.

Los estudiosos de este tema saben lo que significa una zona fronteriza; el límite es una raya, una zona fronteriza comprende a sus habitantes. En la nuestra hay más de cinco millones de venezolanos y colombianos a lo largo de 2.219 kilómetros, abandonados a su suerte: aquí en Bogotá no se les oye y en Caracas tampoco.

Y así era como Galán planteaba el problema. Pensaba que los programas de frontera no son sólo de los estados o departamentos fronterizos, sino programas nacionales, porque están unidos a la integridad territorial de cada país, a su seguridad nacional, ya que tales programas tienen dos planos, o dos caras, como queremos llamarlo: los desarrollos fronterizos propios de cada país y los desarrollos binacionales.

No puede haber programas de frontera sanitarios si no son binacionales, como tampoco puede haber programas migratorios, de educación o de intercambio comercial si no son binacionales. La binacionalidad en los programas fronterizos es un mandato que no puede eludirse y nosotros, ciegos y torpes, lo hemos olvidado.

Ya vendrán los discursos en 1992 en las academias y los congresos. Pero allí seguirán los pueblos indígenas que comparten las fronteras, abandonados a su suerte, sin programas específicos que puedan redimirlos.

Pues bien, esta concepción actual de las fronteras tiene que cambiar en nuestros países. La frontera no es el fin de la patria, lo hemos dicho, la frontera es la puerta hacia la integración.

Y finalmente deseo hablar del pensamiento de Galán hacia Venezuela, el cual, les confieso, nos emocionaba, porque nos compenetrábamos y, más allá, unía a su movimiento con el nuestro. Colombia y Venezuela, Venezuela y Colombia se necesitan, esa es la conclusión básica a la cual tenemos que llegar.

Tenemos problemas, problemas que se han agravado por haber abandonado las negociaciones y conversaciones, por haber firmado acuerdos que no se han cumplido. A menudo, cuando alguien dice que no tenemos nada que conversar con Colombia, le digo que por ahora hemos detectado 57 problemas en la Comisión de Asuntos Fronterizos y en la Comisión Negociadora 4, y van 62; y que si metemos un poquito más las manos, esos 62 pueden ser desglosados y superar los 70. Y dicen que no tenemos nada que conversar. Esto debe terminar y lo digo porque no soy diplomático, sino un luchador social y un comunicador social.

Tenemos problemas conflictivos, pero dos naciones no pueden vivir eternamente en un estado de tensión por un problema. No me cansaré de decir ésto y de contribuir para buscar un acuerdo.

Los compañeros chilenos y argentinos nos dieron el ejemplo; ahora nos están dando también ejemplo otra serie de países que están buscando arreglos a conflictos que son centenarios. A menudo los periodistas aquí me acosan y me dicen que el de nuestros países tiene ya 25 años. Pero no es así, éste problema nació en 1830, cuando se disolvió la Gran Colombia, así que no son 25 sino 161 años de conflictos.

Pero cuál es la salida. Yo solo veo dos: la primera es que nos armemos y busquemos a los perros de la guerra para que vengan aquí a Colombia y vendan un armamento moderno, sofisticado y después vayan a Venezuela y nos informen qué le vendieron a los colombianos y podamos así comprar un armamento mejor. Y mientras tanto no hay 30 millones de bolívares para poner en funcionamiento el hospital de Paraguipoa, que es un hospital binacional necesario para toda la línea wayuú.

La otra salida es buscar las condiciones, para crear una zona desmilitarizada, en el Norte de Santander y el Táchira, donde operen programas de integración fronteriza. Los problemas de frontera no son problemas de represión, ni militares, ni los problemas de seguridad son solamente militares; son también problemas de desarrollo económico y social y nosotros estamos manejando concepciones obsoletas y anacrónicas sobre estas materias.

Mientras más complejos y más difíciles sean los problemas, como los del narcotráfico, el secuestro y la guerrilla en las zonas fronterizas, que han sido factores de perturbación en estos momentos, más necesario es conversar y sen-tarse en una mesa a negociar.

Porque, a menos que se produzca un cataclismo o se lance una bomba atómica más destructiva que la de Hiroshima, Venezuela y Colombia tendrán que vivir, por los siglos de los siglos, una al lado de la otra.

Termino leyéndoles una carta de Galán, escrita en agosto de 1989, días antes de su muerte. Dice así:

“Venezuela ha sido siempre el país más importante en nuestras relaciones exteriores, diferentes ópticas para evaluar nuestra condición de vecinos habían obstruido las aproximaciones necesarias para armonizar objetivos y tareas de interés recíproco para nuestras naciones. Por fortuna se han presentado nuevas circunstancias que han creado en pocos meses, un clima de entendimiento y cooperación, como hacía muchos años no habíamos visto.

“Es pertinente por lo tanto preguntarnos, hacia dónde van ambos países en la próxima década y qué camino pueden recorrer juntos. Las posibles áreas de cooperación entre Colombia y Venezuela son innumerables, como lo demuestra la nutrida agenda de la comisión binacional de buena vecindad.

“Van desde lo infraestructural, como carreteras y ferrocarriles, pasando por la creación y explotación conjunta de fuentes de energía hidráulica y fósil, hasta llegar a áreas tan trascendentales como la integración educativa, cultural y de medios de comunicación.

Agradezco su presencia en este Encuentro y creo que del mismo se derivarán muy valiosos aportes que enriquecerán la agenda de las comisiones binacionales y múltiples acciones futuras de los dos Estados y de los diversos sectores social y económico de Venezuela y Colombia”.

Este era el pensamiento de Galán con respecto a las relaciones colombo-venezolanas. Y yo lo comparto.